Bolívar y Morón
Quizás resulte un poso extraño el titulo de esta exposición, pero en descargo de esta presunción diremos que el hombre y la presencia bolivariana no es ajena a ningún pueblo desde los confines nevados del macizo andino hasta las calidas aguas del caribe, mas aun, su imagen se acrecienta sobre las riberas del río Grande para convertirse en una gloria de toda la América y su nombre retumba en los oídos de los habitantes del viejo mundo europeo, donde se le admira.
¿Qué raro tiene que hablemos sobre Bolívar Y Morón? A su paso Bolívar visito tantos pueblos y aldeas a los largo y ancho de la geografía Suramericana, en el Perú, en Bolivia, en Colombia, en Ecuador y por su puesto en su país natal. En cada uno de esos pueblos no solo dejo las huellas de su caballo sino que dejo también un pedacito de su gloria y un recuerdo perdurable que trasmonta la barrera de los siglos. Hoy en día se venera con orgullo el árbol donde amarro su caballo o dador de la sombra donde hubo de guarecerse, o también el sitio donde dicto una proclama, se tiene como santuarios para el reencuentro con la historia los inmuebles donde se hospedo o ejecuto una medida para la guerra o un acto de gobierno. En los museos se conservan como reliquias los objetos que a el pertenecieron.
¿Cómo podemos nosotros los moronenses pasar desapercibido el paso del Libertador de medio continente americano por aquella aldea aledaña al río Morón de 1826? ¿Qué circunstancias rodearon el último viaje que El Libertador emprendió a Venezuela? ¿Qué recuerdos? ¿Qué propósitos y pensamientos agobiaban a Bolívar en aquella mañana víspera de año nuevo? ¿Sorbió su caballo el agua del río Morón?
Para responder a estas interrogantes debemos ubicarnos en la ciudad de Lima, en el Perú, en el mes de agosto de 1826. Bolívar había llegado a la cúspide de su gloria y de su figuración histórica; ningún mortal le ganaba en prestigio en América del sur. Pese a la discordia y a la anarquía había conservado unidos a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador en su gran obra: La Gran Colombia. Aun estaban tibias las armas con las que había dado la libertad al Perú, con la creación de Bolivia inmortalizaba su nombre en el alto Perú, había reunido el Congreso de Panamá en la búsqueda de la unión hispanoamericana como garantía de la grandeza histórica y como contrapeso al coloso del norte.
Sin embargo su principal sueño la Gran Colombia- hacia agua por los cuatro costados. En Bogota se imponían las intrigas palaciegas guiadas de las manos y del talento político del Vice-presidente Santander quien solapadamente confabulaba en contra del Libertador para hacerse de la Presidencia de la unión Colombiana.
En el Departamento de Venezuela la situación era mas grave aun, las actitudes separatistas que jugaban a la desintegración de la Gran Colombia se ejecutaban públicamente teniendo como asidero la ambiciosa personalidad del General Páez y los intereses mezquinos y localistas de una sarta de militares y civiles que bajo la direcci6n del Dr. Miguel Peña se empeñaban en echar por tierra la obra de Bolívar. "Las Asambleas y las Juntas se suceden en Caracas y Valencia, y entre las sombras, el Dr. Miguel Peña lleva en sus manos todos los hilos del movimiento separatista que cada día asume mayores proporciones. Ya se habla pública y abiertamente de la separación de Venezuela de la Unión Colombiana. Finalmente, el General Páez convoco al país a elecciones para un Congreso Constituyente que debía instalarse en Valencia" (1).
En el otro Departamento -el de Quito- a la saz6n existía aparentemente un clima de tranquilidad y armonía. Este buen comportamiento de lo que en futuro seria El Ecuador no se debía tanto a que no existiesen tendencias particulares disgregadoras ni porque estuviesen muy a gusto con la unidad colombiana (como se demostraría posteriormente con la secesión del venezolano Juan José Flores) sino porque la larga permanencia de Bolívar en el sur, el brillo de su espada, su gloria y su reputado genio mantenía calmada las asperezas y las ambiciones de los caudillos. No era así el caso de Bogotá y Venezuela. No era humanamente posible que Bolívar estuviese al mismo tiempo en toda la geografía de la Gran Colombia.
Mientras Bolívar tenía en mente agregar a la unión colombiana los territorios recién liberados del Perú y Bolivia para engrandecer su proyecto hispanoamericano, sus conciudadanos y compañeros de armas y de causas se batían en diversos espacios de la unión para dividir lo que había logrado juntar hasta ahora.
Me voy a permitir hacer una cita de nuevo para ilustrar mejor el dilema de Bolívar en este conflictivo año de 1826. “Las inmensas distancias hendidas por caudalosos ríos, cortadas por la muralla verde e impenetrable de la selva, separadas por la mole de granito y nieves de las cimas de los andes, impedían la materialización de sus ideas, la geografía volvía a ser el monstruo que estaba devorando la obra de su vida, a los sueños de su espíritu, a las concepciones de su genio. Una carta tardaba dos meses en llegar a Colombia desde el Perú y tres para alcanzar las costas de Venezuela o del Orinoco. El tenia que estar en todas partes, sólo su voz, su presencia podría ser el aglutinante de la Gran Colombia" (2).
Encontrabase Bolívar en Lima ostentando el título de Presidente vitalicio del Perú por decisión de los colegios electorales y reelecto por cuatro años más Presidente de la Gran Colombia por votación avasallan te del Congreso de la unión, cuando recibe las noticia de los sucesos de Venezuela que implicaba la destitución del General Páez de la comandancia General de este país y su comparecencia ante el Congreso de Bogotá a rendir cuenta de su conducta que supuestamente consistía en ciertas irregularidades en el reclutamiento de las milicias. Bolívar consideraba que esta medida era impolítica y así se lo manifestó al general Santander.
Sin embargo, debido a la gravedad del caso decidió El Libertador abandonar al Perú y trasladarse a su país natal para tratar de conciliar los ánimos arreglarse con Páez en función de mantener la República de Colombia. Iba Bolívar a salir del Perú para no volver jamás y preparaba su viaje a Venezuela sin pensar que seria el último.
Al enterarse las fuerzas vivas de la sociedad limeña de la partida del Libertador le rogaron que no se fuera, sobre todo las bellas y distinguidas damas peruanas, no obstante Bolívar les respondió así: “Si yo no escuchase mas que los ecos de mi corazón, me quedaría en el Perú; que me ha hechizado, con demostraciones puras de gratitud y de alegría; pero Mi Patria me llama y cuando habla el deber es necesario seguirle en el silencio de todas las afecciones" (3).
El 1 de septiembre encargó del gobierno del Perú al General Santa Cruz y el día 3 se embarcó en El Callao en el bergantín que lo conduciría a la ciudad de Guayaquil. Así comenzaba Bolívar lo que "los historiadores han llamado “La Gran Jornada", que comenzó en Lima el 3 de septiembre de 1826 y terminaba en Caracas el 10 de enero de 1827, después de haber recorrido a caballo, en cuatro meses, con cortos intervalos de descanso, 1346 leguas"(4).
