Se encontraron 4 fichas analíticas en 4 documentos originales.

Malaria 🔍

Según Rómulo Calderón Torres, en el siglo diecisiete la malaria arremetió como un azote en la zona, provocando una mortandad que afectó la producción del agro.

📄 Crónica: Converso II ➔

Calenturas / Paludismo 🔍

Según Asdrúbal González, el obispo Martí señaló en 1773 que el territorio de Morón, Alpargatón y Urama era propenso a las calenturas, siendo históricamente la zona más afectada por la malaria en Venezuela.

📄 Crónica: El pueblo de Morón y el obispo Martí ➔

Endemia de Paludismo 🔍

Según Alexis Coello, una enfermedad que azotaba el valle de Morón a finales de los años 30, afectando a hombres, mujeres, niños e incluso animales, antes de las campañas de control de mosquitos.

metodo combate: Polvo blanco para el mosquito
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Por un Caballo y una Mujer ➔

Epidemia de Paludismo 🔍

Según Alexis Coello, la plaga azotaba los pueblos de Venezuela; en Morón la población se redujo a 800 habitantes para 1945 debido a que las defunciones superaban a los nacimientos, con vectores como el Anopheles darlingi y albimanus transmitiendo el Plasmodium Falciparum.

mortalidad 1940: 91 defunciones frente a 41 nacimientos
vectores: Anopheles albimanus, Anopheles darlingi
📄 Crónica: 70 años de la erradicación del paludismo ➔
📖 Consulta de Documentos Originales
Crónica Web #51

Converso II

Converso II
Seguimos con Juan José Mora y los poemas del Dr Rómulo Calderón Torres: "En el año ochenta y uno / se modifica la ley, / del año cincuenta y seis / que divide en lo oportuno,/ al territorio que acuno / de todo este gran estado, / y a distrito se ha elevado / Juan José Mora en acción, / conformado por Morón / y Urama que se ha integrado. Cambia la ley otra vez / al surgir nuevo principio, / se convierte en municipio / en el año ochenta y tres, / eso ocurre así después / y desde ese mismo día / toma así su autonomía; / se eligen autoridades, / como también concejales / que en comicios se elegía. Entonces desde el noventa sólo municipio rige, / en comité que regenta./ por gente que es muy atenta / con aliento denodado, / al grande conglomerado / que brinda esa voluntad, / por mantener la equidad / en sentido equilibrado. Es pueblo de piel morena / la Santa Ana de Morón, / con su cumba de emoción / en la jerga más serena, / alcanza su forma plena / por tantos negros alzados, lejos muy fortificados / de blanca raza existente,/ de aquél líder residente / guía de cristianizados. En mil setecientos veinte / con iglesia ya contaba, / y el padre de Herrera estaba / en cada acto presente; / donde se tiene latente / la negritud africana, / holandesa y antillana / como la de curazao, / que cultivaban cacao / en cada hacienda cercana. También el negro nativo / se refugia en esta zona,/ de inmediato se adiciona/por cristianismo motivo,/ haciéndose muy votivo,/ por lograr su libertad, / o mayor seguridad / en los predios de Morón, / donde estalla rebelión, / la primera en su unidad. El setenta y tres se vino / hasta Morón un pastor, / un obispo monseñor: / Mariano Martí, camino; / quien declarara el destino / de todos su pobladores, / siendo esclavos o señores / del pequeño caserío, / también del otro geni tío / de suelos cultivadores. > En Morón es donde estalla/contra el poder español,/rebelión a pleno sol / donde andresote no encalla, / por el contrario se explaya / todo el zambo y su torrente, / marcando ese precedente / que tuvo mucha ascendencia, / para nuestra independencia / y en sucesiva corriente. En el siglo diecisiete / tuvo significación / el agro y su producción; /pero todo va al garete, / pues la malaria arremete / como azote en esa zona, / siendo un mal que no perdona / ni a la raza ni a la edad, / habiendo una mortandad / que hasta ahora se menciona. Importante referencia / hoy hace Alexis Coello, / cronista de gran destello / con importante ponencia, / cual brinda con excelencia / al paludismo tratado, / cómo fue erradicado / en toda mi Venezuela,/ así quede hoy secuela / de un dengue sincronizado.
Abrir panel de lectura ➔
Crónica Web #80

