Según el autor del texto, es señalado por testimonios de Jesús María Hernández y Emilio Navarro como el autor intelectual del asesinato de Zamora. Se afirma que llamó a Zamora a una conferencia secreta en la casa de los Acuña donde ocurrió el crimen.
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Quien mató a Zamora ➔
Según el autor del texto, nació en Cúa el 1 de febrero de 1817. Lideró un ejército de 6.000 hombres para sitiar San Carlos en 1860. Es descrito por Lisandro Alvarado como un capitán de palabra breve y áspera, implacable con el enemigo. Fue asesinado el 10 de enero de 1860 al salir de la casa de la familia Acuña; su muerte es atribuida a una supuesta confabulación entre Falcón y Guzmán Blanco.
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Quien mató a Zamora ➔
Libro Crónicas desde Morón - Quien mató a Zamora
Aquel infausto mediodía del 10 de enero de 1860, saliendo de la casa de los Acuña, el General Zamora pronunciaría sus últimas palabras: "Ya vengo", cuando al tronar de un disparo caía abatido, en pleno territorio dominado por sus tropas, el procer de la Revolución Federal. Su cadáver quedó a escasos metros de la iglesia de la parroquia de San Juan de la ciudad de San Carlos, de donde supuestamente salió el disparo. Había llegado Zamora procedente de Guanare y Araure, con un ejército de 6.000 hombres, con el objeto de sitiar la ciudad de San Carlos, que aún estaba en manos del gobierno conservador. Sitio que comenzó el 3 de enero y paulatinamente fue cayendo la ciudad en poder de los federales, excepto las fortificaciones Ya ultimados los detalles para dar el golpe final, fue llamado Zamora para almorzar en la casa de la familia Acuña, minutos después ocurriría el asesinato.
De la muerte de Zamora fue culpado el sargento G. Morón como autor material. Este personaje se consideraba muy ligado al General Juan Crisóstomo Falcón. Veamos lo que nos dice el General Jesús María Hernández, oficial zamorista: "El General Zamora fue muerto en una conferencia secreta para la que fue llamado por Falcón a la casa del doctor Acuña y Morón le dio un balazo de acuerdo con ellos ". Por su lado, Emilio Navarro, cronista zamorista alega: "Veo una presunción legítima (la autoría intelectual de Falcón) por el conocimiento que tuve del Gral. Ezequiel Zamora, el que se le hubiese dado muerte en medio de su ejército y que no hubiese una sola persona que presenciase este hecho ".
Otros testimonios indican que la muerte de Zamora fue producto de una confabulación de Falcón y Antonio Guzmán Blanco e incluso señalan que el segundo chantajeaba al primer. Un testigo pone en boca de Guzmán Blanco lo siguiente: "Conozco todos los pormenores de este crimen y en mi poder está la honra de ese hombre (Falcón). Con que vea lo que hace conmigo; yo me hallé en la misma pieza donde se consumó el crimen... huí del lugar. Verás si tengo mucho para que ese hombre (Falcón) me dispense consideraciones". ¿Sería ésta una de las razones por las cuales Falcón obraría en la presidencia con desgano y prefería irse a sus haciendas en Churuguara, dejando encargado por largo tiempo en la presidencia a Guzmán Blanco?
¿Por qué se asesina a Zamora? Porque representaba la esencia de la revolución social de la Federación y tenía bajo su mando a 23.500 soldados que lo habían reconocido como jefe, y además era dueño de un amplio apoyo popular. Permítanme transcribir una larga pero elocuente reseña que al respecto hace Domingo Alberto Rangel: "La fuerza de Zamora no radicará, solamente, en su fiereza de soldado. Es el amor a los humildes, la adhesión de las masas, el factor que bailará siempre en las velas de sus empresas hasta empujarlas a la meta. A Ezequiel Zamora le sobran soldados, porque tiene pueblo. De cada caserío desemboca en su ejército el contingente de la fe campesina.
Si lo derrotan, al día siguiente dispondrá de otro ejército. Hay alimentos para sus hombres, vendas para sus heridas y caminos para sus marchas. Para que Ezequiel Zamora fuera grande -y lo fue con proporción de guerrero y apóstol- la tierra venezolana le parió soldados. Ese hombre no tenía un ejército sino un pueblo atormentado tras sus huellas... Hubiera tenido cien mil hombres si el balazo de San Carlos no pone una raya de sangre en su carrera de saeta ".
