Según el autor del texto, es el propietario del establecimiento La Morenera, quien cerró su negocio ante la proximidad del incendio.
📄 Crónica: Incendio en la torre ➔
Según el autor del texto, es el dueño del comercio La Linda, quien ordenó rebajar los precios de sus artefactos tras oír comentarios xenofóbicos de la multitud durante el incendio adyacente.
📄 Crónica: Incendio en la torre ➔
Según Alexis Coello, el General Zamora y sus tropas tomaron el pueblo de Boca del Tocuyo el 21 de marzo de 1859. En su tránsito desde Coro hacia Morón, se detuvo en esta costa para proclamar su revolución bajo la consigna de "tierras y hombres libres".
📄 Crónica: Boca del Tocuyo ➔
Según Alexis Coello, es un buen amigo del autor y jugador de béisbol oriundo de Boca del Tocuyo. Fue concejal del municipio Monseñor Iturriza. El autor relata una anécdota sobre su cambio de apellido de Díaz a Lamus y su posterior regreso al apellido materno tras un viaje a Barinas.
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Boca del Tocuyo ➔
Según Alexis Coello, fue el primer concejal oriundo de la Boca del municipio Monseñor Iturriza. Se destacó como catcher y cuarto bate en el béisbol. El autor relata una anécdota sobre el cambio de su apellido a Lamus y su posterior retorno al apellido Díaz tras conocer la realidad de su padre en Barinas.
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Boca del Tocuyo ➔
Según Alexis Coello, también conocido como Israel Díaz, fue el primer concejal oriundo de la Boca del municipio Monseñor Iturriza. En el béisbol se desempeñaba como catcher y cuarto bate.
📄 Crónica: Boca del Tocuyo ➔
Según el autor del texto, se encontraba libando en el negocio La Morenera al momento de iniciarse el incendio y fue sacado del lugar por el dueño del local.
📄 Crónica: Incendio en la torre ➔
Según el autor del texto, es un ciudadano invidente que posee un kiosko de terminales y fue el primero en divisar las lengüetadas de fuego y dar la voz de alerta a los vecinos.
📄 Crónica: Incendio en la torre ➔
Según Alexis Coello, es un personaje de la localidad cuya vocación servicial destaca sobre su apariencia no convencional.
📄 Crónica: Boca del Tocuyo ➔
Según Alexis Coello, conocido en su pueblo como "El Perico", es considerado el mejor pelotero que ha dado Boca del Tocuyo. Se trasladó a Morón para buscar mejor vida y se mantiene activo en el deporte con casi sesenta años de edad.
📄 Crónica: Boca del Tocuyo ➔
Según Alexis Coello, fue el administrador del cine Antisa durante su etapa de remodelación en los años setenta. Bajo su gestión se modernizaron las instalaciones y servicios. Contrajo matrimonio con quien fuera la taquillera del cine.
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Se Fue el Cine ➔
Según el autor del texto, acudió al local tras la extinción del fuego con el fin de ofrecer sus servicios de pintura a los dueños del inmueble.
📄 Crónica: Incendio en la torre ➔
Según el autor del texto, propietario de un vehículo que chocó con el de Saavedra en la prisa por huir del sitio del incendio, terminando su recorrido en Urama.
📄 Crónica: Incendio en la torre ➔
Según Alexis Coello, conocido también como Fay, es integrante de los hermanos Armarzas, genuinos líderes de la zona. Actualmente se desempeña en el rol de empresario del pescado.
📄 Crónica: Boca del Tocuyo ➔
Según Alexis Coello, es una dirigente deportiva y luchadora que expresó su preocupación por la bancarrota de las bolas criollas en el municipio Juan José Mora, donde anteriormente se obtuvieron varios campeonatos en diversas categorías.
📄 Crónica: Un Deporte en Extinción (Bolas Criollas) ➔
Según Alexis Coello, se desempeñó como Presidenta de la Liga local de Bolas Criollas y Vicepresidenta de la Federación en el Estado Carabobo. Expresó su preocupación por el declive de este deporte en el Municipio Juan José Mora.
📄 Crónica: Un Deporte en Extinción (Bolas Criollas) ➔
Boca del Tocuyo
En cierta oportunidad ofrecí a unos amigos boquenses o ¿tocuyanos? escribirles sobre su pueblo (allá se lee el Noti-Tarde), hoy quiero cumplirmi palabra.
El poblado de Boca del Tocuyo dista muy poco de la orilla del mar, el río Tocuyo lo parte ecuatorialmente en dos (al poblado), quedando a ambos lados de sus riberas terrenos arenosos de origen aluvional con materiales que en tiempos inmemoriables acumularon la pleamar y el continuo arrastre de sedimentos de este caudaloso río.
Sobre estas arenas se levantó el pueblo, dividido en dos secciones (aleste y al oeste), cautivo entre el mar (al norte) y la oscura faja asfáltica (al sur) de la carretera costera del costado oriental falconiano.
Sus costas son de emersión, carentes de lo frondosidad de las palmeras que pudieran atenuar el inclemente sol.
La historia de este pueblo es similar a la de sus congéneres de esta parte del litoral caribeño, su estancia de cara a las antillas neerlandesas convirtieron estos rincones, recodos y parajes en caminos expeditos para burlar, durante la época colonial, la persecución de la Compañía Guipuzcoana contra el comercio ilícito (o contrabando) practicado en la zona por los comerciantes holandeses.
Especialmente cuando se tenía un río lo suficientemente navegable para penetrar desde las islas de Curazao o Aruba hasta las poblaciones del interior de los estados Lara y Yaracuy.
Este tráfico comercial consistía en el intercambio de productos agrícolas que llegaban por vía fluvial (desde el occidente del país) y áreas vecinas por las mercancías manufacturadas que desde Curazao trasladaban los holandeses al territorio patrio.
En Boca del Tocuyo también dejó sus huellas la Guerra Federal.
El General Zamora y sus tropas tomaron el pueblo el 21 de marzo de 1859, venía el General de Coro y en su tránsito hacia Morón se detuvo en este pedazo de costa falconiana para proclamar su revolución y ganarse nuevos contingentes que reforzarían su consigna de "tierras y hombres libres".
