Según Alexis Coello, este zambo alzó en armas a negros, indios, mestizos y blancos para resguardar el contrabando con los holandeses. Derrotó a varias tropas españolas en la desembocadura del río Yaracuy y en el cerro de Las Guabinas, antes de retirarse a Chichiriviche y posteriormente a Curazao ante la superioridad militar del Gobernador.
📄 Crónica: El Fuerte San José de Yaracuy ➔
Según Alexis Coello, salió en campaña militar contra Andresote desplegando un gran aparataje. Ordenó la construcción del fuerte San José de Yaracuy y otro fortín en Tucacas para atajar el contrabando de frutos agrícolas con los holandeses.
📄 Crónica: El Fuerte San José de Yaracuy ➔
Según Alexis Coello, este movimiento social abrazó la costa desde Puerto Cabello hasta Tucacas y los valles del río Yaracuy para enfrentar el monopolio de la Compañía Guipuzcoana. La lucha tuvo un carácter clasista y contó con el apoyo de contrabandistas holandeses y algunos hacendados blancos. Durante este proceso, las tropas rebeldes derrotaron a oficiales españoles en hitos como el 30 de julio de 1731 en las bocas del río Yaracuy.
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Andresote ➔
El Fuerte San José de Yaracuy
En la columna anterior había COmentado sobre el contrabando o comercio ilícito realizado en las ensenadas del golfo Triste, así como una ligera referencia a las andanzas del zambo Andresote por esos lares, hoy queremos complementar aquellas apreciaciones. La historia de Andresote es larga y aquí solo vamos a tocar someramente algunos aspectos de su vida relacionada con el título de este trabajo. Andresote había alzado en armas a un considerable número de partidarios de sus ejecutorias, entre ellos a negros, indios, mestizos y blancos; lo apoyaban unos directamente y otros lo hacían solapadamente a través de informaciones, o brindándole protección, logística y lugares donde esconderse. Andresote no era que tenía una ideología independentista ni de lucha de clase, sólo cumplía su tarea de resguardar y favorecer el contrabando con los holandeses. Pero en su trajinar tuvo que enfrentarse bélicamente a las tropas españolas a las cuales derrotó en varias oportunidades como es el caso del ejército de Luis Arias Altamirano que cayó derrotado el 30 de junio de 1731 en la desembocadura del río Yaracuy. Igual suerte sufrieron casi en el mismo sitio el teniente Luis Lovera y el alférez real de Nirgua, Juan Romualdo de Guevara. Otro español derrotado fue Juan de Manzaneda en el cerro de Las Guabinas, este oficial venía bien pertrechado y tenía orden directa del Gobernador y Capitán General de la Provincia, Sebastián García de la Torre, de acabar con Andresote y con todo aquél que le apoyase. Al enterarse de la derrota de su enviado, el mismo Gobernador tuvo que salir en campaña contra Andresote desplegando un aparataje militar nunca visto que al saber Andresote de este movimiento del Gobernador y vista su inferioridad militar optó por retirarse a Chichiriviche con sus más cercanos oficiales y de allí se trasladó a Curaçao. Este Gobernador Sebastián García de la Torre tomó varias medidas, entre ellas ordenó la construcción de un fuerte o fortaleza para resguardar la desembocadura del río Yaracuy porque era la zona, junto con Chichiriviche, donde se practicaba con mayor fuerza el contrabando y las actuaciones de Andresote y sus aliados para sacar los frutos agrícolas de las serranías y valles interioranos de Yaracuy y del hoy estado Lara. Ruinas de San Felipe El Fuerte, en el vecino estado Yaracuy. Este fuerte sería llamado "San José del Yaracuy" para ser construido de "Faxina y Palos y tendría diez cañones y treinta hombres de guarnición, para atajar el trato ilícito de los naturales con los holandeses". El ingeniero encargado de la obra fue Francisco