El escritor Vallenilla Lanz acota lo que sigue: En 1846 como en 1859, se concentraron de nuevo las mismas montoneras de Boves y de Páez bajo el brazo vigoroso de otro gran caudillo (Zamora) de la misma fisonomía moral, de las mismas dotes de mando, del mismo empuje heroico, del mismo desprendimiento, de los mismos instintos oclocráticos y hasta podemos decir que de la misma raza del asturiano legendario ". Don Lisandro Alvarado pinta de esta manera la silueta de Zamora:
"Este caudillo, comerciante en un principio, había nacido en Cúa, el primero de febrero de 1817. Hizo parte de la conocida face ion de Rangel, y anduvo insurrecto con él en la provincia de Aragua (...) Tenía él para la lucha armada todas las cualidades de un capitán y todas las energías de un partidario... Duro con el partidario, implacable con el enemigo, imponía disciplina al uno y terror al otro. Su palabra era breve y áspera, su actitud amenazadora, sus órdenes imperiosas, sus planes vastos. La piedad no hallaba abrigo en su alma, la sonrisa no plegaba jamás su boca, eternamente contraída por la tensión de un espíritu en el cual no había sino una pasión, pelear, y deseo de triunfar". ¿Quién mató a Zamora?
Libro Crónicas desde Morón - La Batalla de El Palito
Venía el General Ezequiel Zamora como huracán devastando ejércitos del Gobierno Conservador que en la mayoría de las veces preferían no dar combate. Corría el año de 1859, la tolvanera federal brotaba de las entrañas del actual estado Falcón el 16 de marzo llegó a Jacura, el 17 a Capadare, tres días después estará en San Juan de los Cayos, el 21 sacude al Tocuyo de la Costa y el 22 se encuentra a las orillas del entonces caudaloso río Yaracuy.
Del otro lado del río -en el territorio del hoy municipio Mora-asediaba dispuesto al ataque el comandante Francisco Antonio Rivero, jefe de las atropas gubernamentales.
En la correspondencia de Morón de fecha 23 de marzo de 1859, Zamora describe así la situación: "Que venía (el río Yaracuy) muy crecido con aguas imposibles de vadear, y las canoas custodiadas por los godos al lado derecho".
Ante tal amenaza los federales jamás pensaron en retroceder sino que por el contrario "Zamora tenía suficiente temple y fuego en el corazón para desafiar la naturaleza y cruzó el caudaloso río Yaracuy, él a la cabeza de sus tropas, los soldados atados a las colas de los caballos y con las lanzas sostenidas con los dientes. Con solamente cien de sus hombres destruyó rápidamente la columna comandada por Francisco Antonio Rivera y pudo así utilizar las canoas parar pasar las armas de fuego, pólvora y demás pertrechos ". De esta manera los contingentes de la Federación despejaron el camino hacia Morón.
Estando en Morón Zamora y sus hombres, les llegó un delator de las tropas del gobierno, el mulato Juan Rodríguez, quien les informó sobre la ubicación y los comandantes de las patrullas gobierneras, acantonadas en El Pelito. Estos eran Andrés Avelino Pinto y el coronel José del Rosario Armas, alias "Mono Enchaquetado". Dicha confesión hizo exclamar a Zamora: "Si al frente de los oligarcas viene Mono Enchaquetado, el triunfo será más rápido... Ratón para gato".
Ezequiel Zamora salió con sus tropas de Morón a las cuatro de la tarde y a las diez de la noche sorprendió al ejército del gobierno que quedó totalmente destruido, huyendo los sobrevivientes hacia Puerto Cabello y por Las Trincheras hacia Valencia. Esta batalla demostró la capacidad y la estrategia militar del general Zamora, el cual envió una columna federal por Sanchón a salir por la vía de El Cambur para que atacase por un flanco a las fuerzas enemigas mientras que él se dirigía por el lado de la costa ocultando sus movimientos "con toda sagacidad y reserva. Zamora impuso a sus tropas el deber de mantener su puesto a muerte o vida, sin dar un paso atrás ".
La victoria de los federales sobre los oligarcas en la batalla de El Palito tuvo repercusiones nacionales hasta el punto de que el gobierno de Caracas se sintió humillado, pues Zamora no había derrotado a oficiales cualesquiera sino a reputados militares como Avelino Pinto, uno de los mejores de su época, y había hecho añicos la estrategia del viejo zorro León de Febres Cordero.
A pesar del triunfo la causa de la Federación tuvo pérdidas importantes, dejemos que sea el cronista zamorista, Emilio Navarro, quien nos diga con sus propias palabras llenas de sentimiento: "Departe del ejército federal fue sensible de nuestra pérdida, muchos distinguidos amigos, tipos los más empinados en el valor, tributarios con su sangre a aquel campo donde ambos contendores desplegaron un heroísmo propio de la clasica Venezuela, orgullo eterno de la república.
Ahí murieron el coronel Juan Nepomuceno Guevara, el modelo más acabado del valor y la moderación, con dos balazos en el pecho, recibidos en el momento mismo de atacar la casa fuerte donde se apoyó el coronel Avelino Pinto para hacer su última resistencia, el valiente comandante, Prado, el intrépido y modesto comandante Rodulfo Pereira, el belicoso comandante Castellano, hijo, muchos jefes y oficiales, honor coriano, y considerable número de tropas.
