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Familia Suárez 🔍

Según Alexis Coello, fueron los primeros dueños de la esquina comercial situada al sur del reloj. Guillermo Suárez, miembro de la familia, fue arrestado tras un intento de ajustar la hora del reloj durante una parranda nocturna.

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Cristian 🔍

Según Alexis Coello, era conocido como el viejo Cristian, encargado de despachar las camionetas por puesto de la Unión Puerto Cabello-Morón desde una casilla ubicada al lado de donde quedó tirado el reloj tras su caída.

organizacion: Unión Puerto Cabello-Morón
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Jota Jota 🔍

Según Alexis Coello, personaje que solía leer las cenizas de su tabaco para predecir los números de la lotería en las cercanías de la encrucijada.

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Juan el árabe 🔍

Según Alexis Coello, propietario de una tienda situada en el sector noreste del reloj.

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Julito 🔍

Según Alexis Coello, era conocido como el negrito Julito, trabajador de la carnicería de Juan Julián y personaje asiduo de los locales nocturnos de Bota Burro (actual avenida Falcón).

lugar trabajo: Carnicería de Juan Julián
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Limonggi 🔍

Según Alexis Coello, fue el propietario inicial de una arepera ubicada en la esquina donde funcionó el Banco Ítalo-Venezolano.

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Miguel Alvarez 🔍

Según Alexis Coello, propietario de un bar donde Julito y otros pobladores solían consumir cervezas Zulia.

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Orosimbo 🔍

Según Alexis Coello, dueño del abasto Punto Fijo, ubicado en las cercanías de la encrucijada.

negocio: Abasto Punto Fijo
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Pepe 🔍

Según Alexis Coello, dueño de una cauchera ubicada al lado de la tienda de Juan el árabe, en las cercanías del reloj de la encrucijada.

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Popi 🔍

Según Alexis Coello, fue un joven boxeador atlético contratado por comerciantes chinos para evitar que los clientes se fueran sin pagar (hacer "carros"). El autor relata que, aunque detuvo las pérdidas por impago, terminó por agotar el capital de los chinos, quienes cerraron el negocio.

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Crónica Web #451

Libro Crónicas desde Morón - El Reloj

Libro Crónicas desde Morón - El Reloj
Reloj detén tu camino... No amigo lector, no se trata de aquella vieja canción de Lucho Gatica sirio que nos referimos a un antiguo reloj que estuvo ubicado en la encrucijada de Morón y que efectivamente detuvo su camino en el primer lustro de la década de los setenta consecuencia de un fuerte ventarrón que lo hecho al suelo y de allí pasó un largo tiempo tirado al lado de la casilla donde el viejo Cristian despachaba las camionetas por puesto de la Unión Puerto Cabello-Morón.
Este reloj se instaló durante el gobierno del dictador Pérez Jiménez y se mantuvo como una referencia obligada para los moronenses o para todo aquel que visitaba al poblado. Era muy común oír ¡voy pal' reloj!
El reloj se levantó sobre un pedestal o base metálica de aproximadamente 8 metros de altura y en la cúspide se localizaba las saetas del reloj acopladas en una arquilla de forma triangular perfilando tres caras o más bien podemos decir que se trataba de un reloj trifásico. La estructura metálica estaba unida al suelo a través de un redondel de concreto que mantenía como una modesta redoma situada justamente donde hoy se encuentra la redoma de la encrucijada. Sobre este redondel se sentaban los viajeros con sus maletas, cajas, sacos etc, generalmente falconianos, en espera de su trasporte que los llevarían por los caminos y rutas de la esperanza en pos de mejores horizontes. Pegada al soporte del reloj se mantuvo por largo tiempo una valla comercial de una empresa de techos Eternit-Tejalit radicada en Maracay.
Era el Morón del ayer, era el Morón de la poca circunvalación vehicular, a veces se veía un Cadillac, los voluminosos automóviles de antaño no era muy frecuentes como ahora son los vehículos modernos en la encrucijada de Morón, pueblerinos caminaban animadamente de un lado a otro con sus zapatos de dos tonos -blanqui-negros- y su ropa de lino blanco almidonada hasta la saciedad. Nos parece ver al negrito Julito que de regreso a la carnicería de Juan Julián se había provisto de tres fuertes para disfrutar de una noche de farra, con rumbo a los lenocinios de bota Burro (actual avenida Falcón) se ajustaba su prieto sombrero al momento que saludaba a Jota Jota, que entretenido, leían en las cenizas de su tabaco los números de la lotería que saldría en ese día. Julito seguramente, se encontrará con la muda que al darse un golpe con la palma de su mano en la mejilla le indicaría que el precio de la jornada era de un cachete o sea de 5 bolívares. Posteriormente se tomaría una cervecitas Zulia en el bar de Miguel Alvarez o en La Campana o en el bar de Expedita para luego regresar a la tibia cama donde charlaría con la yegua, con la camioneta o con Miguel Aceves.
En el costado noreste del reloj se encontraba la bomba de gasolina, al lado de la central Morón-Coro, un poco más allá de la cauchera de Pepe, al lado la tienda de Juan el árabe, más adelante el abasto Punto Fijo de Orosimbo. Hacia el lado sur del reloj se ubica la sede de transporte Morón puerto Cabello, al lado del obelisco Zancudo, más atrás la familia Suárez, primeros dueños de esa esquina comercial, por cierto que uno de ellos (Guillermo) fue arrestado por tratar, en compañía de otros lugareños, de poner a la hora exacta el reloj debido a que éste se había atrasado. Este buen gesto hubiese merecido un premio a no ser porque se realizó en horas de la madrugada y en animosa parranda de abundante ingesta alcohólica.
Del lado noroeste teníamos la tienda de ropa de unos libaneses y en la esquina donde funcionó una ves el banco ítalo-Venezolano, se encontraba una arepera que en principio fue de Limonggi y luego pasó a manos de unos comerciante chinos. Estos chinos no hablaban mucho el español y la gente le echaban muchos carros, es decir, se iban sin pagar lo consumido. Alguien le sugirió a los chinos que buscasen a un venezolano como empleado y a la vez que le tuviesen respeto y temor, para evitar la cachúas.
Los chinos encontraron al popular Popi que para entonces era un mozalbete atlético y gran boxeador. De inmediato Popi se hizo del negocio y colocó una foto suya, bastante amplia, donde posaban con un cuadro del boxeador, con sus guantes y una cara de pocos amigos mostrando su musculatura. Ciertamente los carros se acabaron pero también se acabó el capital de los chinos que tuvieron que cerrar las puertas del negocio y marcharse al continente asiático. Al poco tiempo se observaba a Popi quien caminaba bien trajeado luciendo en sus manos portentosos anillos de oro y en su muñeca gruesa esclava del mismo metal, al cuello grueso cordón de oro y una larga leontina aurífera que guindaba de su correa atravesaba su muslo y se introducía en su bolsillo trasero añadida a su cartera. Para los chinos peor fue el remedio que la enfermedad.
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