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Manco Bohórquez 🔍

Según Alexis Coello, se desplazó desde La Charneca para observar el incendio en el edificio Mercantil Caracas.

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Bohórquez 🔍

Según el autor del texto, apodado el manco Bohórquez, acudió desde La Charneca a observar el incendio.

alias: El manco Bohórquez
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Bohórquez 🔍

Según Eulogio González, conocido como el manco Bohórquez, es miembro de la plana mayor del partido La Hormiga.

apodo: El manco
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Bernacasar Moreno 🔍

Según el autor del texto, es el propietario del establecimiento La Morenera, quien cerró su negocio ante la proximidad del incendio.

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Bernacasar Moreno 🔍

Según Alexis Coello, procedió a cerrar su establecimiento 'La Moronera' al iniciarse el incendio, desalojando a los clientes que se encontraban en el sitio.

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Carlos Columbo 🔍

Según Eulogio González, es integrante de la plana mayor del partido político La Hormiga.

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Dalia Reyes 🔍

Según el autor del texto, se trasladó con su familia desde el barrio Coro hasta La Encrucijada motivada por el incendio.

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Dalia Reyes 🔍

Según Alexis Coello, se trasladó desde el barrio Coro junto a su familia para presenciar el evento en la encrucijada.

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Doris 🔍

Según el autor del texto, es la encargada de un kiosko de periódicos ubicado en las cercanías del sitio del suceso.

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Emiro Reyes 🔍

Según el autor del texto, se dirigía desde el barrio El Mamón hacia una peluquería al momento del siniestro.

procedencia: Barrio El Mamón
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Emiro Reyes 🔍

Según Alexis Coello, venía corriendo desde el barrio El Mamón con rumbo a una peluquería lejana al incendio.

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Fallecí 🔍

Según Alexis Coello, es el dueño del negocio 'La Linda'. Ante los comentarios de la multitud, ordenó rebajar los precios de sus artefactos mediante nuevas etiquetas.

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Falled 🔍

Según el autor del texto, es el dueño del comercio La Linda, quien ordenó rebajar los precios de sus artefactos tras oír comentarios xenofóbicos de la multitud durante el incendio adyacente.

comercio: La Linda
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Fuque 🔍

Según el autor del texto, acudió como curioso al incendio desde el barrio Coro junto a la familia de Dalia Reyes.

procedencia: Barrio Coro
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Manuel Suárez 🔍

Según el autor del texto, se encontraba libando en el negocio La Morenera al momento de iniciarse el incendio y fue sacado del lugar por el dueño del local.

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Manuel Suárez 🔍

Mencionado por Alexis Coello como uno de los individuos que se encontraba libando en La Moronera al momento de ser desalojado por el incendio.

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Mono Blanco 🔍

Según el autor del texto, acudió al sitio del incendio desde el barrio El Trapiche junto con su cuadrilla.

procedencia: Barrio El Trapiche
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Monoblanco 🔍

Proveniente del barrio El Trapiche, acudió con su cuadrilla al lugar del incendio en calidad de curioso, según relata Alexis Coello.

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Moreno o Quintana 🔍

Según Eulogio González, son sujetos de apellido Moreno o Quintana que atendían un kiosco de periódicos cerca de la avenida Carabobo.

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Morillo 🔍

Según el autor del texto, es un ciudadano invidente que posee un kiosko de terminales y fue el primero en divisar las lengüetadas de fuego y dar la voz de alerta a los vecinos.

condicion fisica: Ciego
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Morillo 🔍

Conocido como el ciego Morillo. Según Alexis Coello, fue la primera persona en avistar las llamas desde su kiosko de terminales y dar la alarma a los vecinos.

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Norman Colmenares 🔍

Según el autor del texto, acudió al local tras la extinción del fuego con el fin de ofrecer sus servicios de pintura a los dueños del inmueble.

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Norman Colmenares 🔍

Según Alexis Coello, llegó al local una vez extinguido el fuego con el fin de contactar a los propietarios para ofrecer sus servicios de pintura.

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Omar Sirit 🔍

Según Eulogio González, forma parte de la dirección del partido político La Hormiga en Morón.

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Onésimo Riera 🔍

Según el autor del texto, propietario de un vehículo que chocó con el de Saavedra en la prisa por huir del sitio del incendio, terminando su recorrido en Urama.

