Se encontraron 5 fichas analíticas en 5 documentos originales.

Antonio José Istúriz 🔍

Según Alexis Coello, adquirió las acciones de la emisora de manos de los Caballero Ortiz en el año 1966, convirtiéndose en su dueño absoluto.

📄 Crónica: Los 55 años de Caribeña (II) ➔

Fabián de Jesús Díaz 🔍

Mencionado por Alexis Coello como autor de la obra 'Vida e Historia de la Medicina en la Provincia' (1966), donde describe la morbilidad por paludismo en Valencia y sus alrededores a principios del siglo XX.

📄 Crónica: Discurso de incorporación a la Academia de Historia ➔

Juan David Nav 🔍

Según el autor del texto, realizó acciones de piratería en Maracaibo en el año 1966.

📄 Crónica: El contrabando en la micro región costera ➔

Radio Parapeto 🔍

Según el IPC es una organización que se encarga de amenizar los juegos y eventos deportivos dentro del estadio. Desde 1966 Jesús Ricardo Rodríguez se encarga de llenar el espacio del estadio con sus narraciones. Desde encuentros de boxeo hasta anécdotas de bolas criollas tienen lugar en radio Parapeto.

creador: Jesús Ricardo Rodríguez
📚 Fuente: Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2006. Municipios Juan José Mora y Puerto Cabello ➔

Ramona Morales 🔍

Según el documento de donación presentado por ella a Argenis Alcalá, recibió su parcela el 5 de abril de 1966 por parte del Instituto Venezolano de Petroquímica (IVP).

📄 Crónica: La fundación de Santa Ana ➔
📖 Consulta de Documentos Originales
Crónica Web #152

Los 55 años de Caribeña (II)

Los 55 años
de Caribeña (II)
Lo cierto es que los cambios son intrínsecos a la vida; y pronto Radio Morón cambia de dueños.
El grupo Hernández Carabaño y Carabaño Pérez venden a otro grupo familiar: a María Jesusita Ortiz de Caballero y a sus hijos Caballero Ortiz, esto sucede alrededor del año 1963.
Los Caballero Ortiz luego en 1966 ceden en venta sus acciones al Sr. Antonio José Istúriz (el Catire Istúriz), quien se va a convertir en dueño absoluto de la emisora que posteriormente recibe Fernando Istúriz Inovoa y después será trasladada a manos de Ricardo José Dao, y ahora a Orlando Vázquez.
Entre los directores gerentes de esa época tenemos a: Manuel Carabaño Pérez, Andrés Caballero Ortiz, Ida María Caballero Ortiz, Dr. Abrahán Baíz, Sr.
Alejandro Gutiérrez Torres, Luis Bóveda Bello, León Wolimer Einhorn (presidente), Rosales Arapé, Ángel Alberto Marrero, Cruz Enrique Otero Duno (1985), Ricardo José Dao (1989), Bruno Romero Quintero.
La vieja emisora Radio Morón de finales de la década de los años cincuenta, la de aquel Morón bucólico, semi rural, que empezaba a modernizarse al ritmo que imponía el desarrollo industrial, dio paso a la institución radial "Radio Mil" o Mundial Mil, haciendo alusión a su dial, anexada a la cadena Mundial a nivel nacional.
De un tiempo para acá se transformó en Caribeña, manteniendo una sintonía que por más de medio siglo (55 años) ha llegado a los hogares morenses con su banda de amplitud moderada.
Es una institución radial con la cual se han formado muchos profesionales en este oficio tan importante, desde operadores, locutores y personal secretarial, SUZOO como también obreros que dieron sus primeros pasos aquí y luego se convirtieron en excelentes profesionales en diferentes campos laborales y del saber.
Y para nosotros los radioescuchas, también ha sido una escuela desde nuestra vivencia de la infancia y la adolescencia.
A modo personal, recuerdo en mi infancia cuando asistía a un programa en vivo para niños donde a manera de concurso cantábamos los participantes cualquier canción o un pedazo de la canción o simplemente tarareábamos la música y enseguida sin dejarnos terminar el locutor del programa nos interrumpía y decía: ¡excelente, se ganó su cajita de Maltín Polar! Allí fui varias veces con mis amiguitos los sábados por la tarde para refrescarme con la susodicha bebida.
Y en estos tiempos ¿cómo no recordar al charro Muñoz que cantaba en vivo y en directo? ¿Cómo no recordar a mi amigo Carlos Bello González, a José Alberto Salavarría, a Benito Alvarado (operador, luego locutor), a Lorenzo Blanco, a Rodrigo Parra Conde, a Jesús Alberto Trovat, Henry Cordero Williams, Freddy Pinto, Giorgio Colledani, Francisco Chirinos, Ildemaro Primera (operador-locutor), Gustavo Morales (operador-locutor), Hernán Girón (operador), Neptaly Hernández (operador), Jimmy Gallardo (operador), Migdalia Escalona (operadora), Edgar Morales (operador), Álex Ferrer (operador), Néstor López (operador), Juan Rivero (operador), Pito Reyes, Willie Joaquín, Eugenio Primera, Johnny Capuano, Eduar Mirena, Simón Ochoa, Ángel Navas, José Trovat, María Borges, Carlos Omaña, José Marcano, Luis Colina, Eduardo Pitufo Colina, José Pipo Hernández, Silvestre Isidro Otaiza, José Manuel Soto, David Varela, Alberto Contreras, Argimiro Méndez Querales, Arturo Landa, Oswaldo Velázquez, Hernán Calles, Willi Char.
Abrir panel de lectura ➔
Crónica Web #278