Andrés Meneses y al Teniente Marín Ascanio se le encomendó proporcionar la mano de obra, materiales y todo lo necesario para la conclusión de este fortín, que por lo demás se hizo en tiempo récord. Además, el Gobernador García de la Torre mandó construir otro fortín en "Tucacas" (puede ser en Boca de Aroa) porque el río Yaracuy tenía un caño o se unía mediante un ramal al río Aroa en su llanura deltaica; a la vez porque había muchas veredas o caminos por donde podían los contrabandistas "bajar los frutos y llevar las ropas cuya facilidad de comercio hace que los holandeses frecuenten tanto con sus balandras dicha Tucacas, teniendo larga estación en ella por la comodidad que les ofrecen sus caños". De tal manera que el río Yaracuy tanto en su desembocadura como aguas arriba donde hoy se encuentra el poblado del mismo nombre tiene mucha historia que contarnos; es un paisaje que vivió un proceso histórico, una época de leyendas e imágenes fantasmales que se pierden en la amnesia de los tiempos. El río Yaracuy sigue siendo la arteria vital del pueblo de Boca de Yaracuy, no sólo porque le suministra el vital líquido, sino porque él encierra los recuerdos de generaciones y ancestros que descansan en las profundidades de la tierra ribereña o en alguna fosa o recoveco del río; como el fuerte que está sepultado en algún lugar de la comarca como condición inexorable de la historia, el río Yaracuy es víctima del olvido de las autoridades que soslayan la mirada para no percatarse de cómo la bora y la sedimentación lo consumen y le arrebatan su diversidad biológica y con ello su caudal y los portentos de su historia. (*) Cronista Municipal J.J. Mora.
Libro Crónicas desde Morón - Andresote
Más de un centenar de años había transcurrido desde el alzamiento del Negro Miguel en las montañas de Buría para que la tormenta social abrazara la costa desde Puerto Cabello a Tucacas, siguiendo como reguero de pólvora las trochas del valle del río Yaracuy hasta internarse en San Pedro y Taria. El humo de la rebelión llegaba como bálsamo a las espaldas rasgadas de los negros de Aroa, San José de Canoabo, Urama, Alpargaten y Morón. Los frondosos cacaotales fueron madriguera para la insurgencia y la rebeldía reprimida por el látigo del blanco.
Corría el año de 1730 y Juan Andrés López del Rosario, mejor conocido como Andresote o Bemba e' Trueno, Boca e' Jarro, Cara e' Susto, Pata pal' Monte, etc., recogía el sufrimiento del negro, zambo e indio para enfrentar la exploración y el monopolio de la Compañía Guipuzcoana. Los españoles tartamudean al sólo oír el nombre de Andresote.
¿Quién era este zambo? Se dice que era nativo de Valencia, allá era esclavo de un blanco. Pero Andresote siempre sostenía: "Los esclavos deben ser libres como sus abuelos de Guinea". Era alto, robusto, con pelo churrusco. Usaba carabina, trabuco, machete terciado. Sólo creía en los milagros de los santos negros. San Benito, San Juan y San Pascual Bailón eran sus patronos y a lo mejor sus amigos.
Su familia era un hermano llamado José Francisco, siempre leal a la lucha anti-esclavista. Una vez desaparecido Andresote fue juzgado por los españoles y condenado a prisión. Fue llevado a la cárcel española de Cádiz y pasado posteriormente a las celdas de La Carraca, sitio de reclusión donde el Generalísimo Francisco de Miranda muriera ochenta años después. Su amante era la negra Josefa, a quien han de cobrarle los blancos su fidelidad al osado zambo. "Parlas tardes –cuando Andresote no andaba persiguiendo blancos- se la llevaba al río. Le restriega el cuerpo con jabón de tierra y después le lanza -hay un poco de liturgia africana- la totuma de agua. Los colmillos de Andresote —así lo repetía la hartosa y culona manceba-mordisqueaban más duro las nalgas que los propios caimanes".