Es decir, un equivalente a 75.000 Kilómetros aproximadamente. Ni Napoleón Bonaparte ni ningún guerrero de la antigüedad recorrió tanta distancia a caballo.
A mediados de octubre llega a Pasto, en su paso por Popayan reflexiona sobre los acontecimientos en Bogotá, en Tocaima se encuentra con Santander después de 5 años; en el ínterin acuerdan el tratamiento político a las nuevas circunstancias. El 14 de noviembre llega a Bogota. En un acto de gobierno el 23 del mismo mes se reserva exclusivamente el poder ejecutivo en el departamento de Venezuela.
A fines de noviembre sale de Bogotá, llega a Cúcuta el 12 de diciembre desde donde ordena que se concentren en Mérida y Trujillo las compañías de granaderos y cazadores de Junín para circunscribir la conspiración y los levantamientos de la gente de Páez a los llanos y al oriente del país.
El 16 de diciembre llegan a Maracaibo Bolívar y el grueso de las tropas que habían logrado reunir en Cúcuta para restablecer el orden en Venezuela.
En esta ciudad emite un controvertido decreto, el día 19, que busca complacer al General Páez pero que desagrada al vice-presidente Santander. El origen de este decreto esta en tratar de evitar una cruenta y larga guerra civil entre venezolanos.
De Maracaibo sigue su itinerario por los Puertos de Altagracia, Casigua, Capatarida, Zazarida, Mitare, Coro, Pueblo Cumarebo hasta Chichiriviche. En este pueblo abordan un bergantín que los trasladara a Tucacas, donde pasan la noche del día 30 de diciembre de 1826.
Al levantar el alba del día 31 El Libertador se embarca de nuevo en Tucacas fijando la proa hacia los destinos de Morón ¿Por qué tomo rumbo hacia Morón pudiendo seguir por mar hasta Puerto Cabello donde tenia pensado establecer su cuartel genera!? ¿En que punto de nuestra geografía desembarcó? Esas interrogantes quedarán sin respuestas por ahora.
Lo cierto es que Bolívar decidió hacer su viaje a Puerto Cabello por tierra y hubo de pasar por esta aldea moronense de 1826. ¿Cuál fue el Morón que Bolívar vio? Era un caserío pequeño ubicado a poca distancia del río que lleva su nombre aunque a sus contornos se notaban campos de labranzas o haciendas que producían mayormente cacao, plátanos, maíz y otros frutos menores. En los años florecientes los frutos de esta tierra se exportaba por la vía del puerto de Puerto Cabello, pero la guerra de independencia había menguado y desbastados todo impulso productivo. Sin embargo, aun los habitantes de este pueblo que no llegaban al medio millar vivían de las labores agrícolas.
A medida que las cabalgaduras se aproximaban al poblado, El Libertador se ensimismaba, trae a sus recuerdos lecturas pretéritas sobre estos pueblos de la costa. Habían sido pueblos formados por el sudor del negro y del látigo ese/avista para extraer de aquellos el cacao que daba mejor vida a los mantuanos, Tenía Bolívar noticias de que esta tierra por donde ahora pasaba, conocida como el valle de Morón en la costa, fue en un tiempo la mayor productora de cacao de toda la jurisdicción de Nigua con 1.740 fanegas, pero que ahora por necesidades de la guerra se le había convertido en una dependencia de Puerto Cabello. Además su ubicación a pocas leguas del mar la hacia un lugar propicio para el contrabando; recordó entonces Bolívar, la rebelión del zambo Andresote contra la compañía Guipuzcoana para defender el comercio con los holandeses.
Serían las once de la mañana cuando entró El Libertador triunfadores sobre la calle polvorienta y seca que conducía a varias rancherías no bien dispuestas en el espacio, pero el ánimo de la multitud que aclamaba a los visitantes recompensaba la fatiga y la inclemencia de aquel sol moronero. En la sonrisa de una negra alborozada creyó ver Bolívar los mimos y la ternura de su negra Hipólita.
El griterío de los moradores no cesaba dando vivas al paso del Libertador, veamos que nos dice al respecto nuestro amigo, el cronista de Puerto Cabello, Miguel Elías Dao: “Negros, Zambos, Mestizos y Criollos, esclavos o no, se integraron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña" (5).
Durante la breve estadía, entre el almuerzo y un descanso, El Libertador contemplaba la iglesia del poblado cuya construcción era de adobe, “cubierta de tejas, y un área de trece varas de largo y siete de ancho y cuenta sólo con un altar"(6). Más alía su caballo y de más bestias se refrescaban y pateaban en las aguas del río Morón.
Bajo una Ceiba adyacente al río, El Libertador meditaba sobre el tratamiento que le daría al General Páez en su inminente encuentro. ¿Cómo conciliar las bajas pasiones de Páez y del intrigante Miguel Peña con los grandes ideales de una patria grande? ¿Cómo tratar aquellos subalternos que en el futuro le impedirían regresar a su país y le negarían el derecho de morir bajo el cielo de su Patria? Que lejos estaba Bolívar de saber que este seria su último viaje a Venezuela, y que precisamente hubo de pasar por Morón.
Porque Bolívar no podía irse de entre los vivos sin venir a Morón Las tribulaciones sobre el porvenir político de la nación aceleraron el viaje de Bolívar hacia Puerto Cabello donde llegaría como a las cinco de la tarde del 31 de diciembre de 1826.
Todavía el Río suena con Ecos de Gloria, pues sus aguas calmaron la Sed de un Potro, cuyo Jinete liberó la mitad del continente que colón había descubierto. Lastima que ya no sea Río.
Libro Crónicas desde Morón - Prólogo
Morón encrucijada en el tiempo donde aún resuenan en noches silenciosas los chasquidos metálicos de los sables revolucionarios de la Federación y a lo lejos las voces de mando de Zamora y de Falcón.
Como Cronista De San Diego y Consultor Jurídico de la Corporación que agrupa en su seno a todos los Cronistas Oficiales de la geografía carabobeña, confieso que constituye, para mi, un significativo honor la deferencia especial que ha tenido conmigo el muy apreciado amigo y abnegado Cronista de Morón, Profesor Alexis Coello, al depositar en mis manos -una inolvidable tarde de mar, de canciones y recuerdos- un legajo de interesantes crónicas publicadas con antelación en la sección costera del diario Noti Tarde, en su esperada y leída columna Desde Morón, con el propósito de que le hiciese la presentación a tan ricas páginas -todas impregnadas con ese suculento sabor telúrico que brota de las entrañas del alma colectiva del sentimiento moronense- que al fusionarse en un todo, con el homenaje de la imprenta, dieron como producto final este nuevo y valioso aporte a la bibliografía carabobeña.
