Libro Crónicas desde Morón - La Fundación del Barrio 23 de Enero en Morón
En todas las ciudades y pueblos del país es difícil no encontrar un barrio con el nombre de esta conocida fecha que significó y comienzo del régimen democrático y el fin de la dictadura perezjimenista, Morón no es la excepción. Nos llega de nuestra amiga Maris González una reseña histórica sobre la fundación del barrio 23 de Enero de Morón.
Maris nos refiere que en terrenos muy próximos al río Morón cubiertos frondosamente por grandes árboles de jabillo se daban cita a diario un grupo de mujeres entre las cuales es encontraban Argelina de González, Otilia de Zabala, Nicolasa de Montes, Victoria Ramos, María lamas, Meme y María Granadino para cumplir sus labores de lavado de ropa y para compartir menudencias propias de la vida para parroquiana de Morón de las postrimerías de la década de los años 50.
Alegres conversaciones se dan bajo el cobijo de la ceiba en comparsa con el chirrido de la concha de coco que al frotarse con las prendas de vestir hacía las veces de moderno cepillo de ahora, chirridos que al unísono parecían más bien cantos de lame-arenas que sumergían sus enormes en cabezas en las lamas verduzcas que anidaban en el fondo de las aguas cristalinas del río Morón.
Otras veces, estos mismos terrenos eran utilizados para las celebraciones de las fiestas de la virgen de Santa Ana, donde ya era costumbre disfrutar de la suculenta ternera y el codiciado brindis. Mediante estas tertulias se encariñaron con el sitio y un día se plantearon construir sus viviendas, por lo menos ésta era la idea de la señora Angelina de González, quien hacía comida para algunos trabajadores de la Petroquímica y les comentó su proyecto a Vicente Ortega, Rogelio Manrique, Alfonso Mercado, incorporándose todos ellos a la idea de poblar el lugar (así dejó de ser un grupo sólo de mujeres).
Un día, en el mes de diciembre de 1957, encontraban se Angelina de González, Ramón Añez, Victoria Ramos (hoy difuntos), Otilia de Zavala y Nicolasa de Montes, quienes optaron por invadir los mencionados terrenos, pero fueron desalojados por la Seguridad Nacional, mas no se amedrentaron y continuaron con su propósito de conseguir las tierras que el Instituto de Petroquímica mantenía como de su pertenencia.
A los pocos días de la caída del dictador Pérez Jiménez, el 30 de enero de 1958, fueron tomados estos terrenos por las personas antes mencionadas; entonces fundaron el caserío con el nombre de 23 de Enero. Estas mismas personas siguieron con la idea de fundar más barrios y al poco tiempo fundaron en terrenos aledaños el barrio La Charneca.
Libro Crónicas desde Morón - Morón, Ave Fénix de Carabobo
Morón es un pueblo de tradición calamitosa. Su historia está llena de nubarrones y tristes episodios, no en balde el ilustre cronista de Valencia don Alfonso Marín dejó para la posteridad su obra "Morón, Ave Fénix de Venezuela". En ella describe dramáticamente los estragos que causó el paludismo en la población moronense durante las primeras décadas del presente siglo. El cronista nos dice: "En esto no hay exageración alguna, el cuadro era sombrío.
La funesta y trágica endemia de la malaria se había apoderado de toda la zona. Decir paludismo, era tanto como decir desolación y muerte. En cuanto a Morón, el caso es explicable: tierras abajas, situadas casi al nivel del mar, con aguas estancadas por todas partes, era un lugar propicio para proliferación de los zancudos transmisores del paludismo. La malaria logró reducir a 800personas (en 1945) de los 1.795 habitantes que tenía Morón en 1941, es decir, que en 4 años se perdieron 995 vidas. Y muchos moronenses abandonaron su terruño: veían un porvenir cada vez más tenebroso, y algunos de ellos preferían emigrara otros lugares, aun cuando para esto tuvieron que romper los nexos y sentimientos que lo ligaban al pequeño rincón geográfico donde habían vivido".
