Según Alexis Coello, el barrio se fundó en el segundo lustro de la década de los años cincuenta en terrenos de un antiguo potrero. Fue emplazado en un terreno irregular al borde de la ciénaga La Plancha y una quebrada intermitente, lo que generó una configuración urbana anárquica. Posteriormente fue renombrado como Barrio Unión.
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Según Argenis Alcalá, fue uno de los pioneros que se asentó en el sector durante los trabajos de canalización del río Morón a finales de la década de los 50.
📄 Crónica: La fundación de Santa Ana ➔
Según Alexis Coello y Antonio Reyes, fue un grupo organizado en Morón en los años 50 dedicado a la divulgación de ritmos afro-caribeños. Estaba compuesto por los hermanos Pacheco (Eugenio, Manuel y Segundo), Candelario Acasio, el maestro Aníbal, el viejo Melecio y el vocalista Julito. Popularizaron temas como El Caimán, La Mucura y La Pilandera.
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Libro Crónicas desde Morón - La Fundación del Barrio 23 de Enero en Morón
En todas las ciudades y pueblos del país es difícil no encontrar un barrio con el nombre de esta conocida fecha que significó y comienzo del régimen democrático y el fin de la dictadura perezjimenista, Morón no es la excepción. Nos llega de nuestra amiga Maris González una reseña histórica sobre la fundación del barrio 23 de Enero de Morón.
Maris nos refiere que en terrenos muy próximos al río Morón cubiertos frondosamente por grandes árboles de jabillo se daban cita a diario un grupo de mujeres entre las cuales es encontraban Argelina de González, Otilia de Zabala, Nicolasa de Montes, Victoria Ramos, María lamas, Meme y María Granadino para cumplir sus labores de lavado de ropa y para compartir menudencias propias de la vida para parroquiana de Morón de las postrimerías de la década de los años 50.
Alegres conversaciones se dan bajo el cobijo de la ceiba en comparsa con el chirrido de la concha de coco que al frotarse con las prendas de vestir hacía las veces de moderno cepillo de ahora, chirridos que al unísono parecían más bien cantos de lame-arenas que sumergían sus enormes en cabezas en las lamas verduzcas que anidaban en el fondo de las aguas cristalinas del río Morón.
Otras veces, estos mismos terrenos eran utilizados para las celebraciones de las fiestas de la virgen de Santa Ana, donde ya era costumbre disfrutar de la suculenta ternera y el codiciado brindis. Mediante estas tertulias se encariñaron con el sitio y un día se plantearon construir sus viviendas, por lo menos ésta era la idea de la señora Angelina de González, quien hacía comida para algunos trabajadores de la Petroquímica y les comentó su proyecto a Vicente Ortega, Rogelio Manrique, Alfonso Mercado, incorporándose todos ellos a la idea de poblar el lugar (así dejó de ser un grupo sólo de mujeres).
Un día, en el mes de diciembre de 1957, encontraban se Angelina de González, Ramón Añez, Victoria Ramos (hoy difuntos), Otilia de Zavala y Nicolasa de Montes, quienes optaron por invadir los mencionados terrenos, pero fueron desalojados por la Seguridad Nacional, mas no se amedrentaron y continuaron con su propósito de conseguir las tierras que el Instituto de Petroquímica mantenía como de su pertenencia.
A los pocos días de la caída del dictador Pérez Jiménez, el 30 de enero de 1958, fueron tomados estos terrenos por las personas antes mencionadas; entonces fundaron el caserío con el nombre de 23 de Enero. Estas mismas personas siguieron con la idea de fundar más barrios y al poco tiempo fundaron en terrenos aledaños el barrio La Charneca.
Libro Crónicas desde Morón - Músicos de Morón
La música es un aliciente para el espíritu. Desde tiempos remotos el hombre ha disfrutado de ella. Con variados instrumentos y diversas voces se ha hecho acompañar a lo largo de su devenir histórico, sus gratos e ingratos momentos siempre han tenido un trasfondo musical, las melodías han estado prendidas al quehacer humano como un maravilloso elixir de la vida, acciones y pasiones se han recreado con la musicalidad. La música es una síntesis del sentimiento creador del poeta y de la elocuencia interpretativa de los músicos que exige una perfecta combinación de elementos musculares y objetos sonoros. Sin pretender decir que son los primeros, este artículo se lo vamos a dedicar a los pioneros del bonche y la parranda en el municipio Mora.