Traigamos a este espacio la voz autorizada del Cronista Mayor de todos los tiempos en Venezuela, el muy valenciano Cronista de Caracas Don Enrique Bernardo Núñez: «Un pueblo sin anales, sin memoria del pasado sufre una especie de muerte, viene a ser como aquella tribu que sólo andaba por el agua para no dejar su huella» y... qué profunda huella ha dejado marcada, para la posteridad, el ilustre Cronista de Morón con la edición de este libro, testimonio fiel de su profunda erudición académica.
Por lo que respecta a nosotros siempre ha gravitado, en nuestro interior, como una constante, el firme criterio de que si se quiere eliminar un pueblo de la historia hay que comenzar por eliminar la historia de ese pueblo; por lo consiguiente: esa marcada dipsomanía que refleja el Prof. Coello por todas aquellas cosas que respiren esencia del pasado, lo inducen a calmar la sed bebiendo, hasta la saciedad, el milagroso elixir que brota de la fuente cristalina que nutre el álbum historiográfico de la vida de los pueblos, lo que nos garantiza admultos anuos la existencia de Morón en el contexto del tiempo, y que hoy, gracias a la epistemológica pluma del acusioso investigador de su devenir histórico, la progresista ciudad de Morón se encuentra robustecida porque él ha sabido continuar con mística y dignidad la noble empresa emprendida por ese gran roble y excelente amigo Don Miguel Elias Dao, Cronista de Puerto Cabello y Presidente Honorario Vitalicio de la Asociación de Cronistas de Venezuela, quien con sus hermosos 82 años a cuesta sigue demostrando la misma energía que ayer derramaba.
Cuando nos adentremos en las refrescantes páginas de este documentado estudio, nacido como el ave Fénix de las cenizas, hemeroténicas, de crónicas viejas, recorreremos, sin cansancio y de un solo jalón, la idiosincrasia; el sentir, el pensar y el querer, de ese noble terruño que bajo los signos de las saetas inexorables del tiempo se abre -con el corazón abierto como una flor de cayena- a todos los caminos de la patria, esos mismos caminos que condujeron los pasos hasta Morón de la diáfana figura del Pater Patriae un 31 de diciembre de 1826, que hizo que todas «Las casas del pueblo se vistieran de soles» como lo dibuja Don Miguel Elías Dao; precisaremos el dato exacto de la evolución cronológica morense, como lo detalla, fehacientemente, el Cronista en uno de sus artículos: el nombre de Morón lo conseguiremos por vez primera en 1578 en un croquis levantado por Juan de Pimentel. En 1628 se incorpora a la jurisdicción de Nirgua -según inducciones del erudito Cronista-.
En 1700 se ubica en los registros eclesiales como Santa Ana de Morón. En 1730 la abismada población contempla el alzamiento contra la Real Compañía Guipuzcoana del valiente zambo valenciano Juan Andrés López del Rosario, mejor conocido como Andresote o bajo los apodos de Bemba e trueno, Boca e'jarro (por la protuberancia de los labios), Cara e' susto o Pata pal' monte. Durante 1772 - 1773 recibe la visita, itineraria, pastoral del Obispo de la Diócesis de Caracas, limo. Exmo. Mons. Don Mariano Martí, quien suministró al niño Simón Bolívar el sacramento de la confirmación en la fe católica. El 25 de junio de 1824 con la creación de la Provincia de Carabobo por el Soberano Congreso de Colombia, Morón se desprende de Nirgua y se integra al Cantón de Puerto Cabello; (según lo consagrado en la Constitución del 28 de marzo de 1864 los Cantones se llamaron Departamentos, luego Distritos, Municipios Autónomos en 1983 y desde 1990 Municipio).
En 1859 llegan a Morón los Generales Zamora y Falcón e instalan el Cuartel General de la Revolución Federal. Movimiento que culminó con el Tratado de Coche en 1863 y es nombrado Presidente de la República Juan Crisóstomo Falcón. En 1901 el Municipio Morón comienza a llamarse Mora en homenaje a la memoria de su hijo epónimo Juan José Mora. El 2 de diciembre de 1945 gracias a los doctores Arnaldo Gabaldón, Enrique Tejera, Arturo Berti y otros proceres revolucionarios de la ciencia, se comenzó a combatir al fatídico ejército del hasta entonces victorioso General Paludismo con los mortíferos misiles del D. D. T. (dicloro- difeniltricloroetano) bajo el mando del Jefe de la Primera Cuadrilla de dedetizadores Levi Borges, resultando favorecidas las armas de la República. Expresa el Dr. Arturo Uslar Pietri en una de sus reflexiones: «.La transformación social y económica que está sufriendo nuestro país en el presente no es puramente la consecuencia de la Venezuela con petróleo, sino en gran pane de la Venezuela sin malaria». En el lugar donde se libró la primera batalla contra el fatal enemigo, que tenía desolada a Venezuela, hoy se levanta el monumento al zancudo muerto, ideado por el valenciano Don Ramón Chazzím, llevado a cabo por el Club de Leones de Valencia e inaugurado el 2 de diciembre de 1955. El año 1981, por Acuerdo de la Asamblea Legislativa del estado Carabobo, es creado el Distrito Juan José Mora, conformado por Morón y Urama que se desmembraron del Distrito Puerto Cabello.
En el mes de abril de 1997 a proposición del Alcalde Ing. Rafael Garrido fue aprobado unánimemente por la ilustre Cámara Municipal como Primer Cronista Oficial de la urbe el Prof. Alexis Coello, que venía de ocupar la curul edilicia en ese mismo Ayuntamiento por un lapso de nueve años. Obviamente, jugó un papel primordial en la conciencia de los concejales, para tan importante e histórica decisión, los méritos y virtudes que engalanan la honorable personalidad del hoy ilustre Cronista moronense; acrisolado espejo donde deben contemplarse las nuevas generaciones (y las viejas también) para orgullo de la patria.
El Profesor Alexis Coello vio la luz primera en la Península de Paraguaná, en 1956, de muy niño sus padres constituyeron un cristiano hogar en suelo moronense, suelo al cual el Prof. Coello le ha dedicado con auténtico amor filial lo mejor de su existencia. Egresó, con honores, del Instituto Pedagógico Universitario de Maracay en la especialidad de Ciencias Sociales, Profesor Titular del Liceo Ambrosio Plaza, donde se le quiere y se le respeta, experto en materia municipal, director fundador de la revista Morón ayer y hoy; luce sobre su pecho las veneras de las Ordenes Mérito en el Trabajo y Juan José Mora, su obra histórico-literaria se circunscribe a los siguientes libros: Pinceladas en el tiempo, que tuve el placer de disfrutar en San Javier del Valle, una gélida madrugada merideña, en ocasión de efectuarse la XXVII Convención Nacional de Cronistas de Venezuela, Morón y estas páginas donde se retrata, en toda su intensidad, con el lente mágico de la palabra, la historia grande y la historia pequeña, como la de Clodomiro que a su caballo se lo llevó el atraso y a su Clarita se- la llevó el progreso y a él... se lo llevó la tristeza; vivencias; travesuras juveniles, que hablan de una época, como aquella del ciego Estanislao, que era ciego pero que no era bolsa; folklore, costumbres, tradiciones, sueños y añoranzas, que reflejan el espíritu poético y romántico del artífice: "El tractor del progreso echó al suelo las últimas espigas del vergel de la vieja aldea".
