Según Alexis Coello, basándose en el trabajo de Asdrúbal González, este personaje es un Benemérito General y resto venerado de los Libertadores. Fue prisionero de guerra, por quien el General Falcón propuso un canje al General Páez. Era reconocido nacionalmente como "el rey de Morón", "el vate de Morón" y el "negro de Morón", vinculando su trayectoria con la identidad local.
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Según Alexis Coello, dirigía los hilos del movimiento separatista en Caracas y Valencia que buscaba la separación de Venezuela de la Unión Colombiana, influyendo en el general Páez.
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Según Alexis Coello, recibió el encargo del General Páez para escribir una historia de Venezuela con sentido patriótico, resultando en la obra "Resumen de la historia de Venezuela". Es ubicado por Díaz Sánchez en la corriente romántica.
📄 Crónica: Ramón Díaz Sánchez y Luis Correa ➔
Según Alexis Coello, realizó su último viaje a Venezuela en la denominada "Gran Jornada", llegando a la aldea de Morón el 31 de diciembre de 1826. Durante su breve estadía, recibió atenciones del pueblo, almorzó en campaña y meditó bajo una ceiba adyacente al río sobre el conflicto con el General Páez y Miguel Peña antes de seguir hacia Puerto Cabello.
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Mencionado por Alexis Coello en referencia a su histórica rebelión contra la Compañía Guipuzcoana para defender el contrabando con los holandeses en la zona de Morón.
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Según Alexis Coello, lideró una rebelión en el valle de Morón contra la Compañía Guipuzcoana para defender el comercio con los holandeses.
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Según Alexis Coello, era cuñado de Juan Crisóstomo Falcón y uno de los mayores exponentes de la causa federal. Destacó como un gran estratega y líder de masas. Aunque Falcón fue involucrado en su asesinato por algunos sectores, Zamora siempre le reconoció la mayor jerarquía en la dirección de la guerra.
📄 Crónica: Libro Crónicas desde Morón - Juan Crisóstomo Falcón ➔
Según Alexis Coello, confabulaba desde Bogotá contra el Libertador para hacerse con la presidencia de la Unión. Se reunió con Bolívar en Tocaima en 1826 tras cinco años de separación.
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Según Alexis Coello, guiaba intrigas palaciegas en Bogotá en contra del Libertador. Se reunió con Bolívar en Tocaima a mediados de 1826 tras cinco años sin verse.
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Según Alexis Coello, lideraba el movimiento separatista en Venezuela. Fue destituido de la Comandancia General y convocado al Congreso de Bogotá, lo que provocó que Bolívar regresara al país para evitar una guerra civil.
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Según Alexis Coello, lideraba actitudes separatistas en el Departamento de Venezuela para desintegrar la Gran Colombia, convocando a un Congreso Constituyente en Valencia. Fue el motivo principal del regreso de Bolívar al país para evitar una guerra civil.
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Según Alexis Coello, este músico nacido en Cantaura en 1921 llegó a Morón el 7 de octubre de 1973. Dominaba instrumentos de cuerda, destacando en la mandolina con interpretaciones como "El Tigre" y "La Araña". Estuvo casado con Petra María Coello, con quien tuvo a su hijo Ramón Parejo Coello.
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Según Alexis Coello, nació el 27 de enero de 1820 en Paraguaná y falleció en 1870. Inició su carrera militar como comandante de milicias en Coro en 1848 y ascendió a coronel en 1852. Fue el máximo líder del Movimiento Federal. Pisó Morón por primera vez como comandante de la Federación el 24 de julio de 1859 en Palma Sola. En 1863 fue electo Presidente de la República en La Victoria.
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Según Alexis Coello, se menciona su posterior protagonismo en la secesión del Departamento de Quito (futuro Ecuador).
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Según Alexis Coello, este autor no inicia su estudio con los cronistas de Indias; resalta el interés de Bolívar por la historia y las instrucciones dadas a O'Leary. Identifica la obra de Feliciano Montenegro y Colón como la primera publicación historiográfica educativa.
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Citado por Alexis Coello para describir el recibimiento popular que negros, zambos y criollos brindaron a Bolívar en su paso por Morón.
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Según Alexis Coello, relata que durante la visita de Bolívar a Morón, negros, zambos, mestizos y criollos se integraron para recibirlo con atenciones y un almuerzo de campaña.
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Según Alexis Coello, es señalado como el cerebro que manejaba los hilos del movimiento separatista en Venezuela para desintegrar la obra de Bolívar.
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Según Alexis Coello, este historiador otorga gran significación a Oviedo y Baños como primer historiador clásico. Clasifica un ciclo "Heroico" con carácter literario y establece subdivisiones que incluyen un periodo humanístico con intelectuales de espíritu liberal.
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Según Alexis Coello, Bolívar realizó su último viaje a Venezuela en la llamada "Gran Jornada". El 31 de diciembre de 1826 pasó por la aldea de Morón tras desembarcar en Tucacas. En el poblado fue recibido con aclamaciones, compartió un almuerzo de campaña y descansó bajo una ceiba adyacente al río Morón antes de seguir hacia Puerto Cabello.
📄 Crónica: Bolívar y Morón ➔
Según Miguel Elías Dao, visitó Morón el 31 de diciembre de 1826, llegando a las 11 de la mañana. Fue recibido con entusiasmo por negros, zambos, mestizos y criollos. Recibió un almuerzo de campaña antes de proseguir hacia Puerto Cabello. Esta fue la última vez que Bolívar vino a Venezuela.
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Libro Crónicas desde Morón - Juan Crisóstomo Falcón
Juan Crisóstomo Falcón nació el 27 de enero de 1820 en la parroquia Buena Vista del cantón Paraguaná perteneciente a la provincia de Coro, y murió en 1870, o sea que tan solo vivió 50 años. Sus primeros estudios los realizó en la ciudad de Coro, donde recibió lecciones de filosofía y francés. Fueron sus únicos estudios, ya que como escribió el veleidoso historiador Juan Vicente González, "nació para la guerra".
Pasó, en su juventud, cierto tiempo en San Felipe con el negocio del café. A los 28 años de edad (1848) ya era comandante de milicias en Coro, participando como tal en el ataque a Cumarebo, entra en batalla en Sabana Alta, Jaratara; es enviado a Maracaibo a pelear bajo las órdenes del General Marino. Toma a Perijá. Luego incursiona en Puerto Cabello a pelear contra las tropas del General Páez, las cuales estaban al mando del General Carmona, a quien derrota y apresa en el sitio de Bacoa.
En 1851 es nombrado primer comandanta del ejército y en 1852 obtiene el título de coronel efectivo; este mismo año va de comandante de armas de la provincia de Maracaibo. En 1854 da un apoyo muy importante al gobierno del general José Gregorio Monagas.
El General Falcón fue un personaje que al principio fue identificado como adepto a la corriente centralista (godos, conservadores, paecistas, etc.) y posteriormente llegó a ser el máximo líder o caudillo del Movimiento Federal o Federación. Quizás por este cambio en su conducta política se le tildó de voluble, indeciso o vacilante.
Siempre se ha hecho un paralelismo entre la vida de los generales Falcón y Zamora. Ambos son considerados como los mayores exponentes de la causa federal. Unidos por un vínculo familiar (eran cuñados), Zamora descolló como militar en las calles de Aragua y en el centro del país; Falcón rompía con su espada las filas enemigas en el occidente del mismo. Zamora emergió del anonimato en el ambiente capitalino donde fue apresado, juzgado, condenado e indultado; Falcón hubo de abandonar el país para lograr apoyo a su causa desde Colombia, Saint Thomas y Curazao. Zamora era el luchador social, el hombre de principios, con mucho valor personal y gran estratega militar, un verdadero líder de masas, leal a sus semejantes.
Falcón poseía gran talento como caudillo, militar con excelentes dotes, de una natural bondad y desinterés por el gobierno. Sin embargo, se le acusa de veleidoso e inconstante, connivente con sus adversarios del gobierno, y lo que es peor, se le involucra en el asesinato del General Zamora. No obstante, Zamora siempre le reconoció y le respetó a Falcón su mayor jerarquía en la dirección de la guerra. Con la desaparición de Zamora se afianzó esa jerarquía y se acrecentó su prestigio.
La primera vez que el General Falcón pisa territorio venezolano como comandante general de los ejércitos de la Federación, lo hace en las playas de Palma Sola, en Morón, el 24 de julio de 1859, donde dijo: "Al pisar el territorio, al aparecer sobre la escena de la revolución, siento la imprescindible necesidad de hablar a mis conciudadanos. Prefiero siempre ser conocido: que nadie se equivoque conmigo. La patria debe además saber por qué vengo, y lo que traigo "... Había llegado a Falcón de Curazao en una goleta, acompañado del futuro presidente Antonio Guzmán Blanco, y otros. En Morón se le unieron numerosos simpatizantes a su causa.
El 25 de julio Falcón se dirige al pueblo de Alpargatón en los siguientes términos: "Para hoy, la revolución tiene toda su fuerza material; creo traerle su autoridad moral, lo único que le falta para su inmediato desenlace. Con esa autoridad propóngame darle unidad y concierto a la campaña, al propio tiempo que ahorrar sangre generosa y conjurar futuros peligros. Ayudadme, compatriotas todos".
La revolución termina con el Trato de Coche (1863) y Falcón es electo Presidente de la República por una asamblea reunida en La Victoria; a Guzmán Blanco se le nombra vicepresidente. Estos cargos tendrían carácter provisional. En esta misma asamblea, a petición de Antonio Guzmán Blanco, se le otorga a Falcón el título de "Gran Ciudadano Mariscal de los Ejércitos de la República".
La Asamblea Constituyente nombra al General Falcón Presidente Constitucional. El régimen federal no trajo la felicidad deseada, cada caudillo federal se hizo dueño de su región, se cobraron altos honorarios. Falcón toleraba, por su conocida bondad, los guisos de sus amigos en el gobierno, pasaba la mayor parte de su tiempo en su hacienda en Churuguara descuidando sus deberes de gobernante (sólo duró 20 meses).
Sobre la creación de la Orden Gabriel Guevara
Quiero hacer pública mi opinión sobre la creación de la orden Gabriel Guevara en virtud de la solicitud que al respecto hiciera, también pública, el concejal José Díaz.
Este criterio es el mismo que expusiera en una reunión con algunos concejales en días pasados y en donde se me había solicitado mi opinión sobre este particular que vamos a comentar.
Dije entonces que allí había que considerar dos elementos fundamentales, uno de tipo histórico y otro de tipo jurídico.
El primero tiene que ver con el valor histórico del epónimo de la orden, en este caso Gabriel Guevara.
Este personaje tiene el aval de la historia como para merecer ser perpetuado y recordado a través de una mención honorífica para reconocer a los ciudadanos que se la merezcan.