Discurso de incorporación a la Academia de Historia

Discurso de incorporación a la Academia de Historia
He considerado pertinente tratar un tema relativamente reciente de nuestra historia contemporánea para mi incorporación como miembro correspondiente a esta prestigiosa academia. Los temas de la paz no interesan a la historia parodiando a un ilustre historiador venezolano. Pero el paludismo no es un yema de la paz, es un tema de la guerra, sólo que esta guerra no se libra entre el mismo genero sino entre el hombre y una plaga, y los protagonistas no son militares sino civiles.
Esta batalla estuvo a punto de perderla el ejercito del hombre, e incluso sus bajas fueron incalculables; media Venezuela estaba arrasada por los autores de la malaria, en nuestro Estado Carabobo la situación no era diferente, las muerte sembraba la desesperanza y la tristeza, sin embargo, en un pueblucho, en un apartado rinconcito de este estado se oyeron los primeros disparos químicos que hirieron de muerte a la numerosa legión de diminutos y poderosos enemigos. Sí, honorables académicos se pagó un precio muy alto en las vidas de tantos venezolanos hasta llegar a la victoria final.
Esta victoria final se inició en Morón – pueblo que me honra con ser su cronista - “cuando se disparó la primera descarga contra el general paludismo y su ejercito de puñales amarrillos” parafraseando a nuestro amigo, el poeta José Joaquín Burgos.
Oigamos entonces una breve reseña sobre esta batalla no convencional.
MORON Y EL ENCUENTRO CON EL PALUDISMO

