Según Alexis Coello, era un hombre fortachón y alto que trabajaba como caporal en las haciendas de Morón. Fue campeón coleador en las fiestas patronales de Santa Ana con su caballo Lucero. Más tarde, trabajó en la canalización del río con una compañía de ingenieros. Tras asesinar a su mujer Clarita al encontrarla con un ingeniero, terminó sus días sumido en la pobreza y la tristeza, siendo presuntamente hallado muerto colgado de un árbol.
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Según Alexis Coello, era amigo y compadre del general Juan Vicente Gómez. Ejercía el señorío político y económico en Morón y Urama, siendo propietario de grandes haciendas, ganado, trapiches, hoteles, un aserradero y la industria de la copra. Para 1930, Urama era considerada propiamente su feudo, donde era el único hacendado y ganadero registrado.
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Según Jesús Prieto Soto, es un nativo de Patanemo, hijo de padres de Ocumare de La Costa, que llegó a Morón en 1930. Se describe como un comerciante organizado y acucioso, padre del médico Jesús Silva Gutiérrez y del abogado Jorge Silva Gutiérrez. En 1930 estableció un expendio de medicinas con permiso del Coronel Ascensión Rivas y en 1937 adquirió el fundo Palma Sola.
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Según Alexis Coello, fue el gobernante venezolano con mayor permanencia en el poder (27 años). En la década de los años treinta, figuraba como hacendado y ganadero en el municipio Juan José Mora.
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Según Alexis Coello, en la década de los treinta era un poblado bucólico y rural con escasos habitantes (1.203 personas y 264 casas). Su economía giraba en torno al cacao y el coco. Los caseríos que lo conformaban eran el centro, Alpargatón, Las Vegas, Boca de Yaracuy, Sanchón, Santa Ana, Gomera y Zapateral.
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Según Alexis Coello, fue uno de los primeros equipos fundados en Morón con una trayectoria destacada en la historia deportiva local.
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Según Jesús María Silva Hermoso, la conmemoración del centenario de su fallecimiento sirve como referencia cronológica para marcar el año de llegada del entrevistado a Morón.
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Según Alexis Coello, situada en la carretera de la Costa a 26 metros sobre el nivel del mar. En los años treinta contaba con 1.000 habitantes y 217 casas. Tenía una agricultura y ganadería más desarrolladas que Morón y funcionaba como el feudo del general Félix Galavís. Sus caseríos incluían San Roque, Canoabito, Central Lucinda, San Pablo, Los Teranes, Colombia y El Salado.
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Testimonios de una época (II)
Seguimos con la entrevista realizada por el periodista Jesús Prieto Soto al señor Juan Julián Laguna antes y al señor Jesús María Silva ahora tomado del libro del mismo autor: "Don Jesús María Silva Hermoso, nativo de Patanemo, Municipio Puerto Cabello. Hijo de padres aragüeños, de Ocumare de La Costa, llegó a Morón en el año 1930. Expresa Don Jesús: "Aunque muchas personas creen que soy trinitario y eso que no hablo ingles". El entrevistado es un hombre moreno de hablar reposado. Denota ser un autodidacta acucioso y organizado en sus quehaceres. En dos oportunidades que lo requerimos estaba poniendo en orden las cuentas de sus actividades mercantiles. Don Jesús Silva Hermoso es padre del médico Jesús Silva Gutiérrez y del abogado y farmaceuta Jorge Silva Gutiérrez. Continúa diciendo Don Jesús: "recuerdo el año de mi llegada a Morón por haberse celebrado el centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar". En relación con el pasado histórico de Morón lo que sé es lo siguiente: Don Elías Rodríguez, como heredero que era de los terrenos de Morón procedió a registrar la documentación que tenía ante la oficina de registro de Puerto Cabello. Eran las tierras pertenecientes a la hacienda "Casa de Tejas" cubriendo el área que va desde agua caliente cerca de El Palito, hasta la piedra de San Vicente, vecina de Alpargatón. A partir de 1930 el desarrollo agrícola, pecuario e industrial registrado en el área comprendida entre Boca de Yaracuy hasta acá, Morón fue de la siguiente manera: El general Félix Galavis, tenía el fundo "Zapateral", Don Guillemo Borges y Juan Eugenio Borges, tío y sobrino respectivamente, lo eran de "Gavilán". Los Borges tenían otros fundos. Yo