JUEVES 13 DE NOVIEMBRE DE 2008 Guzmán Blanco (1829-1899)
Fue el Presidente venezolano del siglo XIX que tuvo una visión modernista del país; a él se deben muchos logros en la organización del estado y sus instituciones como el avance o progreso en el campo de la cultura, en las inversiones ferroviarias, telefónicas y telegráficas.
En Caracas dejo su huella modernizadora que aun persiste como vetustos monumentos arquitectónicos como el teatro municipal, y otras obras que embellecen la ciudad.
Pero a lo que quiero referirme es que también puso en orden las estadísticas de la administración pública, entre ellas la de la población venezolana. Como producto de su gestión se realizo en Venezuela el primer censo de población organizado, realizado y publicado por el estado venezolano para el conocimiento de nuestra propia realidad ¿Quienes somos? ¿Dónde estamos? ¿Qué hacíamos? Este censo se publico en 1875 y en lo que respecta a al Municipio J. J. Mora referiré algunos elementos esenciales.
Los datos de los censos son oficiales y por lo tanto están avalados por nuestras leyes, son en su momento los más veraces que podemos conseguir. En el Municipio Mora la población total era de 1692 habitantes, de los cuales Morón poseía 1072 (63,3%) y Urama 620 (36,3%). De este total y distribuido por sexo tenemos que están casi parejo o equiparables es decir: 857 hombres y 826 mujeres (y 9 extranjeros); en cuanto a la edad se aprecia que las personas mayores de veintiún año son en numero ligeramente superior a los menores, pero en el sexo femenino la mayoría son mujeres menores de veintiún año.
Otros datos importantes son que a nadie le gustaba casarse; casi la totalidad de las parejas eran concubinas o “reajuntao†como lo indica el 94,2% de los habitantes eran solteros y solteras, es decir 1534 personas no se habían casado de allí que el 84% de los pobladores del municipio eran hijos ilegítimos. Existía una mayor proporción de mujeres viudas que de hombres, quizá esto se deba a que estaba presente aun la huella de la guerra federal donde perecieron muchos morenses y otros simplemente no regresaron y se dieron por muertos.
Lo que realmente es alarmante es que el 93% de la población de Juan José Mora en 1873 no sabía leer ni escribir, es decir de cada diez morenses, nueve eran analfabetos; esto nos da una idea del país que teníamos entonces. Era la Venezuela de una economía dependiente de los precios del café y otros rubros menores en el mercado internacional donde la inversión publica en educación era casi inexistente en los lugares rurales y apartados de los centros urbanos.
Morón y Urama para ese tiempo era parroquias marginales del Departamento de Puerto Cabello, ambas zonas rurales que vivían de la explotación de pequeños hatos, haciendas y conucos donde sus habitantes eran mayormente labriegos tal como nos lo recuerda el mismo censo. El 33% (546 personas) se dedicaban a las actividades agrícolas, no se registra ningún criador, 9 personas eran extranjeras (3 holandeses, 2 españoles, un ingles, un italiano, un colombiano y uno indefinido).
Habían dos albañiles, cinco carpinteros, ocho comerciantes, un empleado publico, ningún estudiante, un ingeniero, seis institutores, un sastre, 16 sirvientes, ocho panaderos, 20 transeuntes (gente de paso) y seis zapateros. Además se registran 49 huérfanos y 14 inválidos.
En el municipio no había ningún doctor ni bachilleres ni licenciados.
Pero si muchos militares, recordamos que Urama y Morón estuvieron vinculados a la guerra federal por lo que seguramente sobrevivían todavía algunos viejos militares y otros menos activos. La cuenta da que había cuatro generales, cinco coroneles, 30 comandantes (26 en Morón y alpargaton) 19 capitanes, 42 tenientes y nueve subtenientes para un total de 109 militares o sea un 6% de la población. El censo registra que hay 1691 católicos que corresponde casi el 100% de los habitantes, sin embargo en ninguno de las dos parroquias había un eclesiástico o cura tal como lo dice el mismo censo.
