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Carlos Lebrón Saviñón 🔍

Según Alexis Coello, es un autor dominicano que escribió el libro 'Este negro Nuestro a quien debemos querer' en 1978, obra que busca revalorizar el hecho cultural del mestizaje y el aporte histórico de la negritud.

📄 Crónica: JUEVES 12 DE FEBRERO DE 2009 Este negro Nuestro a quien debemos querer (1978) ➔

Este negro Nuestro a quien debemos querer 🔍

Según Alexis Coello, es una obra de Carlos Lebrón Saviñón que busca revalorizar el hecho cultural del mestizaje y el aporte histórico de la negritud a las sociedades actuales, defendiendo la africanidad sin olvidar la hispanidad.

tematica: Mestizaje y negritud
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Letras y hombres de Venezuela 🔍

Según el autor del texto, esta obra de Arturo Uslar Pietri (5ta edición, Madrid 1978) es la fuente utilizada para la descripción física y temperamental de Cecilio Acosta.

autor obra: Arturo Uslar Pietri
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Crónica Web #210

JUEVES 12 DE FEBRERO DE 2009 Este negro Nuestro a quien debemos querer (1978)

JUEVES 12 DE FEBRERO DE 2009
Este negro Nuestro a quien debemos querer (1978)
Este es el titulo de un libro del autor dominicano Carlos Lebrón Saviñón que me fue obsequiado en una tarde de mayo de 2004 por el ilustre caballero Gonzalo Palumbo, baluarte de la lucha antimalárica en Venezuela y miembro directivo fundador del club de leones de Carabobo. En la nota dedicatoria, mi entrañable amigo Palumbo escribió lo siguiente: “Para el cronista amigo Alexis: Para ti que trajinas estos caminos. Espero que esta obra del amigo dominicano Carlos, tenga utilidad en tan angustiados senderos de ese pasado”/Fraternalmente. Gonzalo Palumbo.
Y vaya que tuvo utilidad para mí ya que lo guardo como un tesoro y lo uso constantemente como texto de consulta. Pero vale la pena detenerse un poco en las sabias palabras del inolvidable amigo: “En tan angustiados senderos de ese pasado”. Estas palabras denotan el pesado drama que hemos llevado a cuesta que como un estigma ha marcado a generaciones de seres humanos, y en América latina parece revivir hoy las controversias y conflictos que si bien no han llegado a grandes confrontaciones se han mantenido hasta hoy solapados en los planteamientos, acciones culturales, políticas y sociales.
Nos referimos a ese pasado de donde tratamos de explicar nuestro origen étnico donde muchas veces lo afrontamos con complejos, dudas y una baja autoestima, sobre todo cuando el grado del tinte o pigmentación de la piel se muestra inclinado hacia el extremo de lo prieto u oscuro. Ese pasado lleno de injusticia, discriminación, dominio y exterminio no lo podemos cambiar aunque quisiéramos, no debemos renegar de él en cuanto a nuestro origen, pero si reivindicarlo en su justa dimensión, sin extremismo.
Eso es lo que hace Carlos Lebrón en su libro, donde busca con orgullo y claridad, revalorizar el hecho cultural del mestizaje y el aporte histórico de la negritud a nuestra sociedades actuales en una visión serena, sin ánimos retaliativos ni eufemismos semánticas; declarando lo negro como legitimo y propio de la corriente humana proveniente de África, descartando la discriminación hacia los otros valores del mestizaje. Declara lo genuino africano como lo “negro” sin ser peyorativo porque un vocablo como este no es despectivo en si mismo, esta connotación se la va dar la intencionalidad y el contexto socio-cultural. Decir negro o afrodescendiente es indiferente.
A las tendencias africanistas excluyentes que buscan explicar las identidades de los pueblos mestizos, Carlos Lebrón responde así: “Creemos que esta es una tendencia extremista y como nunca los extremos han sido buenos se impone reconocer nuestra africanidad y rescatarla del menosprecio o del olvido en que la mantuvieron las generaciones pasadas, pero sin olvidar nuestra hispanidad, que al fin y al cabo, es parte esencial de nosotros mismos”.
Morón tiene una base étnica originaria de población negra que se remontan a los primeros sembradíos o plantaciones de cacao en el territorio local, por lo tanto estamos muy impregnado de su legado cultural. El poeta yaracuyano Manuel Rodríguez Cárdenas compuso este verso: Aquí esta mi mano negra pestilente, / Negro enchoretado de vientre caliente / perdido en los rumbos de la geografía. / Negro de Nigeria, de Agad, de Kodok. / Negro del neguesti blanco de Etiopia. / Negro chafarino, negro de Morón”.
Para culminar, vamos a presentarles algunos vocablos de origen africano que son su aporte a la lengua hispana: Sancocho: ud. sabe lo que es. Ajumarse: emborracharse. Bacha (Bachata): Fiesta. Beriberi: enfermedad caracterizada por trastornos nerviosos. Timbi: lleno, repleto de comida. Timba: se llama al timbal o timbalero a quien se le estira la barriga. Jolgorio: fiesta. Bongó: tambor africano. Cumbacha: fiesta. Chévere: pendenciero, figurín. Choca: la cabeza. Chuleo chulo: burla, broma. Jaladera: borrachera. Pega: trabajo. Reconcomios: recelo, sospecha. Guachafita: desorden, barullo. Bemba: labios gruesos. Furruco: instrumento musical. Cuatro: instrumento de cuerda. Cipote: diablo. Coco: fruto de planta tropical. Cumbia: baile de negros en Panamá. Diantre: diablo. Cheché: hombre pendenciero y matón. Kilombo: choza de los negros cimarrones. Paluchero: muy hablador.
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Crónica Web #256

