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Carlos Columbo 🔍

Según Eulogio González, es integrante de la plana mayor del partido político La Hormiga.

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Columbo 🔍

Según Alexis Coello, es la persona que vendió un kiosco ubicado en la encrucijada de Morón a un particular, acción que el autor critica sugiriendo que debió ofrecerse en venta a la municipalidad para rescatar el espacio público.

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Bohórquez 🔍

Según Eulogio González, conocido como el manco Bohórquez, es miembro de la plana mayor del partido La Hormiga.

apodo: El manco
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Familia Vásquez 🔍

Según Alexis Coello, son propietarios de una casa en ruinas ubicada frente al concejo municipal, en el casco histórico de Morón. El autor menciona que ha escuchado sobre su disposición a vender la propiedad, la cual es considerada un espacio clave para la ampliación de la plaza Bolívar.

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Miguel Otero Silva 🔍

Según Alexis Coello, este poeta nombró en una ocasión como "casas muertas" a aquellas infraestructuras urbanas donde está ausente el espíritu humano.

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Moreno o Quintana 🔍

Según Eulogio González, son sujetos de apellido Moreno o Quintana que atendían un kiosco de periódicos cerca de la avenida Carabobo.

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Omar Sirit 🔍

Según Eulogio González, forma parte de la dirección del partido político La Hormiga en Morón.

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Crónica Web #489

Libro Crónicas desde Morón - Odisea en la Encrucijada

Libro Crónicas desde Morón - Odisea en la Encrucijada
Era uno de esos lunes cuando la resaca agobia, me dijo el amigo visitante Eulogio González. Caminaba al término de la avenida Falcón, donde está la parada de los autobusetes que van hacia el estado del mismo nombre, cuando una lata de refrescos salió de una de las ventanillas de aquéllos y fue a dar directamente a mi ya nada incipiente calva. Con mi dolor a cuestas continué mi marcha, dejando la acera y tomando casi el centro de vía, a riesgo de que me atrepellara un vehículo, puesto que numerosos y variados artefactos electrodomésticos, propiedad de unos libaneses, ocupaban el paso legítimo de los peatones, y pensé: ¡Dios mío, qué pequeño se hace el centro de la ciudad para los indefensos caminantes sin que ninguna autoridad ponga coto a este bochinche!
Crucé hacia la izquierda y vi a la plana mayor del partido político La Hormiga, compuesta por Carlos Columbo, Ornar Sirit y el manco Bohórquez, quienes hablaban de que en las próximas elecciones ganarían la gobernación, la alcaldía, 5 diputados y 7 concejales; más allá estaban unos radicales vociferando, casi tumbaban al gobierno.
Pasaba al frente de una licorería propiedad de un asiático, ¡qué raro!, cuando se me abalanzaron dos mancebos a martillarme las cuatro lochas que me habían quedado del fin de semana, para echarse el estribo; por supuesto que les dije que no, y entonces uno de ellos me amenazó. Seguí mi camino por entre los buhoneros, midiendo bien mis pasos para no pisar las mercancías que estaban sobre la acera. En sentido contrario venía un señor de cierta edad, quien, al distraerse, enredó su rostro en una pantaleta de enormes dimensiones que colgaba de un ganchos; no sé si era de talla 44 o XXL, perdónenme mi ignorancia, pero es que soy monocuco y no he visto muchas. El desdichado señor resbaló y tropezó con una dama de voluminosa corpulencia que a la vez pisó un plátano maduro que estaba en el suelo, de un vendedor de piel muy oscura; la agraviada dama se deslizó sobre el banano como si éste fuese un patín y fue a caer su noble humanidad sobre mi maltrecha pierna izquierda. ¡Ustedes se imaginarán lo que pasó conmigo! Caí a gran distancia sobre el tarantín de un quincallero cuya mercancía rodó por los suelos. Apenas pude incorporarme, con ciertas molestias, el buhonero quería golpearme solicitando que le pagara unos bombillos que se habían quebrado. Gracias a la oportuna intervención de un desconocido y a mis ágiles pernas corrí y crucé al otro lado de la avenida Carabobo.
Pasado el susto, opté por comprar un periódico en el kiosco más cercano; allí me atendieron unos sujetos afeminados, creo que eran de apellido Moreno o Quintana. La sed me atormentaba y busqué saciarla, encontré a un chichero que discutía con uno de sus clientes que estaba delante de mí; preguntó cuál era el objeto de la discusión, el cliente me respondió que él no estaba pagando para que le dieran una chicha sonriente, sino que pagaba para que le dieran una chicha higiénica. ¿Chicha sonriente? Repregunté confundido. Sí -me dijo- porque cuando le eché el primer trago apareció dentro del vaso una dientera pelada. ¿Dientera qué....? Chico, un puente dental -dijo- que a alguien se le cayó dentro del perol de la chicha y para mala suerte me tocó a mí; al lado gritó otro: "Guá, yo tuve más suerte, a mí me tocó una cadena de oro". Ah, okey, ya entendí -le dije- y me alejé del sitio rápidamente. Hasta la sed se me quitó.
Seguí rumbo hacia el este de la avenida, meditando lo que había pasado, cuando de pronto me sorprendió un mozalbete que venía a veloz carrera con un puñado de prendas que había arrebatado. ¡Agárrenloooo! Gritaba la gente. ¡Ahí va el ladrón! era el grito común de los transeúntes. Por suerte el malandro no me rozó, pero la señora que venía detrás de aquél y a la que supuestamente le había hurtado sus joyas, se apresuró y me abrazó sollozando, llorando me dijo que la ayudara. Yo también como un caballero la abracé para consolarla. Estas escenas duraron apenas unos minutos; luego me despedí de ella.
De nuevo reanudo mi marcha y cuando voy a llegar a mi destino por poco me muerde un perro que tropecé y que al momento se estaba comiendo una cabeza de pescado que había botado un pescadero ambulante. Al fin llegué al negocio donde iba a comprar algunos objetos. Hago el pedido y cuando voy a pagar no encuentro mi cartera, me registro todos los bolsillos y no hay nada. ¡Me habían robado sin darme cuenta! Hago memoria y no sé en qué parte fue, porque cuando compré el periódico aún cargaba mi dinero. ¡Caramba, pa' mí que fue esa señora llorona la que me robó! De víctima pasó a victimaría.
Concluyó diciendo el amigo visitante lo siguiente: los moronenses no han apreciado lo bella y amplia que se ve la Encrucijada de noche, cuando es posible verla despejada y limpia. ¿Qué opina usted, amigo lector?
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Crónica Web #142