Toda esta calamidad se acabó durante el 2 de diciembre de 1945, se roció en Morón y en Venezuela por primera vez el DDT, labor que se le agradece a los doctores Amoldo Gabaldón, Enrique Tejera, Arturo Luis Bertí y a Manuel García, presidente del estado Carabobo en ese entonces. Como consecuencia de este hecho la población de Morón]] se cuadruplicó en los tres lustros siguientes.
En 1957 se inició la producción de cloro-soda en el Instituto Venezolano de Petroquímica. La tecnología atrasada arrojó, en 20 años, 40 toneladas de mercurio al caño Alpargatón y de allí al mar, veneno letal para los cocoteros, peces, bañistas del área y para los obreros de IVP que dejando viudas y huérfanos ofrendó su vida al progreso, y al viviente que prematuramente muestra triste la calvicie y la desdentada boca.
Mucho antes, en 1859, las tropas del gobierno comandadas por Silverio Escalona quemaron y arrasaron los caseríos de Morón, Alpargatón y Urama como represalia al apoyo que estos pueblos le habían brindad a la causa de la Federación.
Por los años 60, una travesura de un zagaletón logró la exasperación del jefe religioso del pueblo. Un cohete rastrero penetró en el recinto parroquial logrando con su explosión despavorir a los madrugadores oyentes de la misa decembrma, este acto desató la ira del padre Modesto, que así se llamaba el párroco, que con su fuerte verbo pronunció: "¡Maldito sea este pueblo ".
La instalación de la zona de grandes empresas dio desarrollo, pero también trajo una carga poluta que acorta el hilo de la vida. Se hicieron de grandes terrenos y de las mejores cosas, las atalayas de la termoeléctrica descargan su mortífero hollín que pigmenta el despertar de los vecinos y opaca el vuelo de los pájaros. La expatriada BTX consiguió alojo en las riberas del río Aguas Calientes.
Luego vinieron las instituciones locales, llegó la alcaldía con su hinchada burocracia y los presupuestos pírricos, la prefectura se convirtió en un cenáculo de hablillas y las oficinas de la Cantv, tribunales, comandancia de la Policía y otras, alzaron el vuelo como las golondrinas y emigraron al puerto.
Quizás por estas vicisitudes a Morón se le ha rodeado de cierto estigma, un poco inmerecido, de ingratitudes de aquellos que marcharon y en otros lares denigran del pueblo que los abrigó, de los falconianos que llegan a Valencia y expresan: "Coriano g...ón se queda en Morón". Otros preferimos estacionarnos en este terruño y echar raíces, cumpliendo con los designios de esa vieja creencia que dice: "El que se bañó en río Morón, aquí se quedó". Cómo olvidar a Bota Burro, la carnicería de Juan Julián, la bodega de Muerto Parao y la de Dominguito, los toros coleados en la calle Comercio y La paz. Recordamos las lecciones de Teodosa Flores de López, al sobador Pardo, a Catona, y también rememoramos a sus brujos, que por cierto, fama le han dado a Morón desde tiempos lejanos. Cito a Miguel Elias Dao cuando habla de un poeta guanareño que estuvo radicado en Morón a partir de 1901 y en sus versos nos dejó lo siguiente:
"Los negritos de Morón en verdad que no son malos pero brujos sí que son. En sus caballos de palo unos e vuelven culebras, otros, en tigres o león. Todos con su brujería se convierten en piedras y como yo lo sabia me les vuelvo cigarrón".
Libro Crónicas desde Morón - Pequivén, Una Industria Pionera
Entre los privilegios que el petróleo dio al país está la concentración de recursos monetarios en manos del Estado. Ellos permitieron la ejecución de planes expansivos de la industria nacional, especialmente aquellos que lograran reducir las importaciones. Esta estrategia se inició en la primera mitad del presente siglo y se le denominó Política de sustitución de importaciones. Se hacía énfasis en las industrias básicas y en las industrias de punto final.
