Tendencias Historiográficas Positivismo
Esta corriente comienza a expresarse en Venezuela alrededor del año de 1890 en lo que significó el primer intento importante para deslastrar la historiográfica nacional de ese empalagamiento sentimental propio del romanticismo y dotarla de juicios objetivos que la acercaran al conocimiento científico.
Tuvo el positivismo un gran auge hasta la tercera o cuarta década del siglo pasado (XX), fueron sus mayores exponentes en Venezuela: Laureano Vallenilla Lanz, José Gil Fortoul, Guillermo Morón, José Luis Salcedo Bastardo y otros.
Para el positivismo el proceso histórico debe ser tratado por un sujeto objetivo que busque la causalidad de los acontecimientos, que sea ajeno a la interpretación e interferencias de los elementos subjetivos para lo cual se debe aplicar a la historia métodos que garanticen una explicación racional, basada en leyes generales que le de a los contenidos un carácter científico, es decir, la historia debe usar una metodología análoga a la usada por las ciencias naturales.
El hombre es el factor o eje central de los acontecimientos históricos para esta tendencia; se le considera en su magnitud humana como dueño del acontecer, se analizan sus actos dentro de un contexto histórico concreto utilizando la causalidad para explicar los hechos.
Utiliza la noción de cambio y de la moral como elementos explicativos; la primera es una de las condiciones de la filosofía de la historia; el cambio es el devenir del hombre según esta corriente.
La segunda (la moral) surge de la modernidad y es un precepto permanente en el discurso histórico de los escritores positivistas que con la historia secularizada le da sentido a la evolución humana.
El tema político-militar sigue siendo en esta teoría es aspecto fundamental o el motivo por excelencia del análisis.
El estilo de exposición en el positivismo se va conformando con un lenguaje analítico, descriptivo y parcialmente usa una narración suavizada.
El discurso esta exento de exageraciones y sin muchas metáforas, aunque algunos escritos no dejan de tener sus pinceladas de literatura.
Están presente como categorías claves la idea del orden y progreso que constituyen los hilos conductores o el sentido lineal que dirige la existencia humana en forma creciente e inexorable hacia estadios superiores, es decir, una evolución mecánica e indetenible que conduce finalmente al progreso de la humanidad.
El progreso le da unidad a los hechos, le proporciona temporalidad y lógica; va esgarzando los acontecimientos en una secuencia que conduce de la barbarie a la civilización, de lo imperfecto a lo perfecto, de lo anterior a lo posterior.