JUEVES 13 DE NOVIEMBRE DE 2008
Guzmán Blanco (1829-1899)
Fue el Presidente venezolano del siglo XIX que tuvo una visión modernista del país; a él se deben muchos logros en la organización del estado y sus instituciones como el avance o progreso en el campo de la cultura, en las inversiones ferroviarias, telefónicas y telegráficas.
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En Caracas dejo su huella modernizadora que aun persiste como vetustos monumentos arquitectónicos como el teatro municipal, y otras obras que embellecen la ciudad.
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Pero a lo que quiero referirme es que también puso en orden las estadísticas de la administración pública, entre ellas la de la población venezolana. Como producto de su gestión se realizo en Venezuela el primer censo de población organizado, realizado y publicado por el estado venezolano para el conocimiento de nuestra propia realidad ¿Quienes somos? ¿Dónde estamos? ¿Qué hacíamos? Este censo se publico en 1875 y en lo que respecta a al Municipio J. J. Mora referiré algunos elementos esenciales.
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Los datos de los censos son oficiales y por lo tanto están avalados por nuestras leyes, son en su momento los más veraces que podemos conseguir. En el Municipio Mora la población total era de 1692 habitantes, de los cuales Morón poseía 1072 (63,3%) y Urama 620 (36,3%). De este total y distribuido por sexo tenemos que están casi parejo o equiparables es decir: 857 hombres y 826 mujeres (y 9 extranjeros); en cuanto a la edad se aprecia que las personas mayores de veintiún año son en numero ligeramente superior a los menores, pero en el sexo femenino la mayoría son mujeres menores de veintiún año.
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Otros datos importantes son que a nadie le gustaba casarse; casi la totalidad de las parejas eran concubinas o “reajuntao†como lo indica el 94,2% de los habitantes eran solteros y solteras, es decir 1534 personas no se habían casado de allí que el 84% de los pobladores del municipio eran hijos ilegítimos. Existía una mayor proporción de mujeres viudas que de hombres, quizá esto se deba a que estaba presente aun la huella de la guerra federal donde perecieron muchos morenses y otros simplemente no regresaron y se dieron por muertos.
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Lo que realmente es alarmante es que el 93% de la población de Juan José Mora en 1873 no sabía leer ni escribir, es decir de cada diez morenses, nueve eran analfabetos; esto nos da una idea del país que teníamos entonces. Era la Venezuela de una economía dependiente de los precios del café y otros rubros menores en el mercado internacional donde la inversión publica en educación era casi inexistente en los lugares rurales y apartados de los centros urbanos.
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Morón y Urama para ese tiempo era parroquias marginales del Departamento de Puerto Cabello, ambas zonas rurales que vivían de la explotación de pequeños hatos, haciendas y conucos donde sus habitantes eran mayormente labriegos tal como nos lo recuerda el mismo censo. El 33% (546 personas) se dedicaban a las actividades agrícolas, no se registra ningún criador, 9 personas eran extranjeras (3 holandeses, 2 españoles, un ingles, un italiano, un colombiano y uno indefinido).
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Habían dos albañiles, cinco carpinteros, ocho comerciantes, un empleado publico, ningún estudiante, un ingeniero, seis institutores, un sastre, 16 sirvientes, ocho panaderos, 20 transeuntes (gente de paso) y seis zapateros. Además se registran 49 huérfanos y 14 inválidos.
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En el municipio no había ningún doctor ni bachilleres ni licenciados.
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Pero si muchos militares, recordamos que Urama y Morón estuvieron vinculados a la guerra federal por lo que seguramente sobrevivían todavía algunos viejos militares y otros menos activos. La cuenta da que había cuatro generales, cinco coroneles, 30 comandantes (26 en Morón y alpargaton) 19 capitanes, 42 tenientes y nueve subtenientes para un total de 109 militares o sea un 6% de la población. El censo registra que hay 1691 católicos que corresponde casi el 100% de los habitantes, sin embargo en ninguno de las dos parroquias había un eclesiástico o cura tal como lo dice el mismo censo.