La configuración espacial del pueblo es más bien de calles lineales, aunque algunas no guardan el orden rectangular, sus viviendas humildes son las típicas rurales que fueron símbolos habitacionales de la reforma agraria.
Su gente vive fundamentalmente de la pesca, del comercio con los turistas y actividades agrícolas en haciendas vecinas donde se cosechan melones, patillas y los cocoteros para la extracción de copra.
En una zona contigua a su iglesia de San Rafael se divisa una atalaya que una vez fue su tanque de agua, como un vigía testifica los años de desidia oficial.
Este torreón de concreto, de enorme cabeza y cuerpo enjuto también se muere de sed, en su interior reseco se conserva como una memoria décadas de olvido, de tiempos de bonanzas que no llegaron a sus predios, de la esperanza que se pierde en la lontananza del mar.
Al lado del viejo tanque de agua se destaca una escritura de una pasada campaña electoral que dice: "Vota por los concejales luchadores y folklóricos", al pie de la escritura está la firma del partido político que postula a los candidatos.
Les aseguro, amigos, que este partido no sacó la votación que aspiraba.
La sinceridad en política no es muy buena compañera.
De estas tierras son los hermanos Armarzas, genuinos líderes y protagonistas de la época de esplendor de la organización que ellos representan, ahora Rafael o Fay ejecuta un nuevo rol como empresario del pescado, su bondad y su don de gente le harán salir adelante.
También es la tierra del "Morocho" cuya vocación servicial borra todo indicio de una apariencia no convencional.
También allí vive "El Manco" con un chiste siempre en sus labios.
El deportista Wilmer Gómez con sus poderosos "Jimmys".
De aquellos lugares se vino a Morón "Musulungo" (como le dicen en Morón) o "El Perico" (como le dicen en su pueblo) a buscar mejor vida y a entregar sus excelentes facultades para jugar el beisbol.
Se considera que es el mejor pelotero que ha dado la Boca del Tocuyo.
Todavía se mantiene activo, con sus casi sesenta años a cuesta, no le tiembla el pulso para darle un batazo al pitcher más pintao, musulungo debe tener un digno retiro y el reconocimiento u homenaje de dos pueblos que lo admiran y lo tienen como un ejemplo de juventudes.
Dejé para último al primer concejal, oriundo de la Boca, del municipio Monseñor Iturriza, Israel Lamus o ¿Díaz?.
Israel es buen amigo y tremendo jugador de beisbol, en su equipo lo alineaban como catcher y cuarto bate.
Pero había un problema.
Inicialmente él le solicitaba al manager que lo colocara en el line up como Israel Díaz (el apellido de su madre) y así se hacía normalmente.
Pero un buen día, alguien le dijo que su padre (de apellido Lamus) era un rico hacendado en Barinas, el cual tenía su oficina frente a la plaza Bolívar de esta ciudad.
Desde entonces Israel no permitió que se le pusiera en el "line up" con el apellido Díaz, sino el de Lamus.
Otro día partió Israel a Barinas a conocer a su padre.
Cuando llegó a la plaza y preguntó por el hacendado Lamus, alguien le respondió ¿hacendado? Lamus es aquél borrachín que está tirado allá en el suelo.
Israel inmediatamente regresó a su pueblo.
En plena lectura del line up para el juego del domingo, el manager dice en voz alta Israel Lamus cuarto bate, y le grita molesto Israel: ¡A mínose pongas Israel Lamus! a mí nepones Israel Díaz!!!
Libro Crónicas desde Morón - Boca del Tocuyo
En cierta oportunidad ofrecí a unos amigos boqueases ¿o tocuyanos? escribirles sobre su pueblo. Hoy quiero cumplir mi palabra. El poblado de Boca del Tocuyo dista muy poco de la orilla del mar, el río Tocuyo lo parte ecuatorialmente en dos (al poblado), quedando a ambos lados de sus riberas terrenos arenosos de origen aluvional con materiales que en tiempos inmemorables acumularon la pleamar y el continuo arrastre de sedimentos de este caudaloso rió. Sobre estas arenas se levantó el pueblo, divido en dos secciones (al este y al oeste), cautivo entre el mar (al norte) y la oscura faja asfáltica (al sur) de la carretera costera del costado oriental falconiano. Sus costas son de emersión, carentes de la frondosidad de las palmeras que pudieran atenuar el inclemente sol.
La historia de este pueblo es similar a la de sus congéneres de esta parte del litoral caribeño, su estancia de cara a las antillas neerlandesas convirtieron estos rincones, recodos y parajes en caminos expeditos para burlar, durante la época colonial, la persecución de la Compañía Guipuzcoana contra el comercio ilícito (o contrabando) practicado en la zona por lo comerciantes holandeses. Especialmente cuando se tenía un río lo suficientemente navegable para penetrar desde las islas de Curazao o Aruba hasta las poblaciones del interior de los estados Lara y Yaracuy. Este trafico comercial consistía en el intercambio de productos agrícolas que llegaban por vía fluvial (desde el occidente del país) y áreas vecinas por las mercancías manufacturadas que desde Curazao trasladaban los holandeses al territorio patrio.
En Boca del Tocuyo también dejó sus huellas la guerra Federal. El General Zamora y sus tropas tomaron el pueblo el 21 de marzo de 1859, venía el General de Coro y en su tránsito hacía Morón se detuvo en este pedazo de costa falconiana para proclamar su revolución y ganar nuevos contingentes que reforzarían su consigna de "tierra y hombres libres".
La configuración espacial del pueblo es más bien de calles lineales, aunque algunas no guardan el orden rectangular, sus viviendas humildes son las típicas rurales que fueron símbolos habitacionales de la reforma agraria. Su gente vive fundamentalmente de la pesca, del comercio con los turistas y actividades agrícolas en haciendas vecinas donde se cosechan melones, patillas y los cocoteros para la extracción de copra. En una zona contigua, su iglesia de San Rafael, se divisa una atalaya que una vez fue su tanque de agua, y como un vigía testifica los años de desidia oficial. Este torreón de concreto, de enorme cabeza y cuerpo enjuto en también se muere de sed, en su interior reseco se conservan como una memoria décadas de olvido, de tiempos de bonanzas que no llegaron a su predios, de la esperanza que se pierden en la lontananza del mar.