En verdad, como amante de la buena lectura y del dato 'histórico preciso, al final de la lectura de las páginas que depositaron en mis manos -una inolvidable tarde de mar, canciones y recuerdos-deseaba que se multiplicaran para seguir disfrutando de tan didáctica y amena lectura, fundida en el crisol de la llama ardiente de la nacionalidad, pero estamos seguros que la producción prolifera del muy distinguido Cronista no se detendrá con las piedras que, algunas veces, se presentan en el camino, por el contrario, muy pronto, estamos seguros, nos sorprenderá, gratamente, con una nueva producción.
Julio Centeno, hijo
Bolívar y Morón
Quizás resulte un poso extraño el titulo de esta exposición, pero en descargo de esta presunción diremos que el hombre y la presencia bolivariana no es ajena a ningún pueblo desde los confines nevados del macizo andino hasta las calidas aguas del caribe, mas aun, su imagen se acrecienta sobre las riberas del río Grande para convertirse en una gloria de toda la América y su nombre retumba en los oídos de los habitantes del viejo mundo europeo, donde se le admira.
¿Qué raro tiene que hablemos sobre Bolívar Y Morón? A su paso Bolívar visito tantos pueblos y aldeas a los largo y ancho de la geografía Suramericana, en el Perú, en Bolivia, en Colombia, en Ecuador y por su puesto en su país natal. En cada uno de esos pueblos no solo dejo las huellas de su caballo sino que dejo también un pedacito de su gloria y un recuerdo perdurable que trasmonta la barrera de los siglos. Hoy en día se venera con orgullo el árbol donde amarro su caballo o dador de la sombra donde hubo de guarecerse, o también el sitio donde dicto una proclama, se tiene como santuarios para el reencuentro con la historia los inmuebles donde se hospedo o ejecuto una medida para la guerra o un acto de gobierno. En los museos se conservan como reliquias los objetos que a el pertenecieron.
¿Cómo podemos nosotros los moronenses pasar desapercibido el paso del Libertador de medio continente americano por aquella aldea aledaña al río Morón de 1826? ¿Qué circunstancias rodearon el último viaje que El Libertador emprendió a Venezuela? ¿Qué recuerdos? ¿Qué propósitos y pensamientos agobiaban a Bolívar en aquella mañana víspera de año nuevo? ¿Sorbió su caballo el agua del río Morón?
Para responder a estas interrogantes debemos ubicarnos en la ciudad de Lima, en el Perú, en el mes de agosto de 1826. Bolívar había llegado a la cúspide de su gloria y de su figuración histórica; ningún mortal le ganaba en prestigio en América del sur. Pese a la discordia y a la anarquía había conservado unidos a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador en su gran obra: La Gran Colombia. Aun estaban tibias las armas con las que había dado la libertad al Perú, con la creación de Bolivia inmortalizaba su nombre en el alto Perú, había reunido el Congreso de Panamá en la búsqueda de la unión hispanoamericana como garantía de la grandeza histórica y como contrapeso al coloso del norte.
Sin embargo su principal sueño la Gran Colombia- hacia agua por los cuatro costados. En Bogota se imponían las intrigas palaciegas guiadas de las manos y del talento político del Vice-presidente Santander quien solapadamente confabulaba en contra del Libertador para hacerse de la Presidencia de la unión Colombiana.
En el Departamento de Venezuela la situación era mas grave aun, las actitudes separatistas que jugaban a la desintegración de la Gran Colombia se ejecutaban públicamente teniendo como asidero la ambiciosa personalidad del General Páez y los intereses mezquinos y localistas de una sarta de militares y civiles que bajo la direcci6n del Dr. Miguel Peña se empeñaban en echar por tierra la obra de Bolívar. "Las Asambleas y las Juntas se suceden en Caracas y Valencia, y entre las sombras, el Dr. Miguel Peña lleva en sus manos todos los hilos del movimiento separatista que cada día asume mayores proporciones. Ya se habla pública y abiertamente de la separación de Venezuela de la Unión Colombiana. Finalmente, el General Páez convoco al país a elecciones para un Congreso Constituyente que debía instalarse en Valencia" (1).
En el otro Departamento -el de Quito- a la saz6n existía aparentemente un clima de tranquilidad y armonía. Este buen comportamiento de lo que en futuro seria El Ecuador no se debía tanto a que no existiesen tendencias particulares disgregadoras ni porque estuviesen muy a gusto con la unidad colombiana (como se demostraría posteriormente con la secesión del venezolano Juan José Flores) sino porque la larga permanencia de Bolívar en el sur, el brillo de su espada, su gloria y su reputado genio mantenía calmada las asperezas y las ambiciones de los caudillos. No era así el caso de Bogotá y Venezuela. No era humanamente posible que Bolívar estuviese al mismo tiempo en toda la geografía de la Gran Colombia.
Mientras Bolívar tenía en mente agregar a la unión colombiana los territorios recién liberados del Perú y Bolivia para engrandecer su proyecto hispanoamericano, sus conciudadanos y compañeros de armas y de causas se batían en diversos espacios de la unión para dividir lo que había logrado juntar hasta ahora.
Me voy a permitir hacer una cita de nuevo para ilustrar mejor el dilema de Bolívar en este conflictivo año de 1826. “Las inmensas distancias hendidas por caudalosos ríos, cortadas por la muralla verde e impenetrable de la selva, separadas por la mole de granito y nieves de las cimas de los andes, impedían la materialización de sus ideas, la geografía volvía a ser el monstruo que estaba devorando la obra de su vida, a los sueños de su espíritu, a las concepciones de su genio. Una carta tardaba dos meses en llegar a Colombia desde el Perú y tres para alcanzar las costas de Venezuela o del Orinoco. El tenia que estar en todas partes, sólo su voz, su presencia podría ser el aglutinante de la Gran Colombia" (2).
Encontrabase Bolívar en Lima ostentando el título de Presidente vitalicio del Perú por decisión de los colegios electorales y reelecto por cuatro años más Presidente de la Gran Colombia por votación avasallan te del Congreso de la unión, cuando recibe las noticia de los sucesos de Venezuela que implicaba la destitución del General Páez de la comandancia General de este país y su comparecencia ante el Congreso de Bogotá a rendir cuenta de su conducta que supuestamente consistía en ciertas irregularidades en el reclutamiento de las milicias. Bolívar consideraba que esta medida era impolítica y así se lo manifestó al general Santander.
