Libro Crónicas desde Morón - Redadas e Inseguridad
Para una persona decente, "caer"en una redada es extremadamente molestoso. Pasará por un vía crucis antes que recobre su libertad. Las redadas son un método de captura masiva e indiscriminada para luego filtrar o separar a la gente buena de los malandros o de aquellos que tengan problemas con la justicia. La redada es eso de que "todo d mundo contra la pared y cédula en mano". , otras veces ni cédula piden, sino "a montarse todos en el autobús (o patrulla". Si alguna persona, consciente de sus derechos, se le ocurre defender su dignidad, se le responde: "Ah, tú te la das de abogado" o "Tú eres alzao"; este ciudadano tendrá suerte si no obtiene su rolazo o planazo.
Los detenidos en redadas son llevados a un centro de reclusión que suelen ser los calabozos de la policía o el comando de la Guardia Nacional. En el primero, los detenidos son apretujados en unas celdas malolientes sin ninguna clase de selección; allí sufren vejámenes de todo tipo; en el segundo, se les conmina con frecuencia a barrer los patios del comando y no son raras las agresiones físicas o verbales. Como es obvio, la persona que no ha cometido ningún delito debe salir libre, tarde temprano la dejan ir, con diversas molestias a cuestas, sin propOorcionarseles ninguna excusa o disculpas, sin ninguna justificación. Sólo sabe que cuando sale de los calabozos de la policía debe irse a bañar rápidamente y si sale de la Guardia debe venirse caminando desde Pequiven hasta la encrucijada de Morón, porque se lo llevaron en contra de su voluntad pero nadie lo trae al sitio donde lo capturaron.
Ahora bien, ¿qué efectividad tienen las redadas para combatir la delincuencia desatada? Sin presumir de experto, utilizando simplemente el sentido común, yo pienso que son poco efectivas. Si valoramos la inversión de los recursos hombres (efectivos)-horas en el despliegue de una redada y lo cotejamos con los resultados, ¿cuántos maleantes se atrapan en una redada? En la mayoría de las redadas los detenidos son dejados libres en su totalidad, unos pueden quedarse un poco más de tiempo, pero todas maneras se van. ¿Cuántos son detenidos, pasados a juicios y sentenciados? Si acaso un 1%. ¿Es esto efectividad? Y sin embargo, las redadas siguen siendo el método policiaco tradicional y por excelencia para combatir la delincuencia. ¿Por qué no son efectivas las redadas contra el hampa? Sencillamente porque el malandro no anda expuesto en la calle o en los sitios públicos. El delincuente sale de su escondrijo, ataca y se vuelve a esconder, no anda como la persona normal y corriente que no la teme porque no la debe, en cambio el malandro sí la teme porque la debe. El hampón cuando oye de una redada (porque muchas veces, se le informa anticipadamente) se va a su madriguera, actúa furtivamente y con precisión aunque ya algunos se exhiben ante la impunidad.
A esta situación vienen a agregarse los preceptos contenidos en el nuevo Código Orgánico Procesal Penal (Copp), que da mayor libertad al ciudadano para ser inculpado y condenado. No es que sea malo, pero no se adapta a la actual realidad venezolana. Nuestros tribunales no están adecuados aún a las exigencias formativas y procesales del Copp, además no están disponibles ni la infraestructura ni los recursos humanos idóneos.
En cuanto a la policía se deben implementar nuevos códigos de etica y de procedimientos. Es urgente formar una nueva policía que tenga una visión diferente de atacar el delito, crear una nueva escuela policial; hasta ahora lo que hemos tenido es una policía represiva en concordancia con el viejo Código Penal (ya abolido). Entonces, o somos creativos o nos copiamos de los Estados Unidos los procedimientos, métodos, y capacidad de actuación de la policía gringa así como ya nos copiamos de ellos casi en su totalidad su código penal.
La policía debe ser, humildemente opino, más de Inteligencia y Preventiva que de otra cosa, es decir, que de enredadera o represiva. Una policía de Inteligencia debe estar bien dotada y con un banco de datos actualizados y computarizados, armas modernas, equipos de comunicaciones eficientes, vehículos en buen estado y toda una infraestructura de puestos de vigilancia, sedes adecuadas, etc.
Ante esta ola delictiva que vive el país lo menos que puede hacer un venezolano es emitir su modesta opinión con el riesgo de que virtuosos y expertos estudiosos digan que todo esto es una falacia. Sin embargo, debemos aclarar que la delincuencia es un problema más profundo y complejo que ninguna policía del mundo por muy perfecta que sea podrá detener si no se atacan las causas y raíces sociales que las proyectan.
Redadas e inseguridad
Para una persona decente "caer" en una redada es extremadamente molestoso.
Pasará por un viacrucis antes que recobre su libertad.
Las redadas son un método de captura masiva e indiscriminada para luego filtrar o separar la gente buena de los malandros o de aquellos, que tengan problemas con la justicia.
La redada es eso de que "todo el mundo contra la pared y cédula en mano" otras veces ni cédula piden sino que "a montarse todos en el autobús (o patrulla)".
Si alguna persona, consciente de sus derechos, se le ocurre protestar o defender su dignidad, se le responde: "ah, tú te la das de abogado" o "tú eres alzao"; este ciudadano tendrá suerte sino obtiene su rolazo o planazo.
Los detenidos en redadas son llevados a un centro de reclusión que suelen ser los calabozos de la policía o el comando de la Guardia Nacional.
En el primero los detenidos son apretujados en unas celdas malolientes sin ninguna clase de selección, allí sufren vejámenes de todo tipo; en el segundo se les conmina con frecuencia a barrer los patios del comando y no son raras las agresiones físicas o verbales.
Como es obvio la persona que no ha cometido ningún delito debe salir libre, tarde o temprano lo dejan ir, con diversas molestias a cuestas, sin proporcionárseles ninguna excusa o disculpas, sin ninguna justificación.
Sólo que cuando sale de los calabozos de la policía debe irse a bañar rápidamente y si sale de la guardia debe venirse caminando desde Pequiven hasta la encrucijada de Morón porque se lo llevaron en contra de su voluntad pero nadie lo trae al sitio donde lo capturaron.
Ahora bien, ¿Qué efectividad tienen las redadas para combatir la delincuencia desatada? Sin presumir de experto, utilizando simplemente el sentido común, yo pienso que son poco efectivas.
Si valoramos la inversión de los recursos hombres (efectivos)-horas en el despliegue de una redada y lo cotejamos con los resultados ¿cuántos maleantes se atrapan en una redada? En la mayoría de las redadas los detenidos son dejados libres en su totalidad, unos pueden quedarse un poco más de tiempo, pero de todas maneras se van ¿cuántos son detenidos, pasados a juicios y sentenciados? Si acaso un 1%.
¿Es esto efectividad? Y sin embargo, las redadas siguen siendo el método policiaco tradicional y por excelencia para combatir la delincuencia.
¿Por qué no son efectivas las redadas contra el hampa? Sencillamente porque el malandro no anda expuesto en la calle o en los sitios públicos.
El delincuente sale de su escondrijo ataca y se vuelve a esconder, no anda como la persona normal y corriente que no la teme porque no la debe, en cambio el malandro si la teme porque la debe.
El hampón cuando oye de una redada (porque muchas veces, se le informa anticipadamente) se va a su madriguera, actúa furtivamente y con precisión aunque ya alguprecisión aunque ya algunos se exhiben ante la impunidad.
A esta situación viene agregarse los preceptos contenido en el nuevo Código Orgánico Procesal Penal (Copp), que da mayor libertad al ciudadano para ser inculpado y condenado.
No es que sea malo, pero no se adapta a la actual realidad venezolana.
Nuestros tribunales no están adecuados aún a las exigencias formativas y procesales del Copp, además no están disponibles ni la infraestructura ni los recursos humanos idóneos.
En cuanto a la policía se deben implementar nuevos códigos de ética y de procedimientos.
Es urgente formar una nueva policía que tenga una visión diferente de atacar el delito, crear una nueva escuela policial; hasta ahora lo que hemos tenido es una policía represiva en concordancia con el viejo código penal (ya abolido).
Entonces, o somos creativos o nos copiamos de los Estados Unidos los procedimientos, métodos, y capacidad de actuación de la policía gringa así como ya nos copiamos de ellos casi en su totalidad su código penal.
La policía debe ser, humildemente opino, más de Inteligencia y Preventiva que de otra cosa, es decir, que de enredadera o represiva.
Una policía de Inteligencia debe estar bien dotada y con un banco de datos actualizados y computarizados, armas modernas, equipos de comunicaciones eficientes, vehículos en buen estado y toda una infraestructura de puestos de vigilancia, sedes adecuadas, etc.
Ante esta ola delictiva que vive el país lo menos que puede hacer un venezolano es emitir su modesta opinión con el riesgo de que virtuosos y expertos estudiosos digan que todo esto es una falacia, Sin embargo, debemos aclarar que la delincuencia es un problema más profundo y complejo que ninguna policía del mundo por muy perfecta que sea podrá detener si no se atacan sus causas y raíces sociales que las proyecta.
Libro Crónicas desde Morón - La Fundación del Barrio 23 de Enero en Morón
En todas las ciudades y pueblos del país es difícil no encontrar un barrio con el nombre de esta conocida fecha que significó y comienzo del régimen democrático y el fin de la dictadura perezjimenista, Morón no es la excepción. Nos llega de nuestra amiga Maris González una reseña histórica sobre la fundación del barrio 23 de Enero de Morón.
Maris nos refiere que en terrenos muy próximos al río Morón cubiertos frondosamente por grandes árboles de jabillo se daban cita a diario un grupo de mujeres entre las cuales es encontraban Argelina de González, Otilia de Zabala, Nicolasa de Montes, Victoria Ramos, María lamas, Meme y María Granadino para cumplir sus labores de lavado de ropa y para compartir menudencias propias de la vida para parroquiana de Morón de las postrimerías de la década de los años 50.