JUEVES 23 DE OCTUBRE DE 2008 Mensaje Sin Destino
Tomamos prestada esta frase de un título de uno de los libros del gran escritor trujillano Mario Briceño Iragorry para significar el hecho de la comunicación escrita con el o los interlocutores, o mejor dicho con los lectores, claro en este caso nos referimos a cuando no existe o no se ha consumado la comunicación porque el mensaje no encuentra o no tiene destinatario. No se trata de que el coronel no tiene quien la escriba sino que el escritor no tiene quien lo lea. El lector esta ausente.
Quien escribe lo hace por diferentes motivos; algunos porque forma parte de su oficio o trabajo o porque al expresar sus ideas o propósitos se sienten bien consigo mismo, otros quizá porque le gusta transmitir sus conocimientos o experiencias, y muchos porque simplemente le gusta como hobby o entretenimiento. Sin embargo, la escritura es mucho mas que todo eso junto, cuando se asume y se practica con diligencias y honestidad o cuando se obsequia el alma en lo que se dice.
El premio Nobel en Literatura del 2008, Jean Marie Gustave Le Clezio opina que un escritor se expresa mediante sus libros; con la palabra escrita; un nuevo libro es un nuevo escritor que se expresa (…) la escritura significa un esfuerzo para ver el mundo; la escritura es superior a la palabra, porque no deja irse por las palabras, porque cuida que se diga lo esencial. Un escritor debe conocerse por lo que escribe y no por lo que dice.
Dos cosas pueden explicar la tragedia del escritor de no tener lectores (aunque algunos escritores no escriben para mas nadie sino para si mismo), una es el uso reiterado de una temática que es ajena a las mayorías y se restringe al interés de unos pocos, esta es de absoluta responsabilidad de quien escribe, pero también lo es la forma como lo hace, es decir, la manera como dice lo que quiere decir, la claridad al expresar las ideas. El Filosofo Rigoberto Lanz sostiene que “escribir no es obvio†y con respecto a la claridad sentencia: “nada es claro por obra de lenguajes simple. La claridad esta en otra parte: en el arte de tocar la piel de las personas, en la capacidad de conmover, en el arte de seducirâ€.
Dos, es el contexto donde se mueve el escritor con el alcance de su mensaje. No es lo mismo estar en Paris que estar en Venezuela, lamentablemente duele decirlo, pero las estadísticas dicen que nuestro país tiene uno de los más bajos índices de lectores del mundo. Aquí nos referimos fundamentalmente a los lectores de libros y en menor medida a la prensa diaria, que en demasiados casos la gente se ocupa de leer los titulares, las noticias sensacionalistas, los números de loterías, el horóscopo y la pagina de los crímenes.
El rescate de la lectura como habito y como fuente primordial para la obtención de conocimientos debe empezar por la escolaridad, en la temprana edad; admiro mucho la labor del Poeta Arnaldo Jiménez en su trabajo con los niños con la lectura, escritura y la poesía. En cuanto a los lectores adultos, creo que en Morón hemos retrocedido en este sentido; antes teníamos un salón de lectura en las cercanías de Palma Sola y la única biblioteca publica que poseemos hoy en día está en los módulos de la Urb. Coro y es muy elemental, habilitada mayormente para los niños.
En el Municipio J. J. Mora son muy pocos los lectores habituales que conozco, pueden contarse con los dedos de una mano. No se ven como antes, los círculos de lectores, intercambios de libros, nadie ahora regala un buen libro; en las ultimas ferias realizadas en Morón, la gente brillaba por su ausencia. Que falta hace una biblioteca publica central para nuestra comunidad; hemos hecho tantos proyectos al respecto pero todo se queda allí, en veremos. Este es un mensaje sin destino porque no estoy seguro que lean esta crónica.