El pueblo de Morón y el obispo Martí

El pueblo de Morón y el obispo Martí
Por: Asdrúbal González
Mariano Martí Estadella era un viajero incansable.... El día diecisiete del mes de marzo del año mil setecientos setenta y tres montó en su mula caminera antes de que llegara el amanecer, recorrió seis leguas durante doce horas de camino, y apenas bajado de la cabalgadura visitó la iglesia parroquial de Morón, que era el pueblo de llegada, siendo Guaiguaza el pueblo de salida. "Este pueblo -escribió el escribano José Joaquín de Soto- es fundado principalmente para los esclavos, y otras gentes libres que cultivan las haciendas de cacao comprendidas en este valle: está anexo a dicho pueblo de Alpargatón, que es fundado también para esclavos de las haciendas que contiene su valle, de suerte que ambos pueblos constituyen un curato, siendo el principal donde de continuo reside el cura y está la iglesia parroquial, éste de Morón...”. El pueblo de Morón era para entonces una iglesia y treinta y a Distribuidora MIXTA Plaza El Zancudo de Morón, símbolo de la lucha contra la fiebre del paludismo. una casas dispersas, la mayor parte desiertas, por estar las familias habitantes viviendo en las haciendas que poblaban el valle la mayor parte del año. Como dato curioso, una décima parte del total de ciento veintisiete habitantes estaba constituida por negros bozales (recién llegados de África). El recinto sagrado objeto de la DIGITEL visita quedó reseñado en la forma siguiente: "La iglesia parroquial de dicho pueblo de Morón está dedicada a San Francisco, y acerca de su antigüedad no se pudo tomar razón. Su fábrica es de un cañón, cuyas paredes están formadas de adobes, y el techo de teja; es de muy poca capacidad, y duración; tiene una pequeña sachristia de semejantes materiales, y al frente de la puerta principal un corredor en forma de pórtico cubierto de teja sobre pilares de madera: solo hay el altar mayor, el cual tiene mediano adorno, y en él está colocada la imagen de San Francisco". Anotamos algunos aspectos diferenciales en relación a otros pueblos del vicariato de Puerto Cabello. Uno: Morón y Alpargatón formaban un curato. Dos: Los padres de familia que no llevaban a sus hijos, esclavos y criados, los domingos y días de fiestas de guardar, eran multados con cuatro reales de plata (una buena suma) como obligada limosna. Tres: Al igual que quedará asentado con respecto a los pueblos de Alpargatón y Urama, señaló el obispo andariego: "Este territorio es propenso a calenturas". Más de dos siglos antes de que el 2 de diciembre de 1945 se escogiera simbólicamente a Morón para la primera fumigación de la campaña antimalárica, el territorio visitado por el obispo Martí era la zona más palúdica del país.
Fin del texto por Asdrúbal González
Abrir panel de lectura ➔
Crónica Web #490