La malaria era una afección esparcida por las tierras bajas de todo el territorio nacional. Desde los llanos de Barinas y Apure hasta el Delta Amacuro, en bocas del Orinoco; desde San Félix de Guayana hasta los Valles de la Cordillera de la Costa, desde la Hoya del Lago de Maracaibo hasta Aragua de Maturín. Eran 600.000 kilómetros cuadrados de zona contaminada de los 914.000 del territorio venezolano. Habían pueblos y ciudades que eran emblemáticos de la Venezuela con malaria como Ortiz, Parapara, el Distrito de Obispos en Barinas ¿Por qué se escogió Morón para el inicio de la lucha antimalárica?
Se podrá afirmar que fue determinante para la selección de Morón durante la fase inicial de la lucha antimalárica la opinión favorable del doctor Enrique Tejera, entonces presidente del Estado Carabobo. Se indicará que la propuesta del doctor Tejera fue respetada por el nuevo gobierno y especialmente por el nuevo presidente del Estado Carabobo, doctor Manuel García, hecho que también es vinculante, pero ¿acaso no estaba todo el estado Carabobo padeciendo, desde principio del siglo XX, la penosa ruina del paludismo?
El doctor Fabián de Jesús Díaz, en su obra “Vida e Historia de la Medicina en la Provincia” (1.966), expresa lo siguiente:
La morbilidad de la zona era comandada por el paludismo, cuyas exacerbaciones anuales solían concluir con la entrada y salida de las lluvias. La insalubridad de la mayoría de los barrios de la ciudad era producto de las aguas estancadas, de la ausencia total de obras de drenaje, pavimentación y colección de aguas fluviales. La acción providente del estado se reducía, casi sistemáticamente, la distribución de sellos y papeletas de quinina.
El arraigo del mal en el territorio carabobeño era tan evidente que en 1.909, el inspector general de higiene pública señala en un informe que “El Paludismo continua produciendo estragos en nuestra población rural” (ibidem). La malaria en Carabobo era la primera causa de muerte, allí estaba la población más afectada según reporta el doctor Díaz, Ahora en su obra Luís Pérez Carreño (1.966):
Se encontraba mayoritariamente en los sectores del sur de Valencia, había una prevalencia de atacados hacia el sur de la ciudad, en los Municipios de Santa Rosa y Candelaria, donde predominaba la maleza, las aguas sin corriente, la vivienda insana, y la insalubridad ambiental. Los mismos factores, así como una igual y hasta mayor incidencia, regía para las parroquias y vecindarios foráneos: Tocuyito, Los Guayos, Flor Amarillo, La Loma, etc.
La propagación de la malaria llegó a producir un estado mental de preocupación permanente extendida en la opinión general de la población, e incluso en los facultativos, que pasaron a diagnosticar como paludismo cualquier otra enfermedad que presentara síntomas parecidos, y no hacerlo era ir contra el sentido común. El paludismo se encontraba larvado o supuestamente estaba latente, o indirectamente vinculado a otras afecciones. El doctor Pérez Carreño manifestó en una oportunidad que:
“El primer día de la pirexia, entre nosotros –lo de rigor, lo práctico- es referir a la malaria el desequilibrio orgánico y desde luego surge la indicación de la quinina; por que pensar en cualquier otra dolencia es siempre aventurado y en muchos casos es peligroso” (ibidem).
Esta es una de las razones por las cuales las estadísticas de la mortalidad por causa del paludismo es aproximada o imprecisa porque muchas muertes que fueron ocasionadas por otras enfermedades se le atribuían a la malaria y como la elaboración de las actas de defunciones eran potestad de los jefes civiles muchas veces los juicios podían haber sido equivocados:
El paludismo hasta marzo de 1.936 era diagnosticado por el jefe civil u otra persona representativa del poder civil. Pocas veces llegaba el diagnostico médico. Y ya sabemos que para personas no profesionales y de no regular cultura, el paludismo representaba un síndrome anémico cualquiera, sea anquilostomatico o de hambre simplemente (Bengoa y Lecanda, 1.980,169).
Y continúa Bengoa y Lecanda con el tema:
Es curioso observar en el medio rural el porcentaje tan enorme de diagnósticos profanos que hacen de mortalidad por paludismo y tisis. Todo enfermo anímico y raquítico (muchas veces de hambre) es diagnosticado de una de esas dos enfermedades. Por todo ello, a partir de marzo de 1.936, en que ya los diagnósticos eran mayormente de responsabilidad médica bajó tanto la mortalidad por paludismo (ibidem).
No es del todo cierto que a partir de 1.936 sean los médicos o, en el caso del paludismo sea la División de Malariología los que certifiquen las causas de la mortalidad; sobre todo en los pueblos del interior de la república continuaron los jefes civiles haciendo los diagnósticos hasta bien entrado el siglo XX, pudiéndose afirmar que estos siguieron en su labor de diagnósticos sobre todo en los sectores rurales, y sí la mortalidad de los registros de la División de Malariología (1.936), como apunta Bengoa y Lecanda, entonces los resultados no son imputables a diagnósticos errados sino a la verdadera acción emprendida por los erradicadores de la malaria.
El espacio geográfico de Puerto Cabello fue históricamente muy afamado por sus infecciones palúdicas. El General Rafael Urdaneta en 1.813 y el General Páez en 1.822, se quejaban por las menguas de sus ejércitos a consecuencia de las “pestes de calenturas endémicas” o “fiebres malignas”.
LA ENFERMEDAD DE LA COSTA