Al lado del viejo tanque de agua se destaca una escritura de una pasada campaña electoral que dice: "Vota por los concejales luchadores y folklóricos", al pie de la escritura está el nombre del partido político que postula a los candidatos. Les aseguro, amigos, que este partido no saco la votación que aspiraba. La sinceridad en política no es muy buena compañera.
De esta tierra son los hermanos Almarza, gemimos líderes y protagonistas de la época de esplendor de la organización que ellos representan, ahora Rafael o Fay ejecutan un nuevo rol como empresarios del pescado. Su bondad y su don de gente les harán salir adelante. También es la tierra del Morocho cuya vocación servicial borra todo indicio de una apariencia no convencional. También allí vive el manco con un chiste siempre en sus labios. El deportista Wilmer Gómez con sus poderosos Jimmys. De aquellos lugares vino a Morón Musulungo (como le dicen en Morón) o el Perico (como le dicen en su pueblo) a buscar mejor vida y a entregar sus excelentes facultades para jugar el béisbol. Se considera que es el mejor pelotero que ha dado Boca del Tocuyo.
Todavía se mantiene activo, con sus casi sesenta años a cuesta, no le tiembla el pulso para darle un batazo al pitcher más pintao, Musulungo debe tener un digno retiro y el reconocimiento u homenaje de dos pueblos que lo admiran y lo tienen como un ejemplo de juventudes.
Dejé para último al primer concejal, oriundo de la Boca, del municipio Monseñor Iturriza, Israel Lamus ¿o Díaz? Israel es un buen amigo y tremendo jugador de béisbol, en su equipo lo alineaban como catcher y cuarto bate. Pero había un problema: inicialmente él le solicitaba al manager que lo colocaran en el line up como Israel Díaz (el apellido de su madre) y así se hacía normalmente. Pero un buen día, alguien le dijo que su padre (de apellido Lamus) era un rico hacendado en Barinas, el cual tenía su oficina frente a la plaza Bolívar de esta ciudad.
Desde entonces Israel no permitió que se le pusiera en el line ip con el apellido Díaz, sino el de Lamus. Otro día partió Israel a Barinas a conocer a su padre. Cuando llegó a la plaza y preguntó por el hacendado Lamus, alguien le respondió "¿Hacendado? Lamus es aquel borrachín que está tirado allá en el suelo. Israel inmediatamente regresó a su pueblo. En plena lectura del line up para el juego del domingo, el manager dice en voz alta: "Israel Lamus cuarto bate", y le grita molesto Israel: "¡A mí no me pongas Israel Lamus! A mi me pones Israel Díaz!!!".
Incendio en la torre
Serenamente transcurría la mañana, como otro sábado cualquiera.
Los transeuntes se movían de un lado a otro.
Algunos se aglomeraban frente al camión verdurero, otros iban en búsqueda del periódico en el kiosko de Doris, al lado (en donde el chino) un grupo de viajeros y parroquianos levantaban el codo diligentemente para contrarrestar los efectos de la resaca del día anterior.
En la Av. Carabobo, frente al monumento al Zancudo, se formabala tradicional colasabatinade los que no les gusta compraren Morón y se trasladan a los mercados de Puerto Cabello ¿O será que los comerciantes de Morón no les ofrecen las mercancías que ellos desean? o ¿Quizás los precios? Que falta hacen los mercados populares, bien sea, municipal, solidario, regional, libre, etc.
En plena encrucijada ya estaban acomodados, desde tempranas horas de la mañana, en pequeños tarantines, los parrilleros, los ferreteros, los riferos, los terminaleros, los pantaleteros, los pantaloneros, raspaderos, fruteros, quincalleros, etc., paremos de contar.
Atravesando la Av. Falcón, que se ha quedado tuerta por la negligencia oficial, los peatones, con la revista hípica en el bolsillo, hacían esfuerzos para saltar los surcos dejados por las reparaciones en las cercanías de la Morapan y la calle El Triunfo, en las aceras del frente se oía el ruido estridente de las cornetas de los autobuses que se dirigen ala costa falconiana.
Esta mezcla de el corneteo de los autobuseros con la aglomeración desorganizada de los vehículos más el grito de los mercaderes y el bullicio incesante de los amigos de Baco martirizaban el ambiente y convertíana La Encrucijada, esamañana, en un perfecto infierno. Sólo faltaba el fuego. Y efectivamente se hizo el fuego, brotó por los ventanales del edificio de Mercantil Caracas, en su planta superior.
El primero que vio las lengüetadas de fuego fue el ciego Morillo, que desde su kiosko de terminales avistó las llamaradas y gritó a sus vecinos más cercanos para llamarle la atención sobre el suceso.
Inmediatamente el comercio adyacente al sitio del acontecimiento comenzó a cerrar sus puertas.
En el acto Bernacasar Moreno cerró La Morenera, pero antes tuvo que sacar, no sin dificultad, a Manuel Suárez y a Wilmer Marín que estaban libando desde tempranas horas.
Frente al Mercantil Caracas seconcentró una multitud, parecida a los mítines políticos de los años 70.
Los curiosos llegaron de todas partes.
Algenriosos llegaron de todas partes.
Al gentío de La Encrucijada se agregaron los.
que vinieron del barrio El Trapiche (mono blanco y su cuadrilla), de barrio Coro (Fuque, Dalia Reyes y Flia.), de Coro (Fuque, Dalia Reyes y Flia.), de La Charneca (Willi Char y el manco Bohórquez), y hasta de lugares más lejanos llegaron saboriones.
Para la curiosidad no hay pasaje caro.
En el tumultuoso río humano la gente corría y jadeaba, pisotones, empujones, golpes (yo llevé uno).
Una señora embarazada fue auxiliada, tenía síntomas de asfixia, su marido le reprochó su presencia en el sitio, ella le respondió que presentía que su hijo (aún no nacido) iba a ser bombero.