A pesar de que la sublevación de Andresote estuvo estimulada y apoyada por los contrabandistas holandeses que usufructuaban las bocas de los ríos Aroa y Yaracuy para sacar productos agrícolas de tierra adentro del occidente de Venezuela para destinarlos a la isla de Curazao y que además contaba con la solidaridad de cosecheros o hacendados blancos, la lucha de Andresote y sus negros tenía un claro rasgo clasista. Era una lucha de clase, de negros que buscaban liberarse de la esclavitud. En una oportunidad alguien le dijo -en forma aduladora- que él era un negro con alma blanca, Andresote respondió bruscamente: "Carajo, ¿acaso lo negro es malo?... Yo no tengo el alma blanca. Yo soy too negro y es mi orgullo. ¡Ah!... hijo e'p... Ojalá hubieran bastantes blancos con alma negra, pa 'quejueran güenos y no nos robaran y cometieran tantos crímenes contra los esclavos y los pobres ".
Los gobernantes españoles desplegaron todo su poderío militar contra Andresote y sus guerrilleros. Ofrecieron como recompensa 600 pesos por su cabeza, ordenan ejecutar sumariamente a los cimarrones, y obligan a quitarles los bienes a los libres que hayan colaborado con ellos y dicen: "Los cimarrones son hijos del diablo y como tales hay que tratarlos ". "Eran malditos todos los enemigos del Rey".
Las primeras tropas que movilizan van dirigidas por los afamados oficiales españoles Domingo de Urasti y Domingo de la Cruz Salamanca, atacan a Andresote en las riberas del río Yaracuy, y, ambos derrotados van a parar la carrera a San Felipe. Le siguen en el orden de la denota el prestigioso Arias de Altamirano, quien es vencido en las bocas del río Yaracuy el 30 de julio de 1731. En los cerros de Guabina hace huir a Juan de Manzaneda que llevaba 250 soldados y sólo le quedaron 44 para "aterrizar" en Barquisimeto. Así lo asentó un escribano: "El terror les dio alas para volar, pues lo que habíamos caminado en cuatro días lo descaminaron ellos en medio día". Hasta el Gobernador y Capitán General de Venezuela Sebastián García de la Torre, febrero de 1732, recorre 400 Kms., desde Caracas hasta el Yaracuy, para combatir al Zambo pata en el suelo con 1.500 hombres. Al cabo de cuatro meses regresa a la capital, sus esfuerzos han sido inútiles. Andresote sigue en pie de lucha.
Ya desaparecido Andresote, "años después, la gente dice que lo ve navegando por el río. A ¡os propios españoles les crujen las quijadas -pese a que están atrincherados en un improvisado fuerte que, para combatirlo, construyen en la desembocadura del Yaracuy- cuando creen 'topar' la fantasiosa barcaza del guerrillero ".
Con la ausencia de Andresote sus guerrilleros aceptaron la paz propuesta por los frailes capuchinos Salvador de Cádiz y Tomás de Pons, quienes fueron enviados por el obispo caraqueño José Félix de Valverde para pacificar a los grupos rebeldes. En el camino hacia Caracas, los pacificados, acompañados de Pons, se dan cuenta del engaño -sólo era una farsa para capturarlos- de las autoridades españolas. Descubierta la trampa se marchan con el fraile Pons a Parmania, en las riberas del Orinoco.
El Fuerte San José de Yaracuy
En la columna anterior habíamos comentado sobre el contrabando o comercio ilícito realizado en las ensenadas del golfo triste así como una ligera referencia a las andanzas del zambo Andresote por esos lares, hoy queremos complementar aquellas apreciaciones. La historia de Andresote es larga y aquí solo vamos a tocar someramente algunos aspectos de su vida relacionado con el titulo de este trabajo.