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Onésimo Riera 🔍

Según Alexis Coello, chocó su vehículo contra el de Saavedra en la prisa por huir del lugar del incendio; posteriormente saltó la isla y huyó hacia Urama.

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Saavedra 🔍

Según el autor del texto, se vio involucrado en un choque menor con Onésimo Riera frente al edificio en llamas.

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Saavedra 🔍

Involucrado en un choque contra Onésimo Riera frente al lugar del incendio debido al pánico generado, según relata Alexis Coello.

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Willi Char 🔍

Según el autor del texto, acudió al sitio del suceso proveniente del sector La Charneca.

procedencia: La Charneca
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Wilmer Majrín 🔍

Según Alexis Coello, se encontraba junto a Manuel Suárez en La Moronera y fue sacado del local ante la inminencia del siniestro.

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Wilmer Marín 🔍

Según el autor del texto, se encontraba junto a Manuel Suárez en el comercio La Morenera cuando ocurrió el siniestro.

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Wlíi Char 🔍

Habitante de La Charneca que acudió al sitio del incendio según la mención de Alexis Coello.

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Crónica Web #496

Libro Crónicas desde Morón - Incendio en la Torre

Libro Crónicas desde Morón - Incendio en la Torre
Serenamente transcurría la mañana, como otro sábado cualquiera. Los transeúntes se movían de un lado a otro. Algunos e aglomeraban frente al camión verdurero, otros iban en búsqueda del periódico en el kiosko de Doris, al lado (en donde el chino) un grupo de viajeros y parroquianos levantaban el codo diligentemente para contrarrestar los efectos de la resaca del día anterior. En la Av. Carabobo, frente al monumento al Zancudo, se formaba la tradicional cola sabatina de los que no les gusta comprar en Morón y se trasladan a los mercados de Puerto Cabello. ¿O será que los comerciantes de Morón no les ofrecen las mercancías que ellos desean? O ¿Quizás los precios? Qué falta hacen los mercados populares, bien sean municipales, solidarios, regionales, libres, etc.
En plena encrucijada ya estaban acomodados, desde tempranas horas de la mañana, en pequeños tarantines, los parrilleros, los ferreteros, los riferos, los terminaleros, los pantaleteros, los pantaloneros, raspaderos, fruteros, quincalleros, etc., paremos de contar. Atravesando la Av. Falcón, que se ha quedado tuerta por la negligencia oficial, los peatones, con la revista hípica en el bolsillo, hacían esfuerzos para saltar los surcos dejados por las reparaciones en las cercanías de la Morapan y la calle El Triunfo. En las aceras del frente se oía el ruido estridente de las cornetas de los autobuses que se dirigen a la costa falconiana. Esta mezcla del corneteo de los autobuseros con la aglomeración desorganizada de los vehículos más el grito de los mercaderes y el bullicio incesante de los amigos de Baco, martirizaban el ambiente y convertían La Encrucijada, esa mañana, en un perfecto infierno. Sólo faltaba el fuego. Y efectivamente se hizo el fuego, brotó por los ventanales del edificio de Mercantil Caracas, en su planta superior.
