El último roble Don Pánfilo
El roble es un "árbol de gran tamaño y copa ancha, muy longevo (vive hasta mil años)".
Así define el diccionario enciclopédico Larousse a esta especie vegetal, Así mismo, al igual que el DRAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española) señala en otra acepción: "Persona o cosa con gran resistencia o fortaleza".
Este último significado está en un sentido figurado o metafórico que identifica a una persona con la resistencia corporal, importancia y larga vida de este imponente árbol.
Pues bien, eso fue Don Pánfilo Sevilla que rindió su vida este pasado doce de mayo a la edad de 98 años, era el último roble de una generación de servidores públicos municipales y dirigentes políticos que fueron figuras principales como prefectos, subprefectos, secretarios de la prefectura, presidentes de la junta comunal, secretario de la misma, etc., que constituían los órganos de poder del Morón de los años anteriores a la autonomía municipal.
Entre estos servidores podemos nombrar a Don Pánfilo Sevilla, José Escárate, Martín González, Domingo Blanco, Acisclo Román, Amado Ruiz y otros que no logro recordar.
Don Pánfilo era nativo de El Cambur, Puerto Cabello, procreó una familia muy respetable y reconocida en Morón, al lado de su eterna compañera, la ilustre dama Paula Lamas.
Sus hijos, en su mayoría profesionales, también han sido, algunos de ellos, dirigentes políticos y servidores públicos.
A Don Pánfilo se le recordará y se le admirará por el don de gente buena, por su palabra cordial y amable, por su sonrisa suave y espontánea, por haber sido un hombre preocupado y solidario con los problemas de las comunidades, por su sabiduría y la circunspección que supo mantener hasta el fin de sus días.
No debió tener en su larga vida enemigos porque todo el mundo le querría; se fue Pánfilo tras una gran obra de servicio a su pueblo, quizá no se ha ido y siga por ahí, en la calle Comercio, en su morada de siempre o ¿estará jugando ya en el cielo una partida de dominó con su vecino Don Pablo Revilla? Dicen que los robles mueren de pie; así vivió Pánfilo y así murió, erguido, con la frente en alto, sin vacilaciones y sin nada que esconder de su vida pública.
Pero perdió la última batalla con Cronos, el dios del tiempo.
¿Quién puede con él? En los archivos del cronista hay un registro original del 1 de noviembre de 1947, donde el prefecto Antonio Romero "nombra a la señorita Carmen Lorenza Guinand secretaria del municipio Mora (de la prefectura) en sustitución de Pánfilo Sevilla, quien renunció al cargo".
Esto indica que ya Pánfilo a su corta edad era funcionario municipal durante (por lo menos) el último año del trienio del gobierno de la Junta Revolucionaria de gobierno (1945-1948) que presidía Rómulo Betancourt.
En 1949, en el mismo archivo, el 15 de febrero aparece Pánfilo Sevilla como prefecto o subprefecto del municipio Mora; por cierto, allí hace un nombramiento donde sustituye a Acisclo Román por José Escárate como secretario de la subprefectura; este último tendría también una larga carrera como funcionario de la prefectura.
Conocí a Pánfilo a finales de la década de los años setenta, él era presidente de la junta comunal de Morón; le vi siempre como un hombre bondadoso y bonachón; recto en su proceder como funcionario público.
Hasta luego, Pánfilo.
Paz a sus restos.
PD: Mañana es el Día Nacional del Cronista Venezolano, día que se conmemora en honor al nacimiento del primer cronista de Venezuela, Don Enrique Bernardo Núñez.
Estaremos celebrando en Valencia con una misa en la iglesia San Francisco y una recepción-conferencia en el centro de artes vivas Alexis Mujica (Cavam) ubicado frente a la Plaza Bolívar.
Están todos invitados.
