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Churro 🔍

Mencionado por Alexis Coello como el líder de una banda delictiva que operaba en el sector donde residía María y Pedrito.

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Raspacuero 🔍

Según Alexis Coello, comandaba la banda rival de 'El Churro', la cual protagonizó un tiroteo en el barrio de Morón donde falleció el niño Pedrito.

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María 🔍

Según Alexis Coello, es una madre humilde residente de un barrio de Morón que trabajaba como doméstica y lavandera para sustentar a su hijo Pedrito tras la ausencia del padre.

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Panchito Mandefuá 🔍

Personaje mencionado por Alexis Coello en el cierre de su relato como compañero simbólico de Pedrito en la mesa navideña celestial.

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Pedrito 🔍

Según Alexis Coello, era un niño de seis años que vivía en un barrio de Morón. Recibió una bicicleta de plástico en Navidad y falleció víctima de una bala perdida durante un enfrentamiento entre bandas rivales en su sector.

edad: 6 años
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Crónica Web #175

Un cuento de Navidad

Un cuento de Navidad
Había una vez, en uno de los tantos barrios de Morón, una familia humilde, integrada por María y su hijo de seis años Pedrito.
El padre estaba ausente, se había marchado años atrás con la sobrina de María.
La casucha de María tendría las dimensiones de 3x2 metros aproximadamente; era un híbrido de zinc, madera y una parte de concreto, se levantaba sobre una cuesta empinada no tan lejana de las otras viviendas del sector.
María trabajaba de doméstica algunas veces, otras más limpiaba locales comerciales u otros inmuebles donde requerían sus servicios.
Últimamente, y por las noches, lavaba ajeno porque Pedrito le había pedido al Niño Jesús que le trajera una bicicleta, de esas de plástico que venden los chinos.
La madre trabajaba honradamente y con tesón para cumplir con los deseos de su hijo.
Llegó el día esperado y la madre compró la añorada bicicletica de plástico, satisfecha quedó al notar la alegría que mostraba su hijo al recibir el regalo.
El niño exclamaba: "¡Gracias, Niño Jesús! ¡Gracias!", la madre contemplaba sonriente.
El hijo en su inocencia ignoraba el sacrificio y el esfuerzo de su madre para poder darle aquel momento feliz.
El crédito o el mérito, a los ojos del niño, se lo llevó el Niño Jesús, no la madre.
Así son nuestras costumbres de un hombre mayor.
A los días, Pedrito se había cansado de jugar con la bicicleta en el estrecho espacio de su vivienda 3x2, en su carrera sobre su móvil tropezaba constantemente con los pocos enseres del humilde rancho.
-¡Mamá -exclamó Pedrito-, quiero jugar fuera! ella.
-No, hijo, es peligroso-, contestó -Mamá, déjame salir que yo nunca salgo-, repostó el niño -No, hijo, te dije que no.
El niño rompió en llanto.
La madre para consolarlo lo abraza y le promete: "El domingo que estoy libre, te dejo salir un rato para jugar con tu bicicleta fuera".
-Está bien, mamá, me lo prometiste.
Llegado el domingo, serían las diez de la mañana, Pedrito andaba alegre, pues saldría a pasear por las calles en su bonita bicicleta, seguramente los otros niños le envidiarían, le figuraba su precoz mente.
¡Mamá, mamá! Voy a jugar fuera con la bicicleta.
-Ya va, hijo, voy a ver si todo está bien en la calle.
La madre sale del rancho y gira su testa a ambos lados de la calle; nota la presencia de cuatro individuos sentados sobre un banco de concreto, regresa luego a su hogar; y le dice al niño: "Ya va, hijo, todavía no, ahí están el 'Churro' y su banda, y es peligroso".
-¡Mamá, yo quiero salir!-.
gritó el niño.
-No, hijo, todavía no.
Los malandros te pueden quitar tu bicicleta.
-Mamá, ¿por qué me la van a robar si ésa es mía? Me la trajo el Niño Jesús.
-No, hijo, ¡los malandros no saben de eso, son malos! -Mamá, ¿ellos no fueron niños nunca? ¿Por que son así? -Hijo, sí fueron niños, y son hijos, a lo mejor son padres también, pero ellos se perdieron, sus padres probablemente los abandonaron.
¡Qué sé yo! Yo no soy socióloga.
-Pero mamá, dime -insistió Pedrito-.
¿Por qué ellos le quitan a uno lo que no es de ellos? -Hijo, porque son ladrones y no les gusta trabajar para conseguir lo que quieren.
-Mamá, ¿y por qué no trabajan? -¡Ah no, yo no sé, hijo! No me hagas más preguntas, acuéstate en la cama.
El niño se echó a llorar y se recostó en el camastro donde dormía con su madre; la bicicleta la tomó entre sus brazos, y así se quedó dormido.
Pasadas las doce del día, llegó al sector la banda rival del "Churro", comandada por el "Raspacuero", como tenían culebra los unos buscaban a los otros; cuando se encontraron, tronaron los disparos, unos corrían hacia cualquier lado, otros huyeron como guapos chorreados, otro se ocultó detrás de la vivienda de María-quien se había lanzado al suelo de tierray hasta allí llegaron los proyectiles de las armas de los desalmados.
Allí cayó uno, luego los atacantes se dieron a la fuga por las veredas y recovecos de la aldea.
Cuando María sintió el silencio, se levantó del suelo y va en la búsqueda de su hijo; lo encuentra abrazado a su bicicleta, pero con un agujero carmesí en su pequeño cráneo.
María abraza a su hijo, llora, grita inconsolablemente.
Pedrito se ha ido.
No jugará con su bicicleta ese domingo ni ningún otro, el hampa le había frustrado sus sueños.
Aquella bala perdida que le quitó la vida en días navideños es el corolario que simboliza el drama cotidiano de las familias venezolanas que habitan en los sectores más paupérrimos de nuestra geografía.
Después del sepelio de Pedrito, la madre buscó en su vivienda y en los alrededores la bicicleta de su hijo para atesorarla como un recuerdo invaluable.
No la encontró, preguntó a los vecinos por el juguete de su hijo y nadie lo había visto.
Los malandros tampoco se la llevaron.
Pues, Pedrito se llevó su bicicleta al cielo, por allá anda raudo y veloz por los caminos de los cielos, junto a las nubes, montado en su bicicletica sonriendo y perdonando a todos.
Por la tarde o la noche de Navidad, seguramente cenará en la misma mesa con Jesús y con Panchito Mandefuá.
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