El primero que vio las lengüetadas de fuego fue el ciego Morillo, que desde su kiosko de terminales avistó las llamaradas y gritó a sus vecinos más cercanos para llamarles la atención sobre el suceso. Inmediatamente el comercio adyacente al sitio del acontecimiento comenzó a cerrar sus puertas. En el acto Bernacasar Moreno cerró La Moronera, pero antes tuvo que sacar, no sin dificultad, a Manuel Suárez y a Wilmer Majrín que estaban libando desde tempranas horas. Frente al Mercantil Caracas se concentró una multitud, parecida a los mítines políticos de los años 70. Los curiosos llegaron de todas partes. Al gentío de La Encrucijada se agregaron los que vinieron del barrio El Trapiche (Monoblanco y su cuadrilla), de barrio Coro (Fuque. Dalia Reyes y Flia.), de La Charneca (Wlíi Char y el Manco Bohórquez), y hasta de lugares más lejanos llegaron sabonones. Para la curiosidad no hay pasaje caro. En el tumultuoso río humano la gente corría y jadeaba, pisotones, empujones, golpes (yo me llevé uno).
Una señora embarazada fue auxiliada, tenía síntomas de asfixia, su marido le reprochó su presencia en el sitio, ella le respondió que presentía que su hijo (aún no nacido) iba a ser bombero.
Otros curiosos con un tono xenofóbico decían que Dios castigó con ese incencio a los árabes dueños del negocio porque vendían muy caro, alguien le fue a comunicar este comentario a Fallecí (dueño de La Linda), por lo que inmediatamente éste ordenó a sus empleados ponerle nuevas etiquetas a los artefactos con precios rebajados, evitó aquella sentencia que dice: "Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo ".
Del barrio El Mamón venía volando Emiro Reyes como una flecha, iba rumbo a la peluquería que está distante del incendio como un kilómetro. En la línea de autos libres que está al frente de donde sucedió el mcencio, se produjo un apretujamiento de dos vehículos, uno propiedad de Onésimo Riera y el otro de Saavedra. Ambos asustados y en la prisa por salir primero, chocaron, y Onésimo arrancó primero, brincó la isla y fue a parar la carrera a Urama. ¡Qué guapo este coriano! Los buhoneros de La Encrucijada recogieron sus peroles al ver esa multitud inquieta y con ánimos caldeados. Olía a saqueo. Sin embargo no se escaparon unos pobres guajiros a los que les llevaron sus mercancías.
Por desgracia, la nota triste de estos comentarios, hubo pérdidas humanas. Un anciano inválido pereció consumido por las llamas, los torrentes de humo ahogaron sus pulmones y el fuego mordió su frágil carne. Su compañera, anciana también, logró salvar su vida arrojándose desde lo alto en una misión suicida. Afortunadamente no faltó la mano generosa y solidaria de ese moronense curioso que se encontraba en el lugar de los hechos. Las unidades bomberiles acudieron a lal cita nefasta, estos útiles funcionarios se trasladaron desde Puerto Cabello y otro (me dijeron) vino de Guacara. Los bomberos de la empresas locales por el papeleo de la permisología y las autorizaciones no lograron llegar. ¡Qué lástima! La Guardia Nacional y la policía acordonaron la zona. Una viejita que pasaba al lado de un guardia se llevó un planazo sin saber por qué. Al extinguirse el fuego llegó Norman Colmenares al local buscando a los árabes para obtener el contrato de pintura. Todo esto se hubiese evitado si se hubiesen controlado las llamas a tiempo. ¡Qué falta hace Un Cuerpo de Bomberos para la comunidad moronense!
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Crónica Web #125