Moroneando

Moroneando
Vamos a dejar un poco la hisforiografía venezolana que la veníamos analizando secuencialmente en nuestra columna para ocuparnos hoy del ornato de la ciudad de Morón.
Empezando por decir que si queremos ser leal o consecuente con la categoría de ciudad y merecernos tal nombre debemos buscar, por lo menos, parecernos a esa entidad y ser dignos de llamarnos así.
Una ciudad no es una ranchería, aunque tampoco lo es la sola infraestructura urbana por muy moderna que sea si está ausente el espíritu humano en efervescencia, de lo contrario serían casas muertas como las nombró una vez el poeta Miguel Otero Silva.
Debemos buscar y ejecutar un plan ambicioso de remodelación de nuestra arquitectura urbana y con ello su trazado vial correspondiente para mejorar la imagen física y darle así un valor económico, turístico, social y cultural.
No podemos seguir permitiendo que los profesionales, personal especializado y los jóvenes en ascenso emigren hacia Valencia, Naguanagua o San Diego porque Morón no les ofrece las condiciones adecuadas para su crecimiento personal.
En este particular conozco a muchas personas que denigran de la ciudad donde viven por diversos motivos; unos por los huecos, otros por el embotellamiento y las interminables colas de vehículos a lo largo de la avenida y en el centro de Morón.
Y otros porque se carece de la iniciativa de una estrategia urbana a corto, mediano y largo plazo.
Por ejemplo, la casa de la familia Vásquez que está frente al concejo municipal tiene años en ruina, y creo que escuché decir que ellos están dispuestos a venderla.
Pues bien, esta casa está en pleno centro de Morón, en su casco histórico, y no ha habido manera, en estos 30 años que llevamos de autonomía municipal, de obtener ese espacio que está adyacente a la plaza Bolívar para la ampliación de la misma u otra obra pública que cumpla una función ornamental para lograr una nueva significación visual en el corazón de la ciudad, otro caso es el kiosko que vendió Columbo, ya lo están haciendo de concreto en plena encrucijada de Morón, ignoro si se le exigió al propietario que la construcción llevase algunas características especiales en cuanto a su arquitectura, pero le hecho su ubicación no es la más idónea.
Si Columbo" vendió debía primero haberle vendido u ofrecido en venta según la ordenanza a la municipalidad y no a un particular para que aquella procediera a rescatar los espacios ocupados anárquicamente durante tantos anos y así ir reordenando el urbanismo en el casco central de Morón.
Por último, los morenses nacen y se entierran en Puerto Cabello, así lo dije en la ponencia que tuvimos el día 30 de junio en el teatro municipal de Puerto Cabello con motivo del bicentenario del título de ciudad.
Entonces afirmé: "Nos estamos descapitalizando de los morenses por nacimiento" y ahora agrego: "Y de sus muertos en su morada final".
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