Libro Crónicas desde Morón - Antonio Paredes
Nació en Valencia el 17 de mayo de 1869, hijo del matrimonio del general Manuel Antonio Paredes con doña Amelia Domínguez. Es uno de los venezolanos más relevantes y más olvidados de la historia de fines del siglo XIX y primera década del XX. Creció entre cuentos y hazañas de guerreros, gozaba de una amplia tradición familiar de armas y milicias. Su tía abuelo Juan Antonio Paredes, alcalde de Mérida, fue uno de los primeros que proclamaron la Independencia en aquella ciudad en 1810. Su padre peleó al lado de Joaquín Crespo. Su abuelo José de la Cruz paredes luchó en la Independencia bajo las órdenes de Sucre y de Bolívar, y acompañó a éste en sus minutos finales en Santa Marta. Refiriéndose a este ilustre abuelo, nuestro personaje dijo, cuando niño: "Yo llevaré su espada cuando vaya a la guerra".
El general Antonio Paredes fue un hombre muy controversial, valiente, audaz, incansable, adversario que ni pide ni da tregua, franco, orgulloso y honesto. Se inicia como militar defendiendo la "Revolución Legalista" de Joaquín Crespo, para luego enfrentarlo decididamente cuando el caudillo guariqueño prefiere al general José Félix Mora por encima de él en algunos episodios de la política carabobeña. Con el general Mora mantuvo una abierta enemistad desde los días cuando él era jefe del castillo de Puerto Cabello y Mora jefe civil y militar de la plaza.
Los sucesos de la supuesta venta del cañón de Pavía y los enredos de un bochinche callejero en los predios del castillo, donde el general Mora, en ambos casos culpaba a Paredes, sirvieron de acicate. Luego se enfrentarían de nuevo cuando Mora es candidato a la presidencia del estado Carabobo y Paredes lo adversa apoyando la candidatura de Joaquín Berríos. Paredes diría de Mora: "El más pérfido de mis enemigos ", "no me ocuparía de él (Mora)y sus calumnias si no hubiera tenido la osadía de venir a proclamar su condición de favorito de Crespo para la presidencia del estado ", "dos veces me ha calumniado inicuamente".
Pero la verdadera oposición cruenta y hasta la muerte se la hizo al presidente Cipriano Castro. Con las armas en las manos, escribiendo en los periódicos, en panfletos, en las calles, hablando con la gente. Después diría: "A ninguno convencí con mis prédicas".
Su incansable lucha contra Castro y lo infructuoso de sus esfuerzos lo llevaron a escribir en su exilio en Trinidad el "Diálogo de ultratumba con dos generales" (se refiere a su padre y a su abuelo); escribe paredes: "Cinco años lleva Castro en el Poder. Cinco años lleva Antonio Paredes en la oposición. Oposición que le ha costado guerra, cárcel y destierro ". De pronto interrumpe su relato y se pregunta: "¿Estaré loco? ¿Todas mis campañas son inútiles? ¿Continuará Cipriano Castro en el poder? ¿Y entonces voy a quedar en ridículo? ¿La gente seria dirá que y o he debido haberme quedado callado y dejado que Castro hiciera su voluntad, y se reirán de mí? ¿Crees, padre, que llegaré a ser objeto de la burla de los muchachos?". El padre ha debido responderle, pues Paredes replica: "Es verdad, padre, los hombres como yo nunca quedamos en ridículo, pues en todo caso nos queda el camino de la muerte".
Sus ansias de lucha y ganas de vencer, la impotencia, lo llevan hasta el delirio; exclama: "Yo correré a Venezuela armado con una espada, con un fusil, con una lanza. No tengo con qué comprarlos, pero me los regalarán, y si no hay quien me regale nada, iré armado con una pica de madera que fabricaré yo mismo con la madera de los bosques de Dios, y si no hay buque que me lleve de balde, me iré a nado con la pica en la boca, cruzaré el mar a nado para estar con mis compatriotas en ese día de la grandeza y de la dignidad".
Paredes se ve obligado a abandonar Trinidad después que le decomisaron un lote de armas con las que pretendía invadir Venezuela. ¿A dónde ir? Decidió venir a Venezuela, a sabiendas de que le esperaba la muerte. Sale de Trinidad el 4 de febrero de 1907 con 13 acompañantes. Desembarca en Pedernales y ocupa varios caseríos. Busca el camino de Ciudad Bolívar. El gobierno se da cuenta de la invasión de Paredes y sale en su búsqueda. Paredes es capturado el 12 de febrero; amarrado con mecate es llevado ante el jefe del gobierno local; cuando está frente al funcionario, le grita: "Máteme, pero no ve vaya a vejar". No lo mataban aún.