Libro Crónicas desde Morón - Por un Caballo y una Mujer

Libro Crónicas desde Morón - Por un Caballo y una Mujer
Finalizaba la década de los treinta, era Morón el valle acurrucado entre la serranía que al sur se divisa pintando verdes con mechones grisáceos que se pierden en la espesura de la neblina y el blanco oleaje del Golfo Triste, cuya brisa mecía los largos cocoteros colgando tupidamente sus frutos redondos, cobijado todo el valle por el azul sin manchas de un cielo que persuadía a la inspiración de los poetas. De Cariaprima bajaba su río haciendo meandros con sus límpidas aguas, cual cristales sinuosos que giraban lentamente a poniente para regresarse e ir paralelamente a la calla más importante del escaso poblado. En sus riberas, garzas y flores combinaban un paisaje en armonía, bambúes y cañas complementan el habitat de anfibios, reptiles y aves sedentarias. A la puesta del sol bandadas de palomas montañeras cruzan los cielos rumbo a la cordillera; en las noches silentes a poca distancia ruge el tigre. La vida es taciturna y pueblerina, la monotonía sólo es rota por los tañidos que brotan de la iglesia Santa Ana anunciando una misa dominguera, algún evento especial o simplemente doblan las campanas para avisar que a otro paisano se lo llevó el paludismo. ¿Cuántos van este año?, se pregunta Clodomiro. ¿Cuándo irá a acabar esta endemia que no perdona mujeres, ni ancianos, ni niños? Ni siquiera a los animales perdona, decía.
Ahora recuerdo mi potro zaino -comenta-. Con él quedé campeón coleador varias veces en las fiestas patronales de la virgen de Sana Ana. Aquí mismito, en la calle Real, rodaban los toros arrastrados por la fuerza de mi caballo Lucero, no había toro que se resistiera. ¡Qué tiempos aquellos! Las muchachas me llenaban el pecho de cintas multicolores, fue una tarde de feria cuando en la manga, posado sobre mi potro una mujer hermosa me colocó una cinta, jamás olvidaré sus grandes ojos negros, era Clarita, allí la conocí, para mi fortuna o para mi desgracia.
Clodomiro Era en su juventud un hombre fortachón, alto, de piel tostada por el sol. Lucía una gruesa correa de cuero en su muñeca derecha y un sombrero de ala que le caía hacia un lado. Su pelo era negro y crespo, buen porte. Era mujeriego, parrandero y jugador. Era caporal en una de las haciendas en los alrededores del pueblo, tenía fama de guapo, siempre andaba armado. No había mujer que se le negara, sostenía.
La conversación continuaba su curso en medio del bullicio de la sala del bar Las Cuatro Esquinas, numerosas botellas vacías colmaban la estrecha mesa. Un interlocutor pregunta: "Clodomiro ¿quépasó con tu vida próspera y exitosa?" "Gua, qué va a pasar, pues -responde Clodomiro-mi caballo Lucero un día amaneció con calenturas, se puso triste y se echó al suelo, más nunca se levantó, se lo llevó la malaria, lo enterré y todavía lo lloro. Después, a los dos meses, fue que llegaron unos doctores de Caracas a regar un polvo blanco para acabar con el mosquito asesino, pero y a no había remedio, mi Lucero estaba muerto. "Pero bueno, chico, no es para tanto, Lucero era sólo un animal, ñique fuera tu mujer", terció otro en la conversa. "No jo... con mi mujer me pasó otra vaina. Diez años después de haber muerto mi caballo — relata Clodomiro- llegaron unos ingenieros a formar una compañía y que le iba a dar trabajo a todos, tú sabes que ya las haciendas no daban nada, el petróleo embromó al campo. Yo me enrolé en los primeros trabajos de esta compañía, trabajé en la canalización del río, vaciando concreto, allí conocí mucha gente importante, y para ponerme en la buena con los jefes un día invité a varios ingenieros a comer en mi casa y les presenté a Clarita, quien los atendió muy bien, a ellos le gustó la comida de mi mujer y como venían de otras partes pidieron que Clarita les siguiera haciendo la comida que ellos pagaban bien, pues, yo acepté, tú sabes, para ayudarme ".
Clodomiro bebió un sorbo de cerveza Zulia y continuó su relato: "Pues mira, chico, cuál fue mi mayor sorpresa cuando un día regreso temprano del trabajo porque me sentía mal y encuentro al ingeniero Gumersindo arriba de mi Clarita querida, entonces me volví loco, al ingeniero lo saqué en calzoncillos aplomo de mi casa, y a mi mujer le sembré dos plomos en el corazón. Le di la muerte en el mismo lugar en donde antes cultivaba ternura. A mi caballo se lo llevó el atraso y a mi mujer se la llevó el progreso", concluyó.
Hace tiempo que no ven a Clodomiro, la última vez que lo vieron parecía cansado, sus pasos arrastraban las penurias de años, ahora lucía pálido y seco, su cabello se cubrió de cenizas de angustia, no buscaba compañía, dijo que no necesitaba de nadie, que se bastaba con sus eternos acompañantes: su botella de Popular, el recuerdo de su potro zaino y los grandes ojos negros de Clarita.
Los diarios locales dieron la noticia sobre un cadáver encontrado colgando de un árbol. Se parece a Clodomiro, gritó un mirón. Una Venezuela se fue con su potro, la otra, se quedó con Clarita, y a Clodomiro se lo llevó la tristeza.
Abrir panel de lectura ➔
Crónica Web #109