Corrían los años 50 cuando se organizó en Morón el grupo musical "Los Monos" compuesto fundamentalmente por los hermanos Pacheco (apodados Los Monos); Eugenio (tumbadora), Manuel (bongó), Segundo (maracas), también integraban este grupo Candelario Acasio (el papá) animoso vocalista, el maestro Aníbal (marimba), el viejo Melecio (la charrasca) y el pimientoso vocalista Julito. Este conjunto se dedicó a la divulgación de los ritmos afro-caribeños que entonaban entusiastamente en las plazas, sitios públicos y eventos sociales. Era común oír en voces de "Los Monos" canciones como El Caimán, La Mucura, La Pilandera.
Posteriormente (en los años 60) Los Happy Boys coparon la escena moronense con ritmos movidos poniendo a bailar a los parroquianos en el Bar España, ubicado en la calle La Paz, y en los clubes de la ciudad. Los Happy Boys estaba integrados de la siguiente manera: Juan Garcés, alias Vaca Vieja (guitarrista), Francisco Bolívar alias Zorro (bajista), Amador Yance (bongo-cantante), Obdulio "Yuyo" Bolívar alias El Sapo (cantante). Jeremías Pachecho (tumbadora), Regino Colina (charrasquero) y tocando las maracas se encontraba el pintoresco Antonio Reyes, coautor de estas notas.
Al desintegrarse Los Happy Boys se conformó Los Coralitos, con vanos integrantes de aquél y otros que se agregaron como Luis Martínez (guitarrista), Pata'e Joropo y Rabo'e Plomo (tumbadora), este grupo popularizó la famosa canción Bota Burro, de la cual transcribimos una estrofa:
En el cine una mujer me dijo a mí que le luciera una visita a Bota burro yo le dije que ese sitio no era para mí, no nací pa' que me ate a mí ninguno.
(Coro):
Ay, que yo a Bota Burro no voy a tocar, porque me matan de una púnala Esta canción deja entrever la fama que adquirió Bota Burro como un sector peligroso para la vida de las personas por la presencia en él de muchos córtanos que no comían cuento a la hora de utilizar sus pico'e loro para saldar las cuentas pendientes.
Entre los cantantes solistas o románticos encontramos a Juan Tovar (catalogado como uno de los mejores soldadores que han venido a Morón) que con sus rancheras de Javier Solís acompañaba a los enamorados a dar serenatas a cambio de una botella de ron. ¿Cuántos amores no nacieron a la luz de las rancheras de Juan Tovar? El alcohol truncó la vida de un talentoso cantante y un excelente soldador.
Otro que incursionó en la música romántica fue Pachequito, sin el brillo de Juan pero con tanto entusiasmo que contagiaba a sus oyentes con su voz de eterno enamorado y pica flor consuetudinario. Pachequito se fue del canto, cambio las melodías amorosas por sus cepillos de carpintero.
En otro escenario se destacó el Charro Muñoz. Era época de Radio Morón y se solía, con frecuencia, presentar a los cantantes en vivo, es decir, los cantantes interpretaban sus piezas en el mismo estudio de la emisora. El Charro Muñoz con su potente voz deleitaba a los radio¬escuchas y a los presentes en la emisora con su amplio repertorio de boleros rancheros. Pregúntele a las abuelitas de hoy cuántos suspiros probablemente dieron cuando estaba el Charro Muñoz y cuántas de ellas fueron cautivadas por su imagen de mero macho mexicano.
En los escenarios de radio Morón también se dieron concursos de canto para aficionados. "Buscando una estrella", así se llamaba uno de los programas al que acudían los aspirantes, aún imberbes, a entonar sus melodías con ansias de ganarse la clasificación, y también como recompensa les obsequiaban varias galletas María y media docena de maltín. Allí concursaron Juan Páez con la canción "Juan José", Julio Ramírez con "Ramoncito en Cimarrona" y Emiro Reyes con "Allá viene el Gavilán".
Les aseguro que ese día ninguno se fue en blanco.
Libro Crónicas desde Morón - El Barrio de Los Apamates
Dos semicurvas y una recta componen la vieja callejuela que se extiende de oeste a este. No posee otra salida que la misma entrada que es por la avenida Falcón, aunque uno o dos recovecos conducen a los peatones hacia los lados de los barrios El Jabillo y La Charneca. Este barrio fue emplazado en un terreno muy irregular, al borde de una gran ciénaga, llamada La Plancha, que lo cubre por el lado sur y en tiempo de lluvia se expande hacia el este. Por el norte le cae una quebrada intermitente que se une en el extremo de la calle a los terrenos cóncavos de La Plancha. Estas condiciones topográficas hicieron que las casas se acomodaran anárquicamente y la calle se configurara sin ninguna simetría u orden. Generalmente es estrecha, aunque en algunos puntos se ensancha; una que otra casa están a media calle.