JUEVES 12 DE FEBRERO DE 2009 Este negro Nuestro a quien debemos querer (1978)

JUEVES 12 DE FEBRERO DE 2009
Este negro Nuestro a quien debemos querer (1978)
Este es el titulo de un libro del autor dominicano Carlos Lebrón Saviñón que me fue obsequiado en una tarde de mayo de 2004 por el ilustre caballero Gonzalo Palumbo, baluarte de la lucha antimalárica en Venezuela y miembro directivo fundador del club de leones de Carabobo. En la nota dedicatoria, mi entrañable amigo Palumbo escribió lo siguiente: “Para el cronista amigo Alexis: Para ti que trajinas estos caminos. Espero que esta obra del amigo dominicano Carlos, tenga utilidad en tan angustiados senderos de ese pasado”/Fraternalmente. Gonzalo Palumbo.
Y vaya que tuvo utilidad para mí ya que lo guardo como un tesoro y lo uso constantemente como texto de consulta. Pero vale la pena detenerse un poco en las sabias palabras del inolvidable amigo: “En tan angustiados senderos de ese pasado”. Estas palabras denotan el pesado drama que hemos llevado a cuesta que como un estigma ha marcado a generaciones de seres humanos, y en América latina parece revivir hoy las controversias y conflictos que si bien no han llegado a grandes confrontaciones se han mantenido hasta hoy solapados en los planteamientos, acciones culturales, políticas y sociales.
Nos referimos a ese pasado de donde tratamos de explicar nuestro origen étnico donde muchas veces lo afrontamos con complejos, dudas y una baja autoestima, sobre todo cuando el grado del tinte o pigmentación de la piel se muestra inclinado hacia el extremo de lo prieto u oscuro. Ese pasado lleno de injusticia, discriminación, dominio y exterminio no lo podemos cambiar aunque quisiéramos, no debemos renegar de él en cuanto a nuestro origen, pero si reivindicarlo en su justa dimensión, sin extremismo.
Eso es lo que hace Carlos Lebrón en su libro, donde busca con orgullo y claridad, revalorizar el hecho cultural del mestizaje y el aporte histórico de la negritud a nuestra sociedades actuales en una visión serena, sin ánimos retaliativos ni eufemismos semánticas; declarando lo negro como legitimo y propio de la corriente humana proveniente de África, descartando la discriminación hacia los otros valores del mestizaje. Declara lo genuino africano como lo “negro” sin ser peyorativo porque un vocablo como este no es despectivo en si mismo, esta connotación se la va dar la intencionalidad y el contexto socio-cultural. Decir negro o afrodescendiente es indiferente.
A las tendencias africanistas excluyentes que buscan explicar las identidades de los pueblos mestizos, Carlos Lebrón responde así: “Creemos que esta es una tendencia extremista y como nunca los extremos han sido buenos se impone reconocer nuestra africanidad y rescatarla del menosprecio o del olvido en que la mantuvieron las generaciones pasadas, pero sin olvidar nuestra hispanidad, que al fin y al cabo, es parte esencial de nosotros mismos”.
Morón tiene una base étnica originaria de población negra que se remontan a los primeros sembradíos o plantaciones de cacao en el territorio local, por lo tanto estamos muy impregnado de su legado cultural. El poeta yaracuyano Manuel Rodríguez Cárdenas compuso este verso: Aquí esta mi mano negra pestilente, / Negro enchoretado de vientre caliente / perdido en los rumbos de la geografía. / Negro de Nigeria, de Agad, de Kodok. / Negro del neguesti blanco de Etiopia. / Negro chafarino, negro de Morón”.
Para culminar, vamos a presentarles algunos vocablos de origen africano que son su aporte a la lengua hispana: Sancocho: ud. sabe lo que es. Ajumarse: emborracharse. Bacha (Bachata): Fiesta. Beriberi: enfermedad caracterizada por trastornos nerviosos. Timbi: lleno, repleto de comida. Timba: se llama al timbal o timbalero a quien se le estira la barriga. Jolgorio: fiesta. Bongó: tambor africano. Cumbacha: fiesta. Chévere: pendenciero, figurín. Choca: la cabeza. Chuleo chulo: burla, broma. Jaladera: borrachera. Pega: trabajo. Reconcomios: recelo, sospecha. Guachafita: desorden, barullo. Bemba: labios gruesos. Furruco: instrumento musical. Cuatro: instrumento de cuerda. Cipote: diablo. Coco: fruto de planta tropical. Cumbia: baile de negros en Panamá. Diantre: diablo. Cheché: hombre pendenciero y matón. Kilombo: choza de los negros cimarrones. Paluchero: muy hablador.
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Crónica Web #100