Sin embargo, debido a la gravedad del caso decidió El Libertador abandonar al Perú y trasladarse a su país natal para tratar de conciliar los ánimos arreglarse con Páez en función de mantener la República de Colombia. Iba Bolívar a salir del Perú para no volver jamás y preparaba su viaje a Venezuela sin pensar que seria el último.
Al enterarse las fuerzas vivas de la sociedad limeña de la partida del Libertador le rogaron que no se fuera, sobre todo las bellas y distinguidas damas peruanas, no obstante Bolívar les respondió así: “Si yo no escuchase mas que los ecos de mi corazón, me quedaría en el Perú; que me ha hechizado, con demostraciones puras de gratitud y de alegría; pero Mi Patria me llama y cuando habla el deber es necesario seguirle en el silencio de todas las afecciones" (3).
El 1 de septiembre encargó del gobierno del Perú al General Santa Cruz y el día 3 se embarcó en El Callao en el bergantín que lo conduciría a la ciudad de Guayaquil. Así comenzaba Bolívar lo que "los historiadores han llamado “La Gran Jornada", que comenzó en Lima el 3 de septiembre de 1826 y terminaba en Caracas el 10 de enero de 1827, después de haber recorrido a caballo, en cuatro meses, con cortos intervalos de descanso, 1346 leguas"(4).
Es decir, un equivalente a 75.000 Kilómetros aproximadamente. Ni Napoleón Bonaparte ni ningún guerrero de la antigüedad recorrió tanta distancia a caballo.
A mediados de octubre llega a Pasto, en su paso por Popayan reflexiona sobre los acontecimientos en Bogotá, en Tocaima se encuentra con Santander después de 5 años; en el ínterin acuerdan el tratamiento político a las nuevas circunstancias. El 14 de noviembre llega a Bogota. En un acto de gobierno el 23 del mismo mes se reserva exclusivamente el poder ejecutivo en el departamento de Venezuela.
A fines de noviembre sale de Bogotá, llega a Cúcuta el 12 de diciembre desde donde ordena que se concentren en Mérida y Trujillo las compañías de granaderos y cazadores de Junín para circunscribir la conspiración y los levantamientos de la gente de Páez a los llanos y al oriente del país.
El 16 de diciembre llegan a Maracaibo Bolívar y el grueso de las tropas que habían logrado reunir en Cúcuta para restablecer el orden en Venezuela.
En esta ciudad emite un controvertido decreto, el día 19, que busca complacer al General Páez pero que desagrada al vice-presidente Santander. El origen de este decreto esta en tratar de evitar una cruenta y larga guerra civil entre venezolanos.
De Maracaibo sigue su itinerario por los Puertos de Altagracia, Casigua, Capatarida, Zazarida, Mitare, Coro, Pueblo Cumarebo hasta Chichiriviche. En este pueblo abordan un bergantín que los trasladara a Tucacas, donde pasan la noche del día 30 de diciembre de 1826.
Al levantar el alba del día 31 El Libertador se embarca de nuevo en Tucacas fijando la proa hacia los destinos de Morón ¿Por qué tomo rumbo hacia Morón pudiendo seguir por mar hasta Puerto Cabello donde tenia pensado establecer su cuartel genera!? ¿En que punto de nuestra geografía desembarcó? Esas interrogantes quedarán sin respuestas por ahora.
Lo cierto es que Bolívar decidió hacer su viaje a Puerto Cabello por tierra y hubo de pasar por esta aldea moronense de 1826. ¿Cuál fue el Morón que Bolívar vio? Era un caserío pequeño ubicado a poca distancia del río que lleva su nombre aunque a sus contornos se notaban campos de labranzas o haciendas que producían mayormente cacao, plátanos, maíz y otros frutos menores. En los años florecientes los frutos de esta tierra se exportaba por la vía del puerto de Puerto Cabello, pero la guerra de independencia había menguado y desbastados todo impulso productivo. Sin embargo, aun los habitantes de este pueblo que no llegaban al medio millar vivían de las labores agrícolas.
A medida que las cabalgaduras se aproximaban al poblado, El Libertador se ensimismaba, trae a sus recuerdos lecturas pretéritas sobre estos pueblos de la costa. Habían sido pueblos formados por el sudor del negro y del látigo ese/avista para extraer de aquellos el cacao que daba mejor vida a los mantuanos, Tenía Bolívar noticias de que esta tierra por donde ahora pasaba, conocida como el valle de Morón en la costa, fue en un tiempo la mayor productora de cacao de toda la jurisdicción de Nigua con 1.740 fanegas, pero que ahora por necesidades de la guerra se le había convertido en una dependencia de Puerto Cabello. Además su ubicación a pocas leguas del mar la hacia un lugar propicio para el contrabando; recordó entonces Bolívar, la rebelión del zambo Andresote contra la compañía Guipuzcoana para defender el comercio con los holandeses.
Serían las once de la mañana cuando entró El Libertador triunfadores sobre la calle polvorienta y seca que conducía a varias rancherías no bien dispuestas en el espacio, pero el ánimo de la multitud que aclamaba a los visitantes recompensaba la fatiga y la inclemencia de aquel sol moronero. En la sonrisa de una negra alborozada creyó ver Bolívar los mimos y la ternura de su negra Hipólita.
El griterío de los moradores no cesaba dando vivas al paso del Libertador, veamos que nos dice al respecto nuestro amigo, el cronista de Puerto Cabello, Miguel Elías Dao: “Negros, Zambos, Mestizos y Criollos, esclavos o no, se integraron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña" (5).
Durante la breve estadía, entre el almuerzo y un descanso, El Libertador contemplaba la iglesia del poblado cuya construcción era de adobe, “cubierta de tejas, y un área de trece varas de largo y siete de ancho y cuenta sólo con un altar"(6). Más alía su caballo y de más bestias se refrescaban y pateaban en las aguas del río Morón.
Bajo una Ceiba adyacente al río, El Libertador meditaba sobre el tratamiento que le daría al General Páez en su inminente encuentro. ¿Cómo conciliar las bajas pasiones de Páez y del intrigante Miguel Peña con los grandes ideales de una patria grande? ¿Cómo tratar aquellos subalternos que en el futuro le impedirían regresar a su país y le negarían el derecho de morir bajo el cielo de su Patria? Que lejos estaba Bolívar de saber que este seria su último viaje a Venezuela, y que precisamente hubo de pasar por Morón.
Porque Bolívar no podía irse de entre los vivos sin venir a Morón Las tribulaciones sobre el porvenir político de la nación aceleraron el viaje de Bolívar hacia Puerto Cabello donde llegaría como a las cinco de la tarde del 31 de diciembre de 1826.
Todavía el Río suena con Ecos de Gloria, pues sus aguas calmaron la Sed de un Potro, cuyo Jinete liberó la mitad del continente que colón había descubierto. Lastima que ya no sea Río.