adquirí de Ignacio Suñol, en 1937, a Palma Sola. También recuerdo que Federico Contreras y Guillermo Montero eran propietarios de otros fundos. El general Félix Galavis en su fundo agrícola y pecuario fue el primero en establecer la industria del aceite de coco y la explotación de la copra. La gente de Morón tradicionalmente ha sido trabajadora y pacífica. El prefecto de Morón cuando la muerte del general Gómez era el Juan Julián Laguna 1920. Coronel Juan Uribe, y el Comisario Guillermo Montero. Eran dos personas estimadas en la comunidad. A finales de 1935 los negocios establecidos en Morón eran la casa de abasto del General Galavis, un expendio de medicinas que establecí Don Jesús María Silva (1930). mediante permiso dado en 1930 por el Coronel Ascensión Rivas, Prefecto para ese entonces; Don Elis Rodríguez tenía una bodega grande, y la bodega de Paulino Armas. Don Jesús María Silva Hermoso en relación al inicio de la petroquímica reseñó lo siguiente: La carretera panamericana la construyeron en 1953. Los trabajos de deforestación y tumba fueron iniciados por la petroquímica más o menos en 1955. Fijese lo que pasó con la familia González, con la presencia de la petroquímica aquí en Morón, ésta era una familia formada por Eusebio y Rosario González, hermanos, en total eran unas veinte personas que trabajaban en actividades agrícolas menores. El fundito se lo mal pagó la petroquímica. Era una gente arraigada a su tierra, en el medio pe culiar de vida, de subsistencia. ¡Nada! Tuvieron que coger los reales que petroquímica pagó y con los reales a cuesta no tenían a donde trasladarse. No hallaron qué hacer, no estaban preparados para dar el salto en otra clase de trabajo. Estas últimas frases del señor Jesús Silva nos indica el brusco impacto que generó el cambio del patrón en el uso del espacio en el territorio mórense. El factor industrial que se iniciaba alteró violentamente el modo de vida de los humildes pobladores que se dedicaban a las actividades de agropecuarias subsistencia. Era el precio que debía pagar la comunidad rural, ya desplazada, para el advenimiento de una nueva era: La Industrial.
Libro Crónicas desde Morón - Por un Caballo y una Mujer
Finalizaba la década de los treinta, era Morón el valle acurrucado entre la serranía que al sur se divisa pintando verdes con mechones grisáceos que se pierden en la espesura de la neblina y el blanco oleaje del Golfo Triste, cuya brisa mecía los largos cocoteros colgando tupidamente sus frutos redondos, cobijado todo el valle por el azul sin manchas de un cielo que persuadía a la inspiración de los poetas. De Cariaprima bajaba su río haciendo meandros con sus límpidas aguas, cual cristales sinuosos que giraban lentamente a poniente para regresarse e ir paralelamente a la calla más importante del escaso poblado. En sus riberas, garzas y flores combinaban un paisaje en armonía, bambúes y cañas complementan el habitat de anfibios, reptiles y aves sedentarias. A la puesta del sol bandadas de palomas montañeras cruzan los cielos rumbo a la cordillera; en las noches silentes a poca distancia ruge el tigre. La vida es taciturna y pueblerina, la monotonía sólo es rota por los tañidos que brotan de la iglesia Santa Ana anunciando una misa dominguera, algún evento especial o simplemente doblan las campanas para avisar que a otro paisano se lo llevó el paludismo. ¿Cuántos van este año?, se pregunta Clodomiro. ¿Cuándo irá a acabar esta endemia que no perdona mujeres, ni ancianos, ni niños? Ni siquiera a los animales perdona, decía.
Ahora recuerdo mi potro zaino -comenta-. Con él quedé campeón coleador varias veces en las fiestas patronales de la virgen de Sana Ana. Aquí mismito, en la calle Real, rodaban los toros arrastrados por la fuerza de mi caballo Lucero, no había toro que se resistiera. ¡Qué tiempos aquellos! Las muchachas me llenaban el pecho de cintas multicolores, fue una tarde de feria cuando en la manga, posado sobre mi potro una mujer hermosa me colocó una cinta, jamás olvidaré sus grandes ojos negros, era Clarita, allí la conocí, para mi fortuna o para mi desgracia.
Clodomiro Era en su juventud un hombre fortachón, alto, de piel tostada por el sol. Lucía una gruesa correa de cuero en su muñeca derecha y un sombrero de ala que le caía hacia un lado. Su pelo era negro y crespo, buen porte. Era mujeriego, parrandero y jugador. Era caporal en una de las haciendas en los alrededores del pueblo, tenía fama de guapo, siempre andaba armado. No había mujer que se le negara, sostenía.