En esto no tengo dudas, basta recurrir al acucioso trabajo investigativo realizado por el Dr.
Asdrúbal González sobre este prócer de la guerra de independencia y de la federación.
De este trabajo -el cual tuve el honor de prologar una de sus edicionesextraigo una cita donde el General Falcón solicita al General Páez un intercambio de prisioneros de guerra (entre ellos Guevara preso del gobierno) en estos términos: "y como ud tiene presos muchos de los nuestros, entre ellos al ciudadano Benemérito Jeneral Gabriel Guevara, resto venerado de los Libertadores, por quien ud debeb abrigar alguna consideración y por quien el país entero siente el más alto respeto, propongo a ud un canje, por el cual vuelva el Jeneral Guevara a gozar de su libertad en nuestros campamentos o en el extranjero, si él lo prefiriese, y que los nueve jefes y oficiales de ud...
vayan a donde ud quiera destinarlos".
Además Guevara era reconocido nacionalmente por sus adversarios como "el rey de Morón", "el vate de Morón", el "negro de Morón" etc.
por lo cual se vincula la trayectoria histórica de este personaje con nuestra entidad local y como expresión de nuestra identidad.
Por otro lado, está el aspecto jurídico; una orden honorífica tiene efectos generales y se convierte en patrimonio cultural del municipio, por lo tanto no se debe crear mediante un decreto porque tal como lo establece el artículo 54, numeral 4, de la Ley de Poder Público Municipal, los decretos "son los actos administrativos de efecto general" y la trascendencia de una orden honorífica debe ser regulada mediante una ordenanza.
La Alcaldía de Juan José Mora bien puede tener su propia orden honorífica pero debe solicitarla al concejo municipal a través de un proyecto de ordenanza que sea discutido y consultado con los miembros de las comunidades e instituciones involucradas para que pueda tener el reconocimiento general de la población que representa como patrimonio cultural.
Se debe evitar lo que ha ocurrido en otros municipios, donde se han creado órdenes sin representación institucional por lo que han tenido una duración efímera y un triste papel porque nadie los reconoce.
Bolívar y Morón
Quizás resulte un poso extraño el titulo de esta exposición, pero en descargo de esta presunción diremos que el hombre y la presencia bolivariana no es ajena a ningún pueblo desde los confines nevados del macizo andino hasta las calidas aguas del caribe, mas aun, su imagen se acrecienta sobre las riberas del río Grande para convertirse en una gloria de toda la América y su nombre retumba en los oídos de los habitantes del viejo mundo europeo, donde se le admira.
¿Qué raro tiene que hablemos sobre Bolívar Y Morón? A su paso Bolívar visito tantos pueblos y aldeas a los largo y ancho de la geografía Suramericana, en el Perú, en Bolivia, en Colombia, en Ecuador y por su puesto en su país natal. En cada uno de esos pueblos no solo dejo las huellas de su caballo sino que dejo también un pedacito de su gloria y un recuerdo perdurable que trasmonta la barrera de los siglos. Hoy en día se venera con orgullo el árbol donde amarro su caballo o dador de la sombra donde hubo de guarecerse, o también el sitio donde dicto una proclama, se tiene como santuarios para el reencuentro con la historia los inmuebles donde se hospedo o ejecuto una medida para la guerra o un acto de gobierno. En los museos se conservan como reliquias los objetos que a el pertenecieron.
¿Cómo podemos nosotros los moronenses pasar desapercibido el paso del Libertador de medio continente americano por aquella aldea aledaña al río Morón de 1826? ¿Qué circunstancias rodearon el último viaje que El Libertador emprendió a Venezuela? ¿Qué recuerdos? ¿Qué propósitos y pensamientos agobiaban a Bolívar en aquella mañana víspera de año nuevo? ¿Sorbió su caballo el agua del río Morón?
Para responder a estas interrogantes debemos ubicarnos en la ciudad de Lima, en el Perú, en el mes de agosto de 1826. Bolívar había llegado a la cúspide de su gloria y de su figuración histórica; ningún mortal le ganaba en prestigio en América del sur. Pese a la discordia y a la anarquía había conservado unidos a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador en su gran obra: La Gran Colombia. Aun estaban tibias las armas con las que había dado la libertad al Perú, con la creación de Bolivia inmortalizaba su nombre en el alto Perú, había reunido el Congreso de Panamá en la búsqueda de la unión hispanoamericana como garantía de la grandeza histórica y como contrapeso al coloso del norte.
Sin embargo su principal sueño la Gran Colombia- hacia agua por los cuatro costados. En Bogota se imponían las intrigas palaciegas guiadas de las manos y del talento político del Vice-presidente Santander quien solapadamente confabulaba en contra del Libertador para hacerse de la Presidencia de la unión Colombiana.
En el Departamento de Venezuela la situación era mas grave aun, las actitudes separatistas que jugaban a la desintegración de la Gran Colombia se ejecutaban públicamente teniendo como asidero la ambiciosa personalidad del General Páez y los intereses mezquinos y localistas de una sarta de militares y civiles que bajo la direcci6n del Dr. Miguel Peña se empeñaban en echar por tierra la obra de Bolívar. "Las Asambleas y las Juntas se suceden en Caracas y Valencia, y entre las sombras, el Dr. Miguel Peña lleva en sus manos todos los hilos del movimiento separatista que cada día asume mayores proporciones. Ya se habla pública y abiertamente de la separación de Venezuela de la Unión Colombiana. Finalmente, el General Páez convoco al país a elecciones para un Congreso Constituyente que debía instalarse en Valencia" (1).
En el otro Departamento -el de Quito- a la saz6n existía aparentemente un clima de tranquilidad y armonía. Este buen comportamiento de lo que en futuro seria El Ecuador no se debía tanto a que no existiesen tendencias particulares disgregadoras ni porque estuviesen muy a gusto con la unidad colombiana (como se demostraría posteriormente con la secesión del venezolano Juan José Flores) sino porque la larga permanencia de Bolívar en el sur, el brillo de su espada, su gloria y su reputado genio mantenía calmada las asperezas y las ambiciones de los caudillos. No era así el caso de Bogotá y Venezuela. No era humanamente posible que Bolívar estuviese al mismo tiempo en toda la geografía de la Gran Colombia.
Mientras Bolívar tenía en mente agregar a la unión colombiana los territorios recién liberados del Perú y Bolivia para engrandecer su proyecto hispanoamericano, sus conciudadanos y compañeros de armas y de causas se batían en diversos espacios de la unión para dividir lo que había logrado juntar hasta ahora.
Me voy a permitir hacer una cita de nuevo para ilustrar mejor el dilema de Bolívar en este conflictivo año de 1826. “Las inmensas distancias hendidas por caudalosos ríos, cortadas por la muralla verde e impenetrable de la selva, separadas por la mole de granito y nieves de las cimas de los andes, impedían la materialización de sus ideas, la geografía volvía a ser el monstruo que estaba devorando la obra de su vida, a los sueños de su espíritu, a las concepciones de su genio. Una carta tardaba dos meses en llegar a Colombia desde el Perú y tres para alcanzar las costas de Venezuela o del Orinoco. El tenia que estar en todas partes, sólo su voz, su presencia podría ser el aglutinante de la Gran Colombia" (2).
Encontrabase Bolívar en Lima ostentando el título de Presidente vitalicio del Perú por decisión de los colegios electorales y reelecto por cuatro años más Presidente de la Gran Colombia por votación avasallan te del Congreso de la unión, cuando recibe las noticia de los sucesos de Venezuela que implicaba la destitución del General Páez de la comandancia General de este país y su comparecencia ante el Congreso de Bogotá a rendir cuenta de su conducta que supuestamente consistía en ciertas irregularidades en el reclutamiento de las milicias. Bolívar consideraba que esta medida era impolítica y así se lo manifestó al general Santander.
Sin embargo, debido a la gravedad del caso decidió El Libertador abandonar al Perú y trasladarse a su país natal para tratar de conciliar los ánimos arreglarse con Páez en función de mantener la República de Colombia. Iba Bolívar a salir del Perú para no volver jamás y preparaba su viaje a Venezuela sin pensar que seria el último.
Al enterarse las fuerzas vivas de la sociedad limeña de la partida del Libertador le rogaron que no se fuera, sobre todo las bellas y distinguidas damas peruanas, no obstante Bolívar les respondió así: “Si yo no escuchase mas que los ecos de mi corazón, me quedaría en el Perú; que me ha hechizado, con demostraciones puras de gratitud y de alegría; pero Mi Patria me llama y cuando habla el deber es necesario seguirle en el silencio de todas las afecciones" (3).
El 1 de septiembre encargó del gobierno del Perú al General Santa Cruz y el día 3 se embarcó en El Callao en el bergantín que lo conduciría a la ciudad de Guayaquil. Así comenzaba Bolívar lo que "los historiadores han llamado “La Gran Jornada", que comenzó en Lima el 3 de septiembre de 1826 y terminaba en Caracas el 10 de enero de 1827, después de haber recorrido a caballo, en cuatro meses, con cortos intervalos de descanso, 1346 leguas"(4).
Es decir, un equivalente a 75.000 Kilómetros aproximadamente. Ni Napoleón Bonaparte ni ningún guerrero de la antigüedad recorrió tanta distancia a caballo.
A mediados de octubre llega a Pasto, en su paso por Popayan reflexiona sobre los acontecimientos en Bogotá, en Tocaima se encuentra con Santander después de 5 años; en el ínterin acuerdan el tratamiento político a las nuevas circunstancias. El 14 de noviembre llega a Bogota. En un acto de gobierno el 23 del mismo mes se reserva exclusivamente el poder ejecutivo en el departamento de Venezuela.
A fines de noviembre sale de Bogotá, llega a Cúcuta el 12 de diciembre desde donde ordena que se concentren en Mérida y Trujillo las compañías de granaderos y cazadores de Junín para circunscribir la conspiración y los levantamientos de la gente de Páez a los llanos y al oriente del país.
El 16 de diciembre llegan a Maracaibo Bolívar y el grueso de las tropas que habían logrado reunir en Cúcuta para restablecer el orden en Venezuela.
En esta ciudad emite un controvertido decreto, el día 19, que busca complacer al General Páez pero que desagrada al vice-presidente Santander. El origen de este decreto esta en tratar de evitar una cruenta y larga guerra civil entre venezolanos.
De Maracaibo sigue su itinerario por los Puertos de Altagracia, Casigua, Capatarida, Zazarida, Mitare, Coro, Pueblo Cumarebo hasta Chichiriviche. En este pueblo abordan un bergantín que los trasladara a Tucacas, donde pasan la noche del día 30 de diciembre de 1826.