El comandante Gabriel Santana, hijo predilecto de la heroica Coro, espanto de valor, batíase en esta memorable acción, después de despedazados los brazos a balazos, y así combatían con valor inimitable".
Zamora y el estado mayor en pleno rinden homenaje en El Palito a los federales caídos. Decide proseguir su marcha hacia San Felipe, no sin antes recibir nuevos miembros que se suman a su ejército. Llegan hombres desde Borburata, Quizandal, Patanemo, Turiamo y otros pueblos de la costa comandados por el general Gabriel Guevara, viejo procer de la Independencia que había servido bajo las órdenes del Libertador en las campañas del Sur. También se agregó Cleto Marcano con otro grupo de Puerto cabello. Zamora regresó a morón el 24 de marzo.
Allí tenía su cuartel general y el grueso de sus tropas. De aquí marchó a Urama y luego siguió los caminos de María Lionza.
Los estragos de la guerra de Alpargatón y otros pueblos de la costa venezolana
Este hermoso valle con nombre de calzado grande sucumbía frente a las pestes y las calenturas, pero además había otra causa: la guerra. La guerra de independencia fue un factor de perturbación para la economía y la demografía de las zonas rurales adyacentes a Puerto Cabello. En efecto, los suburbios y sementeras del área -entre ellas Alpargatón- eran objeto de saqueos y de destrucción de las haciendas y pueblos por parte de las huestes españolas como también de los patriotas hasta 1823. En 1815 los realistas acaban con la cosecha de maíz, aún verde, en las cercanías de Puerto Cabello para convertirla en comida para sus reses; luego, en 1820, "se asolan las haciendas locales, obligándose además a los esclavos a tumbar la mata de plátanos, con el objeto de que sirviera para la alimentación al ganado, quedando las haciendas sin cultivo ni recolección de sus cosechas" (Cunill Grau). Nuestro prócer José Antonio Páez, en 1822, confiesa que había "destruido el incesante manantial de Borburata que les aliviaba demasiado (a los realistas sitiados), he acabado por fin con cuanto contaba en este territorio". Los pueblos de Alpargatón y Urama eran incendiados previamente antes de proceder a su despoblamiento por parte de los ejércitos ocupantes, he aquí una confesión de uno de los líderes de las tropas atacantes: "triste en primer lugar de entrar en la oscuridad de la noche unos pocos, incendiar el pueblo tirando pajuela en los techos que son de paja, y al punto del incendio, que sentirá los efectos de la confusión, entrar a fuego y sangre sin cuartel". El despoblamiento a la vez era ocasionado, después de 1812, por los continuos embargos y secuestro de las principales haciendas los propietarios, mayordomos y por los ejércitos que obligaban a esclavos a abandonar sus posesiones. Los esclavos huían hacia Ejércitos en plena campaña en valles costeros. las montañas lejanas o cercanas a formar los llamados "cumbes", allí mismo en los cerros de Alpargatón, para esconderse tanto del castigo del amo blanco como del azote de las guerrillas que los reclutaban para los trabajos forzados en obras en las cercanías de Valencia, o para servir como soldados en la guerra. Había una orden expresa de un oficial a su subalterno: "Que en los pueblos de Morón, Alpargatón y Urama se levanten guerrillas de gente del país, a cuyo efecto enviará V.E. las armas, municiones y fornituras necesarias, con algunos oficiales, encargados de organizarlos y de levantarlos hasta la fuerza de 400 ó 500 hombres; llamando los esclavos de aquel distrito para este servicio y dando la libertad a los que presente útiles, o si toman las armas". En estos casos se arrancaban a la fuerza a los brazos útiles y comprometidos con las faenas del campo, con la mano de obra en los cultivos, para llevarlos sometidos, tipo recluta, a los ejércitos en armas como simples soldados en detrimento de la economía agrícola que prevalecía en el área de este litoral carabobeño. Por otra parte, también ocurrió que se tomaban como represalia o venganza si los pueblos apoyaban tal o cual causa, entonces venían las tropas rivales a destruir y asolar los caseríos y sembradíos de las poblaciones para darles escarmiento por la supuesta traición, así sucedió en el año de 1859 cuando el general Ezequiel Zamora visita el pueblo de Morón, recibiendo un fuerte apoyo y adherencia a su ejército de un gran número de moroneros (400 según el cronista Emilio Navarro) que se marcharon con él hacia los destinos del occidente del país para participar en la famosa batalla de Santa Inés. Sin embargo, poco tiempo después de que el general Zamora se marchó de Morón, llegaron las tropas del gobierno dirigidas por el comandante Silverio Escalona y procedieron a incendiar y a devastar los caseríos de Sanchón, Morón, Alpargatón y Urama, como represalia y castigo al apoyo que le habían brindado estos pueblos a la causa de la Federación. Escuche a este cronista todos los domingos de 8 a 9 a.m. en el programa "Crónicas en domingo" por la emisora Caribeña Mil A.M.