Alegres conversaciones se dan bajo el cobijo de la ceiba en comparsa con el chirrido de la concha de coco que al frotarse con las prendas de vestir hacía las veces de moderno cepillo de ahora, chirridos que al unísono parecían más bien cantos de lame-arenas que sumergían sus enormes en cabezas en las lamas verduzcas que anidaban en el fondo de las aguas cristalinas del río Morón.
Otras veces, estos mismos terrenos eran utilizados para las celebraciones de las fiestas de la virgen de Santa Ana, donde ya era costumbre disfrutar de la suculenta ternera y el codiciado brindis. Mediante estas tertulias se encariñaron con el sitio y un día se plantearon construir sus viviendas, por lo menos ésta era la idea de la señora Angelina de González, quien hacía comida para algunos trabajadores de la Petroquímica y les comentó su proyecto a Vicente Ortega, Rogelio Manrique, Alfonso Mercado, incorporándose todos ellos a la idea de poblar el lugar (así dejó de ser un grupo sólo de mujeres).
Un día, en el mes de diciembre de 1957, encontraban se Angelina de González, Ramón Añez, Victoria Ramos (hoy difuntos), Otilia de Zavala y Nicolasa de Montes, quienes optaron por invadir los mencionados terrenos, pero fueron desalojados por la Seguridad Nacional, mas no se amedrentaron y continuaron con su propósito de conseguir las tierras que el Instituto de Petroquímica mantenía como de su pertenencia.
A los pocos días de la caída del dictador Pérez Jiménez, el 30 de enero de 1958, fueron tomados estos terrenos por las personas antes mencionadas; entonces fundaron el caserío con el nombre de 23 de Enero. Estas mismas personas siguieron con la idea de fundar más barrios y al poco tiempo fundaron en terrenos aledaños el barrio La Charneca.
Debilidad Autonómica
En una entrevista que me hicieran para la edición aniversaria del Diario El Carabobeño sostuve que una de las debilidades estructurales del Municipio Juan José Mora en cuanto a su autonomía se refiere era la carencia en su territorio de instituciones o entidades oficiales de rango nacional que prestasen el servicio requerido así como otros servicios comunitarios que por ley son atribuciones de la administración municipal y que ésta no ha podido o no ha querido brindarlos a la ciudadanía, y estamos hablando de todos los gobiernos municipales en general.
En otro particular me referí a la ausencia de grandes inversiones en infraestructura o en obras de gran trascendencia que le den a Morón fisonomía de ciudad y no de un pueblo grande, unido y dependiente cada vez mas de Puerto Cabello poniendo así en entre dicho la autonomía político-administrativa lograda hace 27 años.
En cuanto a lo primero es necesario recordar que si vamos a obtener una licencia de conducir hay que ir a Puerto Cabello porque en Morón solo hay un puesto de la Inspectoría de Transito, lo mismo sucede con la obtención de la cedula de identidad a menos que se consiga por ahí un puesto de cedulación ambulante ya que en Morón no existe una oficina de Onidex.
Tampoco existe una delegación del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), los registros y las notarias públicas están en Puerto Cabello así como los tribunales importantes. La policía estadal está supeditada a la de Puerto Cabello por lo que los presos de Morón van a parar a la antigua Zulia, Comandancia Policial del Municipio vecino, igual sucede con las oficinas del Seniat, Ipasme, Colegios Profesionales (de Medico, Abogados etc.).
En relación a los segundo la cosa es más grave aun porque el gentilicio moronense está en extinción, los últimos moronenses (que hoy deben tener una edad promedio de 50 años) fueron los que nacieron en la medicatura de Morón que estaba ubicada donde está actualmente el Comando Policial, y hay algunos poquitos que recientemente nacieron en el centro ambulatorio de Morón y algunos en el Seguro Social, pero la mayoría nacen en el Hospital Prince Lara de Puerto Cabello por lo que son porteños aunque sus padres hayan residido toda la vida en Morón.
No sólo se nace en Puerto Cabello sino que también al morir el moronense adoptivo va a parar a los cementerios del mismo lugar puesto que en Morón en 27 años no se ha podido construir un campo santo para los difuntos.
El cuerpo de bomberos es otra necesidad imperante, menos mal que los valientes hombres de azul de Puerto Cabello nos auxilian cada vez que en Morón ocurre un siniestro. Sin embargo, en todo este barullo Morón ha tenido que pagar un precio muy alto como es la contaminación producida por el relleno sanitario (si se puede llamar así) donde Puerto Cabello deposita los mayores caudales de desechos sólidos.
En tercer lugar y ultimo, cuando hablo de la ausencia de grandes inversiones tanto publicas como privada, hay que aludir que en estos 27 años de autonomía la gestión municipal se ha conformado con lo pequeño, resolver aquí y allá con la cancha deportiva, tapar el hueco, llevar el agua, hacer la cloaca, etc no es que esto no sea importantes sino que se han perdido de vista los objetivos grandes como gestionar y facilitar la inversión privada para la creación de centros comerciales como los tiene Puerto Cabello (estilo Makro, San Diego etc) o conjuntos residenciales de envergadura para captar los sectores medios y profesionales que se nos fugan hacia Valencia, San Diego o Naguanagua, gestionar la inversión publica para la construcción de un gran hospital para frenar la desaparición de nuestro gentilicio, en fin, la construcción de núcleos universitarios, bibliotecas publicas, hoteles de calidad ¿Cómo vamos a hacer turismo si los visitantes no tiene donde pernoctar en Morón? Volveremos sobre este tópico en otra oportunidad.
El Morón de medio siglo atrás (II)
Continuamos reseñando el Morón de 1965 para preservar la memoria colectiva correspondiente a una época importante en el crecimiento de nuestra ciudad y que va a reflejar lo que hoy somos como pueblo.
Seguiremos apoyándonos en el estudio de la Dirección de Malariología y Saneamiento Ambiental del estado Carabobo.
En relación a la medicatura rural de Morón (ubicada donde está hoy el comando policial), informa lo siguiente: "El médico rural, Dr.
Alfredo Nehencus Amundaray, nos informó que el promedio de consultas alcanza a unas 40 diarias y que las enfermedades predominantes son: diarreas, parásitos y gripes.
Periódicamente llevan a cabo campañas de vacunación contra la viruela, sarampión y otras enfermedades.
Conjuntamente con la Unidad Sanitaria de Valencia han hecho campañas de vacunación de perros y próximamente efectuarán una de envenenamiento de canes realengos, pues el índice de mordedura es alarmante.
El personal de la medicatura lo componen: un médico, una partera, un practicante y un auxiliar; tienen 4 camas para la hospitalización de partos.
Esperan próximamente que el personal sea aumentado y creado el centro de salud".
¿Cómo era la educación de entonces? Veamos: "Este aspecto se encuentra formado por 3 escuelas, 2 funcionan en las urbanizaciones para empleados de Venepal y Petroquímica, ambos están inscritos en el M.E.N., llevan por nombre 'Escuela privada Venepal', siendo la directora la Sra.
Rosa Pérez, con 4 maestros y 4 aulas, tienen 99 alumnos inscritos y una asistencia promedio de 80; la enseñanza es hasta 6to. grado. La escuela 'Felipe Tejera' pertenece a Petroquímica; es también hasta 6to. grado, tiene 181 inscritos con una asistencia de 170, el director es el Sr. José Tortolero Arocha; tiene 7 maestros y 7 aulas.
La empresa aporta 6000,00 bolívares mensuales y los padres el resto.
Además de las escuelas mencionadas funciona el 'grupo escolar Morón' en el centro del poblado (Las Colinas), cuenta con un director, un subdirector, 24 maestros y 12 aulas, la inscripción es de 1.200 y la asistencia es de 900".
El Morón, de medio siglo atrás.
Saliédonos un poco de las citas textuales, decimos que el informe señala que en esta escuela hace falta la ampliación del comedor para así proteger un mayor número de alumnos de escasos recursos.
Y que la empresa Venepal tiene un centro de extensión cultural para los obreros en lo cual obtuvieron su certificado de 6to. grado, 27 de ellos.
Con las fuerzas vivas e institucionales que se reunió la Comisión de Malariología fueron: La sociedad de padres y maestros (no dice de cuál escuela) que recaudan un monto de 800 Bs. mensuales para los gastos de la escuela y ayuda a personas necesitadas.
También se toparon con la Junta Pro-defensa de intereses y reivindicaciones de los adjudicatarios de la urbanización Las Parcelas cuyas viviendas fueron construidas por vivienda rural por administración delegada para la Petroquímica.
Actualmente (año 1965) están tratando el problema de la pavimentación de las calles del barrio.
La junta está constituida así: Presidente, José Perozo; Vicepresidente, Rafael García Gudiño; Secretario de actas y relaciones, Bernabé Castillo (padre); Secretario de propaganda y asuntos sociales, Fernando Urquía; Asesor, Max Semeco M.
"Es bueno hacer notar que el Instituto Venezolano de Petroquímica (IVP) cuenta con una oficina de desarrollo comunal, de reciente fundación, dirigida por el Dr. Omar Hernández, la cual a mi parecer está llevando a cabo funciones de Junta Pro-mejoras, pues se dedica a gestionar mejoras para el pueblo a través de institutos oficiales y de la misma Petroquímica; sin hasta ahora llevar a efecto su misión específica".
Y más adelante agrega el informe sobre el esparcimiento del área que: "El poblado en sí cuenta solamente con un campo deportivo (no dice dónde está ubicado), actualmente en malas condiciones y generalmente son de libre acceso, practicándose allí diferentes deportes, entre ellos: baseball, básquetbol, voleibol, fútbol y otros más, efectúan torneos con frecuencia".
"Industrialmente la zona se perfila como una de las más promisoras del país, dados los proyectos que tanto el gobierno como la industria privada piensan llevar adelante; además el hecho de estar ubicada allí la Petroquímica da base para la instalación de nuevas industrias químicas.
Se prevé un resurgimiento de la agricultura, pues los agricultores están reclamando dotación legal de los terrenos para dedicarse de lleno a ésta".