Al levantar el alba del día 31 El Libertador se embarca de nuevo en Tucacas fijando la proa hacia los destinos de Morón ¿Por qué tomo rumbo hacia Morón pudiendo seguir por mar hasta Puerto Cabello donde tenia pensado establecer su cuartel genera!? ¿En que punto de nuestra geografía desembarcó? Esas interrogantes quedarán sin respuestas por ahora.
Lo cierto es que Bolívar decidió hacer su viaje a Puerto Cabello por tierra y hubo de pasar por esta aldea moronense de 1826. ¿Cuál fue el Morón que Bolívar vio? Era un caserío pequeño ubicado a poca distancia del río que lleva su nombre aunque a sus contornos se notaban campos de labranzas o haciendas que producían mayormente cacao, plátanos, maíz y otros frutos menores. En los años florecientes los frutos de esta tierra se exportaba por la vía del puerto de Puerto Cabello, pero la guerra de independencia había menguado y desbastados todo impulso productivo. Sin embargo, aun los habitantes de este pueblo que no llegaban al medio millar vivían de las labores agrícolas.
A medida que las cabalgaduras se aproximaban al poblado, El Libertador se ensimismaba, trae a sus recuerdos lecturas pretéritas sobre estos pueblos de la costa. Habían sido pueblos formados por el sudor del negro y del látigo ese/avista para extraer de aquellos el cacao que daba mejor vida a los mantuanos, Tenía Bolívar noticias de que esta tierra por donde ahora pasaba, conocida como el valle de Morón en la costa, fue en un tiempo la mayor productora de cacao de toda la jurisdicción de Nigua con 1.740 fanegas, pero que ahora por necesidades de la guerra se le había convertido en una dependencia de Puerto Cabello. Además su ubicación a pocas leguas del mar la hacia un lugar propicio para el contrabando; recordó entonces Bolívar, la rebelión del zambo Andresote contra la compañía Guipuzcoana para defender el comercio con los holandeses.
Serían las once de la mañana cuando entró El Libertador triunfadores sobre la calle polvorienta y seca que conducía a varias rancherías no bien dispuestas en el espacio, pero el ánimo de la multitud que aclamaba a los visitantes recompensaba la fatiga y la inclemencia de aquel sol moronero. En la sonrisa de una negra alborozada creyó ver Bolívar los mimos y la ternura de su negra Hipólita.
El griterío de los moradores no cesaba dando vivas al paso del Libertador, veamos que nos dice al respecto nuestro amigo, el cronista de Puerto Cabello, Miguel Elías Dao: “Negros, Zambos, Mestizos y Criollos, esclavos o no, se integraron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña" (5).
Durante la breve estadía, entre el almuerzo y un descanso, El Libertador contemplaba la iglesia del poblado cuya construcción era de adobe, “cubierta de tejas, y un área de trece varas de largo y siete de ancho y cuenta sólo con un altar"(6). Más alía su caballo y de más bestias se refrescaban y pateaban en las aguas del río Morón.
Bajo una Ceiba adyacente al río, El Libertador meditaba sobre el tratamiento que le daría al General Páez en su inminente encuentro. ¿Cómo conciliar las bajas pasiones de Páez y del intrigante Miguel Peña con los grandes ideales de una patria grande? ¿Cómo tratar aquellos subalternos que en el futuro le impedirían regresar a su país y le negarían el derecho de morir bajo el cielo de su Patria? Que lejos estaba Bolívar de saber que este seria su último viaje a Venezuela, y que precisamente hubo de pasar por Morón.
Porque Bolívar no podía irse de entre los vivos sin venir a Morón Las tribulaciones sobre el porvenir político de la nación aceleraron el viaje de Bolívar hacia Puerto Cabello donde llegaría como a las cinco de la tarde del 31 de diciembre de 1826.
Todavía el Río suena con Ecos de Gloria, pues sus aguas calmaron la Sed de un Potro, cuyo Jinete liberó la mitad del continente que colón había descubierto. Lastima que ya no sea Río.
Libro Crónicas desde Morón - Simón Bolívar en Morón
Muy poco se ha dicho o escrito sobre la visita de El Libertador Simón Bolívar a Morón y, es obvio que así sea. ¿Quién podría interesarse en registrar la estancia de pocas horas de El Libertador en una aldea que a la sazón no llegaba al millar de habitantes? El itinerario documental de Bolívar (Ediciones de la Presidencia de la República) señala el paso del Padre de la Patria por Morón, sin ninguna connotación especial, a no ser como un pueblo más que se encontraba en un punto intermedio a su destino final. Sólo las voces de los poetas e historiadores ligados a este terruño marino han vertido en su brisa odas y semblanzas de aquel día postrero de 1826 para que perenne se mantenga en la conciencia colectiva en desmedro del rutinario olvido.
La prosa fecunda de Miguel Elias Dao nos lleva hacia el anuncio de un hecho trascendente que altera la monotonía de la vida pueblerina y el habitual comportamiento de la naturaleza. Nos dice: "Las casas del pueblo de Morón se llenaron de soles, cuando las luces se encendieron al paso del Libertador. Los gallos desde la madrugada puntearon la mañana, hasta que los cascos de las cabalgaduras entonaron sus cantos desvelados al a golpear suavemente la tierra que recibía su porción de gloria. El anuncio llegó en alas de gaviotas que desviaron su rumbo del mar a la llanura, o tal vez el mensaje se presintió en el canto alegre de laparaulata madrugadora, del arrendajo tragón o del cristofué con su silbido metálico ".
Pero más allá de los textos del poeta, está el contexto histórico en que se desenvuelve la visita de Bolívar a Morón. Soplaban los aires de la disolución de la Gran Colombia. En Venezuela el General Páez, Miguel Peña y demás seguidores se resistían a que Bogotá fuese la capital de aquella, por lo que mostraban su inconformidad criticando al gobierno centralista, las leyes y su constitución. Acusado Páez de desobediencia por el General Juan Escalona ante el senado grancolombiano y ante la vicepresidencia de Santander, se aprueba su destitución como comandante general de Venezuela y es llamado a presentarse ante el congreso de Bogotá. Páez decide acudir a la citación del congreso colombiano, pero en su paso por Valencia es persuadido por el Dr. Miguel Peña para que se rebele contra el gobierno centralista de Bogotá y asuma la jefatura civil y militar de Venezuela, como en efecto lo hizo al prestar juramento ante la municipalidad de Valencia, donde se comprometió a hacer respetar las leyes de la patria y a desobedecer las órdenes de Bogotá. Este movimiento se conoció con el nombre de la Cosiata y fue el primer paso para la separación de Venezuela de la Gran Colombia.
Bolívar, que se encontraba en Perú, regresa a Bogotá el 14 de noviembre de 1826. Decide viajar a Venezuela a calmar los intereses mezquinos y los ánimos separatistas. Iba a volar de un extremo a otro del territorio de su grandiosa obra. Se apertrecha de suficientes tropas en Cúcuta para poner el orden en su patria. El 16 de diciembre llega Bolívar a Maracaibo, luego sigue por los puertos de Altagracia, Casigua, Capatánda, Zazánda, Mitare. El día 23 arriba a la ciudad de Coro, prosigue su ruta por tierra hasta Pueblo Cumarebo y Chichiriviche, allí toma un bergantín que lo traslada a Tucacas, donde pernocta el día 30.
El 31 al amanecer parte hacia Morón, donde llega a las 11 de la mañana, la aldea lo recibió con gran entusiasmo, el pueblo de Morón manifestaba su adhesión al padre de la patria y no conocía de las deslealtades e insinceridades de Páez y de la oligarquía valenciana.
Debió pasar por el estrecho camino real circundado por viejas haciendas de Cacao. La gente lo aclamaba a su paso. Vítores y gritos de alegría rodeaban al héroe. "Ahí estaba Bolívar, bajo el cielo azul de Morón que le ofrecía sus respetos y su sangre. Ahí estaba Bolívar haciendo un alto en el camino... Negros, zambos, mestizos y criollos, esclavos o no se integraron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña, para proseguir su viaje hacia Puerto Cabello, donde llegó a las 5 de la tarde", escribe Miguel Elias Dao.
En Puerto Cabello, Bolívar dicta un indulto perdonando a todos los comprometidos en la conspiración y se comunica con Páez a través de misivas entregadas por José Laurencio Silva y Antonio Leocadio Guzmán al caudillo llanero. En estas cartas Bolívar llama a la reconciliación y a la paz. Se produce la entrevista de Naguanagua, donde Bolívar y Páez se abrazan y celebran un banquete en compañía de Bartolomé Salom, Diego Ibarra, Antonio Leocadio Guzmán, José Laurencio Silva y otros. Sería la última vez que Bolívar viniera a Venezuela cuando pasó por Morón.
Ramón Díaz Sánchez y Luis Correa
Este historiador porteño también es del criterio de este primer ciclo de cronistas Indianos pero le da una mayor importancia y significación a Oviedo y Baños a quién tilda de primer historiador y productor de la historia clásica, aunque admite que éste tuvo su fuente de información en aquellos primeros.
Agrega Díaz a los visitantes foráneos, no españoles, como Humboldt, Depong, Schultz, etc.
Luis Correa no empieza con los cronistas de Indias ni con historiógrafos anteriores a la etapa de la independencia.
Señala el interés de Bolívar por la historia y de las instrucciones que éste dio a O'Leary para la recopilación de la documentación pertinente.
La primera publicación historiográfica con carácter educativo fue la de Feliciano Montenegro y Colón según Correa el cual era un antiguo jefe realista que escribió la historia de Venezuela con su particular punto de vista.
El General Páez, a la sazón, de Venezuela, presidente encomendó a Rafael María Baralt que escribiera otra historia de Venezuela con un sentido más patriótico; así nació "Resumen de la historia de Venezuela".
Hay que hacer notar que Correa no ubica a Baralt entre los historiógrafos de tendencia romanticista como si lo hacen Briceño Iragorry y Díaz Sánchez.
El segundo ciclo llamado por Briceño Iragorry "Heroico" tiene un carácter literario y polémico.
Entre otras cosas busca justificar la independencia exaltando epopeyicamente las grandes hazañas de los héroes.
Es la corriente romántica donde sobresalen el Dr. Francisco Javier Yánez, R.M. Baralt, Juan Vicente González y Felipe Larrazábal.
Díaz Sánchez, hace como una especie de una subdivisión en este ciclo.
Anota el principio un periodo humanístico con intelectuales de espíritu liberal y enciclopédico como Andrés Bello, Miguel José Sanz, Simón Rodríguez, el mismo Bolívar, Cristóbal Mendoza, F.J. Yánez, Coto Paul, Miguel Peña.