La conversación continuaba su curso en medio del bullicio de la sala del bar Las Cuatro Esquinas, numerosas botellas vacías colmaban la estrecha mesa. Un interlocutor pregunta: "Clodomiro ¿quépasó con tu vida próspera y exitosa?" "Gua, qué va a pasar, pues -responde Clodomiro-mi caballo Lucero un día amaneció con calenturas, se puso triste y se echó al suelo, más nunca se levantó, se lo llevó la malaria, lo enterré y todavía lo lloro. Después, a los dos meses, fue que llegaron unos doctores de Caracas a regar un polvo blanco para acabar con el mosquito asesino, pero y a no había remedio, mi Lucero estaba muerto. "Pero bueno, chico, no es para tanto, Lucero era sólo un animal, ñique fuera tu mujer", terció otro en la conversa. "No jo... con mi mujer me pasó otra vaina. Diez años después de haber muerto mi caballo — relata Clodomiro- llegaron unos ingenieros a formar una compañía y que le iba a dar trabajo a todos, tú sabes que ya las haciendas no daban nada, el petróleo embromó al campo. Yo me enrolé en los primeros trabajos de esta compañía, trabajé en la canalización del río, vaciando concreto, allí conocí mucha gente importante, y para ponerme en la buena con los jefes un día invité a varios ingenieros a comer en mi casa y les presenté a Clarita, quien los atendió muy bien, a ellos le gustó la comida de mi mujer y como venían de otras partes pidieron que Clarita les siguiera haciendo la comida que ellos pagaban bien, pues, yo acepté, tú sabes, para ayudarme ".
Clodomiro bebió un sorbo de cerveza Zulia y continuó su relato: "Pues mira, chico, cuál fue mi mayor sorpresa cuando un día regreso temprano del trabajo porque me sentía mal y encuentro al ingeniero Gumersindo arriba de mi Clarita querida, entonces me volví loco, al ingeniero lo saqué en calzoncillos aplomo de mi casa, y a mi mujer le sembré dos plomos en el corazón. Le di la muerte en el mismo lugar en donde antes cultivaba ternura. A mi caballo se lo llevó el atraso y a mi mujer se la llevó el progreso", concluyó.
Hace tiempo que no ven a Clodomiro, la última vez que lo vieron parecía cansado, sus pasos arrastraban las penurias de años, ahora lucía pálido y seco, su cabello se cubrió de cenizas de angustia, no buscaba compañía, dijo que no necesitaba de nadie, que se bastaba con sus eternos acompañantes: su botella de Popular, el recuerdo de su potro zaino y los grandes ojos negros de Clarita.
Los diarios locales dieron la noticia sobre un cadáver encontrado colgando de un árbol. Se parece a Clodomiro, gritó un mirón. Una Venezuela se fue con su potro, la otra, se quedó con Clarita, y a Clodomiro se lo llevó la tristeza.
JUEVES 26 DE FEBRERO DE 2009
El próximo domingo primero de marzo se estarán cumpliendo cien años del nacimiento del gran venezolano, prócer civil, Dr. Arnaldo Gabaldon ya que había nacido en una fecha como esa en la ciudad de Trujillo en el año de 1909. Hijo único de Don Joaquín Gabaldon Iragorri y de Doña Virginia Carrillo Márquez; su padre un hacendado de prospera posición económica y su madre es una distinguida dama de la sociedad trujillana.
Tenia 15 años de edad cuando ingresó en 1924 a la Universidad Central de Venezuela para estudiar medicina. En 1928 se titula Bachiller en Filosofía, inmediatamente entra como interno al Hospital Vargas de Caracas hasta 1930, ocupa un cargo en el laboratorio de bacteriología y parasitología que estaba bajo la dirección del Dr. Enrique Tejera. Luego fue ascendido a bacteriólogo al graduarse de Doctor en Ciencias Medicas en 1930.
En 1931 viajo a Europa, específicamente a Alemania e Italia. Ingresa al instituto de enfermedades tropicales de Hamburgo, y en Roma incursiona en la estación experimental para la lucha contra la malaria, realiza trabajo de campo en la región pontina y en Cerdeña. En 1932 regresa al país y decide ocuparse del cargo de medico de sanidad en el estado Apure.
El Dr. Gabaldon vuelve a marcharse al exterior en la búsqueda de mayor preparación científica para luchar contra la malaria; esta vez llegó a Estados Unidos, becado por la fundación rockefeller, a realizar un postgrado en la escuela de salud publica de la universidad de Johns Hopkins donde egresa en el año de 1935 con el titulo de “Doctor en Ciencias de Higieneâ€. De esta universidad pasó un tiempo en instituto Rockefeller en Nueva York a realizar estudios sobre la malaria en los monos.