Otros curiosos con un tono xenofóbico decían que Dios castigóconese incendio a los árabes dueños del negocio porque vendían muy caro, alguien le fue a comunicarle este comentario a Falled (dueño de La Linda), por lo que inmediatamente éste ordenó a sus empleados a ponerles nuevas etiquetas a los artefactos con precios rebajados, evitó aquella sentencia que dice: "cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo".
Del barrio El Mamón venía volando Emiro Reyes como una flecha, iba rumbo a la peluquería que está distante del incendio como un kilómetro.
En la línea de autos libres que está al frete de donde sucedió el incendio se produjo un apretujamiento de dos vehículos, uno propiedad de Onésimo Riera y el otro de Saavedra.
Ambos asustados y en la prisa por salir primero chocaron, y Onésimo arrancó primero, brincó la isla y fue a parar la carrera a Urama.
¡Qué guapo este coriano! Los buhoneros de La Encrucijada recogieron sus peroles al ver esa multitudinquieta y con ánimos caldeados.
Olía a saqueo.
Sin embargo no se escaparon unos pobres guajiros que les llevaron sus mercancías.
Pordesgracia, lanota triste de estos comentarios, hubo pérdidas humanas.
Un anciano inválido pereció consumido por las llamas, los torrentes de humos ahogaron sus pulmones y el fuego mordió su frágil carne.
Su compañera, anciana también, logró salvar su vida arrojándose desde lo alto en una misión suicida.
Afortunadamente no faltó la mano generosa y solidaria de ese moronense curioso que se encontraba en el lugar de los hechos.
Las unidades bomberiles acudieron a la cita nefasta, estos útiles funcionarios se trasladaron desde Puerto Cabello y otro (me dijeron) vino de Guacara.
Los bomberos de las empresas locales por el papeleo de la permisología y las autorizaciones no lograron llegar.
¡Qué lástima! La Guardia Nacional y la policía acordonaron la zona.
Una viejita que pasaba al lado de un guardia llevó un planazo sin saber por qué.
Al extinguirse el fuego llegó Norman Colmenares al local buscando los árabes para obtener el contrato de pintura.
Todo esto se hubiese evitado si se hubiesen controlado las llamas a tiempo.
¡Qué falta hace un Cuerpo de Bomberos para la comunidad moronense!
Libro Crónicas desde Morón - Odisea en la Encrucijada
Era uno de esos lunes cuando la resaca agobia, me dijo el amigo visitante Eulogio González. Caminaba al término de la avenida Falcón, donde está la parada de los autobusetes que van hacia el estado del mismo nombre, cuando una lata de refrescos salió de una de las ventanillas de aquéllos y fue a dar directamente a mi ya nada incipiente calva. Con mi dolor a cuestas continué mi marcha, dejando la acera y tomando casi el centro de vía, a riesgo de que me atrepellara un vehículo, puesto que numerosos y variados artefactos electrodomésticos, propiedad de unos libaneses, ocupaban el paso legítimo de los peatones, y pensé: ¡Dios mío, qué pequeño se hace el centro de la ciudad para los indefensos caminantes sin que ninguna autoridad ponga coto a este bochinche!
Crucé hacia la izquierda y vi a la plana mayor del partido político La Hormiga, compuesta por Carlos Columbo, Ornar Sirit y el manco Bohórquez, quienes hablaban de que en las próximas elecciones ganarían la gobernación, la alcaldía, 5 diputados y 7 concejales; más allá estaban unos radicales vociferando, casi tumbaban al gobierno.
Pasaba al frente de una licorería propiedad de un asiático, ¡qué raro!, cuando se me abalanzaron dos mancebos a martillarme las cuatro lochas que me habían quedado del fin de semana, para echarse el estribo; por supuesto que les dije que no, y entonces uno de ellos me amenazó. Seguí mi camino por entre los buhoneros, midiendo bien mis pasos para no pisar las mercancías que estaban sobre la acera. En sentido contrario venía un señor de cierta edad, quien, al distraerse, enredó su rostro en una pantaleta de enormes dimensiones que colgaba de un ganchos; no sé si era de talla 44 o XXL, perdónenme mi ignorancia, pero es que soy monocuco y no he visto muchas. El desdichado señor resbaló y tropezó con una dama de voluminosa corpulencia que a la vez pisó un plátano maduro que estaba en el suelo, de un vendedor de piel muy oscura; la agraviada dama se deslizó sobre el banano como si éste fuese un patín y fue a caer su noble humanidad sobre mi maltrecha pierna izquierda. ¡Ustedes se imaginarán lo que pasó conmigo! Caí a gran distancia sobre el tarantín de un quincallero cuya mercancía rodó por los suelos. Apenas pude incorporarme, con ciertas molestias, el buhonero quería golpearme solicitando que le pagara unos bombillos que se habían quebrado. Gracias a la oportuna intervención de un desconocido y a mis ágiles pernas corrí y crucé al otro lado de la avenida Carabobo.
Pasado el susto, opté por comprar un periódico en el kiosco más cercano; allí me atendieron unos sujetos afeminados, creo que eran de apellido Moreno o Quintana. La sed me atormentaba y busqué saciarla, encontré a un chichero que discutía con uno de sus clientes que estaba delante de mí; preguntó cuál era el objeto de la discusión, el cliente me respondió que él no estaba pagando para que le dieran una chicha sonriente, sino que pagaba para que le dieran una chicha higiénica. ¿Chicha sonriente? Repregunté confundido. Sí -me dijo- porque cuando le eché el primer trago apareció dentro del vaso una dientera pelada. ¿Dientera qué....? Chico, un puente dental -dijo- que a alguien se le cayó dentro del perol de la chicha y para mala suerte me tocó a mí; al lado gritó otro: "Guá, yo tuve más suerte, a mí me tocó una cadena de oro". Ah, okey, ya entendí -le dije- y me alejé del sitio rápidamente. Hasta la sed se me quitó.