Establece luego una plantilla de escritores con tendencia política ideológicos que asumen temas sociales con carácter polémico como Tomás Lander, Valentín Espinal, Antonio Leocadio Guzmán, etc.
(continuará) PD: Se nos fue el trovador José Manuel Parejo; tuve el honor de dar unas palabras de despedidas en su sepelio.
Este músico profesional había nacido en Cantaura (Edo Anzoátegui) en el año de 1921, se vino a Morón el 7 de Octubre de 1973 para sembrarse y germinar en esta tierra como el roble frondoso.
Se casó y vivió toda su vida con una Paraguanera (mi prima) Doña Petra María Coello de Miraca Varaived, de esa unión nació un hermoso varón y actual galán Ramón Parejo Coello.
José Manuel Parejo dominaba a la perfección varios instrumentos de cuerda, pero dicen que era mejor con la mandolina, con ella alegraban muchos corazones y la bohemía de los mórenses.
Se recuerdan sus interpretaciones como "El Tigre", "La Araña", El parrandero, cuerpo cobarde y otras...
Paz a sus restos.
Bolívar y Morón
Quizás resulte un poso extraño el titulo de esta exposición, pero en descargo de esta presunción diremos que el hombre y la presencia bolivariana no es ajena a ningún pueblo desde los confines nevados del macizo andino hasta las calidas aguas del caribe, mas aun, su imagen se acrecienta sobre las riberas del río Grande para convertirse en una gloria de toda la América y su nombre retumba en los oídos de los habitantes del viejo mundo europeo, donde se le admira.
¿Qué raro tiene que hablemos sobre Bolívar Y Morón? A su paso Bolívar visito tantos pueblos y aldeas a los largo y ancho de la geografía Suramericana, en el Perú, en Bolivia, en Colombia, en Ecuador y por su puesto en su país natal. En cada uno de esos pueblos no solo dejo las huellas de su caballo sino que dejo también un pedacito de su gloria y un recuerdo perdurable que trasmonta la barrera de los siglos. Hoy en día se venera con orgullo el árbol donde amarro su caballo o dador de la sombra donde hubo de guarecerse, o también el sitio donde dicto una proclama, se tiene como santuarios para el reencuentro con la historia los inmuebles donde se hospedo o ejecuto una medida para la guerra o un acto de gobierno. En los museos se conservan como reliquias los objetos que a el pertenecieron.
¿Cómo podemos nosotros los moronenses pasar desapercibido el paso del Libertador de medio continente americano por aquella aldea aledaña al río Morón de 1826? ¿Qué circunstancias rodearon el último viaje que El Libertador emprendió a Venezuela? ¿Qué recuerdos? ¿Qué propósitos y pensamientos agobiaban a Bolívar en aquella mañana víspera de año nuevo? ¿Sorbió su caballo el agua del río Morón?
Para responder a estas interrogantes debemos ubicarnos en la ciudad de Lima, en el Perú, en el mes de agosto de 1826. Bolívar había llegado a la cúspide de su gloria y de su figuración histórica; ningún mortal le ganaba en prestigio en América del sur. Pese a la discordia y a la anarquía había conservado unidos a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador en su gran obra: La Gran Colombia. Aun estaban tibias las armas con las que había dado la libertad al Perú, con la creación de Bolivia inmortalizaba su nombre en el alto Perú, había reunido el Congreso de Panamá en la búsqueda de la unión hispanoamericana como garantía de la grandeza histórica y como contrapeso al coloso del norte.
Sin embargo su principal sueño la Gran Colombia- hacia agua por los cuatro costados. En Bogota se imponían las intrigas palaciegas guiadas de las manos y del talento político del Vice-presidente Santander quien solapadamente confabulaba en contra del Libertador para hacerse de la Presidencia de la unión Colombiana.
En el Departamento de Venezuela la situación era mas grave aun, las actitudes separatistas que jugaban a la desintegración de la Gran Colombia se ejecutaban públicamente teniendo como asidero la ambiciosa personalidad del General Páez y los intereses mezquinos y localistas de una sarta de militares y civiles que bajo la direcci6n del Dr. Miguel Peña se empeñaban en echar por tierra la obra de Bolívar. "Las Asambleas y las Juntas se suceden en Caracas y Valencia, y entre las sombras, el Dr. Miguel Peña lleva en sus manos todos los hilos del movimiento separatista que cada día asume mayores proporciones. Ya se habla pública y abiertamente de la separación de Venezuela de la Unión Colombiana. Finalmente, el General Páez convoco al país a elecciones para un Congreso Constituyente que debía instalarse en Valencia" (1).
En el otro Departamento -el de Quito- a la saz6n existía aparentemente un clima de tranquilidad y armonía. Este buen comportamiento de lo que en futuro seria El Ecuador no se debía tanto a que no existiesen tendencias particulares disgregadoras ni porque estuviesen muy a gusto con la unidad colombiana (como se demostraría posteriormente con la secesión del venezolano Juan José Flores) sino porque la larga permanencia de Bolívar en el sur, el brillo de su espada, su gloria y su reputado genio mantenía calmada las asperezas y las ambiciones de los caudillos. No era así el caso de Bogotá y Venezuela. No era humanamente posible que Bolívar estuviese al mismo tiempo en toda la geografía de la Gran Colombia.
Mientras Bolívar tenía en mente agregar a la unión colombiana los territorios recién liberados del Perú y Bolivia para engrandecer su proyecto hispanoamericano, sus conciudadanos y compañeros de armas y de causas se batían en diversos espacios de la unión para dividir lo que había logrado juntar hasta ahora.
Me voy a permitir hacer una cita de nuevo para ilustrar mejor el dilema de Bolívar en este conflictivo año de 1826. “Las inmensas distancias hendidas por caudalosos ríos, cortadas por la muralla verde e impenetrable de la selva, separadas por la mole de granito y nieves de las cimas de los andes, impedían la materialización de sus ideas, la geografía volvía a ser el monstruo que estaba devorando la obra de su vida, a los sueños de su espíritu, a las concepciones de su genio. Una carta tardaba dos meses en llegar a Colombia desde el Perú y tres para alcanzar las costas de Venezuela o del Orinoco. El tenia que estar en todas partes, sólo su voz, su presencia podría ser el aglutinante de la Gran Colombia" (2).
Encontrabase Bolívar en Lima ostentando el título de Presidente vitalicio del Perú por decisión de los colegios electorales y reelecto por cuatro años más Presidente de la Gran Colombia por votación avasallan te del Congreso de la unión, cuando recibe las noticia de los sucesos de Venezuela que implicaba la destitución del General Páez de la comandancia General de este país y su comparecencia ante el Congreso de Bogotá a rendir cuenta de su conducta que supuestamente consistía en ciertas irregularidades en el reclutamiento de las milicias. Bolívar consideraba que esta medida era impolítica y así se lo manifestó al general Santander.
Sin embargo, debido a la gravedad del caso decidió El Libertador abandonar al Perú y trasladarse a su país natal para tratar de conciliar los ánimos arreglarse con Páez en función de mantener la República de Colombia. Iba Bolívar a salir del Perú para no volver jamás y preparaba su viaje a Venezuela sin pensar que seria el último.
Al enterarse las fuerzas vivas de la sociedad limeña de la partida del Libertador le rogaron que no se fuera, sobre todo las bellas y distinguidas damas peruanas, no obstante Bolívar les respondió así: “Si yo no escuchase mas que los ecos de mi corazón, me quedaría en el Perú; que me ha hechizado, con demostraciones puras de gratitud y de alegría; pero Mi Patria me llama y cuando habla el deber es necesario seguirle en el silencio de todas las afecciones" (3).
El 1 de septiembre encargó del gobierno del Perú al General Santa Cruz y el día 3 se embarcó en El Callao en el bergantín que lo conduciría a la ciudad de Guayaquil. Así comenzaba Bolívar lo que "los historiadores han llamado “La Gran Jornada", que comenzó en Lima el 3 de septiembre de 1826 y terminaba en Caracas el 10 de enero de 1827, después de haber recorrido a caballo, en cuatro meses, con cortos intervalos de descanso, 1346 leguas"(4).
Es decir, un equivalente a 75.000 Kilómetros aproximadamente. Ni Napoleón Bonaparte ni ningún guerrero de la antigüedad recorrió tanta distancia a caballo.
A mediados de octubre llega a Pasto, en su paso por Popayan reflexiona sobre los acontecimientos en Bogotá, en Tocaima se encuentra con Santander después de 5 años; en el ínterin acuerdan el tratamiento político a las nuevas circunstancias. El 14 de noviembre llega a Bogota. En un acto de gobierno el 23 del mismo mes se reserva exclusivamente el poder ejecutivo en el departamento de Venezuela.
A fines de noviembre sale de Bogotá, llega a Cúcuta el 12 de diciembre desde donde ordena que se concentren en Mérida y Trujillo las compañías de granaderos y cazadores de Junín para circunscribir la conspiración y los levantamientos de la gente de Páez a los llanos y al oriente del país.
El 16 de diciembre llegan a Maracaibo Bolívar y el grueso de las tropas que habían logrado reunir en Cúcuta para restablecer el orden en Venezuela.
En esta ciudad emite un controvertido decreto, el día 19, que busca complacer al General Páez pero que desagrada al vice-presidente Santander. El origen de este decreto esta en tratar de evitar una cruenta y larga guerra civil entre venezolanos.
De Maracaibo sigue su itinerario por los Puertos de Altagracia, Casigua, Capatarida, Zazarida, Mitare, Coro, Pueblo Cumarebo hasta Chichiriviche. En este pueblo abordan un bergantín que los trasladara a Tucacas, donde pasan la noche del día 30 de diciembre de 1826.
Al levantar el alba del día 31 El Libertador se embarca de nuevo en Tucacas fijando la proa hacia los destinos de Morón ¿Por qué tomo rumbo hacia Morón pudiendo seguir por mar hasta Puerto Cabello donde tenia pensado establecer su cuartel genera!? ¿En que punto de nuestra geografía desembarcó? Esas interrogantes quedarán sin respuestas por ahora.
Lo cierto es que Bolívar decidió hacer su viaje a Puerto Cabello por tierra y hubo de pasar por esta aldea moronense de 1826. ¿Cuál fue el Morón que Bolívar vio? Era un caserío pequeño ubicado a poca distancia del río que lleva su nombre aunque a sus contornos se notaban campos de labranzas o haciendas que producían mayormente cacao, plátanos, maíz y otros frutos menores. En los años florecientes los frutos de esta tierra se exportaba por la vía del puerto de Puerto Cabello, pero la guerra de independencia había menguado y desbastados todo impulso productivo. Sin embargo, aun los habitantes de este pueblo que no llegaban al medio millar vivían de las labores agrícolas.
