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Balmes 🔍

Según Alexis Coello, este autor es recordado por la frase: "Conocemos más los libros que las cosas, y el ser sabio consiste en saber cosas y no libros".

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Carlos Parra 🔍

Según Alexis Coello, es un docente consumado que en su discurso de incorporación a la academia de la lengua defendió el origen de la palabra en el uso del pueblo. Sugiere a los educadores hacer énfasis en la ortografía escolar y la pulcritud en los escritos literarios, afirmando que la lectura asidua no basta sin la práctica diaria.

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Gabriel García Márquez 🔍

Según Alexis Coello, el escritor afirmaba que los diccionarios son útiles y nobles para que jueguen los niños desde los cinco años y para el uso de los escritores hasta los cien años.

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Crónica Web #181

Lo que dije en la academia (Licenciado Car- los Parra)

Lo que dije en la academia (Licenciado Car-
los Parra)
El Licenciado Carlos Parra en su discurso de incorporación como miembro correspondiente de esta honorable academia de la lengua regresa, muy acertadamente, a la boca del pueblo el origen y la legitimidad de la palabra por su uso y no por la sentencia de los claustros académicos.
Reafirma el carácter vivo de la lengua en continua transformación y de autogeneración o autopoiesis, como consecuencia o producto de una sociedad en ebullición, de un pueblo interactuando con nuevos hechos sociales, políticos y económicos, con nuevos elementos y creaciones tecnológicas que se suscitan a una velocidad vertiginosa y que las necesidades lingüísticas o expresivas que se dan a la par de esos eventos deben tener, a su vez, oportunamente, una respuesta semántica apropiada, coherente con la normativa y los antecedentes de nuestro idioma.
Las palabras salen del pueblo en su uso cotidiano, las inventan a veces por los medios más increíbles, las adoptan de otros idiomas como vocablos traducidos o corrompidos, las llevan de "aquí pa' allá y de allá pa' acá".
El idioma si no se adapta a las nuevas exigencias de la sociedad, tiende a desaparecer por inútil.
En la historia tenemos un ejemplo: En la Península Ibérica bajo el control del imperio romano se hablaba el latín culto y el latín vulgar.
El primero lo usaban los letrados o los que tenían grados de instrucción; su escritura era rigurosa y sus normas para su uso eran estrictas.
Por otro lado tenemos el latín vulgar o popular.
Este se usaba cotidianamente sin muchas reglas y en varios dialectos; lo hablaban los mercaderes, las masas populares, legionarios, artesanos, navegantes etc.
Pues bien, "el latín culto, por encontrarse sometido a las leyes de la escritura, estaba condenado a sufrir pocas transformaciones y a convertirse en una lengua muerta.
No así el latín popular el cual, en todo el extenso territorio donde se hablaba evolucionó rápidamente (...) y se transformó hasta dar origen a una serie de lenguas nuevas llamadas romances..." De aquí surge nuestra lengua española o castellana.
El profesor Parra, fiel a su inquietud pedagógica como un docente consumado, sugiere a los educadores (y a todos nosotros) que se haga énfasis en la ortografía escolar, habla de su importancia para la cohesión de nuestro idioma y que la practiquemos, con todas sus normas gramaticales en nuestros escritos literarios, con pulcritud y corrección, creo que este es el mensaje: Que no sólo el buen uso de la ortografía atañe a los escolares sino a todos aquellos que nos apoyamos en la herramienta del lenguaje para transmitir ideas, conceptos y en la manifestación de nuestra vena literaria, es decir, que nos incumbe a nosotros mismos.
Otro elemento a considerar en su discurso es su afirmación: "La lectura asidua no basta" y me viene a la memoria un aforismo de Balmes: "Conocemos más los libros que las cosas, y el ser sabio consiste en saber cosas y no libros".
Lo cierto es, que no bastan los libros sino la práctica diaria, sencilla y básica como la que se debe aplicar a los estudiantes de las escuelas y liceos, con técnicas simples y elementales.
Por último, decía el Nobel de literatura, nuestro Gabriel García Márquez que: "No hay nada más útil y noble que los diccionarios para que jueguen los niños desde los cinco años.
Y también con un poco de suerte, los escritores hasta los cien".
La riqueza de nuestra lengua no es para estar toda en una cabeza, por muy sabia que sea.
La semántica, la etimología y la forma correcta de escribir los vocablos están allí en ese oráculo voluminoso que algunos (estudiantes o intelectuales) les da pereza abrir; pero siendo tan necesario su uso para la limpia redacción, para las construcciones solidas de nuestra expresión y para las composiciones certeras y brillantes, no debemos olvidarlo.
El Cavam, Valencia, 31 de Octubre de 2014
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