Las instalaciones industriales debían contemplara una ubicación idónea que facilitara su accesibilidad a las materias primas y a los mercados potenciales, así como también a una mano de obra rentable. Estas premisas previamente estudiadas, están presentes, por ejemplo, en la localización de la industria hidroeléctrica y del hierro en Guayana, y la industria petroquímica en Morón.
La situación del viejo Instituto Venezolano de Petroquímica (IVP) en las inmediaciones del golfo Triste, en el costado noreste de [[La_Población_de_Morón|la población de Morón]] y a sólo 30 kilómetros del puerto de Puerto Cabello obedece a los criterios anteriormente mencionados. La Petroquímica Nacional se crea en 1953, pero en Morón no se establece sino en 1955, como una dependencia del Ministerio de Energía y Minas y sobre una extensión de 2.910 hectáreas.
El IVP se creó con la finalidad de "El estudio, establecimiento, operación y desarrollo de industrias destinada al aprovechamiento de minerales, hidrocarburo y cualesquiera otros productos que guarden relación con la industria petroquímica " (según estatutos).
Al principio funcionó -1° de julio de 1955- como una pequeña planta mezcladora de fertilizantes. Luego en 1956 se convierte en el Instituto Venezolano de petroquímica y en 1957 se inició la producción de clorosoda. Para 1963, además de la plante de clorosoda, se incorporan las de ácido sulfúrico, ácido fosfórico, superfosfato, amoníaco, ácido nítrico, nitrato de amonio, urea, planta mezcladora WPK y sulfato de amonio. En diciembre de 1977 el IVP pasó a denominarse Pequiven y en mayo de 1978 se vinculó como filial de petróleos de Venezuela y a su alrededor gira un mundillo de empresas satélites tanto mixtas como privadas.
Con el avance de la industria petroquímica moronense se produce cierta evolución en la composición de la población y una modificación sustancial en el uso del espacio. La población rural que se encargaba de las faenas agrícolas como la explotación de fundos productores de copra, de la actividad cacaotera en Urama y de la obtención de carbón vegetal en hornos agrestes, se transformó en un contingente de brazos prestos a la labor fabril y a los menesteres de la construcción y del comercio. El tractor del progreso echó al suelo las últimas espigas del vergel de la vieja aldea.
Tras la petroquímica llegaron la compañía de papel, la Mobil, la Volkswagen, Planta Centro, las mixtas, Cavim, la CVP; y no se hicieron esperar los grupos de inmigrantes provenientes de los estados vecinos con alto grado de desempleo. Morón se nutre, demográficamente hablando, con nuevos huéspedes de variadas culturas y diferentes niveles cognoscitivos.
Las empresas locales acondicionaron sus áreas perimetrales y sus vías de acceso, construyeron campamentos o mejores casas para sus trabajadores. Más allá quedaron las casas achatadas del antiguo poblado, las hileras de ranchos convertidos en mabiles, la polvorienta carretera que se perdía entonces entre vegas y barrios de reciente formación donde aguardaban los brazos de reserva.
A los viejos propietarios de tierras, desde la Justa Federal, pasando por los terratenientes del gomecismo y del perezjimenismo lo desplazan los nuevos dueños empresariales con extensiones territoriales inmensas, mucho más de las requeridas para el desarrollo industrial. Tierras, aguas y aire son usurpados por estos entes centralizados en la capital de la República. Los ríos -como el Sanchón y el Morón- son considerados como reservónos de agua para uso industrial, según legislación especial. Las mejores playas son propiedad privada o de uso restringido de las compañías; no obstante, algunas de ellas han sido convertidas en basurero, contaminadas de mercurio, petróleo, aceites. Se olvidan de que por ley las playas pertenecen a todos. Lo único que sí es para todos es la polución en el aire, puesto que tenemos que respirar.
La empresa Pequiven, quizás por ser propiedad del estado, está superadministrada, tiene 26 gerentes con sueldos millonarios, una flota de vehículos último modelo y un considerable número de personal técnico y medio. Pero requieren reducir gastos, van a botar a un centenar de obreros. ¿Quién produce?