Escuche a este cronista todos los domingos de 8 a 9 a.m.
en el programa "Crónicas en domingo", por la emisora Caribeña Mil AM.
Libro Crónicas desde Morón - La Plaza Bolívar de Morón
A propósito de algunas consultas de estudiantes de turismo sobre monumentos históricos y otros elementos emblemáticos de la ciudad, sirva este escrito para aquellos que indagaban los orígenes de la plaza Bolívar de Morón. Los pueblos fundados por los españoles poseían unas características muy especiales: para la fundación se debía tener la autorización del rey español (Juan Rodríguez Suárez fue condenado a muerte por haber fundado la ciudad de Mérida sin la debida autorización). En el sitio escogido para el asiento de la ciudad se clava un grueso madero de dos metros de altura aproximadamente. El fundador golpeaba con su espada varias veces el tronco enterrado y retaba en voz alta a quien se opusiese a la celebración del acto, si nadie respondía procedía a cortar el monte alrededor del madero y declaraba en nombre del rey, fundaba la ciudad, después vendría otro ceremonial.
En el sitio donde estaba el tronco se constituía la plaza mayor (con el tiempo pasaron a llamarse plaza Bolívar) al frente se construía la iglesia y al otro lado la sede del Cabildo. De la plaza partían las calles formándose una cuadrícula o damero donde se ubicaban las viviendas fabricadas con materiales provisionales, algunas calles se empedraban, en lo más alto de la ciudad se construía una caja de agua que mediante acequias cruzaban las cuadras o manzanas de la ciudad.
Este modelo estricto para la fundación de las ciudades se mantuvo por varios siglos y las ciudades actuales de más vieja data heredaron el damero o cuadrilátero histórico de aquella usanza española para fundar un pueblo.
Los pueblos de fundación relativamente más reciente rompieron con este esquema tradicional, la mayoría se formaron sin fundación oficial, otros lo hicieron anárquicamente y ni plaza construyeron. Este último es el caso de Morón. Lo primero que llegaba a los incipientes poblados cuyo núcleo estaba compuesto por esclavos y trabajadores de las haciendas de cacao, era la iglesia.
Esta se construía rudimentariamente, de paja, madera etc, en torno a ella se extendía un caserío, a orillas del camino real, era la iglesia la que nucleaba a la población a falta de autoridad de los cabildos, el sentido de pertenencia o de pueblo le venía dado por la religión, por el santo patrón.
Morón estuvo por años dependiendo de un centro de poder muy distante (el de Nirgua) que no se ocupaba de él a no ser por la religión que llegó bien temprano. Posteriormente fue un rincón olvidado de puerto Cabello y perteneciendo a este Distrito sus hijos más esclarecidos en ese momento conciben la construcción de su plaza Bolívar.
Fue la directiva del Club de Leones (fundado el 17 de agosto de 1970) encabezada por el Dr. Jesús Salvador Silva Gutiérrez, a quien le ocupó el honor de hacer realidad la plaza Bolívar de Morón. El terreno que seleccionaron estaba ubicado en las adyacencias de un antiguo cementerio, frente a la medicatura rural y diagonal a la iglesia de Santa Ana de Morón.
Había estado en este terreno antes un parque infantil y luego se construyó un mercado popular, sobre las ruinas de este mercado se erigió nuestra Plaza Bolívar por iniciativa del Club de Leones, que dicho sea de paso fue la primera obra que realizó este extraordinario club, lamentablemente hoy desaparecido en nuestro municipio.
El financiamiento de la obra fue obtenido por la rifa de un Volkswagen que fue facilitado por la exhibición por la Corporación Venezolana de Motor (Volkswagen-Palma Sola). El número premiado quedó entre los no vendidos y este el vehículo fue vendido posteriormente a Hugo Chavarioli, propietario del hotel Morón. De esta manera el Club de Leones hizo un negocio redondo para bien de la comunidad. El busto del Libertador fue donado por la base naval de Puerto Cabello y se instaló el 21 de noviembre de 1970 en el acto especial en presencia de las autoridades civiles y naval de la zona, en el acto inaugural tomó la palabra el Dr. Silva Gutiérrez como presidente del Club. Luego este busto del Libertador es sustituido por un pedestre de Bolívar en ocasión del primer gobierno municipal, bajo la presidencia de José Antonio Ortega. La estatua pedestre es copia de la obra original del escultor italiano Pietro Teneram que se encuentra en Bogotá desde 1846 y en la plaza de Ciudad Bolívar desde 1859.
Obviamente a variado un tanto nuestra plaza Bolívar desde su inauguración hasta hoy. Su inicial forma triangular, que algunos osados le ponían el nombre del sexo femenino, a cambiando en forma rectangular como consecuencia de la adición de una parte curva de la continuación de la calla La Paz.
El viejo mamón macho aún permanece incólume a las inclemencias del tiempo aunque ya no se consumen a sus pies los licores y sancochos de los inveterados borrachitos. Posee más árboles que antes y jardines elevados en figuras geométricas que sirven de asiento a los parroquianos.
El bronce de Bolívar mira al este, ve al sol de frente; por ese mismo lado está una fuente, por supuesto, sin agua. A la espalda de Bolívar, al oeste está otra fuente que simula una cascada con luces multicolores, pero tampoco tiene agua, a la pared del fondo se encuentran las siluetas de unos llaneros a caballo en alto relieve, seguramente eran los llaneros de Páez en lucha contra los realistas.
El contorno de la plaza también ha cambiado, en sus alrededores se localizan modernos establecimientos comerciales, a su lado norte se ubica la comandancia de la Policía y diagonal a ella la sede del Concejo Municipal.
Debilidad Autonómica
En una entrevista que me hicieran para la edición aniversaria del Diario El Carabobeño sostuve que una de las debilidades estructurales del Municipio Juan José Mora en cuanto a su autonomía se refiere era la carencia en su territorio de instituciones o entidades oficiales de rango nacional que prestasen el servicio requerido así como otros servicios comunitarios que por ley son atribuciones de la administración municipal y que ésta no ha podido o no ha querido brindarlos a la ciudadanía, y estamos hablando de todos los gobiernos municipales en general.
En otro particular me referí a la ausencia de grandes inversiones en infraestructura o en obras de gran trascendencia que le den a Morón fisonomía de ciudad y no de un pueblo grande, unido y dependiente cada vez mas de Puerto Cabello poniendo así en entre dicho la autonomía político-administrativa lograda hace 27 años.
En cuanto a lo primero es necesario recordar que si vamos a obtener una licencia de conducir hay que ir a Puerto Cabello porque en Morón solo hay un puesto de la Inspectoría de Transito, lo mismo sucede con la obtención de la cedula de identidad a menos que se consiga por ahí un puesto de cedulación ambulante ya que en Morón no existe una oficina de Onidex.
Tampoco existe una delegación del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), los registros y las notarias públicas están en Puerto Cabello así como los tribunales importantes. La policía estadal está supeditada a la de Puerto Cabello por lo que los presos de Morón van a parar a la antigua Zulia, Comandancia Policial del Municipio vecino, igual sucede con las oficinas del Seniat, Ipasme, Colegios Profesionales (de Medico, Abogados etc.).
En relación a los segundo la cosa es más grave aun porque el gentilicio moronense está en extinción, los últimos moronenses (que hoy deben tener una edad promedio de 50 años) fueron los que nacieron en la medicatura de Morón que estaba ubicada donde está actualmente el Comando Policial, y hay algunos poquitos que recientemente nacieron en el centro ambulatorio de Morón y algunos en el Seguro Social, pero la mayoría nacen en el Hospital Prince Lara de Puerto Cabello por lo que son porteños aunque sus padres hayan residido toda la vida en Morón.
No sólo se nace en Puerto Cabello sino que también al morir el moronense adoptivo va a parar a los cementerios del mismo lugar puesto que en Morón en 27 años no se ha podido construir un campo santo para los difuntos.
El cuerpo de bomberos es otra necesidad imperante, menos mal que los valientes hombres de azul de Puerto Cabello nos auxilian cada vez que en Morón ocurre un siniestro. Sin embargo, en todo este barullo Morón ha tenido que pagar un precio muy alto como es la contaminación producida por el relleno sanitario (si se puede llamar así) donde Puerto Cabello deposita los mayores caudales de desechos sólidos.
En tercer lugar y ultimo, cuando hablo de la ausencia de grandes inversiones tanto publicas como privada, hay que aludir que en estos 27 años de autonomía la gestión municipal se ha conformado con lo pequeño, resolver aquí y allá con la cancha deportiva, tapar el hueco, llevar el agua, hacer la cloaca, etc no es que esto no sea importantes sino que se han perdido de vista los objetivos grandes como gestionar y facilitar la inversión privada para la creación de centros comerciales como los tiene Puerto Cabello (estilo Makro, San Diego etc) o conjuntos residenciales de envergadura para captar los sectores medios y profesionales que se nos fugan hacia Valencia, San Diego o Naguanagua, gestionar la inversión publica para la construcción de un gran hospital para frenar la desaparición de nuestro gentilicio, en fin, la construcción de núcleos universitarios, bibliotecas publicas, hoteles de calidad ¿Cómo vamos a hacer turismo si los visitantes no tiene donde pernoctar en Morón? Volveremos sobre este tópico en otra oportunidad.
El Cabildo Colonial
Los cabildos coloniales son los padres o abuelos de los Concejos Municipales actuales.
Cuando los españoles iniciaron su labor conquistadora y colonizadora en el siglo XVI fundaron las primeras ciudades y en un acto solemne (previamente habían construido la plaza mayor, la iglesia y la sede del cabildo) nombraban sus autoridades locales del mismo grupo de acompañantes de las expediciones colonizadoras, este nombramiento lo hacía el jefe de la misma o el adelantado.
Estos Cabildos se ocuparían de los asuntos políticos, administrativos y económicos, o lo que es lo mismo, el ayuntamiento colonial le correspondía velar por los intereses comunitarios de las incipientes ciudades.