Seguí rumbo hacia el este de la avenida, meditando lo que había pasado, cuando de pronto me sorprendió un mozalbete que venía a veloz carrera con un puñado de prendas que había arrebatado. ¡Agárrenloooo! Gritaba la gente. ¡Ahí va el ladrón! era el grito común de los transeúntes. Por suerte el malandro no me rozó, pero la señora que venía detrás de aquél y a la que supuestamente le había hurtado sus joyas, se apresuró y me abrazó sollozando, llorando me dijo que la ayudara. Yo también como un caballero la abracé para consolarla. Estas escenas duraron apenas unos minutos; luego me despedí de ella.
De nuevo reanudo mi marcha y cuando voy a llegar a mi destino por poco me muerde un perro que tropecé y que al momento se estaba comiendo una cabeza de pescado que había botado un pescadero ambulante. Al fin llegué al negocio donde iba a comprar algunos objetos. Hago el pedido y cuando voy a pagar no encuentro mi cartera, me registro todos los bolsillos y no hay nada. ¡Me habían robado sin darme cuenta! Hago memoria y no sé en qué parte fue, porque cuando compré el periódico aún cargaba mi dinero. ¡Caramba, pa' mí que fue esa señora llorona la que me robó! De víctima pasó a victimaría.
Concluyó diciendo el amigo visitante lo siguiente: los moronenses no han apreciado lo bella y amplia que se ve la Encrucijada de noche, cuando es posible verla despejada y limpia. ¿Qué opina usted, amigo lector?
Un Deporte en Extinción (Bolas Criollas)
Conversando con Yolanda Montes en ocasión de un aniversario más del nacimiento de su querida madre Doña Nicolasa, gran mujer luchadora política y social en su tiempo, me comunicaba su angustia y preocupación por la casi desaparición en Morón de uno de los deportes tradicionales de Venezuela: Las bolas criollas. Las palabras fueron brotando libremente de los labios de la flaca Yolanda mientras el anfitrión principal el amigo Lic. Julio Montes se encargaba de los aperitivos para sobrellevar las inclemencias de esa tarde calurosa del sector 23 de enero de Morón.
Las razones de su preocupación eran contundentes cuando expresaba: “Morón o mejor dicho el Municipio Juan José Mora fue una de las potencias en bolas criollas a nivel regional y nacional, en esos espacios obtuvimos varios campeonatos en diferentes categorías, ahora este deporte esta en bancarrota y se ha perdido el trabajo que hicimos durante muchos años de esfuerzo y sacrificios con los niños, adolescentes y mujeresâ€. Así hablaba la que una vez fue Presidenta de la Liga local de Bolas Criollas y Vice-presidenta de la Federación en el Estado Carabobo.
Las causas fundamentales del declive de este deporte son la escasa o nula ayuda de los organismos oficiales para el acondicionamiento de las canchas, para los uniformes o implementos deportivos, para transporte, refrigerios etc. otro factor ha sido la desaparición física de los dirigentes y promotores de esta disciplina como Francisco Campos, Bartolo Rodríguez, Francisco Rodríguez, Topo Yiyo, Rajuño y el alejamiento o retiro voluntario de personajes como el Gavilan Rodríguez, Rubén Rumbo, mi compadre Nicolás Pereira, Reina Cedeño, Juanita Niño, Maria Herrera, la señora Anita, Corrondo y otros valiosos representantes.
Actualmente los campos para jugar este deporte en Morón son escasos, solo quedan los que están dentro de las empresas de la zona, en el Club Las Colinas y en la Montañita de Alpargaton, puede ser que haya uno u otro escondido en algún barrio pero estamos hablando de los que sonñ competentes para desarrollar el deporte en forma organizada. La parroquia Urama dispone de unos cuantos campos idóneos para esta disciplina.
Es posible que a este deporte le suceda como a otros juegos tradicionales ya extintos en nuestra cotidianidad como lo fueron las metras, el trompo, el bolón que era un juego donde se disponía tres maderos cortos y labrados (llamados muñecos, el más importante era la vieja) en un largo corredor y se lanzaba una bala rastrera para tumbar los muñecos, por supuesto, el que derribara más era el que ganaba.
En Morón recuerdo varias canchas de bolas criollas y varios jugadores, por ejemplo, en La Charneca estaba Los Cujicitos con Chocochoco como primer boche, en El Jabillo el As de Oro con el Purupo Arquímedes, en la Av. Falcón el Club de Paredes, en Barrio Coro Viejo estaba el campo de La Campana de Juan Arteaga y mi compadre Mono blanco, el campo de Rodolfo en La Línea con los hermanos Sierra y Marucha, el club La Estrella de Amado Ruiz y donde se lucían Rajuño, Paul Pacheco y el manco Nicolás. Los Millonarios en el centro de Morón de los Montenegros, en La Reforma de Guanabanillo, el Club San Diego, Los Tiburones en Santa Ana, el Club de Katimba en Boca de Yaracuy, el patio de bola de La Paraguita también en Santa Ana, un patio improvisado en Colinas de Mara, en fin, eran tantos que es imposible nombrarlos todos en este corto espacio.
Esta disciplina deportiva, muy floreciente en el pasado en nuestro municipio, era testimonio de la época rural y bucólica de la localidad y que hoy está en peligro de desaparecer como actividad deportiva de masa, por los efectos demoledores de la industrialización y el urbanismo. Ahora solo se practica en los encuentros inter-instituciones que se realizan eventualmente.
#Alexis Coello
Libro Crónicas desde Morón - Se Fue el Cine
El cine hace su aparición en Morón en la década de los sesenta. Uno de los primeros se instaló en la calle Bermúdez, en las adyacencias de la calle Comercio, hoy ocupa este lugar la carpintería Carabobo. El otro que recuerdo, se ubicaba al final de la calle Comercio, en las cercanías del barrio "23 de Enero", donde hoy funciona la Casa de la Cultura Popular "Alí Rodríguez ".
Pero el que en realidad fue el más importante y de mayor permanencia en la localidad fue el cine Antisa, el cual es motivo de este escrito.
El Antisa debió su nombre a ANT (Antonio)- ISA (Isabel) en honor a sus propietarios, una pareja de españoles que en el segundo lustro de los años sesenta decidieron abrirle sus puertas al público moronense.