70 años de la erradicación del paludismo

70 años de la erradicación del paludismo
Era día domingo y día Panamericano de la Salud; aquél 2 de diciembre de 1945.
El pueblo depauperado y triste, se preparaba para un ensayo científico que cambiaría el rumbo de la historia en materia de salud para Venezuela.
Y era que la pladel Paludismo ga azotaba inclementemente a los pueblos de Venezuela llenándolos de tragedia y de ruinas; el daño era tal que cada dos horas moría un venezolano a causa del Paludismo.
En lo que respecta a Morón, los números son deprimente: "Su población disminuía de una manera vertiginosa.
Para 1945, ésta se había reducido a 800 habitantes, y no se piense que eran habitantes alegres, contentos de vivir, optimistas del futuro.
Nada de eso, veían un porvenir cada vez más tenebroso" (Marín, A, 1971,25).
El número de defunciones superaba al de nacimiento por ejemplo, en el año de 1940 se murieron noventa y uno (91) moronenses y sólo nacieron cuarenta y uno (41).
El equilibrio vital estaba roto.
Los vectores o transmisores maláricos más temibles y peligrosos cose mo los anópheles albímanus y darlingi eran los que reinaban y hacían desastre en el territorio Morense.
La labor destructora de estos insectos era constante puesto que vivían y dormían en el mismo rancho de las potenciales víctimas, eran poseedores y transmisores del Plasmodium Falciparum que conducía rápida e inevitablemente a la muerte en pocos días, producía la fiebre llamada la "Económica" porque el enfermo moría rápidamente ahorrando los gastos médicos, ¿Por qué fue morón el pueblo escogido? Respondamos con las palabras de Gabaldón: "Porque Morón era fiel representante de la Venezuela con malaria.
Aquí la enfermedad era altamente endémica, los índices esplénicos llegaban hasta 99% y jamás habían bajado del 70.
Los dos más poderosos vectores del país, anópheles Darlingi y el Anopheles albimanus, presentes estaban en buen número y unidos sembraban la invalidez y la muerte".
Para acabar con tan terribles enemigos fue necesario adquirir un químico (EL DDT) que había sido utilizado con fines bélicos y usado también para sanear algunas islas del pacifico, pero cuya efectividad como insecticida, aún no había sido comprobada de tal manera que fue en el pueblo de Morón que se hizo la primera prueba y que afortunadamente La plaza el zancudo en Morón, simbolo de la lucha contra el paludismo.
dio resultados positivos y comenzó así el principio del fin del paludismo en Venezuela.
La división de Malariología fue la encargada de planificar el primer rociamiento del DDT en Morón, para ello encargó al Ingeniero Gerardo González, Jefe del Servicio de Fomento Anti-Malarica para la organización del acto.
La cuadrilla número uno ejecutó el rociamiento y estaba comandada por Levi Borges (el primer Guarda-Jefe) y José Manuel Contreras (Guarda-Operador), además formaban parte de ésta los rociadores Francisco Solorzano, Valentin Gutiérrez, Juan García y Francisco Gutiérrez.
El primer rancho rociado con DDT en Morón, era propiedad de Melecio Castillo y María Pacheco; para ello se utilizó el DDT grado técnico al 100% y polvo humedecido al 50.
Estuvieron presente las siguientes personalidades: El Dr. Arnoldo Gabaldon, el Ing. Arturo Luis Berti, el Dr. Manuel García, Presidente del Estado Carabobo, Ricardo Montilla, Presidente del Estado Guárico, el Dr. Manuel Salvador Barreto, Malariologo de Puerto Cabello, el Dr. Lacenio Guerrero, médico jefe de la zona II de Malariología del Estado Carabobo, el Ing. Rafael Sardi y el Dr. Antonio Gómez Marcano.
¿Y qué consecuencias positivas tuvo para Morón esta campaña antimalarica? Dejemos que sea el propio Dr.
Gabaldon que nos responda con su versada palabra y cómo máximo representante de este grupo de hombres que emprendieron como un deber la erradicación del paludismo en Venezuela, en ocasión de inaugurarse el monumento al zancudo caído en Morón el dos de diciembre de 1955: "¿Y qué ha sucedido en Morón desde entonces? Ya no es el pueblo melancólico y decadente.
El censo de 1950 señaló un cambio de rumbo en su población, y ésta, en vez de aminorarse, como sucedía antes, va creciendo.
Ya hoy, en lugar de aquellos 800 habitantes de hace diez años, más de 2000 llenos de entusiasmo, aquí laboran.
Ya no existen los 70 años macilentos en la escuela del pueblo, hoy de van a ella 190, llenos de vida y contento.
Ya no mueren 49 de cada 1000 personas, pues solo 10 de cada 1000 pagan su tributo a la muerte, como en los lugares más sanos del mundo.
Ya la industria no está representada por una vieja fábrica de aceite de coco con obreros de jornal medio de Bs 3,00 sino que una poderosa planta petroquímica se levanta orgullosa como piedra fundamental de nuestro desarrollo" Estas eran las expectativas futuras del pueblo de Morón pautadas por las palabras de un conocedor de la realidad malárica de esta localidad y que diez años después de iniciado el trabajo de exterminio de la plaga palúdica vuelve a ella a notar las diferencias y los avances en materia demográfica y en el crecimiento económico y social de aquella aldea que estuvo a punto de su desaparición...
Abrir panel de lectura ➔