Al oeste de la ciudad de Puerto Cabello se encuentra el pueblo de Morón. Codazzi, en la segunda mitad del siglo XIX refiere que “tan sólo cerca de la costa se encuentra un temple malsano, en las montañas que bañan el Morón, el Alpargatón y el Urama hasta el Yaracuy” (1.960, 393). El sector de Morón ya era reconocido y no precisamente por buenas referencias, el paludismo era el atributo de la costa: “en los suburbios de Puerto Cabello se practica un poblamiento basado en la extracción de sal. Las principales salinas se extienden al oeste de la ciudad. Son áreas malsanas y los salineros están agobiados por el paludismo denominado en esta comarca enfermedad de la costa” (Cunill Grau, 1.987,348). De tal manera que también en la zona de Morón el paludismo era “histórico” ya que tenía una vieja tradición en el área desde tiempos desconocidos favorecido por las condiciones ambientales de clima y topografía. En Morón convergieron una serie de factores como el que explica el cronista Marín: “en cuanto a Morón, el caso es explicable, tierras bajas, situadas casi al nivel del mar, con aguas estancadas por todas partes, era un lugar propicio para la proliferación de los zancudos transmisores del paludismo. El mal se iba intensificando en forma implacable. No había manera de evitarlo” (1.971,25)
Es pertinente continuar con las palabras casi dramáticas del cronista Marín, pero que en realidad pintaban un cuadro de desesperación y angustia:
Se había roto el equilibrio ecológico: el número de sus defunciones era superior al de sus nacimientos. La muerte estaba en acecho por todas partes. Su población disminuía de una manera vertiginosa. Para 1.945, esta se había reducido a 800 habitantes, y no se piense que eran habitantes alegres, contentos de vivir, optimistas del futuro. Nada de eso. Veían un futuro cada vez más tenebroso, algunos de ellos preferían emigrar a otros lugares aún cuando para esto tuvieran que romper los nexos sentimentales que los ligaban al pequeño rincón geográfico donde habían vivido siempre. En esto no hay exageración alguna. El cuadro era sobrio. La funesta y trágica endemia de la malaria se había apoderado de toda la zona. Decir paludismo. Era tanto como decir desolación y muerte (Ibidem).
Las aseveraciones de Marín son muy respetables, pero es importante analizar algunas apreciaciones de la cita del cronista Marín en la búsqueda de mayor objetividad.
El cenco oficial de 1.941, anterior a la aplicación del DDT en Morón, denota un decrecimiento de su población. De 1.933 habitantes (censo de 1.936) la población se redujo a 1.795, es decir perdió 138 habitantes (7,13%) en cinco años. Se diría que el porcentaje es insignificante sino fuera porque la población en general aumentó en ese quinquenio; en el país se incrementó en 486.424 venezolanos, en Carabobo en 19.315 personas. En todos los distritos del Estado Carabobo creció, excepto en Puerto Cabello, donde decreció y específicamente en Morón ¿Cuál fue la causa de la baja de la población Móronense? Probablemente debido a las muertes por malaria y a las consecuentes emigraciones.
Los libros de defunciones de Morón fueron consultados en la prefectura de la localidad para verificar el número de Muertes, la edad de los difuntos y la causa de la muerte. En relación a los registros de las causas de las muertes en realidad no están avalados por profesionales de la medicina y se ha tomado el criterio que aquellas muertes reseñadas como “fiebre”, “fiebre cerebral”, “fiebre biliosa”, etc. Se han incluido como decesos palúdicos por corresponderse estas descripciones con los síntomas más aparentes de la malaria, aunque ello puede inducir al error debido a que otras enfermedades también pueden presentar esta pirexia.
En el quinquenio, (1.936-1.941) el número de defunciones en Morón (355) supera al de nacimientos (335) y del total de ellas el 45 por ciento (161) murieron de paludismo, es decir, de cada dos personas uno moría por ese mal. La curva de las defunciones se cruza con la de nacimientos en 1.940, sigue en alza en 1.941 para colocarse por debajo de los nacimientos en 1.942 y 1.943, vuelve a ascender en 1.944 superando de nuevo las defunciones a los nacimientos. En 1.940 ocurrió la diferencia más sustancial a favor de la mortalidad (91 a 41), en el mismo año las muertes por paludismo (48) es superior al total de nacimientos (41).
Otro elemento que hay que considerar es que en Morón como área endémica, los decesos por paludismo recaen fundamentalmente sobre los individuos con menor capacidad de memoria inmunológica, es decir en aquellas que no han tenido tiempo de adquirirla, en este caso en los infantes. En el segmento 1.936-1945 la mortalidad en los menores de diez años es sumamente alta, la mitad de los difuntos son niño. Proporcionalmente, en el decenio 1.940-1.950, el 53,5 por ciento del total de las personas murieron antes de los diez años, con una mayor suma en los menores de tres años de edad. Fallecían un promedio de treinta y dos niños anuales. De esa alta mortalidad infantil murieron de paludismo en el lapso, 1.936-1.941, el 49,76 por ciento del total general de las defunciones por causa de la malaria el 61,27 por ciento eran niños menores de 10 años.
Una cantidad importante de personas abandonaron el lugar por temor a contraer la enfermedad o fueron tras la búsqueda de mejorar sus condiciones materiales de vida, aquí dejaron el terruño que no les ofrecía perspectivas de progreso por el abatimiento económico de la zona, aunque ello significara romper con los vínculos afectivos como bien lo dijo el cronista Marín, resulta ilustrativo una anécdota del poeta Gottberg:
Otro peón contaba la experiencia de un ganadero de Guarico que regresaba para el hato El Punzón, después de un tiempo en Caracas. Llegado a una que fuere una población floreciente, quizás Ortiz, ya en el atardecer de una pesada jornada de viaje, halló el pueblo desierto. Solo encontró un anciano en el quicio de una puerta. Cuando el viajero le preguntó que había sucedido en el pueblo, el otro, sacando fuerza de la tristeza le respondió: la gente se fue huyéndole al paludismo y los que se quedaron por que se murieron - y que hace usted allí.- esperando la muerte. Contestó, fatalista el vecino (1.987,32)