¿Quién de los moronenses no tiene gratos recuerdos de este cine? Recordemos el cine viejo con sus bancos de concreto en la sección del patio y con el valor de la entrada a real y medio (Bs. 0,75), no tenía techo, cuando llovía el público tenía que soportar el aguacero o colarse para "preferencia". "Preferencia"era la otra sección del cine, con sillas de metal con espaldar, techado y con cierto glamour de la época; a esta parte acudía la "crema" de Morón por sólo tres reales /(Bs. 1,50) o dos bolívares. Era frecuente ver en este sitio a la élite de los pavos de entonces: a Juan Taquito, Mariano Henríquez y Henry Cordero Williams, Eugenio Bello Castillo y otros que por falta de espacio no nombro.
En la parte del patio asistía "elperraje"y los más jóvenes carentes de recursos económicos, otros optaban por ver las películas desde la parte de afuera, en el cerro "Los Monos", cercano a la vieja caja de agua, frente a la carretera Panamericana. En el patio el desorden era terrible, tiraban papelitos (taquitos), colillas de cigarrillos, agua y otros desperdicios; la gritería era horrible y las malas palabras no se hacían esperar si el que operaba la cámara de proyección se "robaba"la película o si la cinta tenía algún defecto. Estaba en su apogeo el cine mexicano, la gente "se mataba" por ver al "Santo, el enmascarado de plata", "los cinco halcones", "los tres Villalobos", etc. Los actores famosos para la época eran Antonio y Luis Aguilar, Pedro Infante, Javier Solís, Jorge Negrete, Pedro Armendáríz, Jorge Rivero, Viruta y Capulina, Tin Tan, Cantinflas, etc.
En los años setenta se remodeló totalmente el cine Antisa y llegó un nuevo administrador, mi compadre Nicolás Pereira, también hispano. El cine se puso a tono con los nuevos tiempos: cómodas butacas, pantalla gigante, los filmes mayormente provenientes de la tierra del tío Sam, mejores boleterías, taquillas acordes, mejores servicios y atención al público. Sin embargo, lo que no cambió fue la airada protesta del público cuando se "robaban"la película, Ahora decían: "¡Manco c... e'tu madre, pon la película ", y el manco ni pendiente, puesto que se encontraba libando cerveza en su oficina permanente del Bar Venezuela.
También allí sacaron por la mano a Antonio Reyes cuando lideraba un saboteo y relajo en compañía de Lino "El Bachaco", Cholo, Rajuche (o rasguño), Juan Quintero y Chicharra, hubo Nicolás que ordenar inmediatamente su desalojo de la sala por atentar Antonio Reyes contra las buenas costumbres y la buena educación.
Entre los porteros recordamos a Roque, quien no dejaba entrar a una pareja si comprobaba que no eran casados, también los hermanos bachacos cuidaron de la puerta y de la taquilla. Se recuerda a Tirso "Vaquita", el sernpmterno operador del proyector y otros tantos que sentirán nostalgia con la partida de este centro recreativo.
Pero los que realmente sentirán añoranza por este cine serán los enamorados. ¿Cuántos noviazgos y matrimonios salieron de su interior? ¿Cuántos secretos de amores guardan sus aterciopeladas butacas? Que me diga alguien que no haya visitado este cine con las intenciones de un Romeo. Empezando por su propio administrador Nicolás Pereira, quien fue cautivado por su actual esposa cuando ella desempeñaba su trabajo como taquillera del cine, y de aquello ya van tres hijos adolescentes. El cine se ha ido pero las vivencias quedaron en los corazones de viejos y jóvenes moronenses que sintieron afecto por su prójimo frente a la pantalla luminosa que una vez forjaron Isabel y Antonio.
Un Deporte en Extinción (Bolas Criollas)
Conversando con Yolanda Montes en ocasión de un aniversario más del nacimiento de su querida madre Doña Nicolasa, gran mujer luchadora política y social en su tiempo, me comunicaba su angustia y preocupación por la casi desaparición en Morón de uno de los deportes tradicionales de Venezuela: Las bolas criollas. Las palabras fueron brotando libremente de los labios de la flaca Yolanda mientras el anfitrión principal el amigo Lic. Julio Montes se encargaba de los aperitivos para sobrellevar las inclemencias de esa tarde calurosa del sector 23 de enero de Morón.
Las razones de su preocupación eran contundentes cuando expresaba: “Morón o mejor dicho el Municipio Juan José Mora fue una de las potencias en bolas criollas a nivel regional y nacional, en esos espacios obtuvimos varios campeonatos en diferentes categorías, ahora este deporte esta en bancarrota y se ha perdido el trabajo que hicimos durante muchos años de esfuerzo y sacrificios con los niños, adolescentes y mujeresâ€. Así hablaba la que una vez fue Presidenta de la Liga local de Bolas Criollas y Vice-presidenta de la Federación en el Estado Carabobo.
Las causas fundamentales del declive de este deporte son la escasa o nula ayuda de los organismos oficiales para el acondicionamiento de las canchas, para los uniformes o implementos deportivos, para transporte, refrigerios etc. otro factor ha sido la desaparición física de los dirigentes y promotores de esta disciplina como Francisco Campos, Bartolo Rodríguez, Francisco Rodríguez, Topo Yiyo, Rajuño y el alejamiento o retiro voluntario de personajes como el Gavilan Rodríguez, Rubén Rumbo, mi compadre Nicolás Pereira, Reina Cedeño, Juanita Niño, Maria Herrera, la señora Anita, Corrondo y otros valiosos representantes.
Actualmente los campos para jugar este deporte en Morón son escasos, solo quedan los que están dentro de las empresas de la zona, en el Club Las Colinas y en la Montañita de Alpargaton, puede ser que haya uno u otro escondido en algún barrio pero estamos hablando de los que sonñ competentes para desarrollar el deporte en forma organizada. La parroquia Urama dispone de unos cuantos campos idóneos para esta disciplina.
Es posible que a este deporte le suceda como a otros juegos tradicionales ya extintos en nuestra cotidianidad como lo fueron las metras, el trompo, el bolón que era un juego donde se disponía tres maderos cortos y labrados (llamados muñecos, el más importante era la vieja) en un largo corredor y se lanzaba una bala rastrera para tumbar los muñecos, por supuesto, el que derribara más era el que ganaba.