Sin embargo, estas instituciones no eran autóctonas de España sino que su origen se remonta a la Roma antigua, en la república plutocrática, en donde existieron unos funcionarios locales llamados Ediles.
Posteriormente se formaron corporaciones en toda Europa que se encargaron de los gobiernos municipales y que les sirvieron a los reyes como instrumentos para luchar contra los señores feudales.
En Venezuela el primer cabildo que se creó fue el de Coro, en 1529.
Los cabildos estaban integrados por cierto número de funcionarios que ejecutaban diversos oficios.
Los funcionarios más importantes eran los regidores (equivalente a los concejales de hoy) que controlaban la vida municipal y prácticamente regían o ejercían el gobierno de la ciudad.
Su número oscilaba entre cuatro y doce, aunque la ciudad de Caracas llegó a tener diez y seis.
Los regidores designaban todos los primeros de enero de cada año a los alcaldes.
En un principio los cargos de regidores eran electivos y de carácter honoríficos, pero después, en 1594 por orden de la corona española comenzaron a ser vendidos en subasta pública teniendo los mayores privilegios para ser adjudicados a los descubridores, primeros pobladores y a sus descendientes.
Otro cargo importante eran los alcaldes (se nombraban dos), la palabra alcalde es de origen árabe y significa El Juez por lo que su función más primordial era la de administrar justicia en primera instancia, en lo civil y criminal, además presidía el cabildo y representaba la primera autoridad municipal.
También los alcaldes ordinarios tuvieron la facultad de ejercer el gobierno de la provincia en forma interina cuando moría el gobernador o se ausentara temporalmente.
Los cargos de alcaldes, al igual que los regidores, fueron restringidos a los conquistadores y sus descendientes.
Otros funcionarios fueron: el Alférez real quien era el jefe de las milicias del cabildo, llevaba la insignia real en las ceremonias públicas y tenía voz y voto en el ayuntamiento.
El alguacil mayorera el policía del cabildo, perseguía los juegos prohibidos y se ocupaba de las detenciones.
El fiel ejecutor se encargaba de vigilar los abastos, precios, pesos y medidas, aseo, ornato etc.
El procurador (síndico actual) era el representante legal del municipio e intervenía en las ventas, composición y repartimiento de tierras y solares.
El Escribano (secretario actual) llevaba los libros y acuerdos del cabildo.
El depositario quien era el guardián de los bienes en litigio.
En síntesis podemos decir que las funciones del cabildo se engloban en tres tipos: administrativas, jurídicas y políticas.
Las primeras se refiere a la administración de los ejidos de la ciudad, repartir tierras y solares a los vecinos, abastecimiento de la población, aseo, ornato etc.
Las políticas comprendían: suplir al gobernador, llevar las relaciones políticas con la corona, plantear problemas de jurisdicciones, suspender órdenes reales cuando fuesen perjudiciales y las jurídicas la ejercía el alcalde como juez de primera instancia.
Pero el verdadero papel histórico lo jugó el cabildo como expresión de la autonomía criolla.
Los cabildos se convirtieron con el tiempo en instituciones oligarcas al servicio de los intereses de la clase social de los blancos criollos (terratenientes, mantuanos o descendientes de los conquistadores), con ellos en sus manos mantuvieron en minusvalía a los pardos (mestizos, mulatos, zambos) limitándoles sus derechos y también sirvió como instrumento para quitarle a los blancos españoles competencias y poder político que culminó con los acontecimientos del 19 de abril de 1810.
De tal manera que el cabildo perdió su carácter popular y democrático para transformarse en la punta de lanza de los blancos criollos quienes adquirían los cargos conel poder de su dinero.
Los cargos más importantes del cabildo eran ad honoren, es decir, sin remuneración por lo que los pardos (gente sin riqueza) no podían ejercerlos sin sueldos, de tal manera que los únicos que podían optar a esos cargos eran los criollos que sí disponían de bienes y riquezas, por lo demás tampoco podían ocuparlos los que ejercían "oficios viles" (trabajos manuales, mercaderes, artesanos etc), todo estaba a favor de los criollos y en contra de los pardos.
Libro Crónicas desde Morón - El Cabildo Colonial
Los cabildos coloniales son los padres o abuelos de los Concejos Municipales actuales. Cuando los españoles iniciaron su labor conquistadora y colonizadora, en el siglo XVI, fundaron las primeras ciudades y en un acto solemne (previamente habían construido la plaza mayor, la iglesia y la sede del cabildo) nombraban a sus autoridades del mismo grupo de acompañantes de las expediciones colonizadoras. Este nombramiento lo hacía el jefe de la expedición, o el adelantado. Los cabildos se ocuparían de los asuntos políticos, administrativos y económicos, o lo que es lo mismo, al ayuntamiento colonial le correspondía velar por los intereses comunitarios de las incipientes ciudades.
Sin embargo, estas instituciones no eran autóctonas de España, sino que su origen se remonta a la Roma antigua, en la república plutocrática, en donde existieron unos funcionarios locales llamados Ediles. Posteriormente se formaron corporaciones en toda Europa que se encargaron de los gobiernos municipales y que les sirvieron a los reyes como instrumentos para luchar contra los señores feudales.
En Venezuela, el primer cabildo que se creó fue el de Coro, en 1529. Los cabildos estaban integrados por cierto número de funcionarios que ejecutaban diversos oficios. Los funcionarios más importantes eran los regidores (equivalentes a los concejales de hoy), que controlaban la vida municipal y prácticamente regían o ejercían el gobierno de la ciudad. Su número oscilaba entre cuatro y doce, aunque la ciudad de Caracas llegó a tener dieciséis. Los regidores designaban los primeros de enero de cada año a los alcaldes. En un principio, los cargos de regidores eran electivos y de carácter honorífico, pero después, en 1594 por orden de la corona española comenzaron a ser vendidos en subasta pública teniendo los mayores privilegios para adjudicárselos, los descubridores, los primeros pobladores, y sus descendientes.
Otros cargos importantes eran los de alcaldes (se nombraban dos). La palabra Alcalde es de origen árabe y significa El Juez, por lo que su función primordial era la de administrar justicia en primera instancia en lo civil y criminal, además presidía el cabildo y representaba la primera autoridad municipal. También los alcaldes ordinarios tuvieron la facultad de ejercer el gobierno de la provincia en forma interina cuando el gobernador moría o se ausentaba temporalmente. Los cargos de alcaldes, al igual que los de regidores fueron restringidos a los conquistadores y sus descendientes.
Otros funcionarios fueron: el Alférez Real, quien era el jefe de las milicias del cabildo, llevaba la insignia real en las ceremonias públicas y tenía voz y voto en el ayuntamiento.
El Alguacil Mayor era el policía del cabildo, perseguía los juegos prohibidos y se ocupaba de las detenciones. El fiel ejecutor se encargaba de vigilar los abastos, precios, pesos y medidas, aseo, ornato, etc. El Procurador (síndico actual) era el representante legal del municipio e intervenía en las ventas, composición y repartimiento de tierras y solares. El Escribano (secretario actual) llevaba los libros y acuerdos del cabildo. El Depositario era el guardián de los bienes en litigio. En síntesis podemos decir que las funciones del cabildo se englobaban en tres tipos:
administrativas, jurídicas y políticas. Las primeras se refieren a la administración de los ejidos de la ciudad, repartir tierras y solares a los vecinos, abastecimiento de la población, aseo, ornato, etc. Las políticas comprendían: suplir al Gobernador, llevar las relaciones políticas con la corona, plantear problemas de jurisdicciones, suspender órdenes reales cuando fuesen perjudiciales; y las jurídicas las ejercía el Alcalde como juez de primera instancia. Pero el verdadero papel histórico lo jugó el cabildo como expresión de la autonomía criolla.
Los cabildos se convirtieron con el tiempo en instituciones oligarcas al servicio de los intereses de la clase social de los blancos criollos (terratenientes, mantuanos o descendientes de los conquistadores), con ellos en sus manos mantuvieron en minusvalía a los pardos (mestizos, mulatos, zambos) limitándoles sus derechos; y también sirvieron como instrumento para quitarles a los blancos españoles competencias y poder político, lo que culminó con los acontecimientos del 19 de Abril de 1810. De tal manera que el cabildo perdió su carácter popular y democrático para transformarse en la punta de lanza de los blancos criollos, quienes adquirían los cargos con el poder de su dinero.
Los cargos más importantes del cabildo eran ad honorem, es decir, sin remuneración, por lo que los pardos (gente sin riqueza) no podían ejercerlos sin sueldos, de tal manera que los únicos que podían optar a esos cargos eran los blancos criollos que sí disponían de bienes y riquezas; por lo demás, tampoco podían ocuparlos los que ejercían oficios viles (trabajos manuales, mercaderes, artesanos, etc.). Todo estaba a favor de los blancos criollos y en contra de los pardos.
Libro Crónicas desde Morón - Pueblos de Españoles
La conquista del territorio venezolano por parte de los españoles se hizo realmente efectiva cuando se comenzaron a fundar pueblos y ciudades. "La ciudad fundada, con sus instituciones y vecinos, sirvió para legalizar la conquista y comenzar la explotación de las riquezas de la tierra y el trabajo de los indígenas"... Quizás por estas razones se privilegió siempre a los gobiernos locales y se marcó fuertemente una tendencia hacia el fraccionamiento del territorio. La intención conquistadora hispana era más bien disgregacionista que integracionista, o hablando en términos de moda, más bien descentralizante que centralizadora.
Fue muy poco lo que los españoles pudieron hacer en los primeros 50 años de la conquista, su incursión con éxito en tierra firme sucede después de fundar las primeras ciudades, obras que se hicieron sobre los espacios de las antiguas comunidades indígenas, aprovechando así la mano de obra y las experiencias agrícolas de éstas.
En la organización político-territorial a la figura de mayor extensión la denominaron provincia, las cuales en su mayoría no tenían límites precisos, muchas veces eran territorios inexplorados que daban mediante "capitulaciones a los conquistadores para que los explotaran, conquistaran y poblaran". Las provincias dependían de los designios de la corona y las de Venezuela se vinculaban más con las de Nueva Granada, México Santo Domingo que entre ellas mismas.