JUEVES 23 DE OCTUBRE DE 2008
Mensaje Sin Destino
Tomamos prestada esta frase de un título de uno de los libros del gran escritor trujillano Mario Briceño Iragorry para significar el hecho de la comunicación escrita con el o los interlocutores, o mejor dicho con los lectores, claro en este caso nos referimos a cuando no existe o no se ha consumado la comunicación porque el mensaje no encuentra o no tiene destinatario. No se trata de que el coronel no tiene quien la escriba sino que el escritor no tiene quien lo lea. El lector esta ausente.
Quien escribe lo hace por diferentes motivos; algunos porque forma parte de su oficio o trabajo o porque al expresar sus ideas o propósitos se sienten bien consigo mismo, otros quizá porque le gusta transmitir sus conocimientos o experiencias, y muchos porque simplemente le gusta como hobby o entretenimiento. Sin embargo, la escritura es mucho mas que todo eso junto, cuando se asume y se practica con diligencias y honestidad o cuando se obsequia el alma en lo que se dice.
El premio Nobel en Literatura del 2008, Jean Marie Gustave Le Clezio opina que un escritor se expresa mediante sus libros; con la palabra escrita; un nuevo libro es un nuevo escritor que se expresa (…) la escritura significa un esfuerzo para ver el mundo; la escritura es superior a la palabra, porque no deja irse por las palabras, porque cuida que se diga lo esencial. Un escritor debe conocerse por lo que escribe y no por lo que dice.
Dos cosas pueden explicar la tragedia del escritor de no tener lectores (aunque algunos escritores no escriben para mas nadie sino para si mismo), una es el uso reiterado de una temática que es ajena a las mayorías y se restringe al interés de unos pocos, esta es de absoluta responsabilidad de quien escribe, pero también lo es la forma como lo hace, es decir, la manera como dice lo que quiere decir, la claridad al expresar las ideas. El Filosofo Rigoberto Lanz sostiene que “escribir no es obvio†y con respecto a la claridad sentencia: “nada es claro por obra de lenguajes simple. La claridad esta en otra parte: en el arte de tocar la piel de las personas, en la capacidad de conmover, en el arte de seducirâ€.
Dos, es el contexto donde se mueve el escritor con el alcance de su mensaje. No es lo mismo estar en Paris que estar en Venezuela, lamentablemente duele decirlo, pero las estadísticas dicen que nuestro país tiene uno de los más bajos índices de lectores del mundo. Aquí nos referimos fundamentalmente a los lectores de libros y en menor medida a la prensa diaria, que en demasiados casos la gente se ocupa de leer los titulares, las noticias sensacionalistas, los números de loterías, el horóscopo y la pagina de los crímenes.
El rescate de la lectura como habito y como fuente primordial para la obtención de conocimientos debe empezar por la escolaridad, en la temprana edad; admiro mucho la labor del Poeta Arnaldo Jiménez en su trabajo con los niños con la lectura, escritura y la poesía. En cuanto a los lectores adultos, creo que en Morón hemos retrocedido en este sentido; antes teníamos un salón de lectura en las cercanías de Palma Sola y la única biblioteca publica que poseemos hoy en día está en los módulos de la Urb. Coro y es muy elemental, habilitada mayormente para los niños.
En el Municipio J. J. Mora son muy pocos los lectores habituales que conozco, pueden contarse con los dedos de una mano. No se ven como antes, los círculos de lectores, intercambios de libros, nadie ahora regala un buen libro; en las ultimas ferias realizadas en Morón, la gente brillaba por su ausencia. Que falta hace una biblioteca publica central para nuestra comunidad; hemos hecho tantos proyectos al respecto pero todo se queda allí, en veremos. Este es un mensaje sin destino porque no estoy seguro que lean esta crónica.