En Morón recuerdo varias canchas de bolas criollas y varios jugadores, por ejemplo, en La Charneca estaba Los Cujicitos con Chocochoco como primer boche, en El Jabillo el As de Oro con el Purupo Arquímedes, en la Av. Falcón el Club de Paredes, en Barrio Coro Viejo estaba el campo de La Campana de Juan Arteaga y mi compadre Mono blanco, el campo de Rodolfo en La Línea con los hermanos Sierra y Marucha, el club La Estrella de Amado Ruiz y donde se lucían Rajuño, Paul Pacheco y el manco Nicolás. Los Millonarios en el centro de Morón de los Montenegros, en La Reforma de Guanabanillo, el Club San Diego, Los Tiburones en Santa Ana, el Club de Katimba en Boca de Yaracuy, el patio de bola de La Paraguita también en Santa Ana, un patio improvisado en Colinas de Mara, en fin, eran tantos que es imposible nombrarlos todos en este corto espacio.
Esta disciplina deportiva, muy floreciente en el pasado en nuestro municipio, era testimonio de la época rural y bucólica de la localidad y que hoy está en peligro de desaparecer como actividad deportiva de masa, por los efectos demoledores de la industrialización y el urbanismo. Ahora solo se practica en los encuentros inter-instituciones que se realizan eventualmente.
#Alexis Coello
Libro Crónicas desde Morón - Incendio en la Torre
Serenamente transcurría la mañana, como otro sábado cualquiera. Los transeúntes se movían de un lado a otro. Algunos e aglomeraban frente al camión verdurero, otros iban en búsqueda del periódico en el kiosko de Doris, al lado (en donde el chino) un grupo de viajeros y parroquianos levantaban el codo diligentemente para contrarrestar los efectos de la resaca del día anterior. En la Av. Carabobo, frente al monumento al Zancudo, se formaba la tradicional cola sabatina de los que no les gusta comprar en Morón y se trasladan a los mercados de Puerto Cabello. ¿O será que los comerciantes de Morón no les ofrecen las mercancías que ellos desean? O ¿Quizás los precios? Qué falta hacen los mercados populares, bien sean municipales, solidarios, regionales, libres, etc.
En plena encrucijada ya estaban acomodados, desde tempranas horas de la mañana, en pequeños tarantines, los parrilleros, los ferreteros, los riferos, los terminaleros, los pantaleteros, los pantaloneros, raspaderos, fruteros, quincalleros, etc., paremos de contar. Atravesando la Av. Falcón, que se ha quedado tuerta por la negligencia oficial, los peatones, con la revista hípica en el bolsillo, hacían esfuerzos para saltar los surcos dejados por las reparaciones en las cercanías de la Morapan y la calle El Triunfo. En las aceras del frente se oía el ruido estridente de las cornetas de los autobuses que se dirigen a la costa falconiana. Esta mezcla del corneteo de los autobuseros con la aglomeración desorganizada de los vehículos más el grito de los mercaderes y el bullicio incesante de los amigos de Baco, martirizaban el ambiente y convertían La Encrucijada, esa mañana, en un perfecto infierno. Sólo faltaba el fuego. Y efectivamente se hizo el fuego, brotó por los ventanales del edificio de Mercantil Caracas, en su planta superior.
El primero que vio las lengüetadas de fuego fue el ciego Morillo, que desde su kiosko de terminales avistó las llamaradas y gritó a sus vecinos más cercanos para llamarles la atención sobre el suceso. Inmediatamente el comercio adyacente al sitio del acontecimiento comenzó a cerrar sus puertas. En el acto Bernacasar Moreno cerró La Moronera, pero antes tuvo que sacar, no sin dificultad, a Manuel Suárez y a Wilmer Majrín que estaban libando desde tempranas horas. Frente al Mercantil Caracas se concentró una multitud, parecida a los mítines políticos de los años 70. Los curiosos llegaron de todas partes. Al gentío de La Encrucijada se agregaron los que vinieron del barrio El Trapiche (Monoblanco y su cuadrilla), de barrio Coro (Fuque. Dalia Reyes y Flia.), de La Charneca (Wlíi Char y el Manco Bohórquez), y hasta de lugares más lejanos llegaron sabonones. Para la curiosidad no hay pasaje caro. En el tumultuoso río humano la gente corría y jadeaba, pisotones, empujones, golpes (yo me llevé uno).
Una señora embarazada fue auxiliada, tenía síntomas de asfixia, su marido le reprochó su presencia en el sitio, ella le respondió que presentía que su hijo (aún no nacido) iba a ser bombero.
Otros curiosos con un tono xenofóbico decían que Dios castigó con ese incencio a los árabes dueños del negocio porque vendían muy caro, alguien le fue a comunicar este comentario a Fallecí (dueño de La Linda), por lo que inmediatamente éste ordenó a sus empleados ponerle nuevas etiquetas a los artefactos con precios rebajados, evitó aquella sentencia que dice: "Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo ".
Del barrio El Mamón venía volando Emiro Reyes como una flecha, iba rumbo a la peluquería que está distante del incendio como un kilómetro. En la línea de autos libres que está al frente de donde sucedió el mcencio, se produjo un apretujamiento de dos vehículos, uno propiedad de Onésimo Riera y el otro de Saavedra. Ambos asustados y en la prisa por salir primero, chocaron, y Onésimo arrancó primero, brincó la isla y fue a parar la carrera a Urama. ¡Qué guapo este coriano! Los buhoneros de La Encrucijada recogieron sus peroles al ver esa multitud inquieta y con ánimos caldeados. Olía a saqueo. Sin embargo no se escaparon unos pobres guajiros a los que les llevaron sus mercancías.