Estado Miranda

Estado Miranda
Entre neblinas y cafetos, entre cuestas arbóreas y vientos fríos nace Cecilio Acosta un primero de febrero de 1818 en la aldea de San Diego de Los Altos del Queda huérfano de padre a los diez años.
Su madre Juana Margarita Revete de Acosta se lo llevó a Caracas cinco años después.
Pensó estudiar sacerdocio y entré al seminario Tridentino, cursa latín, griego y letras clásicas.
Luego pasó a la universidad donde estudia derecho y matemática: Obtiene la licenciatura, se dedica al ejercicio profesional sin que vea venir recompensa a sus sacrificios, por lo cual escribe: "Yo dije que se fabricaban académicos?, pues ahora sostengo que se fabrican desgraciados".
Adquirió en su tiempo "una altura moral e intelectual que olía a santidad y a apostolado".
Su madre fue el único y gran amor de su vida.
No se casó, no tuvo hijos, su vida fue de entrega plena a su progenitora.
Cuando ella muere Su Don Cecilio Acosta soledad se acentúa y su pobreza llega a extremos desesperantes; una vez escribió a su hermano: "Estoy muy pobre, no tengo para pagar el porte de esta carta para Ospino".
Sólo su arraigada fe religiosa lo mantiene con un firme aliento.
"Era un ser frágil, delicado, sensible.
Se indignaba y se conmovía fácilmente, un verso, un recuerdo familiar le traían lágrimas...
Iba siempre ensimismado y cerrado de negro.
Salía poco, hablaba poco.
En veces parecía no ver a los que pasaban a su lado, cruzaba abstraído, ausente, más pálido y sutil dentro del traje negro" (1).
A Cecilio Acosta hay que ubicarlo en su época, cuyas características más resaltantes eran las constantes guerras civiles, las discordias e intrigas palaciegas las adulancias al omnipotente caudillo de turno, la quiebra de las finanzas públicas y el atraso general de la economía del país, la crisis de los valores morales y el imperio de una educación anticuada.
El fue la luz y la fuerza moral de su tiempo a pesar de su pobreza material.
Sus armas fueron sus palabras y su ejemplo.
En cuanto a la educación sostenía: "Hay que empezar por reformar muchas cosas.
La educación ante todo...
enseñese lo Don Cecilio Acosta.
que se entienda, enseñese lo que sea útil, enseñese todo a todos; y eso es todo".
Se refiere a la instrucción primaria así: "La enseñanza debe ir de abajo para arriba...
La luz que aprovecha más una nación no es la que se concentra, sino la que se difunde".
Creía en la juventud y en el pueblo: "La autoridad va a menos, la razón a más...
El pueblo triunfa, el pueblo debe triunfar...
Hay equivocación en creer que va errada la generación que tiene el encargo de continuar la cadena tradicional del pensamiento".
En relación a la economía dijo: "El taller es hoy el palacio del ciudadano...
La repartición de la riqueza conserva aún en algunas partes la forma que le dio la conquista, en vez de ser el resultado de las condiciones de la industria; el capital oprime aún el salario, y el salario vive aún de confabulaciones transitorias para el alivio de un día, o de mezquinas ganancias para la miseria de siempre".
Cecilio Acosta combatió a los caudillos y los odios políticos.
No con levantamientos ni guerrillas, sino con sus ideas y su ética.
Creía necesario mantener la paz como condición para el progreso.
Fue enemigo de Guzmán Blanco en pleno apogeo del septenio y rechazó a aquellos que venían a él a conspirar contra aquél.
Les decía: "No soy pretendiente ni enemigo, soy ciudadano, como tal respeto el orden actual y como conozco la herencia de las guerras, sangre primero y después odio y exclusión, me atengo a lo que hay”.
No estaba contra Guzmán, sino contra el caudillismo.
Sostenía que el peor enemigo de los caudillos era la paz.
Mientras hubiese guerras se impondrían los caudillos.
Cecilio Acosta murió en 1881, su cuerpo hubo de ser enterrado con fondos de la caridad pública.
El sabio expiró en su lar de la pobreza.
su Días antes de su muerte lo visitó el poeta cubano José Martí.
Conoció de su miseria, de grandeza espiritual y de su fortaleza intelectual.
Cuando supo de su muerte escribió: "Ya está hueca y sin lumbre aquella cabeza altiva que fue cuna de tanta idea grandiosa; y mudos aquellos labios que hablaron lengua tan varonil y tan gallarda, y yerta, junto a la pared del ataúd, aquella mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde".
Escuche a este cronista todos los domingos de 8:00 a 9:00 a.m.
en el programa "Crónicas en domingo", por la emisora Caribeña 1.000 AM.
(1) Obra consultada; Letras y hombres de Venezuela.
Autor: Arturo Uslar Pietri.
Colección de bolsillo Edime.
Madrid 1978. 5ta. edición.
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