A medida que las cabalgaduras se aproximaban al poblado, El Libertador se ensimismaba, trae a sus recuerdos lecturas pretéritas sobre estos pueblos de la costa. Habían sido pueblos formados por el sudor del negro y del látigo ese/avista para extraer de aquellos el cacao que daba mejor vida a los mantuanos, Tenía Bolívar noticias de que esta tierra por donde ahora pasaba, conocida como el valle de Morón en la costa, fue en un tiempo la mayor productora de cacao de toda la jurisdicción de Nigua con 1.740 fanegas, pero que ahora por necesidades de la guerra se le había convertido en una dependencia de Puerto Cabello. Además su ubicación a pocas leguas del mar la hacia un lugar propicio para el contrabando; recordó entonces Bolívar, la rebelión del zambo Andresote contra la compañía Guipuzcoana para defender el comercio con los holandeses.
Serían las once de la mañana cuando entró El Libertador triunfadores sobre la calle polvorienta y seca que conducía a varias rancherías no bien dispuestas en el espacio, pero el ánimo de la multitud que aclamaba a los visitantes recompensaba la fatiga y la inclemencia de aquel sol moronero. En la sonrisa de una negra alborozada creyó ver Bolívar los mimos y la ternura de su negra Hipólita.
El griterío de los moradores no cesaba dando vivas al paso del Libertador, veamos que nos dice al respecto nuestro amigo, el cronista de Puerto Cabello, Miguel Elías Dao: “Negros, Zambos, Mestizos y Criollos, esclavos o no, se integraron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña" (5).
Durante la breve estadía, entre el almuerzo y un descanso, El Libertador contemplaba la iglesia del poblado cuya construcción era de adobe, “cubierta de tejas, y un área de trece varas de largo y siete de ancho y cuenta sólo con un altar"(6). Más alía su caballo y de más bestias se refrescaban y pateaban en las aguas del río Morón.
Bajo una Ceiba adyacente al río, El Libertador meditaba sobre el tratamiento que le daría al General Páez en su inminente encuentro. ¿Cómo conciliar las bajas pasiones de Páez y del intrigante Miguel Peña con los grandes ideales de una patria grande? ¿Cómo tratar aquellos subalternos que en el futuro le impedirían regresar a su país y le negarían el derecho de morir bajo el cielo de su Patria? Que lejos estaba Bolívar de saber que este seria su último viaje a Venezuela, y que precisamente hubo de pasar por Morón.
Porque Bolívar no podía irse de entre los vivos sin venir a Morón Las tribulaciones sobre el porvenir político de la nación aceleraron el viaje de Bolívar hacia Puerto Cabello donde llegaría como a las cinco de la tarde del 31 de diciembre de 1826.
Todavía el Río suena con Ecos de Gloria, pues sus aguas calmaron la Sed de un Potro, cuyo Jinete liberó la mitad del continente que colón había descubierto. Lastima que ya no sea Río.
Discurso de incorporación a la Academia de Historia
He considerado pertinente tratar un tema relativamente reciente de nuestra historia contemporánea para mi incorporación como miembro correspondiente a esta prestigiosa academia. Los temas de la paz no interesan a la historia parodiando a un ilustre historiador venezolano. Pero el paludismo no es un yema de la paz, es un tema de la guerra, sólo que esta guerra no se libra entre el mismo genero sino entre el hombre y una plaga, y los protagonistas no son militares sino civiles.
Esta batalla estuvo a punto de perderla el ejercito del hombre, e incluso sus bajas fueron incalculables; media Venezuela estaba arrasada por los autores de la malaria, en nuestro Estado Carabobo la situación no era diferente, las muerte sembraba la desesperanza y la tristeza, sin embargo, en un pueblucho, en un apartado rinconcito de este estado se oyeron los primeros disparos químicos que hirieron de muerte a la numerosa legión de diminutos y poderosos enemigos. Sí, honorables académicos se pagó un precio muy alto en las vidas de tantos venezolanos hasta llegar a la victoria final.
Esta victoria final se inició en Morón – pueblo que me honra con ser su cronista - “cuando se disparó la primera descarga contra el general paludismo y su ejercito de puñales amarrillos†parafraseando a nuestro amigo, el poeta José Joaquín Burgos.
Oigamos entonces una breve reseña sobre esta batalla no convencional.
MORON Y EL ENCUENTRO CON EL PALUDISMO
La malaria era una afección esparcida por las tierras bajas de todo el territorio nacional. Desde los llanos de Barinas y Apure hasta el Delta Amacuro, en bocas del Orinoco; desde San Félix de Guayana hasta los Valles de la Cordillera de la Costa, desde la Hoya del Lago de Maracaibo hasta Aragua de Maturín. Eran 600.000 kilómetros cuadrados de zona contaminada de los 914.000 del territorio venezolano. Habían pueblos y ciudades que eran emblemáticos de la Venezuela con malaria como Ortiz, Parapara, el Distrito de Obispos en Barinas ¿Por qué se escogió Morón para el inicio de la lucha antimalárica?
Se podrá afirmar que fue determinante para la selección de Morón durante la fase inicial de la lucha antimalárica la opinión favorable del doctor Enrique Tejera, entonces presidente del Estado Carabobo. Se indicará que la propuesta del doctor Tejera fue respetada por el nuevo gobierno y especialmente por el nuevo presidente del Estado Carabobo, doctor Manuel García, hecho que también es vinculante, pero ¿acaso no estaba todo el estado Carabobo padeciendo, desde principio del siglo XX, la penosa ruina del paludismo?
El doctor Fabián de Jesús Díaz, en su obra “Vida e Historia de la Medicina en la Provincia†(1.966), expresa lo siguiente:
La morbilidad de la zona era comandada por el paludismo, cuyas exacerbaciones anuales solían concluir con la entrada y salida de las lluvias. La insalubridad de la mayoría de los barrios de la ciudad era producto de las aguas estancadas, de la ausencia total de obras de drenaje, pavimentación y colección de aguas fluviales. La acción providente del estado se reducía, casi sistemáticamente, la distribución de sellos y papeletas de quinina.
El arraigo del mal en el territorio carabobeño era tan evidente que en 1.909, el inspector general de higiene pública señala en un informe que “El Paludismo continua produciendo estragos en nuestra población rural†(ibidem). La malaria en Carabobo era la primera causa de muerte, allí estaba la población más afectada según reporta el doctor Díaz, Ahora en su obra Luís Pérez Carreño (1.966):
Se encontraba mayoritariamente en los sectores del sur de Valencia, había una prevalencia de atacados hacia el sur de la ciudad, en los Municipios de Santa Rosa y Candelaria, donde predominaba la maleza, las aguas sin corriente, la vivienda insana, y la insalubridad ambiental. Los mismos factores, así como una igual y hasta mayor incidencia, regía para las parroquias y vecindarios foráneos: Tocuyito, Los Guayos, Flor Amarillo, La Loma, etc.
La propagación de la malaria llegó a producir un estado mental de preocupación permanente extendida en la opinión general de la población, e incluso en los facultativos, que pasaron a diagnosticar como paludismo cualquier otra enfermedad que presentara síntomas parecidos, y no hacerlo era ir contra el sentido común. El paludismo se encontraba larvado o supuestamente estaba latente, o indirectamente vinculado a otras afecciones. El doctor Pérez Carreño manifestó en una oportunidad que:
“El primer día de la pirexia, entre nosotros –lo de rigor, lo práctico- es referir a la malaria el desequilibrio orgánico y desde luego surge la indicación de la quinina; por que pensar en cualquier otra dolencia es siempre aventurado y en muchos casos es peligroso†(ibidem).
Esta es una de las razones por las cuales las estadísticas de la mortalidad por causa del paludismo es aproximada o imprecisa porque muchas muertes que fueron ocasionadas por otras enfermedades se le atribuían a la malaria y como la elaboración de las actas de defunciones eran potestad de los jefes civiles muchas veces los juicios podían haber sido equivocados:
El paludismo hasta marzo de 1.936 era diagnosticado por el jefe civil u otra persona representativa del poder civil. Pocas veces llegaba el diagnostico médico. Y ya sabemos que para personas no profesionales y de no regular cultura, el paludismo representaba un síndrome anémico cualquiera, sea anquilostomatico o de hambre simplemente (Bengoa y Lecanda, 1.980,169).
Y continúa Bengoa y Lecanda con el tema:
Es curioso observar en el medio rural el porcentaje tan enorme de diagnósticos profanos que hacen de mortalidad por paludismo y tisis. Todo enfermo anímico y raquítico (muchas veces de hambre) es diagnosticado de una de esas dos enfermedades. Por todo ello, a partir de marzo de 1.936, en que ya los diagnósticos eran mayormente de responsabilidad médica bajó tanto la mortalidad por paludismo (ibidem).
No es del todo cierto que a partir de 1.936 sean los médicos o, en el caso del paludismo sea la División de Malariología los que certifiquen las causas de la mortalidad; sobre todo en los pueblos del interior de la república continuaron los jefes civiles haciendo los diagnósticos hasta bien entrado el siglo XX, pudiéndose afirmar que estos siguieron en su labor de diagnósticos sobre todo en los sectores rurales, y sí la mortalidad de los registros de la División de Malariología (1.936), como apunta Bengoa y Lecanda, entonces los resultados no son imputables a diagnósticos errados sino a la verdadera acción emprendida por los erradicadores de la malaria.
El espacio geográfico de Puerto Cabello fue históricamente muy afamado por sus infecciones palúdicas. El General Rafael Urdaneta en 1.813 y el General Páez en 1.822, se quejaban por las menguas de sus ejércitos a consecuencia de las “pestes de calenturas endémicas†o “fiebres malignasâ€.
LA ENFERMEDAD DE LA COSTA
Al oeste de la ciudad de Puerto Cabello se encuentra el pueblo de Morón. Codazzi, en la segunda mitad del siglo XIX refiere que “tan sólo cerca de la costa se encuentra un temple malsano, en las montañas que bañan el Morón, el Alpargatón y el Urama hasta el Yaracuy†(1.960, 393). El sector de Morón ya era reconocido y no precisamente por buenas referencias, el paludismo era el atributo de la costa: “en los suburbios de Puerto Cabello se practica un poblamiento basado en la extracción de sal. Las principales salinas se extienden al oeste de la ciudad. Son áreas malsanas y los salineros están agobiados por el paludismo denominado en esta comarca enfermedad de la costa†(Cunill Grau, 1.987,348). De tal manera que también en la zona de Morón el paludismo era “histórico†ya que tenía una vieja tradición en el área desde tiempos desconocidos favorecido por las condiciones ambientales de clima y topografía. En Morón convergieron una serie de factores como el que explica el cronista Marín: “en cuanto a Morón, el caso es explicable, tierras bajas, situadas casi al nivel del mar, con aguas estancadas por todas partes, era un lugar propicio para la proliferación de los zancudos transmisores del paludismo. El mal se iba intensificando en forma implacable. No había manera de evitarlo†(1.971,25)
Es pertinente continuar con las palabras casi dramáticas del cronista Marín, pero que en realidad pintaban un cuadro de desesperación y angustia:
Se había roto el equilibrio ecológico: el número de sus defunciones era superior al de sus nacimientos. La muerte estaba en acecho por todas partes. Su población disminuía de una manera vertiginosa. Para 1.945, esta se había reducido a 800 habitantes, y no se piense que eran habitantes alegres, contentos de vivir, optimistas del futuro. Nada de eso. Veían un futuro cada vez más tenebroso, algunos de ellos preferían emigrar a otros lugares aún cuando para esto tuvieran que romper los nexos sentimentales que los ligaban al pequeño rincón geográfico donde habían vivido siempre. En esto no hay exageración alguna. El cuadro era sobrio. La funesta y trágica endemia de la malaria se había apoderado de toda la zona. Decir paludismo. Era tanto como decir desolación y muerte (Ibidem).