El barrio se fundó en el segundo lustro de la década de los años cincuenta en terrenos de un antiguo potrero. Su creación fue producto de la inmigración de falconianos que vinieron tras los puestos de trabajo de la incipiente industria petroquímica, humildes corianos que parapetearon sus humildes viviendas con materiales sencillos o de desechos.
Los barrios del norte del municipio entre los cuales citamos a Bota Burro, El Mamón, El Jabillo y Unión, todos adyacentes a la avenida Falcón, fueron los que concentraron, en esa época, la mayor cantidad de "cabezones" provenientes de la tierra de los caquetíos. Entre los fundadores del barrio Los Apamates recordamos a José del Carmen Fernádez, Luis Acosta, José Faneite, Francisco Rodríguez, Isabel de Rodríguez, Dionisio Sánchez, Modesto Gotilla, Juan de Dios Lugo, Ramón "el loco", Cosme Coello, Domingo Manzano, Eustaquio Montañés, Fay Calembé, Tomás Méndez, Leonor de Quintero, Gregorio Quevedo, José Partida; por la Av. Falcón, los Romero y los Sirit.
En la quebrada húmeda había crecido una hilera de los altos apamates que cuando florecían el cielo del barrio se nublaba de violetas y los niños de entonces jugaban con las flores que al desprenderse de la cima caían girando en sí mismas como un trompo, y movidas por la brisa se hacía difícil tomarlas en el aire; ése era el juego, quien tomara mayor cantidad era el ganador.
Eran los tiempos de los juegos infantiles sanos y de la tradición muy venezolana. Lamentablemente han desaparecido y los muchachos de ahora se inclinan prematuramente por los juegos de adultos (caballos, loterías, etc.) o llevados por los valores foráneos que preconiza la televisión buscan entretenerse en actos que en la mayoría de las veces hacen apología a la agresividad y a la violencia.
Entre los juegos que disfrutaban los zagalos del barrio estaban: policías y ladrones, el fusilado (al que perdía se le deban vanos pelotazos por la espalda), las metras o canicas, riñas de trompos (más de uno lloraba cuando le rajaban el trompo), guataco por las orejas, palito matequillero, la pelota de goma callejera. Estos juegos empezaban y terminaban en un gran bullicio o algarabía. Otras veces los muchachos se acurrucaban en las aceras a oír los cuentos o historias de algún adulto o galanteaban a las muchachas con un rin de bicleta o un neumático que empujaban simulando un automóvil o andaban sobre una varilla de madera que se convertía en caballo.
Con el tiempo cayeron los apamates y al barrio se le llamó solamente Unión. Uno a uno fueron desapareciendo, uno por la acción del hombre y otros por fuerza de la naturaleza. La transformación llegó, los infantes se hicieron adolescentes, y éstos, adultos.
Buscaron el porvenir en los caminos tortuosos de la vida, el viejo barrio había servido para una etapa de la existencia, ya que se hacían necesarios nuevos horizontes. A uno pocos mayores se los llevó la pelona; otros, cuando jóvenes, se marcharon a Valencia; pocos sucumbieron ante las sustancias psicotropicas y la mayoría han encontrado otros lares y se mantienen fieles a principios de honestidad y laboriosidad.
Cuando fuimos concejales logramos asfaltarles su única calle y se les construyó una buena cancha deportiva. Giannatale le hizo un puente, lástima que hoy esté carcomido por la herrumbre. Los gobiernos (local y regional) sustituyeron la red de aguas blancas y lo dotaron de cloacas, aceras y brocales. La escuelita (construida por los fundadores) fue ampliada mejorándola considerablemente gracias a la intervenciones de las maestras Mirian, Loly y Haydée.
Barrio Unión fue el primer barrio de Morón que formó una junta de vecinos, no obstante, quedó sin protocolizar en las oficinas de registro.
La fundación de Santa Ana
Hoy presentamos al lector varios testimonios de los primeros habitantes de la urbanización Santa Ana para tratar de descifrar el asentamiento originario de este importante sector del Municipio Mora; para ello se utilizó la historia oral, el testimonio viviente que muy bien fue compilado por un vecino de esa comunidad como lo es Argenis Alcalá, TSU en medios de comunicación y que actualmente busca su licenciatura en comunicación social, cursando el séptimo semestre.
Por considerarlo de importancia para la comprensión de nuestra historia local la estamos reproduciendo textualmente "Según los testimonios de estas personas, ésta tiene sus inicios en la década de los, 50 específicamente en el año 58 con la llegada de unos italianos de nombres, Bruno, Giuseppe y Emilio Gaspared, en tiempos en donde solo existían grandes fincas, cuyos dueños eran los Galavis, existían grandes árboles de samanes y la atravesaba un gran río el cual fue canalizado, estos eran constructores y vivían en una pieza que fue construida para depósito de los materiales de construcción serían utilizados en que la canalización del río que cambiaría su rumbo.