Andresote había alzado en armas a un considerable número de partidarios de sus ejecutorias, entre ellos a negros, indios, mestizos y blancos; lo apoyaban unos directamente y otros lo hacían solapadamente a través de informaciones, o brindándole protección, logística y lugares donde esconderse. Andresote no era que tenía una ideología independentista ni de lucha de clase sólo cumplía su tarea de resguardar y favorecer el contrabando con los holandeses.
Pero en su trajinar tuvo que enfrentarse bélicamente a las tropas españolas a las cuales derrotó en varias oportunidades como es el caso del ejército de Luis Arias Altamirano que cayó derrotado el 30 de junio de 1731 en la desembocadura del río Yaracuy. Igual suerte sufrieron casi en el mismo sitio el teniente Luis Lovera y el Alférez real de Nirgua, Juan Romualdo de Guevara.
Otro español derrotado fue Juan de Manzaneda en el cerro de las Guabinas, este oficial venia bien apertrechado y tenía orden directa del Gobernador y Capitán General de la Provincia Sebastián García de la Torre, de acabar con Andresote y con todo aquel que le apoyase.
Al enterarse de la derrota de su enviado, el mismo gobernador tuvo que salir en campaña contra Andresote desplegando un aparataje militar nunca visto que al saber Andresote de este movimiento del gobernador y vista su inferioridad militar optó por retirarse a Chichiriviche con sus mas cercanos oficiales y de allí se traslado a Curazao.
Este Gobernador Sebastián García de la Torre tomo varias medidas, entre ellas ordenó la construcción de un fuerte o fortaleza para resguardar la desembocadura del río Yaracuy porque era la zona, junto con Chichiriviche, donde se practicaba con mayor fuerza el contrabando y las actuaciones de Andresote y sus aliados para sacar los frutos agrícolas de las serranías y valles interioranos de Yaracuy y del hoy Estado Lara.
Este fuerte seria llamado “San José del Yaracuy†para ser construido de “Faxina y Palos y tendría diez cañones y treinta hombres de guarnición, para atajar el trato ilícito de los naturales con los holandesesâ€. El ingeniero encargado de la obra fue francisco Andrés Meneses y al teniente Marín Ascanio se le encomendó proporcionar la mano de obra, materiales y todo lo necesario para la conclusión de este Fortín, que por lo demás se hizo en tiempo record.
Además, el Gobernador García de la Torre mandó a construir otro Fortín en “Tucacas†(puede ser en Boca de Aroa) porque el río Yaracuy tenia un caño o se unía mediante un ramal al río Aroa en su llanura deltaica; a la vez porque habían muchas veredas y caminos por donde podían los contrabandistas “bajar los frutos y llevar las ropas cuya facilidad de comercio hace que los holandeses frecuenten tanto con sus balandras dicha Tucacas, teniendo larga estación en ella por la comodidad que le ofrecen sus cañosâ€.
De tal manera que el río Yaracuy tanto en su desembocadura como aguas arriba donde hoy se encuentra el poblado del mismo nombre tiene mucha historia que contarnos; es un paisaje que vivió un proceso histórico, una época de leyendas e imágenes fantasmales que se pierden en la amnesia de los tiempos.
El río Yaracuy sigue siendo la arteria vital del pueblo de Boca de Yaracuy, no sólo porque le suministra el vital liquido sino porque él encierra los recuerdos de generaciones y ancestros que descansan en las profundidades de la tierra ribereña o en alguna fosa o recoveco del río; como el fuerte que esta sepultado en algún lugar de la comarca como condición inexorable de la historia, el río Yaracuy es victima del olvido de las autoridades que soslayan la mirada para no percatarse de cómo la bora lo consume y le arrebata su diversidad biológica y con ello su caudal y los portentos de su historia.
El Fuerte San José de Yaracuy
En la columna anterior habíamos comentado sobre el contrabando o comercio ilícito realizado en las ensenadas del golfo triste así como una ligera referencia a las andanzas del zambo Andresote por esos lares, hoy queremos complementar aquellas apreciaciones. La historia de Andresote es larga y aquí solo vamos a tocar someramente algunos aspectos de su vida relacionado con el titulo de este trabajo.