Las aseveraciones de Marín son muy respetables, pero es importante analizar algunas apreciaciones de la cita del cronista Marín en la búsqueda de mayor objetividad.
El cenco oficial de 1.941, anterior a la aplicación del DDT en Morón, denota un decrecimiento de su población. De 1.933 habitantes (censo de 1.936) la población se redujo a 1.795, es decir perdió 138 habitantes (7,13%) en cinco años. Se diría que el porcentaje es insignificante sino fuera porque la población en general aumentó en ese quinquenio; en el país se incrementó en 486.424 venezolanos, en Carabobo en 19.315 personas. En todos los distritos del Estado Carabobo creció, excepto en Puerto Cabello, donde decreció y específicamente en Morón ¿Cuál fue la causa de la baja de la población Móronense? Probablemente debido a las muertes por malaria y a las consecuentes emigraciones.
Los libros de defunciones de Morón fueron consultados en la prefectura de la localidad para verificar el número de Muertes, la edad de los difuntos y la causa de la muerte. En relación a los registros de las causas de las muertes en realidad no están avalados por profesionales de la medicina y se ha tomado el criterio que aquellas muertes reseñadas como “fiebreâ€, “fiebre cerebralâ€, “fiebre biliosaâ€, etc. Se han incluido como decesos palúdicos por corresponderse estas descripciones con los síntomas más aparentes de la malaria, aunque ello puede inducir al error debido a que otras enfermedades también pueden presentar esta pirexia.
En el quinquenio, (1.936-1.941) el número de defunciones en Morón (355) supera al de nacimientos (335) y del total de ellas el 45 por ciento (161) murieron de paludismo, es decir, de cada dos personas uno moría por ese mal. La curva de las defunciones se cruza con la de nacimientos en 1.940, sigue en alza en 1.941 para colocarse por debajo de los nacimientos en 1.942 y 1.943, vuelve a ascender en 1.944 superando de nuevo las defunciones a los nacimientos. En 1.940 ocurrió la diferencia más sustancial a favor de la mortalidad (91 a 41), en el mismo año las muertes por paludismo (48) es superior al total de nacimientos (41).
Otro elemento que hay que considerar es que en Morón como área endémica, los decesos por paludismo recaen fundamentalmente sobre los individuos con menor capacidad de memoria inmunológica, es decir en aquellas que no han tenido tiempo de adquirirla, en este caso en los infantes. En el segmento 1.936-1945 la mortalidad en los menores de diez años es sumamente alta, la mitad de los difuntos son niño. Proporcionalmente, en el decenio 1.940-1.950, el 53,5 por ciento del total de las personas murieron antes de los diez años, con una mayor suma en los menores de tres años de edad. Fallecían un promedio de treinta y dos niños anuales. De esa alta mortalidad infantil murieron de paludismo en el lapso, 1.936-1.941, el 49,76 por ciento del total general de las defunciones por causa de la malaria el 61,27 por ciento eran niños menores de 10 años.
Una cantidad importante de personas abandonaron el lugar por temor a contraer la enfermedad o fueron tras la búsqueda de mejorar sus condiciones materiales de vida, aquí dejaron el terruño que no les ofrecía perspectivas de progreso por el abatimiento económico de la zona, aunque ello significara romper con los vínculos afectivos como bien lo dijo el cronista Marín, resulta ilustrativo una anécdota del poeta Gottberg:
Otro peón contaba la experiencia de un ganadero de Guarico que regresaba para el hato El Punzón, después de un tiempo en Caracas. Llegado a una que fuere una población floreciente, quizás Ortiz, ya en el atardecer de una pesada jornada de viaje, halló el pueblo desierto. Solo encontró un anciano en el quicio de una puerta. Cuando el viajero le preguntó que había sucedido en el pueblo, el otro, sacando fuerza de la tristeza le respondió: la gente se fue huyéndole al paludismo y los que se quedaron por que se murieron - y que hace usted allí.- esperando la muerte. Contestó, fatalista el vecino (1.987,32)
No puede estar alegre alguien que este esperando la muerte ni otros cuyo medio social sea la desolación y la tragedia. Los 1.975 habitantes que tenía Morón en 1.941, según el censo oficial, se redujeron a 800, datos del cronista Marín. Para el año de 1.945, fecha del rociamiento del DDT, la población bajó a 311 de acuerdo a las palabras de Berti (1.997) “su población 311 habitantes enflaquecidos por la fiebre en 80 ranchos desvencijadosâ€, no es posible tener una cifra oficial de los habitantes de Morón para 1.945, pues es sabido que después del censo de 1.941, se realizó el de 1.950, cinco años después del rociamiento. Sin embargo, es seguro que la población siguió descendiendo en el periodo de 1.942-1.945, aunque las cuotas de natalidad y mortalidad del sector, no ofrecen una diferencia holgada y es solo en 1.944 cuando las defunciones exceden los nacimientos en un número de 18 personas. Para llegar a las sumas poblacionales que aportan Marín (800) y Berti (311) hubo que producirse una emigración en masa de mórenses hacia otros lugares.
Lamentablemente los libros de defunciones consultados en la prefectura de Morón, no contienen los motivos de las muertes de los fallecidos entre 1.942 y 1.946, porque allí se hubiese podido conocer el grado de incidencia malárica en esos cuatro años. Al no tener valores específicos de ese periodo se deben tomar forzosamente los informes disponibles. El paludismo ha debido ser en Morón tan grave en los años que preceden la utilización del insecticida, puesto que de lo contrario no se hubiese seleccionado este pueblo a nivel nacional existiendo otras localidades dramáticamente afectadas por el mal. Es por ello que se debe buscar el alcance y las características de la enfermedad; Berti, en cuanto a Morón señala:
Se criaban los zancudos vectores más peligrosos de Venezuela… existían las tres especies de parásitos causantes de la malaria: maligna o “económicaâ€, benigna y cuartana; bazos grandes con índices esplénicos del 99%. De cada mil personas morían 49 por años… (había) una escuela con 70 niños desnutridos y enfermos (1.997, 48).
Morón compuesto por ranchos de paja y bahareque rodeados de estanques de agua y lagunas por todas partes y un medio social miserable constituía un foco formidable para la proliferación de los zancudos transmisores, convirtiendo así el poblado en un núcleo de endemia palúdica. La localidad Móronense estaba casi al borde del colapso en el primer lustro de la década de los cuarenta, la muerte rondaba en los caminos y en las casas dispersas sus moradores acusaban el martirio de este mal.
De manera pues que había que empezar por Morón la campaña dedetizadora que pondría fin al paludismo en Venezuela.
La organización del evento programado para el día dos de diciembre estuvo a cargo del Ingeniero Gerardo González, jefe del servicio de fomento anti-malarico dependencia de la sección de ingeniería antimalarica de la división de malariología.
La cuadrilla número uno era la encargada de ejecutar el primer rociamiento en un rancho del pueblo de Morón. Esta cuadrilla era comandada por Levi Borges, el primer guarda jefe, y José Manuel Contreras, el guarda – operador; además formaban parte de esta cuadrilla los rociadores Francisco Solórzano, Valentín Gutiérrez, Juan García y Francisco Gutiérrez.
Ese dos de diciembre era día domingo, era un día de feria para Venezuela. Porque cuando “Levi Borges : Guarda jefe de la primera cuadrilla de dedetizadores, llamó a la puerta de un rancho de bahareque y techo de palmas, en el Municipio Moró, estaba comenzando para Venezuela una nueva etapa de profundas transformaciones†(Gottberg, 1.987, 56).
El primer rancho rociado con DDT por la cuadrilla número uno era de Melecio Castillo y María Pacheco, para ello se utilizó el DDT de grado técnico al 100 por ciento y polvo humedecido al 50 por ciento. El rociamiento debía ser completo y muy cuidadoso, lo suficientemente rociada la vivienda con el insecticida para que la acción residual durara por el tiempo previsto; debían hacerse nuevos rociamientos cada tres meses.
Estuvieron presentes en este hito de la historia contemporánea de Venezuela, aparte de los ya nombrados, las siguientes personalidades: El doctor Arnoldo Gabaldón, el Ingeniero Arturo Luís Berti, el doctor Manuel García, presidente del Estado Carabobo, Ricardo Montilla, presidente del estado Guarico, el doctor Manuel Salvador Barreto, malariólogo de Puerto Cabello, el doctor Lacenio Guerrero, medico jefe de la zona II de Malariología del estado Carabobo, el Ingeniero Rafael Sardi y el doctor Antonio Gómez Marcano de la sección de actividades médicas.
En el lugar donde se encontraba el rancho desvencijado rociado con DDT se construyó unas décadas después. – Inaugurado el dos de diciembre de 1.955 – un obelisco con un redondel de piedra donde yace al pie del mismo en una cama también de piedra, un Anópheles muerto construido en metal. Este monumento fue construido por iniciativa del Club de Leones de Valencia.
Desde el primer rociamiento en Morón “se pasó a 55 cuadrillas en 1.948 y a 96 en 1.952, efectuando un considerable número de rociamientos intradomiciliario; en efecto, durante el periodo de 1.945 – 1.994 fueron realizados un total de 24.121 rociamientos†(Guerrero y Borges, 1.995, 11).
La acción de los deditazadores se extendió de Carabobo al Estado Aragua, de allí pasó a otras zonas de fuerte incidencia palúdica como las tierras regadas por el Río Orinoco. En 1.947 el rociamiento se llevó a cabo en el extenso territorio comprendido entre Puerto Ayacucho y la desembocadura del Orinoco en el actual Estado Delta Amacuro.
SEÑORES
MUCHAS GRACIAS…………….
