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Adrián Cuacarán 🔍

Según Alexis Coello, entonó cantos durante la inauguración de la iglesia. Es mencionado como el mismo artista que le cantó al Papa por primera vez en Venezuela.

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Félix Escobar 🔍

Según Alexis Coello, fue el alma y corazón de la nueva iglesia. Realizó un peregrinaje por Europa y gestionó recursos ante instituciones públicas y privadas, unificando al pueblo de Morón para concretar la construcción del templo moderno.

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Mariano Martí 🔍

Según Alexis Coello, el obispo realizó una visita al asentamiento de Morón en el año 1733.

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Ramón Antonio Linares 🔍

Según Alexis Coello, presidió el acto de inauguración y bendición de la nueva iglesia de Santa Ana, entrando al templo por la puerta sur acompañado por el Gobernador del Estado y un séquito religioso.

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Salvador de Cádiz 🔍

Según Alexis Coello, realizó una visita apostólica a Morón en 1730 en compañía de Tomás de Pons para tratar con la población de negros cimarrones.

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Sebastián Herrera 🔍

Según Alexis Coello, fue un clérigo de origen español que estuvo a cargo de la iglesia de Morón hacia 1720. Desapareció víctima de las calenturas o malaria, enfermedades frecuentes en la zona para la época.

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Tomás de Pons 🔍

Según Alexis Coello, visitó el pueblo de Morón en 1730 junto a Salvador de Cádiz con el objetivo de someter apostólicamente a los negros cimarrones.

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Crónica Web #446

Libro Crónicas desde Morón - La Iglesia de Santa Ana de Morón

Libro Crónicas desde Morón - La Iglesia de Santa Ana de Morón
Desde principios del siglo XVIII se constató en los registros eclesiásticos que la Virgen de Santa Ana constituía la guía espiritual del pueblo de Morón. Ya en 1720 existía la iglesia a cargo del capellán Sebastián Herrera, de origen español, quien posteriormente desapareció víctima de las calenturas o de la malaria que para entonces era muy frecuente en estos parajes inhóspitos. Muchos sacerdotes eran reacios a establecerse en la zona por el temor al paludismo y otras enfermedades tropicales, por tal motivo eran escasos los clérigos disponibles para atender a la feligresía, de allí que se prestaban muchos auxilios o intercambiaban favores religiosos los párrocos dependientes de la vicaria de Nirgua (a la que pertenecía la Iglesia de Santa Ana de Morón).
Morón no fue un pueblo fundado a la usanza española sino que surgió espontáneamente, sus pobladores se ubicaron en el espacio sin ninguna organización predeterminada y construyeron sus viviendas con los materiales rudimentarios que la naturaleza les ofrecía.
La Iglesia Santa Ana de Morón se construyó en el Centro del poblado a un costado de la calle real, inicialmente estuvo fabricada de bahareque y paja, prototipos de materiales que eran utilizados en la confección de las Iglesias en aquellos pueblos sin ninguna importancia económica y política. Luego sus materiales fueron sustituidos por elementos más modernos (cemento, madera pulida, vitrales, etc.), pero con un escuálido valor arquitectónico. Su estrechez, la carencia de estética y obsolescencia en general motivaron al padre Félix Escobar - alma y corazón de la nueva iglesia- a la búsqueda o peregrinaje por el continente europeo, por las diferentes instituciones públicas y privadas del país y del estado así como también tocó las almas caritativas de personalidades y, sobre todo, al pueblo de Morón a quien logró unificar en torno a él y que como una sola voluntad, de pueblo con su párroco, hace realidad este 26 de julio en honor a Santa Ana, una iglesia moderna de vistosa imagen, amplia con una belleza arquitectónica de porte señorial, digna de un municipio en pleno desarrollo que dista mucho de ser aquel pueblo de 1730 que una vez visitaron los capuchinos Tomás de Pons y Salvador de Cádiz para someter apostólicamente a los negros cimarrones. Y también dista mucho al de 1733 cuando nos visitó el obispo Mariano Martí.
Digno de su trascendencia histórica se celebró el acto de inauguración y bendición de la nueva iglesia de Santa Ana por parte del obispo Ramón Antonio Linares, quien acompañado de un séquito de religiosos y del Gobernador del Estado hizo su entrada por la puerta sur del templo en medio de una gran ovación popular y al momento en que Adrían Cuacarán (el mismo que le cantó al Papa por primera vez en Venezuela) entonaba un canto celestial de divina hermosura que dejaba mostrar su potente voz de tenor. Desde tempranas horas de la mañana se congregaban los moronenses en los alrededores y dentro de la Iglesia, con sus rostros complacidos y esbozando una leve sonrisa, admiraban las imágenes grabadas en los bellos vitrales donde resaltan los tonos verdes, violetas y azules, del lado izquierdo, un mozalbete inquietante movía el ventanal de giro circular, en el techo machihembrado posaban un casal de palomas de color grisáceo oscuro que revoloteando procuraban con su acoplamiento dejar su huella en la casa de la madre de la Virgen María y abuela de Jesús.
Realmente fue un evento con verdadera esencia de pueblo, habían llegado los feligreses de los distintos rincones de la geografía del municipio, amén de los ilustres visitantes de Puerto Cabello y Valencia, viejas caras conocidas y otras desconocidas, pero que por lo general no pululan en los actos oficiales o en los tradicionales homenajes. Día de fiesta, engalanados se paseaban alborozamente hasta ubicarse en las proximidades del altar, otros desde lejos y de pie, se conformaban con observar las incidencias de la ceremonia que estaba por comenzar. El elemento político estuvo reducido a su mínima expresión, no obstante se sucedían tímidos intentos individuales de prefiguración como alegando su participación en la obra recién construida. Como dato curioso no pasó desapercibido para los observadores advertidos la colocación en el recinto de los representantes de los gobiernos que contribuyeron al financiamiento de la construcción. En la parte delantera del lado derecho se ubicó el gobierno municipal (la dirigencia oficial); en la parte izquierda, la representación de la Gobernación (¿o el Proyecto Carabobo?); rompió la norma el alcalde, que se situó al lado de la primera dama regional, al lado zurdo. Esto me hizo recordar la ubicación en el parlamento del Imperio Romano de los senadores conservadores y los opositores al régimen que se situaban a la derecha y a la izquierda respectivamente.
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