El Orígen de Morón
Morón significa morro, monte. Aunque el pueblo de Morón no fue fundado en el siglo XVI ya se tenía noticia de su río por un croquis del Golfo Triste diseñado por Don Juan de Pimentel donde aparecen los ríos Aroa, Aracoy o Yaracuy y Morón-. Todavía en el siglo XVII la población de Morón es mayoritariamente indígena que apenas sobreviven, el resto de los habitantes son algunos blancos dueños de haciendas de cacao y cierta cantidad de negros esclavos y libres.
Morón no tiene fecha de fundación ni fundador conocido. Probablemente el nombre del pueblo fue tomado del río que para aquel entonces era navegable por Canoas de mediano tamaño que transportaban productos agrícolas. Los conquistadores y sacerdotes españoles acostumbra¬ban a colocar sus nombres a ríos y lugares. "Es común el nombre de Morón en Es¬paña y en varios países hispanos como Argentina y Cuba. No es extraño que en nuestro caso haya sucedido algo similarâ€.
Juan de Morón fue un conquistador y encomendero español. Fue fundador de Trujillo. Estaba casado con Isabel Flores y tenía un hijo llamado Marcos Valera. Juan de Morón participó con Diego García de Paredes en la conquista y población de Cuicas (Trujillo} y también en la defen¬sa de Nueva Segovia (Barquisimeto) en 1553 cuando los ataques del Negro Miguel, Rey de Buria. "Fue uno de los fundadores de de la ciudad Rodrigo de Maracaibo y su primer Alcalde... Por espacio de varios años estuvo en la región de Nirgua, gastando gran parte de sus bienes en servicio de la Real corona". No olvidemos que el territorio de Morón fue jurisdicción de Nirgua ¿No estaría aquí el origen del nombre de la ciudad de Morón?
El cumbe fue una agrupación de negros esclavos escapados de sus amos de las haciendas cercanas y loangos que eran negros esclavos escapados de curazao y que aquí obtenían la libertad, se internaban en las montañas y parajes solitarios para esconderse de las persecuciones y las leyes de los blancos. En sus escondrijos construían viviendas improvisadas y formaban una comunidad que se reencontraba con sus ritos y sus culturas africanas ancestrales. Uno de los cumbe de la zona estuvo ubicado en las alturas del río Sanchón. Muchos negros de los cumbes se arraigaron a esta tierra y se constituyeron en el núcleo originario de la población moronense.
Se estima que a principios del siglo XVII (de 1700 en adelante) se conforma un núcleo poblacional o caserío con cier¬ta uniformidad. No fue fundado oficialmen¬te como pueblo de españoles sino que en forma lenta y espontánea se va agregando y concentrando el contingente humano sobre el territorio hasta adquirir fisono¬mía de pueblo. A comienzo de 1700 aparece la iglesia como factor de unidad espiritual bajo el patronato la virgen de Santa Ana. Ya antes en forma provisional había estado San Francisco como patrono del poblado. En 1720 la iglesia estaba a Cargo del Capellán Sebastián Herrera. En 1733 fue asignado el sacerdote Rodríguez Tinoco para los oficios religiosos en la costa de Morón.
En 1730 Y 1733 se produce en la zona costera, que incluye a Morón, la rebelión de Juan Andrés López del Rosario mejor conocido como "Andresote". Era un zambo nativo de Valencia que tomó las armas y li¬deró a un grupo numeroso de negros, indios, blancos hacendados y contrabandistas para enfrentar los abusos de la Compañía Guipuzcoana y en defensa del comercio ilí¬cito con los holandeses que operaban desde la isla de Curazao. Para ese entonces la población era aproximadamente de 237 habitantes compuesta de la siguiente ma¬nera: Alpargatón 120 personas (28 casas), Urama 12 personas (6 casas), El Salao 66(11 casas) y Morón 39 (8 casas).
Para 1768 la población de Morón al¬canza a 168 personas. Distribuidas así: 6 blancos (4 hombres y 2 mujeres}, 58 par¬dos (25 h y 33 m}, 30 niños, 74 esclavos 38 h Y 36 m); como podrá notarse el 44% lo constituye la población esclava. 1773 5 años después Morón tiene 127 ha¬bitantes y Alpargatón 202 para un total de 329 pobladores. Nótese que Alpargatón posee más habitantes que Morón por lo lle¬gó a ser primero que éste cabecera de poblado. Esta población vivía de las activida¬des agrícolas, los productos como el Ca¬cao, maíz, plátanos etc. que llevaban al puerto de Puerto Cabello a vender. Morón llegó a ser el mayor productor de Cacao de la costa. También había la crianza de ganado y otros animales. El contrabando fue practicado con mucha frecuencia.
En 1773 Morón, Alpargaton, Sanchón y urama reciben la visita del ilustre Obispo Ma¬riano Martí. De Morón dice lo siguiente: "es un pequeño caserío ubicado a escasos me¬tros del río del mismo nombre, habitado por esclavos y otras gentes libres que cul¬tivan las haciendas de cacao".
La estadía del Obispo Martí fue posi¬tiva para estos pueblos por su 1abor civi¬lizatoria y humanística. El l6 de marzo del año mencionado inspecciona la iglesia de Morón conjuntamente con el Vicario y algunos vecinos y dice al respecto: "La fabrica es de adobe, cubierta de tejas, tiene un área de trece varas de largo y siete y tres cuarto de ancho, contando solamente con un altar". También visita la iglesia de Alpargatón encontrándola de bahareque doble, cubierta de palma, con un área disponible de veinte varas de largo y siete de ancho, con un altar".
Urama es actualmente una parroquia del municipio Juan José Mora. En lenguaje indígena significa "lapa". En l628 perteneció a la jurisdicción de Nirgua, sin embargo, fue después de 1711 que se concentró un movimiento poblador vinculado estrecha¬mente al caserío de Canoabo.
En 1835 Urama pasó a ser parte del can¬tón de Montalbán que se había separado de Nirgua. Posteriormente, junto con Morón, llegó a ser integrante del Distrito Puerto Cabello. Su santo patrón es San Juan Bau¬tista que para el año de 1726 contaba con una iglesia de paja dedicada su veneración.
Urama también era un lugar habitado fundamentalmente por negros esclavos que laboraban en varias haciendas de cacao.
El 5 de agosto de 1811 el Ejecutivo ¬Nacional le otorga el título de ciudad a Puerto Cabello. En dicho documento oficial aparecen Alpargatón Y Morón como parroquias pertenecientes al suburbio de la nueva ciu¬dad.
Luego vendrían largos años de guerra por la independencia y Morón serviría como encrucijada de caminos que comunica¬ban las tropas en pugna desde el centro del país hacia el occidente y viceversa.
En 1824 se promulgó la ley de divi¬sión político-territorial de la Repúbli¬ca de Colombia en la cual se le da la de¬nominación de Carabobo al territorio que hoy ocupan los estados Lara, Yaracuy, Co¬jedes y parte de Aragua, y por supuesto, incluía el territorio del actual estado Carabobo.