BIBLIOGRAFIA
Bengoa y Lecanda, J. M. (1.980). MEDICINA SOCIAL EN EL MEDIO RURAL VENEZOLANO. (Reedición de la versión original de 1.940) Valencia. Universidad de Carabobo. Facultad de Ciencias de la Salud.
Berti, L. A. (1.997). ARNOLDO GABALDON. Caracas. Ediciones del Congreso de la República, Imprenta Nacional.
Codazzi, A. (1.960). OBRAS ESCOGIDAS. Caracas. Ediciones del Ministerio de Educación. Biblioteca Venezolana de Cultura. Dirección de Cultura y Bellas artes.
Cunill Grau, P. (1.987). GEOGRAFIA DEL POBLAMIENTO VENEZOLANO EN EL SIGLO XIX. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la República.
Díaz, F. (1.966). Dr. LUIS PEREZ CARREÑO. (1.866 – 1.966). Valencia. Publicaciones del Concejo Municipal de Valencia. Talleres gráficos de París en América, S. A.
________ (1.966) VIDA E HISTORIA DE LA MEDICINA EN LA PROVINCIA. Ediciones del Ejecutivo del Estado Carabobo.
Gottberg, C. (1.987). IMAGEN Y HUELLA DE ARNOLDO GABALDON. Caracas. Editorial INTERFUNDACIONES.
Guerrero, L. y Borges. (1.998). ARNOLDO GABALDON, UN PROCER CIVIL. Maracay. Editorial El Aragüeño.
Marín, A. (1.971). MORON AVE FENIX DE CARABOBO. Valencia. Ediciones de la PETROQUIMICA.
O. C. E. I. CENSO GENE
Discurso de incorporación a la Academia de Historia
He considerado pertinente tratar un tema relativamente reciente de nuestra historia contemporánea para mi incorporación como miembro correspondiente a esta prestigiosa academia. Los temas de la paz no interesan a la historia parodiando a un ilustre historiador venezolano. Pero el paludismo no es un yema de la paz, es un tema de la guerra, sólo que esta guerra no se libra entre el mismo genero sino entre el hombre y una plaga, y los protagonistas no son militares sino civiles.
Esta batalla estuvo a punto de perderla el ejercito del hombre, e incluso sus bajas fueron incalculables; media Venezuela estaba arrasada por los autores de la malaria, en nuestro Estado Carabobo la situación no era diferente, las muerte sembraba la desesperanza y la tristeza, sin embargo, en un pueblucho, en un apartado rinconcito de este estado se oyeron los primeros disparos químicos que hirieron de muerte a la numerosa legión de diminutos y poderosos enemigos. Sí, honorables académicos se pagó un precio muy alto en las vidas de tantos venezolanos hasta llegar a la victoria final.
Esta victoria final se inició en Morón – pueblo que me honra con ser su cronista - “cuando se disparó la primera descarga contra el general paludismo y su ejercito de puñales amarrillos†parafraseando a nuestro amigo, el poeta José Joaquín Burgos.
Oigamos entonces una breve reseña sobre esta batalla no convencional.
MORON Y EL ENCUENTRO CON EL PALUDISMO
La malaria era una afección esparcida por las tierras bajas de todo el territorio nacional. Desde los llanos de Barinas y Apure hasta el Delta Amacuro, en bocas del Orinoco; desde San Félix de Guayana hasta los Valles de la Cordillera de la Costa, desde la Hoya del Lago de Maracaibo hasta Aragua de Maturín. Eran 600.000 kilómetros cuadrados de zona contaminada de los 914.000 del territorio venezolano. Habían pueblos y ciudades que eran emblemáticos de la Venezuela con malaria como Ortiz, Parapara, el Distrito de Obispos en Barinas ¿Por qué se escogió Morón para el inicio de la lucha antimalárica?
Se podrá afirmar que fue determinante para la selección de Morón durante la fase inicial de la lucha antimalárica la opinión favorable del doctor Enrique Tejera, entonces presidente del Estado Carabobo. Se indicará que la propuesta del doctor Tejera fue respetada por el nuevo gobierno y especialmente por el nuevo presidente del Estado Carabobo, doctor Manuel García, hecho que también es vinculante, pero ¿acaso no estaba todo el estado Carabobo padeciendo, desde principio del siglo XX, la penosa ruina del paludismo?
El doctor Fabián de Jesús Díaz, en su obra “Vida e Historia de la Medicina en la Provincia†(1.966), expresa lo siguiente:
La morbilidad de la zona era comandada por el paludismo, cuyas exacerbaciones anuales solían concluir con la entrada y salida de las lluvias. La insalubridad de la mayoría de los barrios de la ciudad era producto de las aguas estancadas, de la ausencia total de obras de drenaje, pavimentación y colección de aguas fluviales. La acción providente del estado se reducía, casi sistemáticamente, la distribución de sellos y papeletas de quinina.
El arraigo del mal en el territorio carabobeño era tan evidente que en 1.909, el inspector general de higiene pública señala en un informe que “El Paludismo continua produciendo estragos en nuestra población rural†(ibidem). La malaria en Carabobo era la primera causa de muerte, allí estaba la población más afectada según reporta el doctor Díaz, Ahora en su obra Luís Pérez Carreño (1.966):
Se encontraba mayoritariamente en los sectores del sur de Valencia, había una prevalencia de atacados hacia el sur de la ciudad, en los Municipios de Santa Rosa y Candelaria, donde predominaba la maleza, las aguas sin corriente, la vivienda insana, y la insalubridad ambiental. Los mismos factores, así como una igual y hasta mayor incidencia, regía para las parroquias y vecindarios foráneos: Tocuyito, Los Guayos, Flor Amarillo, La Loma, etc.
La propagación de la malaria llegó a producir un estado mental de preocupación permanente extendida en la opinión general de la población, e incluso en los facultativos, que pasaron a diagnosticar como paludismo cualquier otra enfermedad que presentara síntomas parecidos, y no hacerlo era ir contra el sentido común. El paludismo se encontraba larvado o supuestamente estaba latente, o indirectamente vinculado a otras afecciones. El doctor Pérez Carreño manifestó en una oportunidad que:
“El primer día de la pirexia, entre nosotros –lo de rigor, lo práctico- es referir a la malaria el desequilibrio orgánico y desde luego surge la indicación de la quinina; por que pensar en cualquier otra dolencia es siempre aventurado y en muchos casos es peligroso†(ibidem).
Esta es una de las razones por las cuales las estadísticas de la mortalidad por causa del paludismo es aproximada o imprecisa porque muchas muertes que fueron ocasionadas por otras enfermedades se le atribuían a la malaria y como la elaboración de las actas de defunciones eran potestad de los jefes civiles muchas veces los juicios podían haber sido equivocados:
El paludismo hasta marzo de 1.936 era diagnosticado por el jefe civil u otra persona representativa del poder civil. Pocas veces llegaba el diagnostico médico. Y ya sabemos que para personas no profesionales y de no regular cultura, el paludismo representaba un síndrome anémico cualquiera, sea anquilostomatico o de hambre simplemente (Bengoa y Lecanda, 1.980,169).
Y continúa Bengoa y Lecanda con el tema:
Es curioso observar en el medio rural el porcentaje tan enorme de diagnósticos profanos que hacen de mortalidad por paludismo y tisis. Todo enfermo anímico y raquítico (muchas veces de hambre) es diagnosticado de una de esas dos enfermedades. Por todo ello, a partir de marzo de 1.936, en que ya los diagnósticos eran mayormente de responsabilidad médica bajó tanto la mortalidad por paludismo (ibidem).
No es del todo cierto que a partir de 1.936 sean los médicos o, en el caso del paludismo sea la División de Malariología los que certifiquen las causas de la mortalidad; sobre todo en los pueblos del interior de la república continuaron los jefes civiles haciendo los diagnósticos hasta bien entrado el siglo XX, pudiéndose afirmar que estos siguieron en su labor de diagnósticos sobre todo en los sectores rurales, y sí la mortalidad de los registros de la División de Malariología (1.936), como apunta Bengoa y Lecanda, entonces los resultados no son imputables a diagnósticos errados sino a la verdadera acción emprendida por los erradicadores de la malaria.
El espacio geográfico de Puerto Cabello fue históricamente muy afamado por sus infecciones palúdicas. El General Rafael Urdaneta en 1.813 y el General Páez en 1.822, se quejaban por las menguas de sus ejércitos a consecuencia de las “pestes de calenturas endémicas†o “fiebres malignasâ€.
LA ENFERMEDAD DE LA COSTA
Al oeste de la ciudad de Puerto Cabello se encuentra el pueblo de Morón. Codazzi, en la segunda mitad del siglo XIX refiere que “tan sólo cerca de la costa se encuentra un temple malsano, en las montañas que bañan el Morón, el Alpargatón y el Urama hasta el Yaracuy†(1.960, 393). El sector de Morón ya era reconocido y no precisamente por buenas referencias, el paludismo era el atributo de la costa: “en los suburbios de Puerto Cabello se practica un poblamiento basado en la extracción de sal. Las principales salinas se extienden al oeste de la ciudad. Son áreas malsanas y los salineros están agobiados por el paludismo denominado en esta comarca enfermedad de la costa†(Cunill Grau, 1.987,348). De tal manera que también en la zona de Morón el paludismo era “histórico†ya que tenía una vieja tradición en el área desde tiempos desconocidos favorecido por las condiciones ambientales de clima y topografía. En Morón convergieron una serie de factores como el que explica el cronista Marín: “en cuanto a Morón, el caso es explicable, tierras bajas, situadas casi al nivel del mar, con aguas estancadas por todas partes, era un lugar propicio para la proliferación de los zancudos transmisores del paludismo. El mal se iba intensificando en forma implacable. No había manera de evitarlo†(1.971,25)
Es pertinente continuar con las palabras casi dramáticas del cronista Marín, pero que en realidad pintaban un cuadro de desesperación y angustia:
Se había roto el equilibrio ecológico: el número de sus defunciones era superior al de sus nacimientos. La muerte estaba en acecho por todas partes. Su población disminuía de una manera vertiginosa. Para 1.945, esta se había reducido a 800 habitantes, y no se piense que eran habitantes alegres, contentos de vivir, optimistas del futuro. Nada de eso. Veían un futuro cada vez más tenebroso, algunos de ellos preferían emigrar a otros lugares aún cuando para esto tuvieran que romper los nexos sentimentales que los ligaban al pequeño rincón geográfico donde habían vivido siempre. En esto no hay exageración alguna. El cuadro era sobrio. La funesta y trágica endemia de la malaria se había apoderado de toda la zona. Decir paludismo. Era tanto como decir desolación y muerte (Ibidem).