Andresote había alzado en armas a un considerable número de partidarios de sus ejecutorias, entre ellos a negros, indios, mestizos y blancos; lo apoyaban unos directamente y otros lo hacían solapadamente a través de informaciones, o brindándole protección, logística y lugares donde esconderse. Andresote no era que tenía una ideología independentista ni de lucha de clase sólo cumplía su tarea de resguardar y favorecer el contrabando con los holandeses.
Pero en su trajinar tuvo que enfrentarse bélicamente a las tropas españolas a las cuales derrotó en varias oportunidades como es el caso del ejército de Luis Arias Altamirano que cayó derrotado el 30 de junio de 1731 en la desembocadura del río Yaracuy. Igual suerte sufrieron casi en el mismo sitio el teniente Luis Lovera y el Alférez real de Nirgua, Juan Romualdo de Guevara.
Otro español derrotado fue Juan de Manzaneda en el cerro de las Guabinas, este oficial venia bien apertrechado y tenía orden directa del Gobernador y Capitán General de la Provincia Sebastián García de la Torre, de acabar con Andresote y con todo aquel que le apoyase.
Al enterarse de la derrota de su enviado, el mismo gobernador tuvo que salir en campaña contra Andresote desplegando un aparataje militar nunca visto que al saber Andresote de este movimiento del gobernador y vista su inferioridad militar optó por retirarse a Chichiriviche con sus mas cercanos oficiales y de allí se traslado a Curazao.
Este Gobernador Sebastián García de la Torre tomo varias medidas, entre ellas ordenó la construcción de un fuerte o fortaleza para resguardar la desembocadura del río Yaracuy porque era la zona, junto con Chichiriviche, donde se practicaba con mayor fuerza el contrabando y las actuaciones de Andresote y sus aliados para sacar los frutos agrícolas de las serranías y valles interioranos de Yaracuy y del hoy Estado Lara.
Este fuerte seria llamado “San José del Yaracuy†para ser construido de “Faxina y Palos y tendría diez cañones y treinta hombres de guarnición, para atajar el trato ilícito de los naturales con los holandesesâ€. El ingeniero encargado de la obra fue francisco Andrés Meneses y al teniente Marín Ascanio se le encomendó proporcionar la mano de obra, materiales y todo lo necesario para la conclusión de este Fortín, que por lo demás se hizo en tiempo record.
Además, el Gobernador García de la Torre mandó a construir otro Fortín en “Tucacas†(puede ser en Boca de Aroa) porque el río Yaracuy tenia un caño o se unía mediante un ramal al río Aroa en su llanura deltaica; a la vez porque habían muchas veredas y caminos por donde podían los contrabandistas “bajar los frutos y llevar las ropas cuya facilidad de comercio hace que los holandeses frecuenten tanto con sus balandras dicha Tucacas, teniendo larga estación en ella por la comodidad que le ofrecen sus cañosâ€.
De tal manera que el río Yaracuy tanto en su desembocadura como aguas arriba donde hoy se encuentra el poblado del mismo nombre tiene mucha historia que contarnos; es un paisaje que vivió un proceso histórico, una época de leyendas e imágenes fantasmales que se pierden en la amnesia de los tiempos.
El río Yaracuy sigue siendo la arteria vital del pueblo de Boca de Yaracuy, no sólo porque le suministra el vital liquido sino porque él encierra los recuerdos de generaciones y ancestros que descansan en las profundidades de la tierra ribereña o en alguna fosa o recoveco del río; como el fuerte que esta sepultado en algún lugar de la comarca como condición inexorable de la historia, el río Yaracuy es victima del olvido de las autoridades que soslayan la mirada para no percatarse de cómo la bora lo consume y le arrebata su diversidad biológica y con ello su caudal y los portentos de su historia.