No puede estar alegre alguien que este esperando la muerte ni otros cuyo medio social sea la desolación y la tragedia. Los 1.975 habitantes que tenía Morón en 1.941, según el censo oficial, se redujeron a 800, datos del cronista Marín. Para el año de 1.945, fecha del rociamiento del DDT, la población bajó a 311 de acuerdo a las palabras de Berti (1.997) “su población 311 habitantes enflaquecidos por la fiebre en 80 ranchos desvencijados”, no es posible tener una cifra oficial de los habitantes de Morón para 1.945, pues es sabido que después del censo de 1.941, se realizó el de 1.950, cinco años después del rociamiento. Sin embargo, es seguro que la población siguió descendiendo en el periodo de 1.942-1.945, aunque las cuotas de natalidad y mortalidad del sector, no ofrecen una diferencia holgada y es solo en 1.944 cuando las defunciones exceden los nacimientos en un número de 18 personas. Para llegar a las sumas poblacionales que aportan Marín (800) y Berti (311) hubo que producirse una emigración en masa de mórenses hacia otros lugares.
Lamentablemente los libros de defunciones consultados en la prefectura de Morón, no contienen los motivos de las muertes de los fallecidos entre 1.942 y 1.946, porque allí se hubiese podido conocer el grado de incidencia malárica en esos cuatro años. Al no tener valores específicos de ese periodo se deben tomar forzosamente los informes disponibles. El paludismo ha debido ser en Morón tan grave en los años que preceden la utilización del insecticida, puesto que de lo contrario no se hubiese seleccionado este pueblo a nivel nacional existiendo otras localidades dramáticamente afectadas por el mal. Es por ello que se debe buscar el alcance y las características de la enfermedad; Berti, en cuanto a Morón señala:
Se criaban los zancudos vectores más peligrosos de Venezuela… existían las tres especies de parásitos causantes de la malaria: maligna o “económica”, benigna y cuartana; bazos grandes con índices esplénicos del 99%. De cada mil personas morían 49 por años… (había) una escuela con 70 niños desnutridos y enfermos (1.997, 48).
Morón compuesto por ranchos de paja y bahareque rodeados de estanques de agua y lagunas por todas partes y un medio social miserable constituía un foco formidable para la proliferación de los zancudos transmisores, convirtiendo así el poblado en un núcleo de endemia palúdica. La localidad Móronense estaba casi al borde del colapso en el primer lustro de la década de los cuarenta, la muerte rondaba en los caminos y en las casas dispersas sus moradores acusaban el martirio de este mal.
De manera pues que había que empezar por Morón la campaña dedetizadora que pondría fin al paludismo en Venezuela.
La organización del evento programado para el día dos de diciembre estuvo a cargo del Ingeniero Gerardo González, jefe del servicio de fomento anti-malarico dependencia de la sección de ingeniería antimalarica de la división de malariología.
La cuadrilla número uno era la encargada de ejecutar el primer rociamiento en un rancho del pueblo de Morón. Esta cuadrilla era comandada por Levi Borges, el primer guarda jefe, y José Manuel Contreras, el guarda – operador; además formaban parte de esta cuadrilla los rociadores Francisco Solórzano, Valentín Gutiérrez, Juan García y Francisco Gutiérrez.
Ese dos de diciembre era día domingo, era un día de feria para Venezuela. Porque cuando “Levi Borges : Guarda jefe de la primera cuadrilla de dedetizadores, llamó a la puerta de un rancho de bahareque y techo de palmas, en el Municipio Moró, estaba comenzando para Venezuela una nueva etapa de profundas transformaciones” (Gottberg, 1.987, 56).
El primer rancho rociado con DDT por la cuadrilla número uno era de Melecio Castillo y María Pacheco, para ello se utilizó el DDT de grado técnico al 100 por ciento y polvo humedecido al 50 por ciento. El rociamiento debía ser completo y muy cuidadoso, lo suficientemente rociada la vivienda con el insecticida para que la acción residual durara por el tiempo previsto; debían hacerse nuevos rociamientos cada tres meses.
Estuvieron presentes en este hito de la historia contemporánea de Venezuela, aparte de los ya nombrados, las siguientes personalidades: El doctor Arnoldo Gabaldón, el Ingeniero Arturo Luís Berti, el doctor Manuel García, presidente del Estado Carabobo, Ricardo Montilla, presidente del estado Guarico, el doctor Manuel Salvador Barreto, malariólogo de Puerto Cabello, el doctor Lacenio Guerrero, medico jefe de la zona II de Malariología del estado Carabobo, el Ingeniero Rafael Sardi y el doctor Antonio Gómez Marcano de la sección de actividades médicas.
En el lugar donde se encontraba el rancho desvencijado rociado con DDT se construyó unas décadas después. – Inaugurado el dos de diciembre de 1.955 – un obelisco con un redondel de piedra donde yace al pie del mismo en una cama también de piedra, un Anópheles muerto construido en metal. Este monumento fue construido por iniciativa del Club de Leones de Valencia.
Desde el primer rociamiento en Morón “se pasó a 55 cuadrillas en 1.948 y a 96 en 1.952, efectuando un considerable número de rociamientos intradomiciliario; en efecto, durante el periodo de 1.945 – 1.994 fueron realizados un total de 24.121 rociamientos” (Guerrero y Borges, 1.995, 11).
La acción de los deditazadores se extendió de Carabobo al Estado Aragua, de allí pasó a otras zonas de fuerte incidencia palúdica como las tierras regadas por el Río Orinoco. En 1.947 el rociamiento se llevó a cabo en el extenso territorio comprendido entre Puerto Ayacucho y la desembocadura del Orinoco en el actual Estado Delta Amacuro.
SEÑORES