Este periodo de formación de Gabaldon coincide con la permanencia en el poder del dictador Juan Vicente Gómez quien no simpatizaba con la familia del científico ya que en una ocasión el padre de éste había sido preso político del hombre de la mulera. Era comprensible que para el doctor Gabaldon resultase incomodo trabajar para este régimen, sin embargo, Arnoldo siempre guardó reserva y discreción ante este hecho y se cuidó de expresar públicamente sus opiniones políticas.
A la muerte de Gómez y estando aun Gabaldon en el exterior recibe un telegrama firmado por el nuevo Presidente de la Republica Eleazar López Contreras invitándolo a formar parte de la plantilla de médicos al servicio del estado venezolano. En 1936 se crea el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y también la dirección especial de malariologia siendo su primer director el Dr. Arnaldo Gabaldon.
El Dr. Gabaldon fu Ministro de Sanidad y Asistencia Social (1959-1966) y su nombre siempre estuvo en el ambiente como visible candidato a la presidencia de la Republica, cosa a la que siempre se negó por no estar de acuerdo con las imposiciones y exigencias de las camarillas políticas. Fiel a sus principios llevó una vida digna, honorable y modesta que lo han hecho uno de los mejores venezolanos de su tiempo. Expiró en primero de septiembre de 1990.
El Consejo Municipal, la Dirección del Cronista Municipal conjuntamente con los miembros de la academia de la historia del estado Carabobo han preparado un acto para conmemorar el centenario de este ilustre venezolano el cual se llevará a cabo este domingo en la Plazoleta Arnoldo Gabaldon y en las instalaciones del Ateneo de Morón, ambas ubicadas en las Colinas de Pequiven, al lado del Seguro Social de Morón.
A través de esta columna quiero invitar a las instituciones para que ofrendan ante el busto de este prócer civil, pero también a las personalidades y al pueblo en general que se hagan presentes para tertuliar con la vida y obra de este científico erradicador de la malaria en Venezuela, y especialmente en Morón, donde se le admira y se le recuerda como un hijo adoptivo.
Tiempos de Galavís
El general Juan Vicente Gómez fue el gobernante venezolano que más tiempo duró en el poder. Fueron 27 años de férreo dominio político y económico; fueron años de lucha y de resistencia, que más que luchar contra el dictador era la inquieta espera ante la longevidad del general, sus oponentes ya se habían resignado a esperar su muerte; mientras tanto, los exiliados se morían en el exterior. El gran poeta Andrés Eloy Blanco refleja este hecho así: "Venezuela, más poblada en la gloria que en la tierra / La que algo tiene y nadie sabe dónde / Si está en la leche, la sangre o la placenta / Que el hijo bueno se le muere fuera / Y el hijo cruel se le eterniza adentro". En el municipio Juan José Mora la vida era apacible, bucólica y rural por allá por la década de los años treinta, ya el gomecismo entraba en su declive, en su descenso en la parábola. En Morón y Urama el señorío político y económico lo ejercía el general Félix Galavís, amigo y compadre del presidente general Juan Vicente Gómez. De su propiedad eran las grandes haciendas, la ganadería, la industria de la copra (materia prima para la fábrica de aceite de Puerto Cabello), los trapiches, los hoteles y demás inmuebles de valor. Eran los tiempos de un río Morón caudaloso y con una exuberante vegetación, preñado de camarones, babas y otras especies. El poblado tenía escasos habitantes, era la época del paludismo y de otras epidemias en un medio insalubre con insuficiente asistencia de los servicios públicos y de la medicina. Un censo nos dice que había "264 casas y 1.203 habitantes, de los cuales son varones 616 y hembras 587". Los caseríos eran, además del centro de Morón, Alpargatón, Las Vegas, Boca de Yaracuy, Sanchón, Santa Ana, Gomera y Zapateral. La economía del municipio gira en torno al cultivo de cacao, aunque ya el coco y sus derivados comienzan a ser un factor importante en la comercialización y en el sustento de la población. Los principales comerciantes eran: el general Félix Galavís, Enrique Rivero, don Elías Rodríguez y Cía., Rafael Rodríguez. Los hacendados y ganaderos eran: el general Juan Vicente Gómez, el general Félix Galavís, Jorge Mendoza, Pedro N. Tagliaferro. La actual parroquia Urama tenía en ese mismo tiempo "217 casas y 1.000 habitantes, de los cuales eran varones 539 y hembras 411". Además del centro de Urama, existían como poblados los caseríos de San Roque, Canoabito, Central, Lucinda, San Pablo, Los Teranes, Colombia y El Salado. Las crónicas de esos años señalan que Urama está situada sobre "la carretera de la Costa", a 26 metros sobre el nivel del mar. Las actividades económicas de Urama eran similares a las de Morón, aunque aquélla tenía una ganadería y una agricultura más desarrolladas y era propiamente el feudo del general Félix Galavís. En este sentido él era el único hacendado y ganadero para 1930, reinaba en un extenso territorio y era el dueño, además de las posadas y hoteles, abastos, aserradero, etc., y del central Lucinda que era como un centro comercial o Sambil de la actualidad. Otros comerciantes de Urama eran: Paulino Alma, Juan Barrada, lez, Domitiza Picado, Nicomedes Ramón Cedeño, Domingo GonzáPicado y Manuel Sequera.