Ya sabemos que los españoles trasladaron las instituciones de su patria a las nuevas tierras americanas sin embargo, hay algunas que fueron creadas a través de las leyes indias para ser instauradas ad hoc. La s provincias podían ser mayores y menores, las primeras se debían a las audiencias reales, y las segundas (caso Venezuela) obedecían a los gobernadores o capitanes generales.
Dentro de los territorios de las provincias actuaron en los gobiernos de pueblos y ciudades dos viejas instituciones hispanas como fueron los Corregimientos y los Cabildos. Un Corregimiento es una jurisdicción integrada por uno o más pueblos o ciudades que está a cargo de un corregidor que velaba por el trato a los indios (por lo cual no debía ser encomendero) y demás intereses de los derechos reales. En Venezuela como provincia menor, los corregidores los nombraba el rey y en las mayores los nombraban ellas mismas.
De tal manera que las provincias se dividían en corregimientos y éstos en partidos. En los partidos ejercía la autoridad un teniente corregidor. Los pueblos de la costa carabobeña tuvieron un teniente corregidor. Una de las instituciones más importantes fue el Cabildo (hoy Concejos Municipales) ya que todas las cosas del gobierno, excepto las de la guerra, llegaron a ser un resorte (influencia). El primer Cabildo en Carabobo fue el de Borburata (1551).
Los pueblos adquirieron diversas categorías según su composición y origen. Al principio se fundaban pueblos, ciudades y villas con gente blanca y se les llamó pueblos de españoles. Las diferencias entre estas categorías era la siguiente: los pueblos no tenían cabildo y la ciudades y villas sí. Los cabildos de las villas tenían un número menor de cabildantes que los de la ciudad. "Las ciudades y villas tenían un teniente gobernador, asi como el gobernador que presidían el cabildo, así como el gobernador y el capitán general de la provincia presidía el de Caracas". Los cabildos estaban integrados por los regidores (actuales concejales) que debían residir en la ciudad. Y se elegían cada año. Los regidores elegían a dos alcaldes de primera y segunda elección.
Un tiempo después (fuera de la encomienda) se formaron pueblos de indios donde no podían vivir ni españoles ni negros. "Eran exclusivamente para los indios y así lo establecían las leyes de indias. A estos pueblos se les nombraba su cabildo o ayuntamiento que llamaban cabildo de naturales con su gobernador o primera autoridad que era uno de ellos mismos ".
Estos pueblos estaban bajo vigilancia de un corregidor español que era como el tutor de los indios, el corregidor era el representante del gobernador de la provincia y tenía autoridad en uno o varios pueblos de indios. En los pueblos de las misiones religiosas también nombraban alcaldes y jefes de policías a los indígenas, y por medio de ellos vigilaban y controlaban a los demás. Estos pueblos de misión después pasaban a pueblos de doctrinas, es decir, pasaban a la jurisdicción civil.
En la ciudad de Caracas existieron los cabildos seculares (civiles) y cabildos eclesiásticos (religiosos) cada uno con diferentes atribuciones pero no pocas veces entraron en confrontaciones. Otra figura que merece la pena comentar son los alcaldes de barrios que se aprobó en Caracas por orden real en el año de 1778. Sostenía el gobernador José Carlos de Agüero que "en vista de la gran extensión de la ciudad, que hace posible el cómodo refugio de esclavos fugitivos, vagabundos y otros males", se hacía necesario el alcalde de barrio, cuya jurisdicción se haría por cuadras enteras y no por parroquias.
La elección de los alcaldes de barrio se haría por los vecinos de cada barrio (¿no sería éste el embrión colonial de los presidentes de las juntas de vecinos de la actualidad?) presenciado por los alcaldes ordinarios de primera elección en cabildo abierto donde se elegirían doce electores que en nombre del barrio procederían a elegir a su alcalde.
Veamos cuáles eran las condiciones de estos alcaldes de barrio: "Serían blancos, ya fueran nobles aplebeyas, europeos o criollos, pero no debían ejercer oficios mecánicos ni sórdidos, porque estos empleos se han de reputar como actos positivos y honoríficos de la república. Para ser reconocidos usarían como insignia un bastón de vara y media de alto. Todas las personas del barrio, eclesiásticas o seglares, o de cualquier fuero o privilegio, estaban sometidas a su vigilancia. Cobrarían obvenciones diversas, entre ellas las multas que impusieren, y tendrían derecho a reparto en los buques para embarques de cacao con destino a España o Veracruz. Entre otras obligaciones, estos alcaldes tenían la de escribir en un libro todos los hechos que ocurrieran en su distrito ". Obras consultadas:
Anas Amaro, Alberto: HISTORIA DE VENEZUELA. Baralt, Rafael María: RESUMEN DE HISTORIA DE VENEZUELA. Manzo Núñez, Torcuato: HISTORIA DEL ESTADO Carabobo Núñez, Enrique Bernardo: LA CIUDAD DE LOS TECHOS ROJOS.
Libro Crónicas desde Morón - Desamor al Prójimo
Entre las enseñanzas esenciales del cristianismo está el amor al prójimo. Este precepto contemplado en el decálogo, o la Tabla de Los Diez Mandamientos, recibido por Moisés de las manos de Dios, irrumpió en su época contra el individualismo, el egoísmo y la insolidaridad. No obstante, en un país donde se presume que más del 80% de su población es de vocación cristiana, se hace caso omiso de él o se desarrollan actitudes y conductas que lo contradicen.
Viene al caso la cuña televisiva de los Jesuítas en Venezuela, donde atacan a los esperpentos de la condición humana como el egoísmo, la prepotencia y la mezquindad, protagonizados por un troglodita con cara de marrano. Cuñas como ésta enaltecen la dignidad y la convivencia entre los individuos de una sociedad.
En la sociedad venezolana se han enquistado conductas que vulneran o reducen al mínimo el afecto por nuestros semejantes. Para ilustrar lo anterior sobran ejemplos: Si se va a una institución -bien sea pública o privada- para efectuar alguna operación rutinaria, se encontrará que los encargados de atenderlo lo harán esperar al máximo innecesariamente (pues el funcionario está tomando café o conversando con otro empleado).
Si tiene el infortunio de hacer una cola, pasará las de Caín. A pesar de que está una ventanilla o taquilla desocupada, lo atenderá sólo una que estará repleta de personas como usted. Deberá soportar a sus semejantes "vivos "que se le cuelan. Pero, para su desgracia, la cola es tan larga que se sale del establecimiento. Entonces lo bañará el horrendo sol que perlará su frente de copioso sudor; es allí donde empieza el regocijo de los regentes y gendarmes del organismo en cuestión. El placer obtenido por el sufrimiento ajeno se manifiesta en leves sonrisas y lentitud en el habitual trabajo. Y para completar la faena se hace oír estruendosamente la voz del funcionario regañando y ordenando la cola, así se hacen sentir la autoridad y la jerarquía de quien en utopía debería servir a su prójimo con amor. El sufrimiento es estoico, pero los coleros buscarán la oportunidad de vengárseles decir, de pagar con la misma moneda o cobrarse ojo por ojo y diente por diente.
El momento llegará. Es en los representantes de la autoridad en quines quizás e nota más el sacrilego desafecto por la gente. Usted pierde su condición o dignidad humana cuando por alguna circunstancia cae en manos de cualquier cuerpo policial o militar; de inmediato se le prejuzga como un potencial delincuente, y como tal se le trata. Se le veja y se le humilla. Aquello de quedo el mundo es inocente hasta que se le compruebe lo contrario, es mera ilusión.
Le dirán que usted no tiene derechos, que ellos son la autoridad y la ley. Al final se comprobará que usted es inocente, un ciudadano común al que, supuestamente, la Constitución le concede deberes y derechos. Usted ha tenido suerte, a otros les ha ido peor. A lo mejor le ofrecen las disculpas y todo quedó allí. Ese mismo gendarme que es bravucón ante el indefenso ciudadano, es sumiso frente al poderoso.
Pero no crea, amigo mío, que sólo en los sectores del gobierno se vislumbra el desamor por los demás. Este es un quiste enraizado en la forma de pensar y en los genes conductuales de los diferentes estratos sociales del país. ¿Tendrá incidencia aquel odio racial y/o social que preconizó la guerra a muerte durante la lucha de independencia, o ése es un elemento intrínseco de la naturaleza humana? O más recientemente ¿serán los estertores de la Guerra Federal? ¿Será el producto de un país que en el pasado estuvo bañado en odios y luchas intestinas? De todas manera éste es un hecho psicológico y sociológico que en estas notas no vamos a profundizar.
Hasta en los sectores más humildes se observa la prepotencia o la inmodestia que trae consigo la poca consideración hacia sus semejantes. Basta que alguien sea presidente de la junta de vecinos del barrio más pobre del pueblo o de cualquier comunidad educativa para que entonces deje de tratar a sus antiguos compañeros, o los trata con despotismo, o simplemente se atribuye autoridad y derechos que no posee. Lo mismo sucede con los empleados medios y altos de las empresas importantes. Ni decir del campo educativo. En los concursos de docentes para ingresar o ascender en el ME se hacían interminable colas en las cuales no pocos educadores se fatigaban, puesto que estaban allí desde la madrugada para entregar sus credenciales. Esto es absurdo, teniendo muchos de los coordinadores de los concursos, muchos de ellos, postgrado en gerencia educativa y en planificación.
De manera que no es por desconocer la maestría, sino porque cada quien debe pagar su noviciado. ¿Esto no es muestra de desamor al prójimo?
Misceláneas del año nuevo
Estamos de regreso, ahora con Notitarde.
Recapitulando algunos acontecimientos del año pasado y de éste que comienza, que de alguna impactaron afectivamente a muchos miembros de la comunidad morense.