Las aseveraciones de Marín son muy respetables, pero es importante analizar algunas apreciaciones de la cita del cronista Marín en la búsqueda de mayor objetividad.
El cenco oficial de 1.941, anterior a la aplicación del DDT en Morón, denota un decrecimiento de su población. De 1.933 habitantes (censo de 1.936) la población se redujo a 1.795, es decir perdió 138 habitantes (7,13%) en cinco años. Se diría que el porcentaje es insignificante sino fuera porque la población en general aumentó en ese quinquenio; en el país se incrementó en 486.424 venezolanos, en Carabobo en 19.315 personas. En todos los distritos del Estado Carabobo creció, excepto en Puerto Cabello, donde decreció y específicamente en Morón ¿Cuál fue la causa de la baja de la población Móronense? Probablemente debido a las muertes por malaria y a las consecuentes emigraciones.
Los libros de defunciones de Morón fueron consultados en la prefectura de la localidad para verificar el número de Muertes, la edad de los difuntos y la causa de la muerte. En relación a los registros de las causas de las muertes en realidad no están avalados por profesionales de la medicina y se ha tomado el criterio que aquellas muertes reseñadas como “fiebreâ€, “fiebre cerebralâ€, “fiebre biliosaâ€, etc. Se han incluido como decesos palúdicos por corresponderse estas descripciones con los síntomas más aparentes de la malaria, aunque ello puede inducir al error debido a que otras enfermedades también pueden presentar esta pirexia.
En el quinquenio, (1.936-1.941) el número de defunciones en Morón (355) supera al de nacimientos (335) y del total de ellas el 45 por ciento (161) murieron de paludismo, es decir, de cada dos personas uno moría por ese mal. La curva de las defunciones se cruza con la de nacimientos en 1.940, sigue en alza en 1.941 para colocarse por debajo de los nacimientos en 1.942 y 1.943, vuelve a ascender en 1.944 superando de nuevo las defunciones a los nacimientos. En 1.940 ocurrió la diferencia más sustancial a favor de la mortalidad (91 a 41), en el mismo año las muertes por paludismo (48) es superior al total de nacimientos (41).
Otro elemento que hay que considerar es que en Morón como área endémica, los decesos por paludismo recaen fundamentalmente sobre los individuos con menor capacidad de memoria inmunológica, es decir en aquellas que no han tenido tiempo de adquirirla, en este caso en los infantes. En el segmento 1.936-1945 la mortalidad en los menores de diez años es sumamente alta, la mitad de los difuntos son niño. Proporcionalmente, en el decenio 1.940-1.950, el 53,5 por ciento del total de las personas murieron antes de los diez años, con una mayor suma en los menores de tres años de edad. Fallecían un promedio de treinta y dos niños anuales. De esa alta mortalidad infantil murieron de paludismo en el lapso, 1.936-1.941, el 49,76 por ciento del total general de las defunciones por causa de la malaria el 61,27 por ciento eran niños menores de 10 años.
Una cantidad importante de personas abandonaron el lugar por temor a contraer la enfermedad o fueron tras la búsqueda de mejorar sus condiciones materiales de vida, aquí dejaron el terruño que no les ofrecía perspectivas de progreso por el abatimiento económico de la zona, aunque ello significara romper con los vínculos afectivos como bien lo dijo el cronista Marín, resulta ilustrativo una anécdota del poeta Gottberg:
Otro peón contaba la experiencia de un ganadero de Guarico que regresaba para el hato El Punzón, después de un tiempo en Caracas. Llegado a una que fuere una población floreciente, quizás Ortiz, ya en el atardecer de una pesada jornada de viaje, halló el pueblo desierto. Solo encontró un anciano en el quicio de una puerta. Cuando el viajero le preguntó que había sucedido en el pueblo, el otro, sacando fuerza de la tristeza le respondió: la gente se fue huyéndole al paludismo y los que se quedaron por que se murieron - y que hace usted allí.- esperando la muerte. Contestó, fatalista el vecino (1.987,32)
No puede estar alegre alguien que este esperando la muerte ni otros cuyo medio social sea la desolación y la tragedia. Los 1.975 habitantes que tenía Morón en 1.941, según el censo oficial, se redujeron a 800, datos del cronista Marín. Para el año de 1.945, fecha del rociamiento del DDT, la población bajó a 311 de acuerdo a las palabras de Berti (1.997) “su población 311 habitantes enflaquecidos por la fiebre en 80 ranchos desvencijadosâ€, no es posible tener una cifra oficial de los habitantes de Morón para 1.945, pues es sabido que después del censo de 1.941, se realizó el de 1.950, cinco años después del rociamiento. Sin embargo, es seguro que la población siguió descendiendo en el periodo de 1.942-1.945, aunque las cuotas de natalidad y mortalidad del sector, no ofrecen una diferencia holgada y es solo en 1.944 cuando las defunciones exceden los nacimientos en un número de 18 personas. Para llegar a las sumas poblacionales que aportan Marín (800) y Berti (311) hubo que producirse una emigración en masa de mórenses hacia otros lugares.
Lamentablemente los libros de defunciones consultados en la prefectura de Morón, no contienen los motivos de las muertes de los fallecidos entre 1.942 y 1.946, porque allí se hubiese podido conocer el grado de incidencia malárica en esos cuatro años. Al no tener valores específicos de ese periodo se deben tomar forzosamente los informes disponibles. El paludismo ha debido ser en Morón tan grave en los años que preceden la utilización del insecticida, puesto que de lo contrario no se hubiese seleccionado este pueblo a nivel nacional existiendo otras localidades dramáticamente afectadas por el mal. Es por ello que se debe buscar el alcance y las características de la enfermedad; Berti, en cuanto a Morón señala:
Se criaban los zancudos vectores más peligrosos de Venezuela… existían las tres especies de parásitos causantes de la malaria: maligna o “económicaâ€, benigna y cuartana; bazos grandes con índices esplénicos del 99%. De cada mil personas morían 49 por años… (había) una escuela con 70 niños desnutridos y enfermos (1.997, 48).
Morón compuesto por ranchos de paja y bahareque rodeados de estanques de agua y lagunas por todas partes y un medio social miserable constituía un foco formidable para la proliferación de los zancudos transmisores, convirtiendo así el poblado en un núcleo de endemia palúdica. La localidad Móronense estaba casi al borde del colapso en el primer lustro de la década de los cuarenta, la muerte rondaba en los caminos y en las casas dispersas sus moradores acusaban el martirio de este mal.
De manera pues que había que empezar por Morón la campaña dedetizadora que pondría fin al paludismo en Venezuela.
La organización del evento programado para el día dos de diciembre estuvo a cargo del Ingeniero Gerardo González, jefe del servicio de fomento anti-malarico dependencia de la sección de ingeniería antimalarica de la división de malariología.
La cuadrilla número uno era la encargada de ejecutar el primer rociamiento en un rancho del pueblo de Morón. Esta cuadrilla era comandada por Levi Borges, el primer guarda jefe, y José Manuel Contreras, el guarda – operador; además formaban parte de esta cuadrilla los rociadores Francisco Solórzano, Valentín Gutiérrez, Juan García y Francisco Gutiérrez.
Ese dos de diciembre era día domingo, era un día de feria para Venezuela. Porque cuando “Levi Borges : Guarda jefe de la primera cuadrilla de dedetizadores, llamó a la puerta de un rancho de bahareque y techo de palmas, en el Municipio Moró, estaba comenzando para Venezuela una nueva etapa de profundas transformaciones†(Gottberg, 1.987, 56).
El primer rancho rociado con DDT por la cuadrilla número uno era de Melecio Castillo y María Pacheco, para ello se utilizó el DDT de grado técnico al 100 por ciento y polvo humedecido al 50 por ciento. El rociamiento debía ser completo y muy cuidadoso, lo suficientemente rociada la vivienda con el insecticida para que la acción residual durara por el tiempo previsto; debían hacerse nuevos rociamientos cada tres meses.
Estuvieron presentes en este hito de la historia contemporánea de Venezuela, aparte de los ya nombrados, las siguientes personalidades: El doctor Arnoldo Gabaldón, el Ingeniero Arturo Luís Berti, el doctor Manuel García, presidente del Estado Carabobo, Ricardo Montilla, presidente del estado Guarico, el doctor Manuel Salvador Barreto, malariólogo de Puerto Cabello, el doctor Lacenio Guerrero, medico jefe de la zona II de Malariología del estado Carabobo, el Ingeniero Rafael Sardi y el doctor Antonio Gómez Marcano de la sección de actividades médicas.
En el lugar donde se encontraba el rancho desvencijado rociado con DDT se construyó unas décadas después. – Inaugurado el dos de diciembre de 1.955 – un obelisco con un redondel de piedra donde yace al pie del mismo en una cama también de piedra, un Anópheles muerto construido en metal. Este monumento fue construido por iniciativa del Club de Leones de Valencia.
Desde el primer rociamiento en Morón “se pasó a 55 cuadrillas en 1.948 y a 96 en 1.952, efectuando un considerable número de rociamientos intradomiciliario; en efecto, durante el periodo de 1.945 – 1.994 fueron realizados un total de 24.121 rociamientos†(Guerrero y Borges, 1.995, 11).
La acción de los deditazadores se extendió de Carabobo al Estado Aragua, de allí pasó a otras zonas de fuerte incidencia palúdica como las tierras regadas por el Río Orinoco. En 1.947 el rociamiento se llevó a cabo en el extenso territorio comprendido entre Puerto Ayacucho y la desembocadura del Orinoco en el actual Estado Delta Amacuro.
SEÑORES
MUCHAS GRACIAS…………….
BIBLIOGRAFIA
Bengoa y Lecanda, J. M. (1.980). MEDICINA SOCIAL EN EL MEDIO RURAL VENEZOLANO. (Reedición de la versión original de 1.940) Valencia. Universidad de Carabobo. Facultad de Ciencias de la Salud.
Berti, L. A. (1.997). ARNOLDO GABALDON. Caracas. Ediciones del Congreso de la República, Imprenta Nacional.
Codazzi, A. (1.960). OBRAS ESCOGIDAS. Caracas. Ediciones del Ministerio de Educación. Biblioteca Venezolana de Cultura. Dirección de Cultura y Bellas artes.
Cunill Grau, P. (1.987). GEOGRAFIA DEL POBLAMIENTO VENEZOLANO EN EL SIGLO XIX. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la República.
Díaz, F. (1.966). Dr. LUIS PEREZ CARREÑO. (1.866 – 1.966). Valencia. Publicaciones del Concejo Municipal de Valencia. Talleres gráficos de París en América, S. A.
________ (1.966) VIDA E HISTORIA DE LA MEDICINA EN LA PROVINCIA. Ediciones del Ejecutivo del Estado Carabobo.
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O. C. E. I. CENSO GENE