MUCHAS GRACIAS…………….

BIBLIOGRAFIA

Bengoa y Lecanda, J. M. (1.980). MEDICINA SOCIAL EN EL MEDIO RURAL VENEZOLANO. (Reedición de la versión original de 1.940) Valencia. Universidad de Carabobo. Facultad de Ciencias de la Salud.
Berti, L. A. (1.997). ARNOLDO GABALDON. Caracas. Ediciones del Congreso de la República, Imprenta Nacional.
Codazzi, A. (1.960). OBRAS ESCOGIDAS. Caracas. Ediciones del Ministerio de Educación. Biblioteca Venezolana de Cultura. Dirección de Cultura y Bellas artes.
Cunill Grau, P. (1.987). GEOGRAFIA DEL POBLAMIENTO VENEZOLANO EN EL SIGLO XIX. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la República.
Díaz, F. (1.966). Dr. LUIS PEREZ CARREÑO. (1.866 – 1.966). Valencia. Publicaciones del Concejo Municipal de Valencia. Talleres gráficos de París en América, S. A.
________ (1.966) VIDA E HISTORIA DE LA MEDICINA EN LA PROVINCIA. Ediciones del Ejecutivo del Estado Carabobo.
Gottberg, C. (1.987). IMAGEN Y HUELLA DE ARNOLDO GABALDON. Caracas. Editorial INTERFUNDACIONES.
Guerrero, L. y Borges. (1.998). ARNOLDO GABALDON, UN PROCER CIVIL. Maracay. Editorial El Aragüeño.
Marín, A. (1.971). MORON AVE FENIX DE CARABOBO. Valencia. Ediciones de la PETROQUIMICA.
O. C. E. I. CENSO GENE
Abrir panel de lectura ➔
Crónica Web #67