Nos referimos por ejemplo a un hecho tan desagradable, deplorable y lamentable como fue el accidente automovilístico donde perdió la vida trágicamente mi amiga María Manzano junto a su hermana Rosa y el esposo de ésta, Luis Medina, abogado de la República.
A María la conocía desde niña en el barrio Unión donde residíamos, pertenecía a una numerosa familia de falconianos, humildes y buenas gentes.
Se superó a través de sus estudios y de un tenaz esfuerzo para crecer materialmente y en su formación como docente y profesional universitaria.
Se había casado con mi paisano y fraternal amigo "el Catire" Juan Antonio Molina, hombre emprendedor y un ser humano solidario, entre ambos procrearon dos hijos, Elimar y Antonio José, la primera sobreviviente del nefasto accidente.
María fue una maestra ejemplar y sacrificada, trabajó gratis en la Escuela Nacional Anselmito, una población que dista a 8 kilómetros de Boca de Aroa en el municipio Silva; después siguió dando clases en su barrio Unión natal como.
maestra suplente, pasó a trabajar en el jardín de infancia Santa Rita, fue facilitadora de la Misión Ribas en Boca de Yaracuy.
Valga esta breve reseña de la amiga María Manzano como un humilde reconocimiento en el día del maestro, que su memoria se mantenga vigente para enaltecer la labor de los abnegados educadores de nuestro municipio.
Otro suceso lamentable y desgarrador para la opinión pública morense fue el asesinato del agente policial Duvine Escolástico Mora, quien cayó abatido a manos inmisericordes del hampa en una calle de la Urb.
Colinas de Mara en un hecho fortuito que nos hace recordar aquella canción de José Alfredo Jiménez de que "No vale nada la vida / la vida no vale nada", o de aquello de estar en el lugar equivocado y a la hora equivocada.
El agente Mora era un personaje muy conocido y apreciado en el pueblo; testimonio de ello fue la gran concentración de personas, amigos, conocidos, familiares que se dieron cita en la Plaza Bolívar y en los alrededores de la Comandancia de la Policía para darle el último adiós a este reconocido y valorado policía.
Deseo felicitar a través de este medio a mis queridos colegas, educadores, maestros y toda esa rama de profesionales de la educación por haberse conmemorado el pasado 15 de enero el Día del Maestro, el cual fue celebrado por una hermosa sesión solemne el día 31 del mes pasado por parte del Concejo Municipal de Juan José Mora.
A todos un abrazo con el entendido de que la superación y el trabajo nos enaltecerán y nos harán mejores.
Saludos especialmente a los educadores: a mi maestra Eredina Ramos, a Celina de Hurtado, Míriam Aguiar, Elsa de Chacón, Ana Zavala, Yuraima Morales, Luis Pino, Manuel Hernández, Ligia Martínez, Xiomara Chirinos, Ilsida Barreras.
Por favor que me disculpen la gran mayoría de valiosos docentes que no mencioné.
Feliz Día del Maestro a todos.
10-02-14
La comunidad de 3 de Mayo
Para culminar este ciclo de la microhistoria de algunos sectores de Morón y Urama, nos vamos a referir en esta crónica a la comunidad de 3 de Mayo, para lo cual vamos a utilizar parte de la información obtenida por su Consejo Comunal aderezada por los comentarios de este cronista.
El toponímico de este lugar alude a una fecha (3 de mayo); por tanto puede considerarse un "cronotoponímico", aunque no es una fecha de una efemérides reconocida de importancia histórica nacional, sino más bien que pareciera estar ligada a hechos de la comunidad que en ese caso entonces sería un pragmatoponímico.
Lo cierto es que este barrio es de fundación reciente y debe su formación a la vaguada y el desbordamiento del río Morón sucedido en el primer lustro de la década de los ochenta, lo que causó un gran número de damnificados provenientes de los lugares adyacentes al río y que luego fueron reubicados en un terreno baldío que ese entonces estaba bajo posesión de una persona de nacionalidad italiana.
Pero dejemos que sean los vecinos organizados en el Consejo Comunal 3 de Mayo quienes nos cuenten la historia.
"En el año de 1983, aproximadamente en sus primeros meses, las lluvias fueron frecuentes y consecutivas en Puerto Cabello, Morón, Urama y también en Yaracuy.
A consecuencia de estas fuertes lluvias el río Morón se desbordó ocasionando una vaguada, inundando los sectores más cercanos al río como Barrio Alegre, La Charneca, Barrio Unión, El Jabillo, entre otros".
A causa de esto los damnificados invadieron unos terrenos en Palma Sola de donde fueron desalojados por la Guardia Nacional y la Policía de Carabobo.
Con mucha violencia los efectivos arremetieron contra los damnificados, que solo buscaban un sitio seguro donde empezar una nueva vida; ya que la naturaleza les había quitado todo, pero a los efectivos no les imobedecieron portaba y solo órdenes superiores, así que atacaron con bombas lacrimógenas, perdigones y disparos en contra del pueblo indefenso, matando a cuatro personas e hiriendo a más de sesenta.
Los fundadores de 3 de Mayo habían sido desalojados de Palma Sola.
Estos hechos ameritaron la intervención de la Gobernación del Estado Carabobo, quien donó a los damnificados unos terrenos que eran parte de una finca propiedad de un señor de origen italiano y la custodiaba Domingo Padrón, el encargado de la finca.
Allí fueron reubicadas las familias damnificadas, los terrenos fueron acondicionados con máquinas de la Gobernación, y además donó a cada familia 480 bloques, 20 sacos de cemento, 20 láminas de zinc, arena, piedra picada y otros materiales que servirían para construir una pieza de 4x4 m2 para cada una.
Los materiales y ayudas de la Gobernación empezaron a llegar el 3 de mayo de ese mismo año, de allí viene el nombre de nuestra comunidad, que empezó aproximadamente con 80 familias e igual número de casas, otras versiones dicen que fue porque el 3 de mayo se tomaron los terrenos y otra que fue esa fecha cuando se tomó Palma Sola y se iniciaron los sucesos ya señalados anteriormente.
En ese tiempo se instaló la electricidad con aproximadamente 35 postes y un transformador que era suficiente para la comunidad inicial.
Algunos de los fundadores son: José Miquilena, Oswaldo Dumont, Victoria García, José López, Francisco Méndez, María de Mirena, Paula Pacheco, Francisco Oropeza, Pedro Alvarado, Ramona Lugo, Romelia Landaeta, Isabel Polanco, Nelsis Quintero, Juan Vásquez, Pastor Jiménez, Mauri Chirinos, Juana Ollarves, José Peroza, Donato Moreno, Pastor Pérez, Rosalía Ulacio, Neptalí Secos, José Ãlvarez y Pedro Lugo.
Libro Crónicas desde Morón - Reminiscencias
Antes de 1950 la población moronense se ubicaba en la margen izquierda del río Morón, al sur de la actual encrucijada. El río, aún sin canalizar, salía de las entrañas de la montaña, siguiendo un sinuoso curso remontábase hacia el oeste del poblado (en las cercanías de la hoy estación de ferrocarril) para luego venirse hacia el este en línea recta y en ese recorrido se proyectaba paralelamente a la calle Real o calle Comercio, como se llama ahora. A escasos metros, la Iglesia Santa Ana, un poco más allá el cementerio (donde están la Plaza Bolívar, la Policía y la Cantv) circundados ambos por unas cuantas viviendas de bahareque y otras que construidas con mejores materiales evidenciaban el mayor poder económico de sus dueños. A orillas del río y bañándose en sus cristalinas aguas retozaban los hermanos Silva Gutiérrez, hijos de Jesús Silva, dueño de la primera botica establecida en Morón ("La Casa del Pueblo") y dueño también del primer (o segundo) aparato de radio que vieron los moronenses de la época, que por cierto, algunos parroquianos curiosos se asomaban por los agujeros del aparato para tratar de ver a los supuestos e imaginarios hombrecitos minúsculos que estaban adentro y que producían el sonido del aparato.
La ubicación del poblado que hemos descrito anteriormente constituye el asiento originario de la ciudad o el caso histórico de la misma. El resto del territorio moronense estaba ocupado por diferentes haciendas, potreros, vegas y conucos que aportaban los productos agropecuarios necesarios para la alimentación de una escuálida población. Rodeaba a estos campos productivos una topografía muy irregular, compuesta por charcas, lagunas, ciénagas y terrenos cóncavos que se anegaban temporalmente con las lluvias o crecidas del río y otros que permanecían todo el tiempo bajo las aguas, de allí la proliferación del mosquito palúdico. Sobre estos terrenos anegadizos y entre haciendas y conucos se superponían franjas estrechas de caliche u otros materiales de relleno que levantaban las vías que, serpenteando, buscando la tierra más consistente, comunicaban al pueblo de Morón con la costa falconiana, con los estados Lara y Yaracuy, con el Puerto y con el centro del país.
El transporte de carga se efectuaba en carretones tirados por muías o bueyes, por vetustos camiones y por el ferrocarril Bolívar, que viniendo de los estados occidentales llegaban hasta Puerto Cabello (tal como hoy), pero la ubicación de la vía férrea de entonces era diferente a la actual. El tendido de los rieles en el tramo de la entrada al pueblo, en sentido oeste-este, descansaba sobre el promontorio donde en la actualidad se encuentran los barrios El Carmen, Las Parcelas, La Línea (por eso tiene ese nombre), la franja izquierda de la encrucijada de Morón, concluyendo en la farmacia El Indio, donde se localizaba la estación del ferrocarril o terminal. Allí llegaban los vagones cargados de frutas, granos, verduras, etc., para ser distribuidos, una parte, en camiones y carretas a la costa oriental del estado Falcón, y el resto seguía rumbo hacia Puerto Cabello. Eran tiempos de relativa abundancia. Sin embargo, en momentos difíciles, los habitantes acudían a la estación ferrocarrilera al tiempo que descargaban los vagones y se hacían de gran cantidad de productos agrícolas que se los obsequiaban sin ninguna mezquindad, otros saciaban su hambre con los camarones y peces que obtenían fácilmente del río Morón.