Incendio en la torre

Incendio en la torre
Serenamente transcurría la mañana, como otro sábado cualquiera.
Los transeuntes se movían de un lado a otro.
Algunos se aglomeraban frente al camión verdurero, otros iban en búsqueda del periódico en el kiosko de Doris, al lado (en donde el chino) un grupo de viajeros y parroquianos levantaban el codo diligentemente para contrarrestar los efectos de la resaca del día anterior.
En la Av. Carabobo, frente al monumento al Zancudo, se formabala tradicional colasabatinade los que no les gusta compraren Morón y se trasladan a los mercados de Puerto Cabello ¿O será que los comerciantes de Morón no les ofrecen las mercancías que ellos desean? o ¿Quizás los precios? Que falta hacen los mercados populares, bien sea, municipal, solidario, regional, libre, etc.
En plena encrucijada ya estaban acomodados, desde tempranas horas de la mañana, en pequeños tarantines, los parrilleros, los ferreteros, los riferos, los terminaleros, los pantaleteros, los pantaloneros, raspaderos, fruteros, quincalleros, etc., paremos de contar.
Atravesando la Av. Falcón, que se ha quedado tuerta por la negligencia oficial, los peatones, con la revista hípica en el bolsillo, hacían esfuerzos para saltar los surcos dejados por las reparaciones en las cercanías de la Morapan y la calle El Triunfo, en las aceras del frente se oía el ruido estridente de las cornetas de los autobuses que se dirigen ala costa falconiana.
Esta mezcla de el corneteo de los autobuseros con la aglomeración desorganizada de los vehículos más el grito de los mercaderes y el bullicio incesante de los amigos de Baco martirizaban el ambiente y convertíana La Encrucijada, esamañana, en un perfecto infierno. Sólo faltaba el fuego. Y efectivamente se hizo el fuego, brotó por los ventanales del edificio de Mercantil Caracas, en su planta superior.
El primero que vio las lengüetadas de fuego fue el ciego Morillo, que desde su kiosko de terminales avistó las llamaradas y gritó a sus vecinos más cercanos para llamarle la atención sobre el suceso.
Inmediatamente el comercio adyacente al sitio del acontecimiento comenzó a cerrar sus puertas.
En el acto Bernacasar Moreno cerró La Morenera, pero antes tuvo que sacar, no sin dificultad, a Manuel Suárez y a Wilmer Marín que estaban libando desde tempranas horas.
Frente al Mercantil Caracas seconcentró una multitud, parecida a los mítines políticos de los años 70.
Los curiosos llegaron de todas partes.
Algenriosos llegaron de todas partes.
Al gentío de La Encrucijada se agregaron los.
que vinieron del barrio El Trapiche (mono blanco y su cuadrilla), de barrio Coro (Fuque, Dalia Reyes y Flia.), de Coro (Fuque, Dalia Reyes y Flia.), de La Charneca (Willi Char y el manco Bohórquez), y hasta de lugares más lejanos llegaron saboriones.
Para la curiosidad no hay pasaje caro.
En el tumultuoso río humano la gente corría y jadeaba, pisotones, empujones, golpes (yo llevé uno).
Una señora embarazada fue auxiliada, tenía síntomas de asfixia, su marido le reprochó su presencia en el sitio, ella le respondió que presentía que su hijo (aún no nacido) iba a ser bombero.
Otros curiosos con un tono xenofóbico decían que Dios castigóconese incendio a los árabes dueños del negocio porque vendían muy caro, alguien le fue a comunicarle este comentario a Falled (dueño de La Linda), por lo que inmediatamente éste ordenó a sus empleados a ponerles nuevas etiquetas a los artefactos con precios rebajados, evitó aquella sentencia que dice: "cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo".
Del barrio El Mamón venía volando Emiro Reyes como una flecha, iba rumbo a la peluquería que está distante del incendio como un kilómetro.
En la línea de autos libres que está al frete de donde sucedió el incendio se produjo un apretujamiento de dos vehículos, uno propiedad de Onésimo Riera y el otro de Saavedra.
Ambos asustados y en la prisa por salir primero chocaron, y Onésimo arrancó primero, brincó la isla y fue a parar la carrera a Urama.
¡Qué guapo este coriano! Los buhoneros de La Encrucijada recogieron sus peroles al ver esa multitudinquieta y con ánimos caldeados.
Olía a saqueo.
Sin embargo no se escaparon unos pobres guajiros que les llevaron sus mercancías.
Pordesgracia, lanota triste de estos comentarios, hubo pérdidas humanas.
Un anciano inválido pereció consumido por las llamas, los torrentes de humos ahogaron sus pulmones y el fuego mordió su frágil carne.
Su compañera, anciana también, logró salvar su vida arrojándose desde lo alto en una misión suicida.
Afortunadamente no faltó la mano generosa y solidaria de ese moronense curioso que se encontraba en el lugar de los hechos.
Las unidades bomberiles acudieron a la cita nefasta, estos útiles funcionarios se trasladaron desde Puerto Cabello y otro (me dijeron) vino de Guacara.
Los bomberos de las empresas locales por el papeleo de la permisología y las autorizaciones no lograron llegar.
¡Qué lástima! La Guardia Nacional y la policía acordonaron la zona.
Una viejita que pasaba al lado de un guardia llevó un planazo sin saber por qué.
Al extinguirse el fuego llegó Norman Colmenares al local buscando los árabes para obtener el contrato de pintura.
Todo esto se hubiese evitado si se hubiesen controlado las llamas a tiempo.
¡Qué falta hace un Cuerpo de Bomberos para la comunidad moronense!
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Crónica Web #489