Libro Crónicas desde Morón - La Tragedia de Guanabanillo
Hablando de tragedia, nos cuenta una Roberto Montero, viejo moronense, bisnieto de José Idelfonso Montero (quien luchó en la Federación y en la Batalla de El Palito al lado del general Ezequiel Zamora). Los Montero son herederos de las tierras de "Casas de Tejas", que por su muerte el general Mora no llegó a repartir en el momento. Roberto nos hace llegar el siguiente drama:
"Por allá en los años treinta, hoy los predios del Seguro Social de Morón, habitaban en esta zona, en una humilde choza, María y Rafael Morillo con sus dos pequeños hijos Pedro y María. Poseían en las orillas del río Arriba -que hoy es el asiento del dique de Pequiven- un conuco que era su único sustento diario.
En una mañana fatídica, como era de costumbre, dejaron a sus vastagos solos y Rafael y María se fueron al trabajo. Rafael había tenido una dificultad con un señor de nombre Saturno Tolosmo, este fulano contrata los servicios de Indalecio Perozo, brujo de cierta fama para ese entonces. El brujo debía extraerles los corazones en vida a los hijos de Rafael como venganza de Tolosino por el problema que habían sostenido ambos. Los corazones los utilizaría el brujo para sus fechorías.
Chicho Cumaco
Su nombre de pila es José Rafael Zambrano Arias, nacido en la población del Tocuyo de la Costa el 17 de febrero de 1939. Se trasladó a Morón en el año 1960, estableciéndose en el popular sector de "Botaburro" en las adyacencias de la avenida Falcón, tenía Chicho 21 años de edad. Desde niño sintió pasión por tocar el furruco, instrumento -según élue fue ejecutado por primera vez en el siglo XIX en las costas de Lagunillas y por lo tanto es originario del estado Zulia. Chicho se destacó en su juventud como beisbolista y músico, y a este último arte todavía le mete en ocasiones especiales cuando la musa lo sacude. Empezó a tocar el furruco en su pueblo natal con un conjunto llamado los "aguinalderos de San Miguel", donde tocó por 12 años ese instrumento que es un híbrido entre percusión y bajo, en su sonar muy peculiar. En Morón se enroló como cantante en varias agrupaciones musicales, entre ella el grupo de los hermanos Medina "la sonora San Luis" y "LOS CORALITOS" de mi amigo Luis Martínez. En 1962 funda su propia agrupación gaitera llamada "los tiburones del éxito", junto con un grupo de brillantes músicos locales que después tuvieron fama nacional e internacional. Los nombres de estos talentosos músicos no se los voy a suministrar en esta crónica por falta de espacio, pero lo haremos en otra oportunidad o en una revista que esperamos sacar pronto. La historia de Chicho es larga y difícil resumirla aquí. Como deportista formó parte del recordado equipo "Deportivo Morón", Roberto fundado por 'don Montero en el año 1959 que vino los a llenar un vacío dejado por primeros equipos legendarios de Morón como lo fueron el "Santa Ana", fundado en 1930 y el Morón Star en los años sucesivos, ambos con brillante trayectoria en la historia deportiva de Morón. Lo amigos Jose Rafael Zambrano (Chicho). Obdulio José Bolívar (yuyo) César Antonio Montero y Víctor Manuel Barrios me hicieron llegar la historia y el roster completo de este tremendo equipo que también por falta de espacio lo voy a divulgar en otra oportunidad, la idea es que con el material informativo que me han hecho llegar (fotografías, datos biográficos etc.) podamos realizar una publicación más completa que recoja toda esta historia de los músicos pioneros y también de los deportistas morenses. Me indican en su correspondencia que el 26 de julio de este año se estará cumpliendo el 50° aniversario del inicio en la actividad deportiva de una gloria de nuestro municipio, el señor Eustoquio Rafael Uribe, un personaje que representó durante un largo tiempo el deporte del municipio y será recordado por sus compañeros de juego sobre todo porque su mayor pasión f ser umpire. Visite mi blog www iscoello. (*) Cronista Mu