Con la democracia advinieron nuevos barrios. Efectivamente, con la caída del dictador se produjeron una serie de invasiones a las vegas y haciendas. Las antiguas haciendas se convirtieron en nuevos barrios que se construyeron en forma anárquica y desorganizados, sobre las ciénagas o canales naturales de desagüe, o simplemente sobre terrenos desnivelados, donde hacían el rancho de tabla, cartón, latas, etc., que cuando llovía se convertían en verdaderas lagunas. Estos sectores son los que se encuentran a ambos lados de la avenida Falcón, los barrios Unión, El Mamón, Bota Burro, La Charneca, El Jabillo, fundados esencialmente con "conanos" que llegaron de su tierra de origen en búsqueda de empleos en las nacientes industrias del área.
Recuerdo al ciego Etanislao, hombre trabajador a pesar de su limitación de invidente. Carretilla en mano recorría varios kilómetros para llegar a su conuco de donde traía especies agrícolas para venderlas en su bodega Trujillo, ubicada en una esquina de la avenida Falcón, que dicho sea de paso, este último vestigio de Bota Burro ya fue demolido. Algunos muchachos de la época le querían pasar gato por liebre, valiéndose de la condición de ciego de Etanislao trataban de pasarle una locha por un bolívar. Inmediatamente Etanislao reconocía el engaño al pasar el dedo índice por el borde de la moneda y al no encontrar las muescas la devolvía en el acto. Otros, al conocer el tacto de Etanislao, con una segueta le hacían las finas muescas a la locha, pero también fracasaban en sus intentos, porque Etanislao era ciego, pero no bolsa.
Libro Crónicas desde Morón - Morón, Ave Fénix de Carabobo
Morón es un pueblo de tradición calamitosa. Su historia está llena de nubarrones y tristes episodios, no en balde el ilustre cronista de Valencia don Alfonso Marín dejó para la posteridad su obra "Morón, Ave Fénix de Venezuela". En ella describe dramáticamente los estragos que causó el paludismo en la población moronense durante las primeras décadas del presente siglo. El cronista nos dice: "En esto no hay exageración alguna, el cuadro era sombrío.
La funesta y trágica endemia de la malaria se había apoderado de toda la zona. Decir paludismo, era tanto como decir desolación y muerte. En cuanto a Morón, el caso es explicable: tierras abajas, situadas casi al nivel del mar, con aguas estancadas por todas partes, era un lugar propicio para proliferación de los zancudos transmisores del paludismo. La malaria logró reducir a 800personas (en 1945) de los 1.795 habitantes que tenía Morón en 1941, es decir, que en 4 años se perdieron 995 vidas. Y muchos moronenses abandonaron su terruño: veían un porvenir cada vez más tenebroso, y algunos de ellos preferían emigrara otros lugares, aun cuando para esto tuvieron que romper los nexos y sentimientos que lo ligaban al pequeño rincón geográfico donde habían vivido".
Toda esta calamidad se acabó durante el 2 de diciembre de 1945, se roció en Morón y en Venezuela por primera vez el DDT, labor que se le agradece a los doctores Amoldo Gabaldón, Enrique Tejera, Arturo Luis Bertí y a Manuel García, presidente del estado Carabobo en ese entonces. Como consecuencia de este hecho la población de Morón]] se cuadruplicó en los tres lustros siguientes.
En 1957 se inició la producción de cloro-soda en el Instituto Venezolano de Petroquímica. La tecnología atrasada arrojó, en 20 años, 40 toneladas de mercurio al caño Alpargatón y de allí al mar, veneno letal para los cocoteros, peces, bañistas del área y para los obreros de IVP que dejando viudas y huérfanos ofrendó su vida al progreso, y al viviente que prematuramente muestra triste la calvicie y la desdentada boca.
Mucho antes, en 1859, las tropas del gobierno comandadas por Silverio Escalona quemaron y arrasaron los caseríos de Morón, Alpargatón y Urama como represalia al apoyo que estos pueblos le habían brindad a la causa de la Federación.
Por los años 60, una travesura de un zagaletón logró la exasperación del jefe religioso del pueblo. Un cohete rastrero penetró en el recinto parroquial logrando con su explosión despavorir a los madrugadores oyentes de la misa decembrma, este acto desató la ira del padre Modesto, que así se llamaba el párroco, que con su fuerte verbo pronunció: "¡Maldito sea este pueblo ".
La instalación de la zona de grandes empresas dio desarrollo, pero también trajo una carga poluta que acorta el hilo de la vida. Se hicieron de grandes terrenos y de las mejores cosas, las atalayas de la termoeléctrica descargan su mortífero hollín que pigmenta el despertar de los vecinos y opaca el vuelo de los pájaros. La expatriada BTX consiguió alojo en las riberas del río Aguas Calientes.
Luego vinieron las instituciones locales, llegó la alcaldía con su hinchada burocracia y los presupuestos pírricos, la prefectura se convirtió en un cenáculo de hablillas y las oficinas de la Cantv, tribunales, comandancia de la Policía y otras, alzaron el vuelo como las golondrinas y emigraron al puerto.
Quizás por estas vicisitudes a Morón se le ha rodeado de cierto estigma, un poco inmerecido, de ingratitudes de aquellos que marcharon y en otros lares denigran del pueblo que los abrigó, de los falconianos que llegan a Valencia y expresan: "Coriano g...ón se queda en Morón". Otros preferimos estacionarnos en este terruño y echar raíces, cumpliendo con los designios de esa vieja creencia que dice: "El que se bañó en río Morón, aquí se quedó". Cómo olvidar a Bota Burro, la carnicería de Juan Julián, la bodega de Muerto Parao y la de Dominguito, los toros coleados en la calle Comercio y La paz. Recordamos las lecciones de Teodosa Flores de López, al sobador Pardo, a Catona, y también rememoramos a sus brujos, que por cierto, fama le han dado a Morón desde tiempos lejanos. Cito a Miguel Elias Dao cuando habla de un poeta guanareño que estuvo radicado en Morón a partir de 1901 y en sus versos nos dejó lo siguiente:
"Los negritos de Morón en verdad que no son malos pero brujos sí que son. En sus caballos de palo unos e vuelven culebras, otros, en tigres o león. Todos con su brujería se convierten en piedras y como yo lo sabia me les vuelvo cigarrón".
Libro Crónicas desde Morón - El Barrio de Los Apamates
Dos semicurvas y una recta componen la vieja callejuela que se extiende de oeste a este. No posee otra salida que la misma entrada que es por la avenida Falcón, aunque uno o dos recovecos conducen a los peatones hacia los lados de los barrios El Jabillo y La Charneca. Este barrio fue emplazado en un terreno muy irregular, al borde de una gran ciénaga, llamada La Plancha, que lo cubre por el lado sur y en tiempo de lluvia se expande hacia el este. Por el norte le cae una quebrada intermitente que se une en el extremo de la calle a los terrenos cóncavos de La Plancha. Estas condiciones topográficas hicieron que las casas se acomodaran anárquicamente y la calle se configurara sin ninguna simetría u orden. Generalmente es estrecha, aunque en algunos puntos se ensancha; una que otra casa están a media calle.
El barrio se fundó en el segundo lustro de la década de los años cincuenta en terrenos de un antiguo potrero. Su creación fue producto de la inmigración de falconianos que vinieron tras los puestos de trabajo de la incipiente industria petroquímica, humildes corianos que parapetearon sus humildes viviendas con materiales sencillos o de desechos.
Los barrios del norte del municipio entre los cuales citamos a Bota Burro, El Mamón, El Jabillo y Unión, todos adyacentes a la avenida Falcón, fueron los que concentraron, en esa época, la mayor cantidad de "cabezones" provenientes de la tierra de los caquetíos. Entre los fundadores del barrio Los Apamates recordamos a José del Carmen Fernádez, Luis Acosta, José Faneite, Francisco Rodríguez, Isabel de Rodríguez, Dionisio Sánchez, Modesto Gotilla, Juan de Dios Lugo, Ramón "el loco", Cosme Coello, Domingo Manzano, Eustaquio Montañés, Fay Calembé, Tomás Méndez, Leonor de Quintero, Gregorio Quevedo, José Partida; por la Av. Falcón, los Romero y los Sirit.
En la quebrada húmeda había crecido una hilera de los altos apamates que cuando florecían el cielo del barrio se nublaba de violetas y los niños de entonces jugaban con las flores que al desprenderse de la cima caían girando en sí mismas como un trompo, y movidas por la brisa se hacía difícil tomarlas en el aire; ése era el juego, quien tomara mayor cantidad era el ganador.
Eran los tiempos de los juegos infantiles sanos y de la tradición muy venezolana. Lamentablemente han desaparecido y los muchachos de ahora se inclinan prematuramente por los juegos de adultos (caballos, loterías, etc.) o llevados por los valores foráneos que preconiza la televisión buscan entretenerse en actos que en la mayoría de las veces hacen apología a la agresividad y a la violencia.
Entre los juegos que disfrutaban los zagalos del barrio estaban: policías y ladrones, el fusilado (al que perdía se le deban vanos pelotazos por la espalda), las metras o canicas, riñas de trompos (más de uno lloraba cuando le rajaban el trompo), guataco por las orejas, palito matequillero, la pelota de goma callejera. Estos juegos empezaban y terminaban en un gran bullicio o algarabía. Otras veces los muchachos se acurrucaban en las aceras a oír los cuentos o historias de algún adulto o galanteaban a las muchachas con un rin de bicleta o un neumático que empujaban simulando un automóvil o andaban sobre una varilla de madera que se convertía en caballo.
Con el tiempo cayeron los apamates y al barrio se le llamó solamente Unión. Uno a uno fueron desapareciendo, uno por la acción del hombre y otros por fuerza de la naturaleza. La transformación llegó, los infantes se hicieron adolescentes, y éstos, adultos.