Morón y Alpargatón formaron parte como parroquia del Cantón Puerto Cabello, no así Urama que continuó integrada al Cantón de Montalbán desde la fundación de ésta en 1628.
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El 31 de diciembre de l826 acontece la visita del Libertador Simón Bolívar al pueblo de Morón. Serían las once de la ma¬ñana cuando entró el Libertador triunfante sobre la calle polvorienta y seca que con¬ducía a varias rancherías no bien dispuestas en el espacio, pero el ánimo de la multitud qUe aclamaba a los visitantes recompensaba la fatiga y la inclemencia de aquel sol moronero.
El griterío de los moradores no cesa¬ba dando vivas al paso del Libertador, vea¬mos que nos dice al respecto el cronista Miguel Elías Dao: "Negros, zambos, mesti¬zos y criollos, esclavos o no, se integra¬ron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña".
Libro Crónicas desde Morón - Simón Bolívar en Morón
Muy poco se ha dicho o escrito sobre la visita de El Libertador Simón Bolívar a Morón y, es obvio que así sea. ¿Quién podría interesarse en registrar la estancia de pocas horas de El Libertador en una aldea que a la sazón no llegaba al millar de habitantes? El itinerario documental de Bolívar (Ediciones de la Presidencia de la República) señala el paso del Padre de la Patria por Morón, sin ninguna connotación especial, a no ser como un pueblo más que se encontraba en un punto intermedio a su destino final. Sólo las voces de los poetas e historiadores ligados a este terruño marino han vertido en su brisa odas y semblanzas de aquel día postrero de 1826 para que perenne se mantenga en la conciencia colectiva en desmedro del rutinario olvido.
La prosa fecunda de Miguel Elias Dao nos lleva hacia el anuncio de un hecho trascendente que altera la monotonía de la vida pueblerina y el habitual comportamiento de la naturaleza. Nos dice: "Las casas del pueblo de Morón se llenaron de soles, cuando las luces se encendieron al paso del Libertador. Los gallos desde la madrugada puntearon la mañana, hasta que los cascos de las cabalgaduras entonaron sus cantos desvelados al a golpear suavemente la tierra que recibía su porción de gloria. El anuncio llegó en alas de gaviotas que desviaron su rumbo del mar a la llanura, o tal vez el mensaje se presintió en el canto alegre de laparaulata madrugadora, del arrendajo tragón o del cristofué con su silbido metálico ".
Pero más allá de los textos del poeta, está el contexto histórico en que se desenvuelve la visita de Bolívar a Morón. Soplaban los aires de la disolución de la Gran Colombia. En Venezuela el General Páez, Miguel Peña y demás seguidores se resistían a que Bogotá fuese la capital de aquella, por lo que mostraban su inconformidad criticando al gobierno centralista, las leyes y su constitución. Acusado Páez de desobediencia por el General Juan Escalona ante el senado grancolombiano y ante la vicepresidencia de Santander, se aprueba su destitución como comandante general de Venezuela y es llamado a presentarse ante el congreso de Bogotá. Páez decide acudir a la citación del congreso colombiano, pero en su paso por Valencia es persuadido por el Dr. Miguel Peña para que se rebele contra el gobierno centralista de Bogotá y asuma la jefatura civil y militar de Venezuela, como en efecto lo hizo al prestar juramento ante la municipalidad de Valencia, donde se comprometió a hacer respetar las leyes de la patria y a desobedecer las órdenes de Bogotá. Este movimiento se conoció con el nombre de la Cosiata y fue el primer paso para la separación de Venezuela de la Gran Colombia.
Bolívar, que se encontraba en Perú, regresa a Bogotá el 14 de noviembre de 1826. Decide viajar a Venezuela a calmar los intereses mezquinos y los ánimos separatistas. Iba a volar de un extremo a otro del territorio de su grandiosa obra. Se apertrecha de suficientes tropas en Cúcuta para poner el orden en su patria. El 16 de diciembre llega Bolívar a Maracaibo, luego sigue por los puertos de Altagracia, Casigua, Capatánda, Zazánda, Mitare. El día 23 arriba a la ciudad de Coro, prosigue su ruta por tierra hasta Pueblo Cumarebo y Chichiriviche, allí toma un bergantín que lo traslada a Tucacas, donde pernocta el día 30.
El 31 al amanecer parte hacia Morón, donde llega a las 11 de la mañana, la aldea lo recibió con gran entusiasmo, el pueblo de Morón manifestaba su adhesión al padre de la patria y no conocía de las deslealtades e insinceridades de Páez y de la oligarquía valenciana.
Debió pasar por el estrecho camino real circundado por viejas haciendas de Cacao. La gente lo aclamaba a su paso. Vítores y gritos de alegría rodeaban al héroe. "Ahí estaba Bolívar, bajo el cielo azul de Morón que le ofrecía sus respetos y su sangre. Ahí estaba Bolívar haciendo un alto en el camino... Negros, zambos, mestizos y criollos, esclavos o no se integraron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña, para proseguir su viaje hacia Puerto Cabello, donde llegó a las 5 de la tarde", escribe Miguel Elias Dao.
En Puerto Cabello, Bolívar dicta un indulto perdonando a todos los comprometidos en la conspiración y se comunica con Páez a través de misivas entregadas por José Laurencio Silva y Antonio Leocadio Guzmán al caudillo llanero. En estas cartas Bolívar llama a la reconciliación y a la paz. Se produce la entrevista de Naguanagua, donde Bolívar y Páez se abrazan y celebran un banquete en compañía de Bartolomé Salom, Diego Ibarra, Antonio Leocadio Guzmán, José Laurencio Silva y otros. Sería la última vez que Bolívar viniera a Venezuela cuando pasó por Morón.
El Origen de Morón
Morón significa morro, monte. Aunque el pueblo de Morón no fue fundado en el siglo XVI ya se tenía noticia de su río por un croquis del Golfo Triste diseñado por Don Juan de Pimentel donde aparecen los ríos Aroa, Aracoy o Yaracuy y Morón-. Todavía en el siglo XVII la población de Morón es mayoritariamente indígena que apenas sobreviven, el resto de los habitantes son algunos blancos dueños de haciendas de cacao y cierta cantidad de negros esclavos y libres.
Morón no tiene fecha de fundación ni fundador conocido. Probablemente el nombre del pueblo fue tomado del río que para aquel entonces era navegable por Canoas de mediano tamaño que transportaban productos agrícolas. Los conquistadores y sacerdotes españoles acostumbra¬ban a colocar sus nombres a ríos y lugares. "Es común el nombre de Morón en Es¬paña y en varios países hispanos como Argentina y Cuba. No es extraño que en nuestro caso haya sucedido algo similarâ€.
