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📚 Alexis Coello - Drive
Aquellos tiempos...
Aquellos tiempos...
Es común escuchar: "aquellos tiempos fueron mejores".
Sería una apreciación muy particular y relativa.
No hay mejores tiempos ni peores, sólo son diferentes.
El tiempo pasado se evoca por la nostalgia y los recuerdos gratos que nos deja; generalmente lo malo o lo desagradable pretendemos echarlo al cesto del olvido.
De allí que añoramos del pasado lo que nos reconfortaba y agradaba.
La historia es cambio perpetuo aunque no lo percibamos con nitidez; en el devenir humano se producen avances y retrocesos en cuanto a lo social, cultural, politico, entre otros; no hay una evolución lineal progresiva, no hay una constante que implique avance sostenido que permita la satisfacción general de la sociedad.
La felicidad es una simple noción individual y un simple estado de ánimo transitorio, prolongado o corto, pero transitorio al fin.
La felicidad colectiva es una quimera, una utopía por la que seguimos luchando a diario.
La felicidad no existe en términos absolutos.
El intelectual francés Edgar Morín resuelve la complejidad del ser humano en una triada relacional: individuo sociedad especie y señala "todo desarrollo verdaderamente humano significa desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y del sentido de pertenencia con la especie humana".
Como persona no somos una isla viviente en la sociedad; llevamos encima (cultura) lo que hemos heredado durante milenios de la especie humana a la que pertenecemos, nos moldea los elementos culturales de la sociedad donde nos desenvolvemos y nos conforma internamente la emotividad singularizada e individual (sentimientos, pensamientos, gusto, etc.) ¡Vaya complejidad! ¿Quién dijo que el ser humano es un simple animal aunque a veces lo parecemos? Es por ello que no hay recetas infalibles ni panaceas ideológicas para los graves problemas sociales e individuales.
Una realidad compleja sólo la capta un pensamiento igualmente complejo.
El mencionado autor vuelve a decir: "llevamos en el seno de nuestra singularidad no sólo toda la humanidad, toda la vida, sino casi todo el cosmo, incluido su materia que yace en el fondo de nuestros seres".
Nuestro enredo para comprender las cosas (la realidad) está en la percepción de las mismas; no percibimos adecuadamente la realidad, hay una percepción incompleta, parcial, por lo que se hace necesario una percepción inteligente, de totalidad que pueda facultar mentalmente al ser humano para ser incluyente de las cosas en forma armoniosa y coherente con el todo donde no se percibirá fragmentación ni fronteras, es como dice el físico David Bohm: "una apropiada visión del mundo, adecuada a nuestro tiempo, es uno de los factores básicos nec para conseguir la armonía d viduo y también de la sociedad como un todo".