Le dieron de comer y botó unas guayabas que llevaba en los bolsillos. El presidente Cipriano Castro dio, mediante un telegrama en clave, la orden para el fusilamiento de Paredes. En el amanecer del 15 de febrero es sacado de los camarotes del vapor donde lo llevaban y le dice uno de los verdugos: "Levántese, que lo vamos a conducirá otro barco". Paredes se sonrió y dijo: "Es para matarme, sabía que jugaba la vida al poner los pies en Venezuela. Vamos". Fueron sus últimas palabras. Al salir del camarote, es destrozada su cabeza a tiros.
Como lo prometió a su padre, ya no se burlarían de él. Su cadáver fue echado a las aguas del Orinoco. Castro es acusado y se le dicta auto de detención por este crimen, sentencia que no se cumplió porque para la fecha ya el Cabito estaba en el exterior. El cadáver de Paredes es rescatado y trasladado a Caracas con honores. Fue sepultado con actos y homenajes oficiales. Su sueño se cumplió a medias: lo recibieron con honores y lo aclamaron en Caracas, pero no entró triunfante, sino muerto.
Comunidad Moronera "Casa de Tejas"
Siguiendo con la secuencia de la carta que enviaran los integrantes de la comunidad moronera "Casa de Tejas" al Ejecutivo Nacional de 1958 denunciando los abusos y atropellos de los que fueron objeto por parte de personeros del gobierno del dictador Marcos Pérez Jiménez, voy a continuar transcribiendo lo expresado por los agricultores y criadores de Morón en los albores del nacimiento de la industria petroquímica (hoy Pequiven) en la localidad y que revela como todo parto doloroso y traumático las heridas y los desencuentros de un proceso económico que devenía con violencia en un cambio del uso del espacio que transitaba del patrón agropecuario al industrial.
Los antiguos propietarios manifestaban su inconformidad así: "En ningún momento nos hemos opuesto a las actividades progresistas; pero, ante la lesión que sufriera nuestras propiedades, en la que inclusivo se destruían las cercas de alambres que las protegían y los ganados vacunos eran atropellados y muertos por los camiones en la carretera, consideramos un deber hacer esto del conocimiento del ciudadano Presidente de la Republica; reclamandole su intervención, a lo que no correspondió; consideramos muy justo en todo caso, un reconocimiento adecuado a los daños causados y que se nos sigue causando, pues resulta injusto que nuestros derechos sostenidos por más de noventa años puedan ser irrespetados tan impunemente, y que un gobierno como el derrocado caracterizado en tales injustitas solamente podría propiciar.
Superada hoy esa gama de arbitrariedades, esperamos que todo esto sea reconsiderado favorablemente para que pueda nuestro pueblo, de nuevo reincorporarse a las urgentes labores".
Sin comentarios.
El otro oficio es también de la comunidad moronera "Casa de Tejas" y es de fecha 15 de febrero de 1959, es decir casi diez meses después del primero y va dirigido a Rómulo Betancourt, Presidente de la Republica, electo tres meses atrás.
En una parte del documento reza así: "A principios del año 1955, fuimos sorprendidos por una numerosa caravana de tractores y maquinarias de toda índole que invadió nuestro predio, arrasando violentamente de manera brutal todos nuestros sembrados, cocales y alambrados; destruyendo potreros y todo lo que significara tropiezo; un completo despojo a fuerza bruta.
Ante semejante actuación tan inhumana solicitamos urgentemente el amparo debido al ejecutivo nacional, incluyéndole las escrituras que nos acreditaban ese derecho, que el ejecutivo nacional en consejo de ministros y con el voto afirmativo del consejo de gobierno en el año 1866 cedió a petición de aquellos favorecidos que figuran en ella, en recompensa de sus grandes servicios prestados a la patria en la magna guerra federal al lado del generalísimo Crisóstomo Falcón, quien de buen grado y consecuente con aquellos moroneros que se sacrificaron en defensa de la libertad, democracia y seguridad de nuestra patria plasmó su firma en aquella donación".