Por desgracia, la nota triste de estos comentarios, hubo pérdidas humanas. Un anciano inválido pereció consumido por las llamas, los torrentes de humo ahogaron sus pulmones y el fuego mordió su frágil carne. Su compañera, anciana también, logró salvar su vida arrojándose desde lo alto en una misión suicida. Afortunadamente no faltó la mano generosa y solidaria de ese moronense curioso que se encontraba en el lugar de los hechos. Las unidades bomberiles acudieron a lal cita nefasta, estos útiles funcionarios se trasladaron desde Puerto Cabello y otro (me dijeron) vino de Guacara. Los bomberos de la empresas locales por el papeleo de la permisología y las autorizaciones no lograron llegar. ¡Qué lástima! La Guardia Nacional y la policía acordonaron la zona. Una viejita que pasaba al lado de un guardia se llevó un planazo sin saber por qué. Al extinguirse el fuego llegó Norman Colmenares al local buscando a los árabes para obtener el contrato de pintura. Todo esto se hubiese evitado si se hubiesen controlado las llamas a tiempo. ¡Qué falta hace Un Cuerpo de Bomberos para la comunidad moronense!
Libro Crónicas desde Morón - Boca del Tocuyo
En cierta oportunidad ofrecí a unos amigos boqueases ¿o tocuyanos? escribirles sobre su pueblo. Hoy quiero cumplir mi palabra. El poblado de Boca del Tocuyo dista muy poco de la orilla del mar, el río Tocuyo lo parte ecuatorialmente en dos (al poblado), quedando a ambos lados de sus riberas terrenos arenosos de origen aluvional con materiales que en tiempos inmemorables acumularon la pleamar y el continuo arrastre de sedimentos de este caudaloso rió. Sobre estas arenas se levantó el pueblo, divido en dos secciones (al este y al oeste), cautivo entre el mar (al norte) y la oscura faja asfáltica (al sur) de la carretera costera del costado oriental falconiano. Sus costas son de emersión, carentes de la frondosidad de las palmeras que pudieran atenuar el inclemente sol.
La historia de este pueblo es similar a la de sus congéneres de esta parte del litoral caribeño, su estancia de cara a las antillas neerlandesas convirtieron estos rincones, recodos y parajes en caminos expeditos para burlar, durante la época colonial, la persecución de la Compañía Guipuzcoana contra el comercio ilícito (o contrabando) practicado en la zona por lo comerciantes holandeses. Especialmente cuando se tenía un río lo suficientemente navegable para penetrar desde las islas de Curazao o Aruba hasta las poblaciones del interior de los estados Lara y Yaracuy. Este trafico comercial consistía en el intercambio de productos agrícolas que llegaban por vía fluvial (desde el occidente del país) y áreas vecinas por las mercancías manufacturadas que desde Curazao trasladaban los holandeses al territorio patrio.
En Boca del Tocuyo también dejó sus huellas la guerra Federal. El General Zamora y sus tropas tomaron el pueblo el 21 de marzo de 1859, venía el General de Coro y en su tránsito hacía Morón se detuvo en este pedazo de costa falconiana para proclamar su revolución y ganar nuevos contingentes que reforzarían su consigna de "tierra y hombres libres".
La configuración espacial del pueblo es más bien de calles lineales, aunque algunas no guardan el orden rectangular, sus viviendas humildes son las típicas rurales que fueron símbolos habitacionales de la reforma agraria. Su gente vive fundamentalmente de la pesca, del comercio con los turistas y actividades agrícolas en haciendas vecinas donde se cosechan melones, patillas y los cocoteros para la extracción de copra. En una zona contigua, su iglesia de San Rafael, se divisa una atalaya que una vez fue su tanque de agua, y como un vigía testifica los años de desidia oficial. Este torreón de concreto, de enorme cabeza y cuerpo enjuto en también se muere de sed, en su interior reseco se conservan como una memoria décadas de olvido, de tiempos de bonanzas que no llegaron a su predios, de la esperanza que se pierden en la lontananza del mar.
Al lado del viejo tanque de agua se destaca una escritura de una pasada campaña electoral que dice: "Vota por los concejales luchadores y folklóricos", al pie de la escritura está el nombre del partido político que postula a los candidatos. Les aseguro, amigos, que este partido no saco la votación que aspiraba. La sinceridad en política no es muy buena compañera.
De esta tierra son los hermanos Almarza, gemimos líderes y protagonistas de la época de esplendor de la organización que ellos representan, ahora Rafael o Fay ejecutan un nuevo rol como empresarios del pescado. Su bondad y su don de gente les harán salir adelante. También es la tierra del Morocho cuya vocación servicial borra todo indicio de una apariencia no convencional. También allí vive el manco con un chiste siempre en sus labios. El deportista Wilmer Gómez con sus poderosos Jimmys. De aquellos lugares vino a Morón Musulungo (como le dicen en Morón) o el Perico (como le dicen en su pueblo) a buscar mejor vida y a entregar sus excelentes facultades para jugar el béisbol. Se considera que es el mejor pelotero que ha dado Boca del Tocuyo.
Todavía se mantiene activo, con sus casi sesenta años a cuesta, no le tiembla el pulso para darle un batazo al pitcher más pintao, Musulungo debe tener un digno retiro y el reconocimiento u homenaje de dos pueblos que lo admiran y lo tienen como un ejemplo de juventudes.
Dejé para último al primer concejal, oriundo de la Boca, del municipio Monseñor Iturriza, Israel Lamus ¿o Díaz? Israel es un buen amigo y tremendo jugador de béisbol, en su equipo lo alineaban como catcher y cuarto bate. Pero había un problema: inicialmente él le solicitaba al manager que lo colocaran en el line up como Israel Díaz (el apellido de su madre) y así se hacía normalmente. Pero un buen día, alguien le dijo que su padre (de apellido Lamus) era un rico hacendado en Barinas, el cual tenía su oficina frente a la plaza Bolívar de esta ciudad.
Desde entonces Israel no permitió que se le pusiera en el line ip con el apellido Díaz, sino el de Lamus. Otro día partió Israel a Barinas a conocer a su padre. Cuando llegó a la plaza y preguntó por el hacendado Lamus, alguien le respondió "¿Hacendado? Lamus es aquel borrachín que está tirado allá en el suelo. Israel inmediatamente regresó a su pueblo. En plena lectura del line up para el juego del domingo, el manager dice en voz alta: "Israel Lamus cuarto bate", y le grita molesto Israel: "¡A mí no me pongas Israel Lamus! A mi me pones Israel Díaz!!!".