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Inmigración Europea en Puerto Cabello 🔍

Según Alexis Coello, desde el siglo XIX se establecieron familias ligadas al sector comercial con apellidos como Boulton, Blohm, Kolster, Bhss, Gerstl, Rómer, Bredmeyer, Senatolli, Gentnzen, Blaash, Valarino, Chaumer, Lesseur, Fortune, Gaerste, Nahmens, Remesen, Frey, Sterling, Phelp, Perrone y Schucht.

impacto: Aportes en economía, artes, letras y medicina
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Crónica Web #486

Libro Crónicas desde Morón - Perfiles

Libro Crónicas desde Morón - Perfiles
La estructura económica y social de la Venezuela colonial plasmó características específicas en cuanto a la composición, concentración y distribución de la población así como también delineó parámetros culturales peculiares de cada una de las localidades. Caracas y Valencia, esta última en menor medida, fueron los núcleos urbanos de mayor densidad en el centro del país. Maracaibo en el occidente. Estas ciudades llegaron a convertirse en el asiento preferido de los estratos poderoso tanto en lo económico como en lo político, obviamente gozaban en una mayor rentabilidad derivada de la comercialización en el exterior de los productos agrícolas, de modo que en estas ciudades se van a producir estilos de vida diferentes a las de su contorno rural.
Los puertos sirven de puntos intermediarios que enlazan los centros productivos con los mercados de ultramar resguardando los beneficios de los radicados en el espacio urbano. Esto sucede dentro del marco de las llamadas economías de puerto o economías de enclave donde ocurre el fortalecimiento de oligarquías exportadoras e importadoras y de pequeños núcleos de capital comercial portuario dependientes de la burguesía internacional, y más aún para las últimas décadas del siglo XVIII la burguesía comercial criolla -señala Brito Figueroa- "es el resultado del fortalecimiento de las conexiones de la economía venezolana con el mercado capitalista mundial de los cuadros de un país carente de todo desarrollo industrial".
Unidos a la capital y a las operaciones de mercado se establecieron en las adyacencias de los puertos -La Guaira y Puerto Cabello- casas comerciales extranjeras con su correspondiente contingente humano dando origen a una no desdeñable inmigración europea (no española) compuesta por alemanes, ingleses, italianos franceses, holandeses, etc. Un censo de 1894 nos revela que casi un 10% de inmigrantes integraban la población de Puerto Cabello en aquel entonces; de un total de 13.676 habitantes, existían 131 alemanes, 33 daneses, 29 colombianos, 48 franceses, 725 holandeses, 44 ingleses, 15 italianos y 53 de otras naciones.
Es por ello que desde el siglo pasado es común encontrar en Puerto Cabello, ligados a los sectores comerciales los apellidos, Boulton, Blohm, Kolster, Bhss, Gerstl, Rómer, Bredmeyer, Senatolli, Gentnzen, Blaash, Valarino, Chaumer, Lesseur, Fortune, Gaerste, Nahmens, Remesen, Frey, Sterling, Phelp, Perrone, Schucht, etc, de allí que puerto Cabello estuviese en el pasado un cementerio especialmente para los alemanes.
Estos sectores comerciales buscaron formas organizativas y no es casual que las primeras cámaras de comercio que se fundaron sean las de Caracas (La Guaira), Maracaibo y Puerto Cabello en 1894 y "en esta acta constitutiva -la de puerto Cabello-y firmando los primeros estatutos de la Cámara hay nueve firmas de origen extranjero de las 22 que la integraban ". La influencia de estos grupos de inmigrantes fue de determinar para la formación de los patrones culturales del gentilicio porteño, ellos dieron un aporte importante no sólo en el campo económico sino también en el campo de las artes, las letras, la medicina etc., que van a ser vitales para el forjamiento de una entidad cultural basada en el híbrido de elementos foráneos provenientes del viejo continente con los rasgos autóctonos más el ingrediente africano.
Fuera del hinterland portuario vamos a encontrar, como reminiscencia de las plantaciones cacaoteras, la persistencia de lo negro en Patanemo, Goaigoaza, Borburata y San Millán que junto con Morón y Urama forman parte de la franja costa-caribe que va desde Pana hasta la penínsulas de Paraguaná. En otros tiempos hablar de cacao era hablar del negro o viceversa, histórica simbiosis que ha dejado su legado, además, en los valles de Yaracuy y en costa sur del Lago de Maracaibo.
En todo estos lugares en condición sinc qua non el culto a San Juan Bautista. En Urama se le veneró desde antaño, ya en 1723 el cura de Cagua encontró una iglesia de paja destinada a la adoración del santo. La carga cultural negroide no se reduce solamente al culto de San Juan Bautista, al baile de la hamaca, al toque de tambor: es también supersticiones y creencias ancestrales, hábitos, costumbre etc. En este aspecto Morón difiere un poco de Urama: este último ha preservado su esencia negroide mientras que el primero se ha diluido por la invasión de falconianos que desde hace mucho tiempo constituyen el grueso de su población y yuxtaponiendo otros caracteres de cierta consideración.
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