El contrabando en la micro región costera

El contrabando en la micro región costera
El contrabando fue una actividad comercial ilegal que se realizaba con mucha frecuencia en la zona del litoral carabobeño y del estado Falcón. Puntos neurálgicos de este comercio clandestino eran las desembocaduras de los ríos Yaracuy, Aroa y la del Tocuyo. El tráfico comercial ilícito es un asunto de vieja data; significó la disputa de las grandes potencias marítimas de entonces para controlar el flujo de mercancías por los océanos y lograr los mayores beneficios económicos para los reinos de Inglaterra, Francia, Holanda y España. A este último le tocó la suerte de apoderarse de los territorios suramericanos (con excepción de Brasil) y ejerció un férreo control comercial en base al principio Mare Clausum (Mar Cerrado) y fue tal el monopolio comercial que quien lo practicaba se exponía a la pena capital. Al principio, ingleses, franceses y halandeses ejecutaban en alta mar actos de piratería con saqueos y robos a las posesiones españolas, otras veces llegaban a tierra firme por corto tiempo y luego emprendía la retirada con el botín. Estos actos de pillaje eran violentos como el de John Hawkins en 1505 en Borburata, Cumana y Margarita, Jean de Bontemps también en Borburata y Margarita, Walter Raleigh (1595) por el Orinoco y Cumana, Amyos Preston en el mismo año por Cumana y Caracas, Juan David Nav (1966) en Maracaibo. Posteriormente cuando los españoles pierden posesiones territoriales en las Antillas menores, haciéndose dueños de ellos los holandeses, ingleses y granceses, el comercio clandestino se establece como tal sin que por ello desaparezcan los actos de piratería; sólo que se aplica una nueva modalidad desde las islas cercanas -sobre que todo curaçao- se incursionaba furtivamente en tierra firme para intercambiar productos con los nativo, es decir, ya hay un trato comercial más no autorizado por la Corona Española. Los holandeses hicieron de Curaçao una base estratégica para el comercio ilegal con los agricultores y comerciantes del litoral falconiano y carabobeño, es por ello que las autoridades españolas deciEl contrabando fue una actividad comercial ilegal que se realizaba con mucha frecuencia en la zona del litoral. dieron rescatar esa isla para lo cual en el año 1637 siendo el Gobernador de la Provincia de Venezuela el Capitán General Ruy Fernández de Fuenmayor hizo un censo para ver de qué fuerza disponía para atacar a los invasores holandeses. En los que respecta a Morón, este censo se conoce como "contribución del valle de Morón para el rescate de la isla de Curaçao" cuya fuente es el archivo General de Indias, Legajo 274 -Ramo I- testimonios de los autos y demás diligencias sobre la facción de Curaçao, Folio 47 y die así: "valle de Morón: Ocho personas, de ellas dos Capitanes y un mayordomo, con dos arcabuces y tres espadas". Obviamente este primer censo que se hizo en Morón no incluía a los indios que permanecían en el área. (Año 1637). un Por los lados del río Yaracuy, el Aroa, Tucacas y Chichiriviche fueron los caminos y andanzas del zambo Juan Andrés López del Rosario, mejor conocido como Andresote, quien mantuvo contubernio político-comercial con los holandeses para favorecer el contrabando en la zona y burlar las arremetidas militares del ejército de la Guipuzcoana. Andresote recibía de los holandeses armas y municiones y transporte acuático cuando lo requería. Sin embargo, el fuer del zambo era el conocimiento pleno del terreno donde actuaba, sabía de las veredas en la tupida vegetación. "Conocía muy. bien los atajos y vericuetos de las montañas tanto como los pasos y atracaderos de los ríos". Escuche este cronista todos los domingos de 8am a 9 am en el programa "Crónicas en Domingo" por la emisora Caribeña 1000AM.
Abrir panel de lectura ➔
Fuente Bibliográfica #1

Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2006. Municipios Juan José Mora y Puerto Cabello

Catálogo oficial de bienes muebles, inmuebles, manifestaciones culturales y tradición oral de la región CA 05-11.
Abrir panel de lectura ➔
Crónica Web #81