Juan de Morón fue un conquistador y encomendero español. Fue fundador de Trujillo. Estaba casado con Isabel Flores y tenía un hijo llamado Marcos Valera. Juan de Morón participó con Diego García de Paredes en la conquista y población de Cuicas (Trujillo} y también en la defen¬sa de Nueva Segovia (Barquisimeto) en 1553 cuando los ataques del Negro Miguel, Rey de Buria. "Fue uno de los fundadores de de la ciudad Rodrigo de Maracaibo y su primer Alcalde... Por espacio de varios años estuvo en la región de Nirgua, gastando gran parte de sus bienes en servicio de la Real corona". No olvidemos que el territorio de Morón fue jurisdicción de Nirgua ¿No estaría aquí el origen del nombre de la ciudad de Morón?
El cumbe fue una agrupación de negros esclavos escapados de sus amos de las haciendas cercanas y loangos que eran negros esclavos escapados de curazao y que aquí obtenían la libertad, se internaban en las montañas y parajes solitarios para esconderse de las persecuciones y las leyes de los blancos. En sus escondrijos construían viviendas improvisadas y formaban una comunidad que se reencontraba con sus ritos y sus culturas africanas ancestrales. Uno de los cumbe de la zona estuvo ubicado en las alturas del río Sanchón. Muchos negros de los cumbes se arraigaron a esta tierra y se constituyeron en el núcleo originario de la población moronense.
Se estima que a principios del siglo XVII (de 1700 en adelante) se conforma un núcleo poblacional o caserío con cier¬ta uniformidad. No fue fundado oficialmen¬te como pueblo de españoles sino que en forma lenta y espontánea se va agregando y concentrando el contingente humano sobre el territorio hasta adquirir fisono¬mía de pueblo. A comienzo de 1700 aparece la iglesia como factor de unidad espiritual bajo el patronato la virgen de Santa Ana. Ya antes en forma provisional había estado San Francisco como patrono del poblado. En 1720 la iglesia estaba a Cargo del Capellán Sebastián Herrera. En 1733 fue asignado el sacerdote Rodríguez Tinoco para los oficios religiosos en la costa de Morón.
En 1730 Y 1733 se produce en la zona costera, que incluye a Morón, la rebelión de Juan Andrés López del Rosario mejor conocido como "Andresote". Era un zambo nativo de Valencia que tomó las armas y li¬deró a un grupo numeroso de negros, indios, blancos hacendados y contrabandistas para enfrentar los abusos de la Compañía Guipuzcoana y en defensa del comercio ilí¬cito con los holandeses que operaban desde la isla de Curazao. Para ese entonces la población era aproximadamente de 237 habitantes compuesta de la siguiente ma¬nera: Alpargatón 120 personas (28 casas), Urama 12 personas (6 casas), El Salao 66(11 casas) y Morón 39 (8 casas).
Para 1768 la población de Morón al¬canza a 168 personas. Distribuidas así: 6 blancos (4 hombres y 2 mujeres}, 58 par¬dos (25 h y 33 m}, 30 niños, 74 esclavos 38 h Y 36 m); como podrá notarse el 44% lo constituye la población esclava. 1773 5 años después Morón tiene 127 ha¬bitantes y Alpargatón 202 para un total de 329 pobladores. Nótese que Alpargatón posee más habitantes que Morón por lo lle¬gó a ser primero que éste cabecera de poblado. Esta población vivía de las activida¬des agrícolas, los productos como el Ca¬cao, maíz, plátanos etc. que llevaban al puerto de Puerto Cabello a vender. Morón llegó a ser el mayor productor de Cacao de la costa. También había la crianza de ganado y otros animales. El contrabando fue practicado con mucha frecuencia.
En 1773 Morón, Alpargaton, Sanchón y urama reciben la visita del ilustre Obispo Ma¬riano Martí. De Morón dice lo siguiente: "es un pequeño caserío ubicado a escasos me¬tros del río del mismo nombre, habitado por esclavos y otras gentes libres que cul¬tivan las haciendas de cacao".
La estadía del Obispo Martí fue posi¬tiva para estos pueblos por su 1abor civi¬lizatoria y humanística. El l6 de marzo del año mencionado inspecciona la iglesia de Morón conjuntamente con el Vicario y algunos vecinos y dice al respecto: "La fabrica es de adobe, cubierta de tejas, tiene un área de trece varas de largo y siete y tres cuarto de ancho, contando solamente con un altar". También visita la iglesia de Alpargatón encontrándola de bahareque doble, cubierta de palma, con un área disponible de veinte varas de largo y siete de ancho, con un altar".
Urama es actualmente una parroquia del municipio Juan José Mora. En lenguaje indígena significa "lapa". En l628 perteneció a la jurisdicción de Nirgua, sin embargo, fue después de 1711 que se concentró un movimiento poblador vinculado estrecha¬mente al caserío de Canoabo.
En 1835 Urama pasó a ser parte del can¬tón de Montalbán que se había separado de Nirgua. Posteriormente, junto con Morón, llegó a ser integrante del Distrito Puerto Cabello. Su santo patrón es San Juan Bau¬tista que para el año de 1726 contaba con una iglesia de paja dedicada su veneración.
Urama también era un lugar habitado fundamentalmente por negros esclavos que laboraban en varias haciendas de cacao.
El 5 de agosto de 1811 el Ejecutivo ¬Nacional le otorga el título de ciudad a Puerto Cabello. En dicho documento oficial aparecen Alpargatón Y Morón como parroquias pertenecientes al suburbio de la nueva ciu¬dad.
Luego vendrían largos años de guerra por la independencia y Morón serviría como encrucijada de caminos que comunica¬ban las tropas en pugna desde el centro del país hacia el occidente y viceversa.
En 1824 se promulgó la ley de divi¬sión político-territorial de la Repúbli¬ca de Colombia en la cual se le da la de¬nominación de Carabobo al territorio que hoy ocupan los estados Lara, Yaracuy, Co¬jedes y parte de Aragua, y por supuesto, incluía el territorio del actual estado Carabobo.
Morón y Alpargatón formaron parte como parroquia del Cantón Puerto Cabello, no así Urama que continuó integrada al Cantón de Montalbán desde la fundación de ésta en 1628.
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El 31 de diciembre de l826 acontece la visita del Libertador Simón Bolívar al pueblo de Morón. Serían las once de la ma¬ñana cuando entró el Libertador triunfante sobre la calle polvorienta y seca que con¬ducía a varias rancherías no bien dispuestas en el espacio, pero el ánimo de la multitud qUe aclamaba a los visitantes recompensaba la fatiga y la inclemencia de aquel sol moronero.
El griterío de los moradores no cesa¬ba dando vivas al paso del Libertador, vea¬mos que nos dice al respecto el cronista Miguel Elías Dao: "Negros, zambos, mesti¬zos y criollos, esclavos o no, se integra¬ron a una misma fe para decir presente. El Libertador recibió del pueblo las mejores atenciones unidas a un suculento almuerzo de campaña".