Y ellos trabajaban en dicha canalización y a la vez cuidaban este material, siendo esta pieza la primera edificación en esta población, estando ubicada en los terrenos donde existía el antiguo bar Los Tiburones, en donde actualmente existe la iglesia de los mormones.
Se dice que estos terrenos no fueron invadidos, si no donados por el ingeniero Toñolet de la empresa Petroquímica, actualmente Pequiven, los habitantes deciden colocarle este nombre de Santa Ana en honor a la virgen de Santa Ana y por una hacienda que existió en la zona mucho tiempo antes con ese nombre.
El señor Alejandro Rengifo (Alejuca) habitante de la calle Venezuela nº 43 nos relata en su testimonio, que en el año de 1959 cuando él llegó a orillas del río Morón en compañía de sus padres, don Eusebio González y su madre doña Francisca Jerónima Rengifo y sus hermanos, a la edad 16 años, construyeron una casita de barro, ya viArgenis Alcalá, vecino de la urbavían los italianos Bruno, Emilio Gaspared y Giuseppe, quienes serían los primeros habitantes de esta.
En ese entonces existirían solo seis (6) casas, cuyos dueños eran Bernardino Veliz (El venao), el señor Gil y su esposa Ana de Gil, Sixto García Eusebio González, y Giuseppe.
Todas estas casas ubicadas orillas del río en donde al Frente de ellas existía un camino que tenía por nombre el Tartagal, debiéndose su nombre a que en ese nización Santa Ana, lugar existían muchas matas de tártago, ese camino es lo que hoy en día conocemos como la calle Venezuela, por eso es que se dice que esta calle es la primera que existió en esta urbanización, no siendo así, ya que para ese entonces existía una calle que va desde la urbanización Santa Ana hasta el barrio el Dique que era por donde se transportaba el material para la canalización del río Morón, siendo esta la actual calle el canal o calle 0.
Pasado ya el tiempo fabricaron los señores, Juan Vadell las familias de Alejandro, Adán, y Nelson Siliet, siguiéndoles los señores Ãngel Chirinos, Isidora Yansen, Belén Acosta y la señora Pastora Arias.
Por la parte trasera de estas casas, por donde estaba una laguna vivía el señor Mateo, las familias Morales, familia Guerra y familia Hurtado.
El señor Ignacio Vargas, (nacho), 87 años, habitante de la calle 3 n° 25, en su testimonio comenta que estos terrenos fueron donados y no invadidos en el año de 1962, por la empresa Petroquímica y que la primera calle fue la calle Venezuela, y debe su nombre a la versión o leyenda de que Simón Bolívar había pasado por allí a caballo para dirigirse a Puerto Cabello.
El señor José Guerra 80 años habita en la calle 7 n° 11.
Menciona que cuando llegó en el año de 1962 lo que había eran 6 casitas ubicadas en terrenos donados por petroquímica, con medidas de 10 metros de frente por 25 de fondo medidos por el Ingeniero Toñolet.
Además afirma que esto era puro pozos de agua, alega que en la calle en donde él vive le puso la pega la uña porque ahí los vecinos jugaban dominó y no podían ver una gallina en la calle porque esta se perdía.
La señora Ramona Morales 77 años habitante de la calle 4 de la urbanización presenta un documento en donde está la donación de su parcela 201, el 5 de abril de 1966 por el instituto venezolano de petroquímica (IVP), encargado de las medidas el Ingeniero Toñolet ella cuenta que cuando llegó esto era puro monte y pozos de agua, las calles eran caminos, luego se empieza a formar la comunidad, los vecinos fueron tomando parcelas no por invasión si no que eran donadas para descongestionar el casco de morón.
El señor Julio Abreu 70 años habitante de la calle 3 n° 13 cuenta que las 6 casitas que existían eran hechas con cajones de madera compradas en 20 bolívares y así construían sus casas, luego se fue poblando cuando el bloque costaba 2 bolívares, en el año de 1964 fue cuando colocaron las tuberías de agua, cloacas y asfaltado de algunas calles estos servicios se consiguieron a través de una junta comunal, integrada por el señor Pánfilo Sevilla y el señor José Saavedra, fueron unos de los primeros luchadores sociales en conseguir beneficios en esta urbanización.
El señor Jorge Ojeda de 59 años habitante de la calle 3 n° 14 tiene viviendo en la comunidad 46 años, manifestó Santa Ana se inició que en la calle Venezuela, luego se fueron formando calles consecutivas, alega que en el año de 1968 se funda el transporte circunvalación, la escuela se funda en el 1971 y en el 1984 se asfaltan todas las calles de la comunidad".