Libro Crónicas desde Morón - Odisea en la Encrucijada

Libro Crónicas desde Morón - Odisea en la Encrucijada
Era uno de esos lunes cuando la resaca agobia, me dijo el amigo visitante Eulogio González. Caminaba al término de la avenida Falcón, donde está la parada de los autobusetes que van hacia el estado del mismo nombre, cuando una lata de refrescos salió de una de las ventanillas de aquéllos y fue a dar directamente a mi ya nada incipiente calva. Con mi dolor a cuestas continué mi marcha, dejando la acera y tomando casi el centro de vía, a riesgo de que me atrepellara un vehículo, puesto que numerosos y variados artefactos electrodomésticos, propiedad de unos libaneses, ocupaban el paso legítimo de los peatones, y pensé: ¡Dios mío, qué pequeño se hace el centro de la ciudad para los indefensos caminantes sin que ninguna autoridad ponga coto a este bochinche!
Crucé hacia la izquierda y vi a la plana mayor del partido político La Hormiga, compuesta por Carlos Columbo, Ornar Sirit y el manco Bohórquez, quienes hablaban de que en las próximas elecciones ganarían la gobernación, la alcaldía, 5 diputados y 7 concejales; más allá estaban unos radicales vociferando, casi tumbaban al gobierno.
Pasaba al frente de una licorería propiedad de un asiático, ¡qué raro!, cuando se me abalanzaron dos mancebos a martillarme las cuatro lochas que me habían quedado del fin de semana, para echarse el estribo; por supuesto que les dije que no, y entonces uno de ellos me amenazó. Seguí mi camino por entre los buhoneros, midiendo bien mis pasos para no pisar las mercancías que estaban sobre la acera. En sentido contrario venía un señor de cierta edad, quien, al distraerse, enredó su rostro en una pantaleta de enormes dimensiones que colgaba de un ganchos; no sé si era de talla 44 o XXL, perdónenme mi ignorancia, pero es que soy monocuco y no he visto muchas. El desdichado señor resbaló y tropezó con una dama de voluminosa corpulencia que a la vez pisó un plátano maduro que estaba en el suelo, de un vendedor de piel muy oscura; la agraviada dama se deslizó sobre el banano como si éste fuese un patín y fue a caer su noble humanidad sobre mi maltrecha pierna izquierda. ¡Ustedes se imaginarán lo que pasó conmigo! Caí a gran distancia sobre el tarantín de un quincallero cuya mercancía rodó por los suelos. Apenas pude incorporarme, con ciertas molestias, el buhonero quería golpearme solicitando que le pagara unos bombillos que se habían quebrado. Gracias a la oportuna intervención de un desconocido y a mis ágiles pernas corrí y crucé al otro lado de la avenida Carabobo.
Pasado el susto, opté por comprar un periódico en el kiosco más cercano; allí me atendieron unos sujetos afeminados, creo que eran de apellido Moreno o Quintana. La sed me atormentaba y busqué saciarla, encontré a un chichero que discutía con uno de sus clientes que estaba delante de mí; preguntó cuál era el objeto de la discusión, el cliente me respondió que él no estaba pagando para que le dieran una chicha sonriente, sino que pagaba para que le dieran una chicha higiénica. ¿Chicha sonriente? Repregunté confundido. Sí -me dijo- porque cuando le eché el primer trago apareció dentro del vaso una dientera pelada. ¿Dientera qué....? Chico, un puente dental -dijo- que a alguien se le cayó dentro del perol de la chicha y para mala suerte me tocó a mí; al lado gritó otro: "Guá, yo tuve más suerte, a mí me tocó una cadena de oro". Ah, okey, ya entendí -le dije- y me alejé del sitio rápidamente. Hasta la sed se me quitó.
Seguí rumbo hacia el este de la avenida, meditando lo que había pasado, cuando de pronto me sorprendió un mozalbete que venía a veloz carrera con un puñado de prendas que había arrebatado. ¡Agárrenloooo! Gritaba la gente. ¡Ahí va el ladrón! era el grito común de los transeúntes. Por suerte el malandro no me rozó, pero la señora que venía detrás de aquél y a la que supuestamente le había hurtado sus joyas, se apresuró y me abrazó sollozando, llorando me dijo que la ayudara. Yo también como un caballero la abracé para consolarla. Estas escenas duraron apenas unos minutos; luego me despedí de ella.
De nuevo reanudo mi marcha y cuando voy a llegar a mi destino por poco me muerde un perro que tropecé y que al momento se estaba comiendo una cabeza de pescado que había botado un pescadero ambulante. Al fin llegué al negocio donde iba a comprar algunos objetos. Hago el pedido y cuando voy a pagar no encuentro mi cartera, me registro todos los bolsillos y no hay nada. ¡Me habían robado sin darme cuenta! Hago memoria y no sé en qué parte fue, porque cuando compré el periódico aún cargaba mi dinero. ¡Caramba, pa' mí que fue esa señora llorona la que me robó! De víctima pasó a victimaría.
Concluyó diciendo el amigo visitante lo siguiente: los moronenses no han apreciado lo bella y amplia que se ve la Encrucijada de noche, cuando es posible verla despejada y limpia. ¿Qué opina usted, amigo lector?
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