La fundación de Santa Ana

La fundación de Santa Ana
Hoy presentamos al lector varios testimonios de los primeros habitantes de la urbanización Santa Ana para tratar de descifrar el asentamiento originario de este importante sector del Municipio Mora; para ello se utilizó la historia oral, el testimonio viviente que muy bien fue compilado por un vecino de esa comunidad como lo es Argenis Alcalá, TSU en medios de comunicación y que actualmente busca su licenciatura en comunicación social, cursando el séptimo semestre.
Por considerarlo de importancia para la comprensión de nuestra historia local la estamos reproduciendo textualmente "Según los testimonios de estas personas, ésta tiene sus inicios en la década de los, 50 específicamente en el año 58 con la llegada de unos italianos de nombres, Bruno, Giuseppe y Emilio Gaspared, en tiempos en donde solo existían grandes fincas, cuyos dueños eran los Galavis, existían grandes árboles de samanes y la atravesaba un gran río el cual fue canalizado, estos eran constructores y vivían en una pieza que fue construida para depósito de los materiales de construcción serían utilizados en que la canalización del río que cambiaría su rumbo.
Y ellos trabajaban en dicha canalización y a la vez cuidaban este material, siendo esta pieza la primera edificación en esta población, estando ubicada en los terrenos donde existía el antiguo bar Los Tiburones, en donde actualmente existe la iglesia de los mormones.
Se dice que estos terrenos no fueron invadidos, si no donados por el ingeniero Toñolet de la empresa Petroquímica, actualmente Pequiven, los habitantes deciden colocarle este nombre de Santa Ana en honor a la virgen de Santa Ana y por una hacienda que existió en la zona mucho tiempo antes con ese nombre.
El señor Alejandro Rengifo (Alejuca) habitante de la calle Venezuela nº 43 nos relata en su testimonio, que en el año de 1959 cuando él llegó a orillas del río Morón en compañía de sus padres, don Eusebio González y su madre doña Francisca Jerónima Rengifo y sus hermanos, a la edad 16 años, construyeron una casita de barro, ya viArgenis Alcalá, vecino de la urbavían los italianos Bruno, Emilio Gaspared y Giuseppe, quienes serían los primeros habitantes de esta.
En ese entonces existirían solo seis (6) casas, cuyos dueños eran Bernardino Veliz (El venao), el señor Gil y su esposa Ana de Gil, Sixto García Eusebio González, y Giuseppe.
Todas estas casas ubicadas orillas del río en donde al Frente de ellas existía un camino que tenía por nombre el Tartagal, debiéndose su nombre a que en ese nización Santa Ana, lugar existían muchas matas de tártago, ese camino es lo que hoy en día conocemos como la calle Venezuela, por eso es que se dice que esta calle es la primera que existió en esta urbanización, no siendo así, ya que para ese entonces existía una calle que va desde la urbanización Santa Ana hasta el barrio el Dique que era por donde se transportaba el material para la canalización del río Morón, siendo esta la actual calle el canal o calle 0.
Pasado ya el tiempo fabricaron los señores, Juan Vadell las familias de Alejandro, Adán, y Nelson Siliet, siguiéndoles los señores Ángel Chirinos, Isidora Yansen, Belén Acosta y la señora Pastora Arias.
Por la parte trasera de estas casas, por donde estaba una laguna vivía el señor Mateo, las familias Morales, familia Guerra y familia Hurtado.
El señor Ignacio Vargas, (nacho), 87 años, habitante de la calle 3 n° 25, en su testimonio comenta que estos terrenos fueron donados y no invadidos en el año de 1962, por la empresa Petroquímica y que la primera calle fue la calle Venezuela, y debe su nombre a la versión o leyenda de que Simón Bolívar había pasado por allí a caballo para dirigirse a Puerto Cabello.
El señor José Guerra 80 años habita en la calle 7 n° 11.
Menciona que cuando llegó en el año de 1962 lo que había eran 6 casitas ubicadas en terrenos donados por petroquímica, con medidas de 10 metros de frente por 25 de fondo medidos por el Ingeniero Toñolet.
Además afirma que esto era puro pozos de agua, alega que en la calle en donde él vive le puso la pega la uña porque ahí los vecinos jugaban dominó y no podían ver una gallina en la calle porque esta se perdía.
La señora Ramona Morales 77 años habitante de la calle 4 de la urbanización presenta un documento en donde está la donación de su parcela 201, el 5 de abril de 1966 por el instituto venezolano de petroquímica (IVP), encargado de las medidas el Ingeniero Toñolet ella cuenta que cuando llegó esto era puro monte y pozos de agua, las calles eran caminos, luego se empieza a formar la comunidad, los vecinos fueron tomando parcelas no por invasión si no que eran donadas para descongestionar el casco de morón.
El señor Julio Abreu 70 años habitante de la calle 3 n° 13 cuenta que las 6 casitas que existían eran hechas con cajones de madera compradas en 20 bolívares y así construían sus casas, luego se fue poblando cuando el bloque costaba 2 bolívares, en el año de 1964 fue cuando colocaron las tuberías de agua, cloacas y asfaltado de algunas calles estos servicios se consiguieron a través de una junta comunal, integrada por el señor Pánfilo Sevilla y el señor José Saavedra, fueron unos de los primeros luchadores sociales en conseguir beneficios en esta urbanización.
El señor Jorge Ojeda de 59 años habitante de la calle 3 n° 14 tiene viviendo en la comunidad 46 años, manifestó Santa Ana se inició que en la calle Venezuela, luego se fueron formando calles consecutivas, alega que en el año de 1968 se funda el transporte circunvalación, la escuela se funda en el 1971 y en el 1984 se asfaltan todas las calles de la comunidad".
Abrir panel de lectura ➔