Buscaron el porvenir en los caminos tortuosos de la vida, el viejo barrio había servido para una etapa de la existencia, ya que se hacían necesarios nuevos horizontes. A uno pocos mayores se los llevó la pelona; otros, cuando jóvenes, se marcharon a Valencia; pocos sucumbieron ante las sustancias psicotropicas y la mayoría han encontrado otros lares y se mantienen fieles a principios de honestidad y laboriosidad.
Cuando fuimos concejales logramos asfaltarles su única calle y se les construyó una buena cancha deportiva. Giannatale le hizo un puente, lástima que hoy esté carcomido por la herrumbre. Los gobiernos (local y regional) sustituyeron la red de aguas blancas y lo dotaron de cloacas, aceras y brocales. La escuelita (construida por los fundadores) fue ampliada mejorándola considerablemente gracias a la intervenciones de las maestras Mirian, Loly y Haydée.
Barrio Unión fue el primer barrio de Morón que formó una junta de vecinos, no obstante, quedó sin protocolizar en las oficinas de registro.
Libro Crónicas desde Morón - Una Nomenclatura para Morón
En virtud del crecimiento de las ciudades se hace necesario el ordenamiento interno de las mismas. Las ciudades son como los seres vivos, nacen, se desarrollan y mueren. El crecimiento económico, social e institucional se refleja en su ordenamiento urbanístico. El tiempo va dejando atrás las viejas y obsoletas callejuelas sin ningún valor arquitectónico o histórico, el sentido del progreso va a imprimir una nueva fisonomía a los pueblos, lo que antes era un camino o calle real hoy es una amplia avenida, la vieja hacienda de cacao hoy es una populosa urbanización, la palúdica ciénaga se ha convertido en un barrio o en un centro comercial, el chipóse rancho de paja o de bahareque se transformó en un elegante edificio. Sin duda que la actividad agrícola y pastoril son necesarias para las comunidades, pero al ser desplazadas por el espacio urbano se reubicarán en lugares vocacionalmente estratégicos.
Morón es un pueblo en pleno desarrollo, aunque institucionalmente muestra sus debilidades por la carencia en su seno de importantes dependencias públicas (no tiene Diex, Cantv, PTJ, no tiene autonomía policial, etc., etc.). Sin embargo, el impulso industrial unido a fuertes inversiones privadas ha acrecentado las exigencias y demandas por un espacio mejor estructurado, por una modernización de los anacrónicos elementos que componen la ciudad. Uno de estos elementos que necesitan actualizarse, a mi manera de ver, es la nomenclatura, señalización o flechado de las principales calles del municipio Mora, que aparte de ordenar el tránsito automotor en el centro de la ciudad y principales urbanizaciones, aliviaría (para el que no es moronense o tenga residenciado pocos años aquí) la tarea harto difícil de encontrar una dirección exacta en Morón, para el visitante esta tarea se convierte en un vía crucis o en un "mensaje a García".
Ejemplos tenemos de sobra en el país de ciudades bien ordenas y bien nomenclaturadas (Barquisimeto, etc.). toda ciudad que se precie de serlo debe coadyuvar a la rotulación y numeración clara y concisa de sus calles, avenidas, inmuebles que conjuntamente con el ornato le dan verdadera imagen y consideración de tales. Esta tarea, por supuesto, es potestad del ente rector de la ciudad, como es la municipalidad, tal como lo establece la Ley Orgánica del Régimen Municipal en su artículo 36, numeráis.
La tarea a simple vista parece fácil, pero no lo es. No se trata de enviar una cuadrilla de trabajadores a colocar en las esquinas de cada calle plaquetas de metal con nombres y números, evidentemente no es una actividad aleatoria sino que más bien se requiere un estudio previo que unifique criterios técnicos con los históricos, que cada calle al rotularse sea el compendio de sus dimensiones físicas (ubicación, medidas, etc.) con las condiciones económicas (flujo vehicular o peatonal, asentamiento comercial, industrial, de servicios, etc.) y con la visión histórica de la localidad, o mejor dicho, que los epónimos de las calles tengan consonancia histórica con la magnitud de éstas y viceversa.
Indudablemente que nuestra historia patria es una sola, nuestros proceres son patrimonio de todos los venezolanos, de allí que sean comunes a todas las ciudades y pueblos del país, calles con nombre de Bolívar, Miranda, Páez, etc. Pero también cada localidad o estado se diferencia de otros porque su nomenclatura de las calles expresa en conjunto un pedazo de su historia local regional, o el nombre de quienes la llevaron a cabo. Por ejemplo, es inaudito que en Morón no exista una calle o avenida con el nombre del Libertador Simón Bolívar ni de otros proceres de la Batalla de Carabobo; tampoco existe una calle con el nombre de la Federación, ni de sus protagonistas: Juan Crisóstomo Falcón, Juan José Mora, José Félix Mora. Igualmente deberían tomarse en cuenta a la hora de esta nomenclatura de las calles los nombres de quienes erradicaron el paludismo del área. Debería entonces destacarse los nombres de Amoldo Gabaldón, Enrique Tejera, Arturo Luis Berti y Manuel García. Más recientemente, de los pioneros y prohombres que se han destacado en los diferentes quehaceres en el ámbito regional o municipal, en el oficio de las artes, el deporte, empresarial, etc.
Como siempre, opino que deben suprimirse los nombres de algunas calles de Morón o ser cambiados por otros de mayor relevancia.
El polvo amarillento del tiempo las ha cubierto y es necesario revitalizarlas con el barniz del nuevo amanecer. La antigua Calle Real o Calle Comercio no tiene razón de seguirse llamando así, porque no es calle del comercio ni nunca lo ha sido. Deberían modificarse los nombres de las calles La Paz, San José, Ayacucho y darles a las principales avenidas y calles de las nuevas urbanizaciones locales, sus respectivos nombres.
Un personaje y una historia
Hurgando en mis archivos encontré un documento, no sé si es inédito o no, no tiene fecha, pero por su contenido calculo que es del año 1985.
Es un escrito de un personaje muy recordado en Morón, es del Sr. José Rodríguez Escarate (Q.E.P.D.); fue un pulcro y servicial funcionario público por largos años de la prefectura de Morón, hombre culto y de mucha experiencia en el campo de la escritura, llevó como secretario los libros de esa dependencia oficial.
Debo hacer una acotación aquí para aclararles a los lectores lo siguiente: El municipio Mora formaba parte del distrito Puerto Cabello, por lo que en éste funcionaba la prefectura principal y en Morón regía una subprefectura, por tanto el funcionario a cargo era un subprefecto.
Estos subprefectos tenían atribuciones para nombrar a funcionarios subalternos como los alcaldes rurales en los caseríos de Alpargatón, Las Vegas, Boca de Yaracuy, Aguas Calientes, La Paragüita y Boca de Morón.
También nombraban con distintos calificativos al comisario mayor o primer comisario o comisario permanente para el municipio, nombraban al secretario(a) de la prefectura o del municipio, nombraban al subcomisario de caserío y a los agentes de seguridad.
Por cierto que a José Rodríguez Escarate lo nombra en el año 1949 Pánfilo Sevilla (subprefecto) como secretario de la subprefectura para sustituir Acisclo Román, quien había renunciado al cargo.
Este Acisclo había sustituido a su vez en 1948 a Carmen Mendoza Guinand como secretaria que ésta a su vez había sustituido a Pánfilo Sevilla en el año de 1947 cuando se desempeñaba como secretario.
Esto era un ritornello.
A José Rodríguez Escarate, estando encargado de la subprefectura, le tocó nombrar en el año de 1951 a Amado Ruiz como agente de seguridad pública del municipio, el cual fue sustituido al cabo de dos meses por Antonio José Zambrano, volviendo a ser policía otra vez Amado Ruiz en 1952 cuando sustituye a Brígido Emilio Palacios.
José Escarate como se le conocía, señalado anteriormente en este escrito, revela la historia del estadio Jesús Uribe en ocasión de que el Concejo Municipal, mejor dicho algunos concejales, planteaban tomar el estadio para construir el terminal de pasajeros; creo interesante transcribir lo que él dijo en aquella oportunidad: "En el año 1935, un grupo En lo que es hoy el estadio Jesús Uribe quisieron construir un terminal de pasajeros de jóvenes amantes del deporte de béisbol, entre los que figuraban como promotores Mario Rodríguez, Juan Rodríguez, Emilio Montero, Evelio Rivero, Francisco Contreras, Candelario Acacio, Ãngel A.
López, Martín Blanco, Jesús Bermúdez y otros que escapan a mi memoria.
Estos hombres juveniles, motivados por el amor e inquietud deportiva, iniciaron el arreglo y acondicionamiento del actual estadio 'Jesús Uribe'; ese comienzo se realizó mediante el trabajo arduo, tesonero, constante, sacrificado, con un esfuerzo propio, utilizando para ello hachas, machetes, picos y palas, chasis de carros viejos que servían de rastras para nivelar el terreno, se cargó una gran cantidad de tierra para el relleno, puesto que allí existía una inmensa laguna que cruzaba las calles Real y Miranda y que finalmente iba a la laguna de La Pancha, y seguía su curso al río Morón.
Una vez que los fundadores de ese campo consideraron estaba que apto para la actividad deportiva en esa época, formaron un club de béisbol llamado 'Santa Ana'; este equipo tanto para sus integrantes como para la colectividad moronense brindó grandes satisfacciones por el afán deportivo e innumerables intervenciones dentro y fuera de su terreno.
Al sucederse el retiro de estos protagonistas por fallecimiento o deficiencia física, se funda un nuevo equipo con el nombre de 'Morón Star', el cual estaba conformado entre otros por los hermanos Rivero, Juan R.
Rojas, Ildefonso Uribe y Laguna, y por los veteranos Víctor Montero, Candelario Acacio, Martín Blanco y este servidor José Rodríguez Escarate.
Durante la década de 1945 a 1955 mantuvimos el terreno en perfectas condiciones y conservación, ya que en él realizábamos muchísimos eventos deportivos; por lo tanto, siempre contábamos con el respaldo y apoyo de la población".